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The New York Street

Un blog lleno de historias

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William Carlos Williams

La isla y los libros

Esta semana he publicado esta entrada en mi blog NEWYÓPOLIS en FronteraD. Trata sobre la experiencia de leer en la ciudad de Nueva York.

Foto por PerrySt-Flickr.

Un libro viejo mirándote desde un escaparate. ¿Cómo resistir la mirada de un libro viejo que uno quiere leer? Ese libro viejo te mira y entonces ¿qué más puedes hacer? De niño fui un mal lector. Le he echado la culpa al dinero escaso, pero la verdad es que mis aficiones literarias en Lima se redujeron a las recomendaciones de uno que otro amigo, a títulos que pescaba en la televisión o en alguna película. Fui un pésimo lector. Pasé de Julio Verne a Gabriel García Márquez y me conformé con una que otra novela de autores latinoamericanos. Me entusiasmaba demasiado Alfredo Bryce Echenique. No sabía leer a Borges. Nunca leí a los griegos ni a los latinos. Ya en Nueva York cometí la estupidez de preguntarle a un amigo que me hablaba de Esquilo “¿Los dramas se leen?”

Pero en Nueva York, con libros viejos y baratos en cada barrio ¿cómo no hacerle caso a los libros? Esta es una ciudad donde basta tener un poco de tiempo libre para disfrutar el día tumbado al lado de un ventanal, leyendo en librerías de anaqueles bien surtidos (No como en Lima, donde abres un libro y un empleado corre a pedirte que pases por caja antes de osar leerlo) En esta ciudad de millones de impacientes lectores, quedan aún librerías suficientes, pequeñas y grandes tiendas desperdigadas en sus diferentes barrios. Pero la madre de todas ellas, el paraíso de los libros usados, es Strand.

La primera vez que entré a Strand fue a un local que ya no existe, en Fulton Street, cerca del puerto de Manhattan y en pleno centro financiero. Una banderola roja flameaba en la entrada y sus “18 millas de libros” (ese es el eslogan de la tienda), parecían haberse apoderado de cada rincón. Era un local húmedo, inapropiado para tanto papel amontonado. Poco tiempo después se abrió el renovado segundo piso del ahora único local, a dos cuadras de Union Square. Strand es una librería modelo, siempre está abarrotada de gente. Cada vez que entro en ella me vuelve la fe en esta ciudad: en Nueva York aún leemos. En esta metrópoli apurada aún es posible entablar discusiones literarias con alguna persona en el tren subterráneo, aconsejar a un extraño tal o cual libro, tomarnos un café mientras preguntamos con amabilidad al vecino, o al pasajero que lee concentrado en el bus ¿qué tal es ese libro? Recuerdo a una enamorada judía, a la que abordé en un restaurante de esos que abren 24 horas, después de la medianoche, para decirle que me gustaban sus bucles pelirrojos. Después de una sonrisa de agradecimiento, ella me soltó su primera pregunta, mirando la edición de tapa blanda de la novela–comprada en Strand–que yo apretaba contra mi sobretodo: “¿Estás leyendo a Faulkner?” Era su autor favorito.

Ahora observo los libreros de mi casa y el signo de Strand está en muchos de esos tomos que el amor por la literatura me ha obligado a adquirir (¿Cómo resistir la mirada de tantos libros hermosos?) Son libros que fueron comprados a menos de la mitad del precio original, a veces con la ventaja de alguna nota conveniente de un buen lector, y en ocasiones con la dedicatoria de un padre cariñoso, un buen amigo o un amante. Allí están mis tomos de tapa dura de la Everyman’s Library: allí leí a Joyce por primera vez. También los cuentos de Rudyard Kipling–qué magnífica experiencia la lectura de The Man Who Would Be King–y las obras completas de Oscar Wilde–difícil resistir la carcajada con The Importance of Being Earnest. En esa misma colección, comprados a menos de ocho dólares, vino Mrs. Dalloway y To the Lighthouse, la imprescindible novela de Virginia Woolf. El enriquecedor diario de Mircea Eliade vino de los anaqueles de Strand, igual que The Sacred and the Profane. También la autobiografía de Ingmar Bergman, The Magic Lantern; y la biografía de Emir Rodríguez Monegal sobre Borges. Hay mucha poesía (Keats, Heaney, Lee Masters, Matthew Arnold, Auden, Plath) y libros que me iluminaron la vida: Macbeth en la edición de la Signet; The Complete Plays of Sophocles editado por Moses Hadas; las traducciones de Dryden y de Allen Mandellbaum de The Aeneid y la de Maude de War and Peace; y History of My Life de Giacomo Casanova (el tomo 1 y 2) De allí también salieron mis libros de ensayos de Eliot, de Pound, de William Carlos Williams; y esa interesante guía por el universo de la buena literatura que Harold Bloom me autografió una tarde con letra tembleque: The Western Canon.

En alguna página de las obras completas de Borges, saboreé hace tiempo un ensayo donde Emanuel Swedenborg pronosticaba que el paraíso prometido por Dios es un espacio para que conversen las almas de quienes fueron buenos lectores en vida. Gracias a mi experiencia en Nueva York, a sus libros usados y a Strand, creo estar cada vez mejor preparado, por si alguna vez me toca llegar a esa eterna tertulia celestial imaginada por el iluminado Swedenborg.

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Creo

Que todo va a estallar en círculos
Una llama gigante envolverá a este tren
En este instante.

No pasa nada.

Circulo. Sobre la plataforma desgastada.
Recordando el ocio perfecto.
Siento mis manos, pegajosas.
Mis ojos tan débiles, quizás enfermos.
Se abre la puerta y penetra la magia:

“Soy la mujer más bella del mundo”
Y yo no puedo creerlo.
Todos los demás son tan feos.

(Sostenme Carlitos Williams)
Yo sonrío con el libro a medio metro.
Ella tiene los ojos muy cansados.
Quizás enfermos.

¿Es bella en realidad?
No es la más bella del mundo.
Pero tiene razón:
Me veo detenido en ese rugido.
“Yo tuve diecinueve abortos”.
Definitivo: son sus ojos.

Si la vieras.

Venimos de dos mundos distintos
En el nuestro no se grita aquello.
Luces de plástico celebrando tu
Frente arrugada. Aire caliente enfriando
Mi emoción

(Carlitos Williams. Creo saber a qué te refieres)

“Es un libro que deben de leer
Todos los que quieran la literatura”
Ejercicio de imaginaciones,
Con un pie llegando al invierno.
Con el otro en Lima.

(¿Y a dónde más iban a huir, Billy?)

Salgo de la estación.
Entre los caníbales del Barrio Chino
Las carteras perfectas
Muchos ojos azules encima
Niebla, paseo de gente sacudida.

Caminas erguida entre la ropa
“Agáchate para verte mejor,
Espérate que acomodo la cámara”
Yo aburrido de tenerte ganas.
Y tu sonrisa dice tanto
De tu forma de besar.

Y tú con ni puta idea de lo que he estado pensando.
Nada.
“¿Cómo has estado?”
“Te he extrañado, baby”

Otra ves me sonríes mirando a la cámara
Tal vez tengas toda la razón
Tal vez seamos todos feos
Estemos todos percudidos, víctimas de la grasa.
Habrá que esperar hasta Navidad
Para ver lo que nos traigan las hadas
Entre los radares y parábolas de un país atrasado.

“Que haya venido a sacrificarse
Me parece tan parroquiano…”

Y el yate empieza su carrera
Se despierta Molly en su cofre cibernético
“Bienvenidos al desierto de lo inmoral”
Saca un número, me mira a los ojos otra vez
Y me dice:
Tú no eres el elegido

¿Quién se lo dirá a Morfeo?

Peekskill, 19.2.2011

Incendio de la biblioteca/Libro 3 de Paterson

Entre las llamas de la biblioteca que ama
abominable fuego que al dadaismo ofrece
queda la yerma tierra que aborrece
la tremebunda ofrenda que Antonin reclama

Confia en que las cascadas le han de prestar su voz
mientras Paterson arde y se borra su historia
para sembrar otro campo, otra voz y memoria
que el doctor va engendrando con lentitud atroz

De voces de los suburbios pretende sembrar su gesta
Una epica de americanos, sin griegos ni latinos Williams sueña
Recolectando cartas, mapas, revistas; tiempo e ingenio utiliza
Pero van ya tres libros y su hazaña, pequeña.

Paterson ciudad-gigante, a los textos de muertos hoy desdeña
Convoca al fuego y al viento: los reduce a ceniza.

From Paterson, 10 de febrero

To write, nine tenths of the problem is to live.
William Carlos Williams. Paterson Libro 3

Paterson revisited, 10 de febrero

Si bien quienes defienden la ambición de William Carlos Williams de escribir un poema épico que utilice el habla de los Estados Unidos, han querido consagrarlo como el más norteamericano de los poetas del siglo XX; su poema Paterson consigue las mejores imágenes y versos en aquellas líneas donde se proyecta más allá de los bordes de su país.

Tras sus diatribas contra Pound y contra T.S Eliot, a quienes algunas veces calificó de decadentes europeos y de traidores who had run far and wide sniffing at the trees, barking their profundities to each other , el quinto libro de Paterson–que no constaba en la idea original y que Williams añadió en 1958–, es la recreación del River of Heaven (título del quinto libro en los manuscritos originales) y una mirada nueva a la Comedia de Dante.

Pound concibe sus Cantares como una versión universal de la Comedia, como la gesta de una tribu–la humana–que ha trascendido los bordes de Europa. Eliot abriga sus versos más luminosos con el aliento de Virgilio y de Dante. Williams, tras haber agotado su búsqueda de las musas entre las pulcras bibliotecas de los suburbios, da con ellas entre su maltratada colección de poesia clásica. Su quinto libro, con certeza, describe las impresiones del doctor Paterson saliendo del monótono infierno de Rutherford y entrando al Paraíso.

William Carlos Williams under the influence



William Carlos Williams under the influence
Borrowing from The Cantos to write the greatest American epic

“Ain’t it enuf that you so deeply influenced my formative years
without your wanting to influence also my later ones?”

WCW’s letter to Ezra Pound, 12 April 1954 (1)

William Carlos Williams’s aim of writing an epic using as a raw material a small New Jersey city is very ambitious. Perhaps even more ambitious than Pound’s agglutination of eras and languages in the Cantos, or Eliot’s purpose to representing the decadence of the whole modern world in The Waste Land.

To write the 5 books of Paterson, Williams borrowed patterns and music from Eliot’s poems and ideas and sources from Ezra Pound. The rhythm and cadence of T.S. Eliot is everywhere in Paterson, and Pound’s Cantos is used by the Rutherford poet as a pattern to write his own big epic. Paterson is the “magnus opus that I’ve always wanted to do” as Williams call it in a letter to Pound in November of 1936.

The two poets that Williams disdained publicly most of his life are the ones he imitates the most. He was not happy about that influence, but he could not deny it either, as he says in this letter to Robert McAlmon:

Pound is] a one sided bastard if there ever was one, who has borrowed from everybody, including myself in the old days, but he’s done a good job, surpassingly good. And I’ve borrowed from him much more than I’ve given. Everyone has who has followed him. Yeats specially (qted, In Thirlwall, 220).

Pound’s influence is clear in all William’s first books. But by 1946, when he published the first book of Paterson, Williams thought that those influences had been erased and lost among the fabulous structure of his work. However, as the critic K.L. Goodwin says “ the one whose work has been touched at the greatest number of points by Pound, and the one who has shown the greatest ability to avoid mere imitation, is William Carlos Williams” (Goodwin, 144).

One of the main influences of Pound in Williams’s Paterson is the imagist theory of poetry. Paterson is full of images, from the beginning of the first book: the city-person is described using some of the best imagist lines written by Williams. Paterson certainly is an imagist epic, which has sudden changes of voices and breaks of verse, combined with long portions of prose. Goodwin connects this treatment of Paterson as Williams’s intention of using merely descriptions to generate sensations, avoiding any kind of subjectivity:

Many passages from Paterson are imagistic. The reason for the frequency of such passages may be that the whole poem is a symbolic treatment of man through the features of the city, Paterson, and as this symbolic connection is partly brought out through prose interludes, Williams felt that he could indulge in objective description without having to make the relationship between it and the theme explicit (Goodwin, 150-151).

When using certain images, Williams seems to be looking for them. He’s not getting what image he gets from inspiration and putting them into the poem. He seems to be looking for images that he needs to fit a certain plan. He seem to be looking for images to replace ones that he had seen before in other epic poems. Some of the images that Williams is looking for, seem to have their origin in The Cantos. I think that a good example of this kind of research is found in this lines from A Draft of XXX Cantos (1930):

City of patterned streets; again the vision:
Down in the viae stradae, toga’d the crowd, and arm’d,
Rushing in populous business,
And from parapet looked down
And North was Egypt,
The celestial Nile, blue deep,
cutting low barren land,
Old men and camels
Working the water-wheels
(Pound, 17).

The fragmented city of these lines of The Cantos, could be traced to the unreal city that T.S. Eliot evokes in The Waste Land. In Eliot’s poem there is an interest to describe poetically the interdependence of cities and water. The water manifestated as river, sea, or rain. There is a historical fact of dependance of cities and rivers. But there is also a pattern in the way Pound, Eliot and Williams use the relationship water-city, as in these lines from the Book One of Paterson (1946):

Immortal he neither moves nor rouses and is seldom
seen, thought he breathes and the subtleties of his
machinations
drawing their substance from the noise of the pouring
river
animate a thousand automatons
(Williams, 6)

The connection between the people of a city with the river and the implications of productivity and some kind of technological activity in Pound’s Cantos is there, even if transformed, in the verses of Paterson. The talent of Williams is that since Paterson is a city and a man at the same time, the figure of “populous business” of The Cantos kind of vanishes. In Paterson there is a transformation of the images coming from The Cantos. It is not very difficult to trace the steps of their change, however In The Cantos, The Nile river is a source of productivity, an instrument of “progress” who moves the water-wheels, while the “pouring” Passaic river and the “machinations” of Paterson are combined to move those thousand “automatons”. The technology is different, but both poems are connected by the idea of the river as an agent of transformation.

The particular talent of Williams is that he applies the technique of imagism not just to static objects. There is qualitative jump from the stillness of Eliot’s images in The Waste Land to the way Williams sees the world, as Goodwin writes:

Williams’s assimilation and adaptation of Imagism seems to me to be one of the most successful uses of the technique (…) He applied imagism not just to static images but to moving ones: to the swaying of the trees, the flight of birds, and the fall of water. As a result his imagistic poems lack the stillness that occurs in those of Eliot… (Goodwin, 151).

In addition, Williams used a group of personal letters in Paterson. He intercalates them through the poem. Some of these letters are the ones from the underprivileged mother of one of his patients, Marcia Nardi to which Williams points as the letters that helped him to unify some of the main topics of his epic. Nardi’s letters were very important to the purposes of Williams to fit some of the gaps of his “magnus opus,” as Paul Mariani details in William Carlos Williams A New World Naked:

Nardi’s letter would serve to recapitulate nearly all the major themes with which his autobiographical poem had been concerned: The woman as victim, complaining, accusing, crying out in pain; the divorce between the two sexes and the danger that the woman would turn to other woman for solace; the woman as the energy and the flower of a man’s life; the poem itself as a confession of inadequacy; the socioeconomic ills that had created so many of the tensions between men and women, making of the man a false nurturer and forcing the woman into an unnatural dependency on man (…) that letter turned out to be, as Williams would explain years later, a found object paralleling Eliot’s infamous use of footnotes at the end of The Waste Land (Mariani, 462-463).

What kind of “voice” was Williams looking for? A comparison between an excerpt from Nardi’s letter and a famous one from The Cantos, proves that maybe he was looking for more than a simple voice to explain his points. Williams was looking for a voice to match this famous letter from Pound’s Canto XXVI:

To the supreme pig, the archbishop of Salzburg:
Lasting filth and perdition.
Since your exalted pustulence is too stingy
To give me a decent income
And has already assured me that here I have nothing to hope
And had better seek fortune elsewhere;
And since thereafter you have
Three times impeded my father and self intending departure
I ask you for the fourth time
To behave with more decency, and this time
Permit my departure
Wolfgang Amadeus, august 1777 (Pound, 128).

Williams found the match, in this excerpt of a long letter from Nardi that he published at the end of Paterson’s Book 2 (1948):
The anger and the indignation which I felt towards you now has served to pierce through the rough ice of that congealment which my creative faculties began to suffer from as a result of that last note from you. I find myself thinking and feeling in terms of poetry again. But over and against this is the fact that I’m even more lacking in anchorage of any kind than when I first got to know you. My loneliness is a million fathoms deeper, and my physical energies even more seriously sapped by it; and my economic situation is naturally worse, with living costs so terrible high now (Williams, 89).

There is in both letters, a feeling of the anxiety from somebody with a creative mind, suffering a state of dependence, trapped in the hands of somebody who has the power to control his destiny. It is very interesting to deduce that in this playful use of Nardi’s letter, Williams is assuming the position of “The supreme pig.”

The different voices struggling in Patterson are the different Personæ that Pound brings into The Cantos. There is the remarkable similarity between the criticism of usury made by Pound in The Cantos and criticism that Williams made of usury. As Goodwin notes, Williams “was not yet ready to follow Pound by attempting to versify it but such an attempt was made in a vehement attack on usury” (Goodwin, 156.) Williams attacks usury in these lines from Book 2 of Paterson:

The Federal Reserve System is a private enterprise…a private monopoly… (with power)…given to it by a spineless Congress (…)
They create money from nothing and lend it to private business (the same money over and over again at a high rate of interest), and also to the Government whenever it needs money in a war and peace…
(Williams, 73)

This is a very similar point of view as the one of Pound about usury. But the similarity of ideas is not the most important to confront the borrowing of ideas from The Cantos.

The main point is that, like the idea of a river as the source of life for a city and main center of the economic activity, or as the anger of the creator against his master, many of the topics defined already by Pound in his A Draft of XXX Cantos from 1930, are present in Paterson.

It is true that Williams mastered the technique of imagism. Constraining his poem to the sources provided by documents about Paterson and people of New Jersey, he created a poem that is proudly 100% American in its content. But he was following some rules established by Pound. Old Ezra defined most of the topics that could be considered in a twentieth-century epic. Writing Paterson, Williams is filling the gaps, taking out European or Asian references and filling them with American elements.

In many ways, The Cantos is also a 100% American epic, because its creator is a product of the different brooks that shaped this country. And he is the original source. In many ways The Cantos is the blue Nile that running from above, higher than spires, higher even than the office towers watered the minds of many poets of this country and developed into brilliant poems like Paterson.

Bibliography

Breslin, James E. William Carlos Williams An American Artist. New York: Oxford University Press, 1970.
Goodwin, K.L. The Influence of Ezra Pound. New York: Oxford University Press, 1966.

Mariani, Paul. William Carlos Williams A New World Naked. New York: Mc Graw-Hill, 1981

Pound, Ezra. The Cantos. London: faber and faber, 1986.

Thirlwall, John C. The Selected Letters of William Carlos Williams. New York: McDowell, Obolensky, 1957

Williams, William Carlos. Paterson. New York: New Directions, 1995.

The Best Critical Essay


Ejem. Estoy muy orgulloso. Quisiera agradecer. No tengo palabras para..
Bueno, una breve ceremonia en el auditorio de la Art Gallery de Lehman College. La profesora Patricia Cockram se encargó de llevar una fotocopia de mis poemas para que yo se los leyera al pequeño auditorio (Yo que creía haberme salvado de eso). Y me entregaron dos diplomas. El de poesía por mis tres breves experimentos en inglés, mi mezcla de Li Po con Ingmar Bergman, García Márquez y Mircea Eliade. El otro, el que he puesto aquí, es el que mejor me hace sentir, porque es el premio al mejor ensayo crítico del programa de maestría del departamento de literatura inglesa: The Best Critical Essay in the Field of English or American Literature, por el ensayo que escribí el semestre pasado sobre las influencias de Ezra Pound y sus Cantos en el poema Paterson de William Carlos Williams. Un honor. Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.

Recuento antes de dormir


No puedo dormir. Cuantas veces me ha pasado eso y no me he puesto a escribir en el blog. ¿Mal síntoma?. Recuento: esta semana el concierto en el Lincoln Center fue fabuloso. Hoy empece a leer ¿Sueñan los androides con ovejas electricas? para el curso de The Literature and the Machine con Joseph. Me han fascinado los cuatro primeros capítulos, seguro que lo acabo para la clase del lunes.

El otro libro pendiente es Up from Slavery de Booker T. Washington. Me da flojera hasta abrirlo. Pero The Marrow of Tradition tambien me daba flojera abrirlo y no pude soltarlo hasta llegar a la última página. ¡Qué telenovela! Con intento de linchamiento y hasta Ku Kux Klan. He propuesto al profe un tema sobre los trenes y la segregacion pero no lo he seguido desarrollando. Quise escribir tambien algo más para mi disertación de Gentleman Brown y Lord Jim pero no he podido avanzar más de donde ya estaba.

El miércoles en la tarde comí con Patrizzia en el Cocoroco. Dos veces en Brooklyn en una misma semana. Todo un record. Me quedé con ganas de ir a Prospect Park pero nos cogió la lluvia y según el dicho español: Llueve, a casita ( o algo así, según la valenciana).

Mamadou quiere quedar para encontrarnos el martes. Ups, Stephen también. Me había olvidado. Sheppard quiere que le presente a la gente de Yini. A la reunión de Mamadou tal vez vaya Tuan y Francisco. Tengo que preparar una disertación (una sintesis en realidad, para una propuesta para un congreso en Austin). Le voy a pedir a Camilo asesoría, aunque tengo las ideas un poco más claras. Hoy pasé más de dos horas editando otra vez mi versión de Enterrando los muertos. Mi presentación en clase: The friendship of Ezra Pound and T.S. Eliot resultó mejor de lo que esperaba. Me aplaudieron dos veces y yo me sorprendí a mi mismo hablando muy fluidamente sobre ambos, sobre la edición de temas propios e impropios en La tierra baldía, sobre el mito, como método para darle coherencia al poema, sobre las divergencias entre ambos poetas pero su amistad a prueba de balas. Leí unos pedazos de la primera carta de Pound donde menciona a Eliot y el fragmento de Heart of Darkness que Eliot puso originalmente. Le conté a la clase lo divertido que resultó leer el panfleto escrito por Eliot (anónimamante), elogiando la figura de Ezra Pound (en 1917). El texto fue reproducido en el libro de ensayos de Eliot publicado después de su muerte.

Eligieron al Premio Nobel. Es un turco, del que no he leido nada. Encontré el disco de Cristi y le hice su carta. En Knollwood vi Arsenic and Old Lace La peli que me recomendó Doda, con Cary Grant. Me gustó ,pero no es el tipo de humor que prefiero.

Me quedo con las comedias de Billy Wilder. Ah, esta semana empecé otra vez a jugar tennis. Bueno, mas bien fue una práctica muuy ligera con Paola -que primera vez que agarra una raqueta-. Salió esta semana la edicion del Bronx Journal con la foto de Paola con asma en primera plana (la carátula que sale en este post es la penúltima). Estoy empezando a ir casi diario al gimnasio de Lehman. Dejé las clases de japonés porque me quitaban demasiado tiempo (Camilo tenía razón). La parte positiva es que al menos me familiaricé con los caracteres japoneses, los hiragana y los katakana…
El chifa de Flor de Mayo estuvo buenazo, también el tallarín saltado del lunes con Alejandra. Me escribe para decirme que gracias por la solidaridad. (¿Cuál solidaridad? Para eso están los amigos ¿No?)El viaje en auto hasta IKEA de NJ fue todo un periplo, no pensaba que la caja iba a entrar en el asiento. Nunca manejen con un sofá dentro del auto. Ale es una buena anfitriona: Los camarones con tallarines de esa noche estuvieron buenazos, igual la música de Sui Generis. Sigue siendo jodido manejar en Manhattan.

Nicolás cumplió 33 años. Parece que ya se puso de acuerdo para terminar el lienzo que le ofreció a Miki. Me llegó la nueva suscripción de Granta. Me contestó el e-mail el presidente del club Rinconada. Bastantes cosas para solo una semana.

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