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The New York Street

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Milton

El Paraíso Perdido de Milton


Argumento:
Satanás es un fiel subalterno al que se le ha negado injustamente el ascenso que merece. Jesús, el hijo del jefe, ha sido nominado como su segundo. Satanás siente que se ha cometido una trágica injusticia y que se le ha humillado. Es entonces que decide sublevarse.

El patrón es todopoderoso, mas Satanás tiene la gran ventaja de no tener nada que perder. Con presteza y sin mucho problema convence a unos cuantos ángeles sin mucho cerebro de la justicia de su causa. Como era de esperarse, Dios los aplasta y los manda al infierno. Mientras lame sus heridas, Satanás descubre al hombre. Ya que no puede vencer a Dios decide corromper a su criatura–difícil encontrar un blanco más fácil–, Satanás convertido en serpiente tienta a la mujer y esta muerde el fruto prohibido. Adán, a quien un ángel ha prevenido que el enemigo está rondando, se da cuenta muy tarde que el enemigo ha sido más inteligente que su mujer y que ella está perdida. En un acto de amor muerde también la manzana. Si ella ya está jodida, jodámonos los dos (¿Qué me voy a hacer yo solito en este enorme paraíso?)
El jefe, que preside omnipotente sobre el tablero de su creación, ha predecido que Satanás le quitará con facilidad ese peón. Su venganza es convertir a los demonios idiotas en serpientes, –los hubiera convertido en cerdos pero Circe ya lo había hecho con la tripulación de Odiseo–. Su hijo, que acaba de probar su valor en la lucha contra los subversivos, se ofrece como sacrificio para devolverle el Paraíso a los hombres. Total, el hombre es una buena criatura, débil pero con buen corazón. Antes que eso suceda, habrá que inundar la Tierra alguna vez para exterminarlos y Dios escogerá entre todos los hombres solo a una raza, la que demuestre estar menos pegada a los bienes terrenales: los judíos.

Así se demuestra que tan efectivo puede ser Iago-digo, Satanás-en su tarea de corromper a los hombres, esos seres imperfectos.

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Concierto en Union Square/ Dias de Santiago


Cuando veo grupos de músicos como estos en el subway me arrepiento de no haber aprendido nunca a tocar un instrumento. Sonaba bellísimo a pesar del ruido de la gente y los trenes que pasaban. La funda donde recogían el dinero estaba llena de plata. Con qué gusto la gente les daba dinero.

Anoche regresando en el tren había un homeless, un moreno de como de setenta años, con trencitas rasta sentado en el piso del tren tocando un órgano y cantando rap con la voz carrasposa. El rap era ingenioso, muy gracioso, (sobre su condición de homeless y que las tripas le sonaban y que quería comerse una hamburguesa con queso del Mac Donalds, bueno no suena tan gracioso escrito acá). La gente volteaba para mirarlo y sacaba monedas cagándose de risa. Llenó su vasito de monedas bien rápido.

Hace unas semanas otro homeless entró al tren, con pinta de estar fumadazo pero feliz, y una cartulina que se doblaba en dos. Había escrito sobre la cartulina : I am homeless, I need money for food. Pero si desplegaba el doblez, se leia “or for weed“. Y doblaba y desdoblaba enseñando (rápidamente) el “money for food…or weed” , movia las cejas y sonreía igualito que Stan Laurel de El Gordo y el Flaco. Le llovía dinero (ahí tengo otra opción para pasar mi vejez en Nueva York).

Hace unas semanas dos tipos estaban repartiéndose un fajazo de billetes de a un dólar como a las once y media de la noche, regresando en el tren D. Los miré y pensaba: estos deben ser parqueadores de carros. Y me sentía identificado (una de las partes más jodidas luego de trabajar más de doce horas parqueando autos es la repartición de los cientos de billetitos en partes iguales). Hasta que llegaron a su estación y uno de los tipos agarró su bastón de ciego y salió del vagon jalado por el otro: Eran un mendigo cieguito y su ayudante. Y les aseguro que se repartían, mínimo, cien dólares de “ganancia”.

Esta tarde vi Días de Santiago en DVD. Me habían hablado mucho de la película-quise verla en el BAM de Brooklyn en diciembre pero justo ese día se les ocurrió comenzar su huelga a los trabajadores del metro- pero no imaginé que fuera TAN buena.

Como le decía a Vero en un mail: esta película me ha devuelto la fe en el cine peruano. Esta es la mejor demostración que se pueden hacer grandes películas sin demasiado presupuesto y que no siempre las actuaciones de los protagonistas tienen que ser tan misias que se nota que son actores improvisados. Lo importante señores cineastas es la historia, la trama, el argumento y las buenas ideas.

Estoy terminando de leer Walden de Thoreau (un buen escritor del renacimiento de EEUU, amigo de Emerson, que decidió irse a vivir durante dos años (1846-1847) en una cabaña construída por él mismo en los bosques de Nueva Inglaterra). Al parecer su libro-que escribió basado en su diario de esos dos años de alejamiento de la civilización- influenció a Tolstoi y a Ghandi, entre otros. Ahora, esta noche tal vez, tengo que comenzar a leer Paradise Lost de Milton. Stephen Sheppard dice que es buena, he hojeado unos capítulos y sí pues, no parece aburrida. Ahora el problema va a ser que me siente a escribir un ensayo sobre Walden antes del lunes. ¡Necesito más tiempo!
Anoche me llamó Lornald para decirme que acababa de terminar el Bewolf. Le dije que yo lo había comprado hace un mes con la intención de leerlo pero la dueña de la librería de libros usados en Amsterdam Avenue, una viejita bien simpática y bonachona, me dijo, mientras me cobraba el libro, que ella tenía una versión en CD del Bewolf, leído por Seamous Heaney. La vieja me cagó el cerebro. No voy a leer el Bewolf hasta que consiga el CD y para eso, puede pasar un poco de tiempo. Lo bueno es que esta semana se terminó la nueva edición del Bronx Journal así que supongo que estaré más desocupado durante la semana, como para leer y escribir.

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