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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Mircea Eliade

Eterno retorno

28 de febrero
No podemos salvar la Tierra, sin embargo tal vez podamos salvar Tierra 2. Debe haber algún medio de comunicarse con ellos. En eso estoy.

1 de marzo
Asisto paralizado al espectáculo, incapaz de impedir la hecatombe que borrará Tierra 2. El planeta que recién descubrimos gracias a Kepler, avanza inexorablemente hacia su encuentro con el meteorito Selene. Una luna y una tierra que no son las nuestras, se destruirán mutuamente. Tal vez sea un anticipo de la suerte que le espera a nuestro planeta. Llámenme ingenuo, mas yo creía que si la vida terminaba en Tierra, nos quedaría el consuelo de alcanzar algún día Tierra 2.

2 de marzo
Si mis ojos estuviesen allí, qué cosas verían. Tal vez el inicio de civilizaciones parecidas a la nuestra. Secretos de conviviencia entre tecnología y naturaleza que nos permitirían aplicar a la salvación de nuestro mundo. La etapa heróica griega o Egipto levantando su primera pirámide. Quizás este sea el equivalente al cataclismo que alguna vez terminó con los dinosaurios. Sin embargo Selene es enorme y va con demasiada velocidad. Mis científicos preveen destrucción total.

3 de marzo
He intentado anunciarles el desastre usando los transmisores dispuestos en el exterior de la galaxia. Fue encantador ver una vez más a toda la tripulación trabajando con frenesí, como si Tierra 2 fuera en realidad nuestro planeta y no sólo una esperanza azul flotando en el universo. Mi esposa me consuela y me dice que siga aferrándome a la hipótesis del exterminio de los dinosaurios. Tal vez ésta sólo sea la colisión que necesitaba Tierra 2 para que los pequeños mamíferos empezaran a dominar el planeta.

4 de marzo
El choque es inevitable. Estamos siguiendo el desenlace de Tierra 2 en un panel que hemos instalado en la nave central. Hemos despachado anuncios de luz y mensajes de radio. No hemos recibido respuesta. Si fueran una civilización avanzada habrían podido identificar señales provenientes de otros mundos. Hubieran encontrado la manera de comunicarnos, decirnos que no nos preocupemos, que dejemos el problema en sus manos.

5 de marzo
He tomado todas las fotos que he podido. Ordenaré hacer una imagen tridimensional y dispondré que sea proyectada durante algunos meses en la nave central. He visto a otros tripulantes tomando fotos a escondidas. Tierra 2 se esfumará poco después de la medianoche y con ella nuestra fantasía de conocer su historia y la de sus habitantes.

6 de marzo
No ha pasado nada. Selene ha desaparecido y Tierra 2 sigue donde estaba. No ha habido colisión. Nadie puede explicarme lo que ha pasado. He mandado los primeros informes oficiales a Tierra. Hasta la hora en que me he retirado a dormir, no he recibido respuesta.

7 de marzo
No hay Tierra. No volveré a escribir, no tiene sentido. ¿Quién leerá este diario mal escrito que lleva mi nombre? Podría enviarlo en la cápsula sellada que lanzaremos hacia Tierra 2, que sigue allí, bellísima, como lanzándonos un acertijo o una maldición. La vida continúa en Tierra 2, ya no hay vida en nuestra Tierra original. Los ingenieros intentan darme una explicación racional de lo que ha sucedido. ¿Estuvimos viendo los últimos minutos de nuestro planeta sin saberlo? El juez los ha mandado matar a todos. No he podido cancelar esa orden. He llorado contemplando en la pantalla las últimas imágenes que tomé de Tierra, mi Tierra. Siento rabia.

8 de marzo
No voy a escribir más. Creo que varios en esta misión vamos a perder la cordura. Transposición de imágenes le ha llamado al fenómeno uno de nuestros científicos más viejos. Dice que presentó un informe hace 2 años, oral. No lo recuerdo, no lo debo haber tomado en serio. ¿O es que se están transponiendo nuestras ideas igual que las imágenes? Mi esposa me consuela diciéndome que era muy poco lo que hubiéramos podido hacer. De todos modos, no tiene sentido que siga. No hay Tierra y Tierra 2 está asaz lejos para que lleguemos sin ayuda. Saquen su cuenta.

For Dominic Matei


Tengo 36. Morir a los 72. Usar la mitad de mi vida en aplicar lo que he aprendido en la primera mitad. Rendir cuentas, buscar trascender. Evitar la reencarnación anticipada. Sí pues, he vivido antes. Mis órganos han sido despojados de energía (los originales, digo) y estos nuevos han sido recargados. Flota la energía, carga otra vez. La ciencia.No creo en la ciencia. Ha sido tantas veces rebautizada y convertida en mascota de los deseos ocultos de sus protectores. Creo en la vida total, en la alegría de la energía, en el amor.
Claro, podrá resultar un poco ridículo. Pero a esta edad, la ridiculez me importa un pito.
No sé cuantas veces he regresado a las mismas imágenes. Es una azotea y un océano cuyas olas inundan el pueblo y el sol dándole su color naranja.He visto girar la cerradura sin que nadie la gire. He soñado sin soñar. He visto sueños de otros. Tantas cosas ocurren sin que se puedan anticipar, pero ya estoy volviendo a lo mismo. Trataré de no robarle más ideas a nadie. Menos a mí mismo.
La cobardía ha guiado mis actos. Sospecho que mi vida hubiese sido más valiosa si no me hubiese faltado precisamente eso: valor.
Ahora es fácil mirar hacia la espalda, pero no quiero mirar después de este cruce de caminos. Es mi propósito empezar de nuevo y en realidad empezar todo otra vez. Repetir sin repetir. Porque…¿qué cosa es sino la vida eterna? ¿Un juego?¿Una broma?
Temo que si me arrepiento ahora no ha de volver el sueño, no ha de regresar lo que pretendo decir.
Quiero decir: estoy sujeto a cierto destino ¿cierto?
Y ese destino implica que asuma mi posición y siga viviendo. Siga viviendo de acuerdo a ciertos determinados parámetros. En este caso el libre albedrío es una ilusión. Y vivimos de la ilusión. Qué nos queda.
Tengo 36 y 36 años por delante. Muchas cosas que decirme y escribir, muchos caminos.

Sacado del diario de Mircea Eliade: 19 de marzo, 1960


Qué paradoja. Los griegos, quienes, como acabo de decir, amaban la vida, la existencia de la carne, la forma perfecta, tenían como ideal de supervivencia la supervivencia del intelecto puro (mente, nous). Los cristianos, que son ascetas y aparentemente desprecian el cuerpo, insisten en la necesidad de la resurrección de la carne y no pueden concebir el bendito paraíso sin la unión del cuerpo y el alma.

Mircea Eliade. No Souvenirs: Journal, 1957-1969. Harper and Row, New York 1977.

La mejor manera de empezar el año

Siempre pensé que la mejor manera de empezar el año era en una casita de madera frente al mar. O, en todo caso, en una carpita acogedora frente al mar. Siempre frente al mar.

Que sorpresa darme cuenta que uno de mis mejores fines de año, lo he pasado al lado de las montañas, bastante lejos del mar. Bueno, eso sí, en una casita de madera.

A Frances la conocí en mi clase de graduados en literatura inglesa. Ella es profesora de inglés en la universidad Bronx Community College de CUNY, graduada en educación de Columbia University y actualmente una indecisa que no sabe si hacer su doctorado en educación o en literatura (parece que literatura va adelante en las apuestas).

“La conocí vendiendo ají en La Parada” dice el valsecito criollo. A Frances la conocí mejor cuando la invité a bajar a la cafetería de la facultad a comprar un cafecito antes de la clase. La conocí mucho mejor cuando le pregunté (oh valiente yo) si conocía algún restaurante de sushi en el Bronx. Dio la casualidad que su restaurante favorito es uno japonés en su barrio, Riverdale. Da la casualidad de que uno de los barrios que me gustan más en el Bronx es Riverdale. Así que nuestra primera cena juntos fue un sushi en Palace of Japan en Riverdale. Nuestra primera película fue Volver de Almodóvar en el Lincoln Cinema y la primera vez que nos doblamos de risa juntos fue escuchando El Burrito Sabanero (Tuki, tuki tuki tuki) en un restaurancito de Riverdale.

A pesar de todas esas buenas coincidencias, no pensé que, apenas 12 días después de habernos conocido mejor (es decir: besado, etc, etc, etc) iba a pasar junto a ella uno de los mejores días de año nuevo de mi vida, en una casita de madera en las montañas (de Nueva York), conocidas como los Catskills Mountains, que si bien son una broma de tamaño frente a las cordilleras andinas, igual tienen su encanto.

La mejor mañana fue el desayuno de año nuevo, en la casita de madera, con unos delicados aperitivos en base a caviar y salmón ahumado y un sufflé que al parecer es la envidia de toda la región. El 2 de enero volvimos a NY, pasando antes por un pueblito que se hizo famoso allá por la década de los 70s: Woodstock.

Woodstock es lo más alucinante de la zona, con su colección de casas de hippies diseñadas y construídas por sus dueños, su festival de cine independiente y sus cafés que dejan respirar aire a libertad y a campo, a sólo una hora y media en automóvil desde la ciudad de Nueva York. Camino de regreso, pasamos por Ashokan, un gigantesco reservorio que es el principal surtidor de agua de la ciudad de NY y que parece un fabuloso lago artificial donde, previo permiso y licencia, se puede pescar truchas.

Así empieza el 2007, con una compañera que sonríe con los ojos, que prepara unos panqueques deliciosos, que se ha vuelto adicta a las tardes de natación en la piscina de Lehman y a los sandwiches de prosciutto en Little Italy en el Bronx; y que disfruta leyendo los argumentos de mi monografía sobre Ezra Pound y William Carlos Williams y se emociona cuando la llamo para decirle que encontré un paralelo entre Cien Años de Soledad y unas notas que encontré rebuscando en el diario de Mircea Eliade. Allí está el mar otra vez, alrededor de esta ciudad inmensa. Si no es el mar, es el agua de este río Hudson que veo ahora, en este atardecer desde la ventana de un apartamento en Riverdale, con el sol poniéndose en sus aguas templadas gracias a las temperaturas moderadas de este invierno de mantequilla.

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