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Sentirse comodo no es ponerse Kurtz. Ponerse Kurtz significa algo asi como ponerse “horrible”. Llegar a la frontera donde lo que parece estar bien se mezcla con lo que se supone mal. El filme de Coppola, Apocalipsis Ahora, demuestra que se puede llegar a la frontera de lo inconcebible, al borde mismo de la locura, arrastrado por la fuerza de nuestros demonios internos de nuestros odios ,nuestras inseguridades, triunfos y vanidades; tanto en el siglo 19 como en el 20.
Joseph Conrad escribe lo que para Borges es la historia mas intensa del mundo y el jefe de Zoetrope la transforma en la que para mi gusto es una de las mas intensas historias en el primer siglo del cine..
Capitaneando el barco rio arriba, pasando las fronteras de Vietnam hasta entrar a Camboya, a la caza de un militar condecorado; o navegando bajo la amenaza escondida de los canibales en el Congo, intentando encontrar a un intelectual convertido en magnate del marfil y semidios, es la misma historia. Ambos escenarios, representan el ambiente dentro del cual se miden las medicocridades del hombre. Esas junglas donde el occidental se aventura casi a ciegas, es el verdadero personaje principal de ambas historias. No es el capitan, no es Kurtz, no es Marlowe, no es el ser humano desubicado, sino el entorno primitivo que los rodea. Es el pensamiento primitivo que fluye de esas profundidades, lo penetra y lo posee. Es la ley de la selva de la cual el ser “civilizado” cree haber huido, apertrechado en sus ciudades de cemento y sus hogares confortables, que lo saluda y le demuestra que dentro de su alma, habita aun el salvaje, que debajo de esa coraza de cultura, el animal lo espera agazapado.
Ver Apocalipsis Ahora, tras haber leido el libro de Joseph Conrad es como ver el filme de Vietnam otra vez, es entender mejor El Horror del que nos previene Kurtz al morir, el Kurtz del cine y el Kurtz de la literatura, es el grito del hombre que ha visto los dos extremos de la humanidad, la sapiencia, la perfecta y civilizada vida de un hombre admirado y reverenciado por sus cualidades como ser humano, y la del animal que lo posee hasta sumergirlo en las profundidades de sus deseos mas ocultos. el Kurtz que empala en el Congo o el que corta cabezas en Vietnam, es nosotros, enfrentandose a nosotros.
He llegado a Mount Kisko casi con las ultimas luces de la tarde. Quedan rastros de nieve. El pisco sour con receta de Biondi ha estado delicioso igual que los platos que ellas han preparado. Regreso casi sobre las 12 a Brooklyn. Y me quedo hasta las 2 entre las tinieblas. Redux dice la portada. No entiendo quien pudo haberle quitado escenas a esta obra maestra.

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