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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Literatura

De neoyorquinos y de bárbaros

Artículo originalmente publicado en la edición  número 256 de la revista Ideele de Lima.

Portada Los Bárbaros 4/ César Vallejo frente a la New York Public Library
Portada Los Bárbaros 4/ César Vallejo frente a la New York Public Library

 

A propósito de una  nueva y prometedora aventura literaria.

La isla de Manhattan fue comprada a los indios que poblaban esa región por un puñado de florines holandeses. Poco tiempo después de fundada, la ciudad ya se había convertido en el símbolo del dinero en este lado del Atlántico. Con el progreso, la isla se llenó de aventureros miserables, inmigrantes que vivían hacinados en casuchas en el invierno y en el verano pasaban la noche desparramados en los callejones. La desigualdad social siempre ha sido el lado oscuro de Manhattan. La ciudad tendría hasta hoy un enorme problema de imagen de marca si no hubiera sido por, entre otras cosas, el arte. Los artistas descubrieron algo notable entre sus mil contradicciones. Bob Dylan, por ejemplo, tras pasar una temporada invernal en la pobreza, terminó alabándola y despreciándola al mismo tiempo en la letra de Talkin’ to New York, una de sus primeras canciones.

Hasta hace unas décadas, la Europa y la Latinoamérica intelectual miraban con desprecio a esta ciudad de empresarios ignorantes forrados en dinero, sin pasado cultural, sin arte. El cambio fue lento y generacional. Sabemos que hasta en las mejores familias siempre aparece un heredero con ambiciones artísticas para quien el dinero tiene escaso valor. Alguno de los tataranietos de los primeros barones de la bolsa debió de convencer a sus habitantes de que una ciudad de primer nivel necesitaba capital cultural. Los millonarios neoyorquinos se dedicaron a comprarlo: reservaron grandes espacios para galerías, centros culturales y museos, se trajeron templos egipcios hasta la isla, piedra por piedra.

Nueva York no fue considerada la capital del arte si no hasta las últimas décadas del siglo XX. Los artistas que notaron cómo el dinero desbordaba los bolsillos de estos ricos necesitados de buen gusto, empezaron a llegar aquí a ofrecer sus servicios. Así sucedió el acto de magia: los artistas no identificaron en esta ciudad a un monstruo sino que percibieron las características de una epopeya: la Babilonia de nuestros tiempos se estaba construyendo frente a sus ojos.

Es preciso anotar que los neoyorquinos querían comprar una cultura pero no la multiculturalidad multilingüística de la que ahora gozan: los inmigrantes que pisaron Manhattan ansiosos de dólares, lo primero que dejaron atrás fue su ropa vieja. Lo segundo fue su idioma. Así que este fenómeno de una ola de escritores que llegan a escribir en español entre sus calles es bastante nuevo. Si bien tiene antecedentes interesantes: José Martí describió a Nueva York en español, a lo largo de múltiples crónicas pagadas y publicadas por los periódicos latinoamericanos de su época. Federico García Lorca también pensó a Nueva York en español y transformó ante sus lectores esta máquina de hacer dinero en un poema.

A los escritores del siglo XXI también nos convence el sonido del metal: el dinero viene hoy en forma de becas. Las universidades ofrecen un plan de cinco años que incluye una pequeña suma de dólares─suficiente para caminar a diario entre sus bibliotecas públicas y para participar ─sin morirse de hambre─ de la oferta cultural buena, bonita y barata que ofrece la ciudad de Nueva York. En realidad muchas universidades de Estados Unidos ofrecen becas similares, pero solo las que están ubicadas en Manhattan (o cerca de ella) pueden ofrecer como parte del paquete la manzana acaramelada: la experiencia única de vivir en la ciudad de la que tanto nos ha comentado la literatura o el cine. Todos sabemos además, que hoy no se puede caminar bajo las luces de Times Square sin imaginarnos a los personajes de Marvel y DC lanzańdose a salvar el día frente a los pantallones de luz.

En una de aquellas universidades, en las aulas del Programa de Literaturas Hispánicas y Luso Brasileñas del Graduate Center de la Universidad Pública de la Ciudad de Nueva York (CUNY) nació la idea de Los Bárbaros. Me refiero a esta revista en formato de un libro de 100 páginas, que viene publicando la obra de algunos de estos hispanohablantes que sobreviven en Nueva York gracias a las becas de estudios: fotografía, historieta, ilustración, cuento, poesía, crónica literaria. En Los Bárbaros hay un poco de todo lo que puede caber en un libro.

Los Bárbaros fue el resultado de una epifanía foucaultiana. Sucedió en una clase de crítica literaria, a fines del semestre de otoño de 2013. El mexicano Oswaldo Zavala, un Doctor en Literatura egresado de Austin y de La Sorbona, especializado en Bolaño y en las literaturas de la frontera, hablaba de Foucault y de Borges en una sola oración. Él les recordaba a sus estudiantes que las facultades de literatura de las universidades de los Estados Unidos, si bien estuvieron dominadas en algún momento por la crítica francesa, los ensayos de Tel Quel y la literatura pensada desde Europa (Cortázar, Sarduy, Vargas Llosa, Donoso), hoy ya estaban 100% conquistadas por la literatura y la crítica reflexionada desde la hispanidad. Desde la lectura de un ensayo de Alfonso Reyes, Zavala recordó unos versos de Kavafis para hacerle saber a sus estudiantes que los bárbaros que pensaban en español habían tomado el control. Los profesores de francés ahora languidecían en algún rincón de las facultades de idiomas mientras los hispanohablantes aparecían vigorosos, en una ola constante, ocupando puestos en una academia estadounidense que estaba viviendo su cuarto de hora de amor por el idioma castellano. Nosotros, dijo Zavala, éramos los bárbaros que estaba esperando el imperio americano y─por supuesto─ ya habíamos llegado. A eso se debe que la primera portada de Los Bárbaros invoque a un cuento de Borges: el viejo y el joven Borges encontrados en un vagón del tren subterráneo, el joven Borges leyendo la traducción al inglés de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

Quienes estudiamos la literatura del mundo hispano desde Nueva York─en Columbia University, NYU, CUNY─y en las universidades satélite─Princeton, Yale, Brown, Rutgers, UPenn─somos los protagonistas de ese fenómeno. Los lectores de Ideele podrían sospechar que alguien nos está inflando el mito. Tal vez, si no fuera porque Antonio Muñoz Molina enseña en NYU, Vargas Llosa viene un semestre sí y otro no a CUNY y a Princeton ─donde también estuvo enseñando Piglia y a donde llega con regularidad Villoro. Tal vez pensaríamos que nos han inflando el mito, si es que no pasaran por esta ciudad cada dos por tres los nombres más importantes de la literatura hispanoamericana.

La revista Los Bárbaros germinó en esas aulas de CUNY con el objetivo explícito de convertirse en el registro impreso más importante de estos años de literatura en español en la ciudad. Este mes de diciembre llegamos al número 6 con un especial dedicado a las autoras: Las Bárbaras.

Nosotros, dijo Zavala, éramos los bárbaros que estaba esperando el imperio americano y─por supuesto─ ya habíamos llegado. A eso se debe que la primera portada de Los Bárbaros invoque a un cuento de Borges

Desde marzo de 2014, Los Bárbaros se ha presentado en sucesivas jornadas literarias en universidades de la ciudad, en la librería McNally Jackson (el ágora neoyorquina, administrada por el librero uruguayo Javier Molea, por donde pasan todos los escritores hispanoamericanos que quieren hacer acto de presencia en Manhattan), en el Centro Cultural Barco de Papel, una pequeña librería de Queens que sirve a los lectores de ese barrio; en Sarah Lawrence, universidad de tradición elitista de los suburbios de Westchester cuyo Departamento de Español es conducido por Eduardo Lago, novelista y periodista de El País; en el Instituto Cervantes de Manhattan, en la Book Expo América 2014, la feria del libro más importante de los EEUU; y también en la FIL de Lima 2014 (si bien el dinero de la venta de Los Bárbaros 1 y 2 en Lima ha desaparecido entre las manos de la distribuidora) y la FIL 2015 (donde se distribuyeron los números 3, 4 y 5, bajo el empuje y auspicio de la editorial Animal de Invierno).

En Los Bárbaros han publicado muchos de esos escritores contemporáneos en cuya obra Nueva York ha dejado alguna marca: Juan Villoro, Antonio Muñoz Molina, Mercedes Cebrián, Gabriela Alemán, Lina Meruane, Martín Caparrós, Alfonso Armada, Eduardo Lago, Eduardo Halfon, Ana Diz, María Negroni, Mariela Dreyfus, Isaac Goldemberg, Pablo Brescia, Roger Santiváñez, Diego Trelles Paz y Fernanda Trías. Junto a estos nombres que ya tienen una obra reconocida, se han publicado los trabajos de artistas que llegaron y recién empiezan a hacerse un nombre en el universo de las letras en castellano: poetas como Lena Retamoso, Soledad Marambio, Ethel Barja o Almudena Vidorreta; narradoras como Mariana Graciano, Sara Cordón, Úrsula Fuentesberain, Isabel Díaz, Esteban Mayorga, Claudia Salazar, Jennifer Thorndike, Carolina Tobar, Francisco Ángeles o Alexis Iparraguirre; historietistas e ilustradores como Jesús Cossio, David Galliquio, Eduardo Yaguas, Renso & Amadeo Gonzales, Diego Guerra, Jugo Gástrico, y Manuel Gómez Burns; fotógrafos como Mike Fernández y Diana Bejarano; artistas plásticos como Jorge Maita, el autor de nuestra última carátula. Está claro que la falta de espacio nos impide mencionarlos a todos.

Los Bárbaros es un proyecto ambicioso que ha empezado con el corazón lleno y con los bolsillos vacíos. No tiene otros auspiciadores que los autores que donan sus textos, los artistas que donan sus obras para ser publicadas, las librerías, los centros culturales y las universidades que le brindan los espacios para presentarse. En 2015 el proyecto ha crecido con la aparición de los programas de radio en formato podcast dirigidos por la periodista argentina Teodelina Basovilbaso. Ella entrevista a escritores que publican en la revista y organiza clubes de lectura con sus obras. El próximo paso de Los Bárbaros es la edición de un libro antológico que cubra sus primeros dos años de vida. Además, está en los planes la realización de un programa de televisión que intente abarcar en imaǵenes estos años en los que la cultura neoyorquina en castellano sigue ganando espacios. Existe un proyecto para publicar una antología online de trabajos traducidos al inglés, para organizar un concurso literario y hay invitaciones para presentar la revista en bibliotecas públicas, universidades, conferencias y festivales literarios en el continente.

El número 4 de la revista estuvo dedicado a la poesía. En la portada, César Vallejo posaba agarrado de su sombrero, apoyado contra los leones de la New York Public Library. El número 5 estuvo dedicado a la crónica literaria, con una carátula en la que Don Quijote y Sancho se abrían paso entre el tráfico de Broadway y la 42 en Times Square. El número 6 fue solo para escritoras y el número 7, el primero del 2016, estará dedicado a eso que los hispanoamericanos acostumbrados a la pulcritud con la que se dice adiós la gente en Santa María, a la alharaca con la que se hace el amor en Macondo y a la naturalidad con que marchan los muertos por Comala, llamamos literatura fantástica.

La revista ha lanzado ya la convocatoria para los siguientes números. Estos aparecerán en la primavera, en el verano y en el otoño de 2016. Los Bárbaros sigue buscando a esas mujeres y hombres que trabajan en su obra mientras intentan amoldarse al mundo del norte y que, sin embargo, no pueden dejar de pensar jamás en aquello que sucede en el sur.

Antolojía de FronteraD

Alfonso Armada soñó con hacer una revista de periodismo serio. El sueño ─ mezcla de pasión, insensatez y locura─ se produjo mientras Armada miraba el río Este de Manhattan, detrás de los ventanales de la cafetería del edificio de las Naciones Unidas. Fronterad nació en 2009.

A principios del año 2011 yo tenía un solo cuento publicado. Éste había aparecido en una antología impresa en Lima, el año 2008. Desde entonces yo había trabajado mucho la historia y me interesaba volver a publicarla, esta vez en la web . En esa búsqueda, leí en algún espacio literario que alguien mencionaba al editor de esa revista. Decidí escribirle.

vistando la playa
Ilustración de Raúl para mi historia “Vistando la playa” Marzo de 2011, FronteraD.

Armada me dijo que la historia le había encantado pero que necesitaba tiempo para que la trabajara el ilustrador. Así apareció mi cuento “Visitando la playa” en marzo de 2011, con una ilustración de Raúl. Me gustó tanto el resultado que ─lanzando los dados de la suerte─ le propuse escribir una bitácora desde la experiencia de vivir en Nueva York. Así nació el blog Newyópolis, acompañado por la bella cabecera ilustrada de Dodot. Quedé desde entonces enganchado a este proyecto que a fines de 2014 cumplió 5 años publicando, semanalmente, contenidos originales, escritos por autores que viven a ambos lados del Atlántico.

FIVE portada
Revista Five. Madrid, diciembre de 2013.

A fines de 2013, Fronterad publicó en papel una primera colección de textos. Apareció en la revista Five, junto con los artículos de otras cuatro revistas periodísticas que trabajan en formatos online: Alternativas económicas, Materia, Periodismo Humano y Jot Down. Armada me invitó a participar con un texto que resumiera el contenido de mi blog. Así apareció “Las posibilidades de Nueva York” una breve crónica que pretendía resumir, en menos de 600 palabras, la situación casi kafkiana de quienes alguna mañana nos dimos cuenta de que nos habíamos transformado en un insecto de complicada definición: un neoyorquino latinoamericano. En Five, entre una selección de textos provenientes de la experiencia fronteriza, Armada describía su aventura editorial , titulándola: “Elogio de la sutileza”:

Nos gusta huir del trazo grueso, de la ideología que aplica plantillas de acero y hormigón a nuestra escurridiza naturaleza, la economía, el arte y los sueños. Porque las fronteras son fruto de la historia, pero como los insectos de la poeta polaca Wislawa Szymborska, se pueden salvar, de noche y de día, con una linterna azul, con un mapa y una alforja llena de deseos. Un afán lleno de cómplices.
¡Vénganse!

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Portada de Antolojía (2009─2014: cinco años contra el ruido) Madrid, 2015.

Este 2015, como parte de las celebraciones por los cinco años de Fronterad, Armada me invitó a formar parte de un libro llamado Antolojía (la j como homenaje a Juan Ramón Jiménez) que llegó a mis manos en enero. Es una edición bellísima que los invito a adquirir y a leer aquí. Se trata de una selección de las historias que aparecieron online. Son 400 páginas de deliciosa lectura. Entre ellas está incluído un “Breve diccionario de la crónica hispanoamericana” de Lino González Veiguela─que ya he compartido con mis alumnos de periodismo─ así sea para que sepan las precariedades con las que se enfrentan quienes aman el periodismo literario: esos Quijotes dispuestos a sacrificar cientos de horas por una pasión, por orgullo y por ─si hay suerte─ un puñado de dólares. Antolojía contiene además diversos artículos sobre arte, ciencia, literatura y política ─desde las secciones “Arpa”, “Periodismo elegante”, “Mientras tanto” y “Acordeón”─ que tienen la virtud de mantenerse relevantes a pesar del tiempo transcurrido. Es que lo que publica FronteraD pertenece a una categoría que a mí me gustaría denominar periodismo para siempre: textos que uno lee para aproximarse, de una manera hermosa, a la realidad.

Son cinco años batallando viernes a viernes contra el ruido. Desde esta calle de Nueva York honramos a Alfonso Armada y a su equipo, por enseñarnos que los sueños, con paciencia y trabajo, se pueden convertir en una revista periodística semanal de tanta calidad.

Hostal Antún en Hermano Cerdo

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Escribir el cuento “Hostal Antún” me ha tomado algunos meses. Quisiera creer que el extenso trabajo de edición y reescritura ha contribuido a mejorar la idea original. No lo sé. De lo único de lo que estoy seguro es que es un placer verlo tan bellamente publicado. El cuento aparece hoy aquí en la prestigiosa revista literaria digital mexicana Hermano Cerdo. Espero que les guste.

Un hombre flaco

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José Muñoz me trajo el libro de España. Se demoró casi 20 minutos en entregármelo. Parecía sentir la obligación de darme primero una relación de lo que le había gustado del texto. Así que allí estuve todo ese tiempo en su despacho, escuchándolo, mientras él me hablaba desde su silla y balanceaba el libro con una mano: Un hombre flaco. Retrato de Julio Ramón Ribeyro de Daniel Titinger. El libro es un perfil periodístico de Julio Ramón Ribeyro, en base a las conversaciones con su esposa, sus amigos y familiares.

Mientras escuchaba a José, resistía la tentación de arrebatarle el libro y largarme a leerlo.

“Se lee en una noche” me dijo José, quien desde que descubrió a Ribeyro hace algunos años no ha dejado de amarlo. Cuando yo ya sostenía el botín y me quería ir a buscar un sitio solitario para empezar la lectura, él me retuvo para seguir hablando de los cuentos que más le gustaban. Me dijo el título de dos de ellos: “Los jacarandás” y “El ropero, los viejos y la muerte”. Fue a un armario, abrió unos cajones, sacó unas fotocopias subrayadas y me leyó:

porque sabía que pronto iba a morirse y que ya no necesitaba del espejo para reunirse con sus abuelos, no en otra vida, porque él era un descreído, sino en ese mundo que ya lo subyugaba, como antes los libros y las flores: el de la nada.

José terminó el cuento, suspiró y me dejó ir.

Empecé a leer el libro en el sofá de mi despacho en la universidad. Retomé la lectura en el tren rumbo a casa. Lo seguí leyendo a la mañana siguiente en el subterráneo que me lleva a Manhattan y en el que me regresa al Bronx. Casi lo terminé en un sillón debajo de una lámpara en mi sala. Por fin, tumbado en la cama, llegué a la página 166, al Y no dijo nada más con que Titinger termina.

El libro es un testimonio del cariño de los lectores peruanos al trabajo del escritor y a la figura de Ribeyro. El texto, ese coro de voces que ha compilado Titinger, contribuye a ver al escritor como un todo, con las distintas facetas de su vida agrupadas en la página. Es una fotografía tridimensional de su personalidad.

Desde que leí “Solo para fumadores” en un fin de semana en Pulpos, allá por el año 1992, había quedado conmovido por el mito del escritor que se moría de hambre en París. Es una imagen de Ribeyro que se reforzó con la lectura de sus diarios. Como si se me curara al leerlo una herida muy vieja, sentí alivio al enterarme, gracias a Un hombre flaco, que buena parte de su vida en París Ribeyro la pasó en el departamento de lujo que compró su esposa, que los viernes se deshacía de sus obligaciones de embajador para almorzar y brindar con sus amigos, que se enamoró de una muchacha en Lima y que se la trajo para conocer con ella Nueva York─de donde regresó muy mal─, que murió sin dejar el cigarrillo, pintando y metiéndose al mar al anochecer, celebrando la vida, después de haber sido testigo del principio de la canonización de su obra y haber recibido los aplausos y el cariño de quienes lo leían con entusiasmo.

Un hombre flaco es un libro, primero que nada, para quienes leen a Ribeyro con entusiasmo. Es una obra de amor, escrita para satisfacción de sus lectores.

Y Contarlo todo

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La publicación de La ciudad y los perros en Barcelona, en 1963, supuso el inicio de un período esencial para la literatura latinoamericana. Era la primera vez que una novela peruana se escribía con técnicas que se venían anunciando en textos de algunos precursores, y en Borges.

El auge de la doctrina marxista, la fértil discusión ideológica en París, revoluciones, dictaduras y gritos independentistas, fueron la materia prima con la que los escritores latinoamericanos, calcando a los intelectuales franceses, se convirtieron en protagonistas de la lucha política activa. Varga Llosa tuvo alumnos aplicados: Javier Cercas y Antonio Muñoz Molina, por citar sólo dos ejemplos, jamás han evitado mencionar la importancia que tuvo en su carrera la lectura de La ciudad y los perros. Vargas Llosa ha estado vinculado, ya sea por su palabra o por sus letras, a los eventos intelectuales y políticos de los últimos 50 años.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, las casas editoriales han estado buscando a su reemplazo.

En apenas dos años, el nombre del Nóbel ha sido utilizado como carnada para atraer a los lectores hacia las novelas de dos escritores.  Entre los peruanos, la influencia es más terrible y por eso el juego de las semejanzas para profetizar a una figura central de nuestras letras se da con mayor frecuencia y fracasa con mayor ruido.

Diego Trelles Paz y su novela Bioy, cargaron en el 2012 el peso de aquella comparación: “Si Vargas Llosa tuviera treinta años y sus orígenes fueran otros pero la potencia narrativa la misma, podría haber firmado este libro. La ciudad y los perros 2.0” decía el escritor Gabi Martínez en la contraportada, marcando desde el inicio el viaje del lector por sus páginas. Trelles, recién terminados sus estudios de doctorado en los Estados Unidos, apareció en los medios peruanos con esa promesa de satisfacer al destino. Algunas críticas fueron demoledoras. “Incapacidad para crear personajes…la historia se va deshaciendo sin solución…hegemónica banalidad” son algunas de las puyas lanzadas por el crítico Yrigoyen desde la revista literaria buensalvaje. Lo que parecía molestarle a muchos no era tanto la calidad de Trelles para contar su historia sino un aspecto que Yrigoyen también mencionaba en su reseña:”precedida por una hábil campaña publicitaria”. La habilidad, consistía en la facilidad con la que Planeta sugería una similitud entre Bioy y La ciudad y los perros. A Trelles Paz se le juzgaba por la mentira marquetera de querer comparar a un escritor novel con un Vargas Llosa ya consagrado. La novela sufre desde el principio en los rangos académicos –que tienen que lidiar con una comparación planteada para hablar de Bioy. La estrategia es útil para posicionar a un autor en el mercado. Luego, éste tiene que defender su calidad midiéndose con la vara del Nóbel.

Así llegamos a fines de 2013 y, utilizando una agresiva campaña de medios, Mondadori junta a Vargas Llosa y al escritor Jeremías Gamboa en los salones repletos de la Feria del Libro de Guadalajara para proclamar la llegada del sucesor. La estrategia es una copia–más ambiciosa y con mayor presupuesto–de la de Planeta con Bioy. Ahora el lector, interesado en leer a Gamboa, se ve enredado desde antes de entrar a las páginas de la novela, por una sola pregunta: ¿Se parece o no se parece?¿Es Gamboa el nuevo Vargas Llosa? La respuesta es no.

El crítico, a quien también se le ha preguntado lo mismo, tiene que responder y acusar el mismo descubrimiento de Yrigoyen: “precedida de una hábil campaña publicitaria”. Luego sucede lo que tiene que suceder. Empiezan las reseñas negativas, las que se lanzan en contra del libro, acusando una estafa promovida por la editorial: “507 páginas que defraudan las promesas del departamento de ventas” dice Guillermo Espinosa Estrada en su comentario en El Universal.

¿Tenía que suceder? Las comparaciones con Vargas Llosa son innecesarias. Muchos escritores peruanos necesitamos medirnos con el héroe que nos entregó La ciudad y los perros. Sin embargo, el intelectual que floreció en aquel mundo donde París era una luz y Odría era la personificación de una sociedad abyecta, no puede germinar del mismo modo en una ciudad que mira hacia Nueva York, desde barrios que, por más periféricos que sean–todas las combis de Lima terminan en Santa Anita–están conectados al universo vía Claro, Cable Mágico y Movistar.

Gabriel Lisboa, el protagonista de Contarlo todo,  merced a ese departamento de ventas de Mondadori,  tal vez permanezca algunos años más en la memoria de unos cuantos miles de lectores engañados por la comparación. Sin embargo, a quienes nos gusta sentirnos orgullosos de nuestros héroes literarios, lamentaremos que se pretenda coronar a un escritor sólo con las armas del mercado. Es cierto que el escritor tiene que comer. Es verdad que resulta penoso que algunos de nosotros tengamos que estacionar automóviles, atender mesas o congelarnos sin calefacción para seguir escribiendo. Sería ideal que las fuerzas del mercado pudieran hacer realidad (todos los meses) el sueño del novel escritor con talento que puede sólo escribir bien y vivir con holgura entre Lima y Londres, mientras espera que se le conceda el Premio Nóbel. La realidad es que así no es.

No habrá otro Vargas Llosa. Los escritores que vengan, los que pretendan convencernos de su calidad, como Gamboa o como Trelles Paz, pueden asumir su figura como reto. Pueden apoyar sus ambiciones políticas en la carrera de Vargas Llosa, si bien necesitan empezar el camino midiéndose con otros nombres, invocando otros universos, alejados de ese padre creador del Jaguar, El poeta y El esclavo.

La literatura es juego

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“Es preciso que todos lo comprendan de una vez: mientras más duros y terribles sean los escritos de un autor contra su país, más intensa será la pasión que lo una a él. Porque en el dominio de la literatura, la violencia es una prueba de amor.”

Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego

Es un poco complicado comunicarme con un tipo que cree que Charles Bukowski hizo literatura. Páginas para masturbarse, tal vez. Robert Crumb ¡Él sí! creó situaciones y personajes más perturbadores que  los del viejo Chinaski: Mr. Natural. Eso es literatura. En todo caso la que a mí me gusta. Al fin y al cabo, todo se podría resumir en gustos ¿Por qué negarle la etiqueta literaria a un libro de Harry Potter o a una novela de Tolkien? Pueden convivir en el mundo de la literatura los Onettis y las Allendes, los Bolaños y los Coelhos. Ese escritor que te pone a llorar en el momento en que una puerta se abre y aparece una anciana, después de cien páginas en lo que único que ha pasado son descripciones lindas –estoy hablando de Sebald– tal vez te sorprendería diciéndote que relee cada vez que puede alguna de las historietas de Hergé y que se pone a llorar de risa con las peores comedias en blanco y negro mexicanas.

La literatura alcanzará el final de los tiempos.  “La literatura es un juego en el que un autor se juega todo” dice Javier Cercas. También dice: “Leí a los 15 años a Borges y no me fascinó: me volvió loco”. Yo leí a Borges por primera vez en francés, un libro que conseguí en la biblioteca de la Alianza Francesa de Miraflores: Le livre de sable, me acuerdo.  Nadie en mi familia fue capaz de prestarme a Borges en castellano. No existía en la biblioteca del colegio ¿Pueden creerlo? En ese libro de cuentos en francés, Borges pasó ante mí indiferente. Aquél detalle, justificará en el futuro, ante los críticos, estoy convencido, que mis novelas sean menos interesantes que las de Cercas.

La liiteratura es como un círculo de hermanos. A veces una cofradía de vanidades, un frasco lleno de egos. Los escritores, a través de las letras, le comunicamos nuestros sueños a los desconocidos.

Nuestra vida está construída sobre las ficciones que leemos. Sin los grandes personajes de ficción no hubieran existido los discursos que revolucionaron al mundo. Claro que en el fondo, todos los escritores queremos una estatua. Nos duele reconocerlo pero a eso aspiramos, a la pose perfecta en que una fotografía nos eternizará en la contraportada de nuestro libro más leído. Es el caso de Kafka en Praga, de Marai en Budapest, del Goethe sentado en una calle de Vienna, de ese Vallejo, con los zapatos cruzados y sosteniendo el sombrero, en Santiago de Chuco ¿Dónde estará mi monumento? Se tiene que preguntar el hombre o mujer que cree que ha trascendido, el hombre de letras que cree que ha dejado obra.

Hombres y mujeres pretenciosos: la literatura es un juego, combinación que sólo un espíritu noble puede tomar como ejercicio válido. Todo es mentira: juguemos. Hay mejores cosas que hacer que escribir. Hay oceános por cruzar y montañas que faltan escalar.

El mundo de las letras: una bóveda. Oscura y helada, una página que,  para quienes viven mucho y leen poco, no significa nada.

Bernard Shaw & The 12 Monkeys. 3 de abril


Mrs. Warren le dice a su hija que le hable con respeto, pero el respeto se gana y la hija ha vivido toda su adolescencia internada en escuelas para aristócratas, lejos de su madre. Ha de ser un choque tremendo enterarse que Mrs. Warren regentea los burdeles de mayor prestigio en Europa. No sabe decirle el nombre de su padre, aunque podemos asumir que se trata del reverendo Gardener.

La joven Vivie reclama que la madre siempre ha podido decidir una carrera mejor, como si estuviera en sus manos, replica la madre. Y le cuenta la historia de su vida: de sus cuatro hermanas, dos eran feas. Las feas eran honestas porque no les quedaba otra cosa, entran a trabajar a una fábrica, el plomo las envenena y mueren jóvenes. Mrs. Warren y Liz, eran preciosas, tal vez porque su padre fue aristócrata bien alimentado. Ellas entienden que lo único que tienen para ofrecer es su cuerpo y se prostituyen, pero con una meta. Liz y Mrs. Warren son ahora dos damas respetables de Londres. Todos saben su pasado pero nadie quiere preguntar.

Vivie ha estudiado en las mejores escuelas inglesas pero no quiere seguir el camino que dicta su madre: casarse con un hombre rico, pasar a formar parte de la aburrida aristocracia. Bernard Shaw es el director de teatro que dejaba todas las indicaciones del mundo. Y gasta una gran fortuna intentando reformar el alfabeto y la gramática inglesa. Vano intento.

La peli de Gilliam: el ejército de los 12 monos. Los ojos del niño mirando su propia muerte. El argumento de una gran película a veces empieza en una gran imagen.¿A Bruce Willis se le puede respetar como actor? Sí, después de ver a los 12 monos. El actor que le dispara en las escena del aeropuerto relata asombrado ante la cámara: nadie antes que yo, ha matado a Bruce Willis en la pantalla. Y sujeta su arma con espanto, mientras Gilliam dirige al hamster que le malogra la escena bien programada de Willis desnudo inyectándose vitaminas en la sangre.

Me jode el sonido de la máquina pulidora y el olor de la bencina –acaban de barnizar la sala de la casa–. El armatoste destrozado de mi ropa, en pedazos, se va a la basura. El cuarto ahora luce mejor, con más espacio y nuevo lugar para la cama. Hizo calor el fin de semana, calor para andar en shorts y en polo. Sin embargo esta tarde han llovido perros y gatos y ha empezado nuevamente el frío. Stephanie me manda un mensaje: que se aburre en UN. Le respondo que estoy en casa ordenando y limpiando, pero para variar seguro que se demora cuatro días en contestar. Me ha dicho que cojea porque se ha lesionado, que casi le ponen una multa por levantar la pata sobre una banca en un parque.

Camilo insiste sobre ella, la librera con pinta de personaje de Clowes, le he dado el mejor consejo que se puede dar. No sé otro, tampoco soy un experto. Le he pasado un trapo limpio a todos los libros. Me gusta mi mini biblioteca, allí esta mi primera edición de Anecdotes of Destiny que tengo que leer. ¿Y tal vez volver a ver el Banquete de Babet? Y Paideia de Jager también espera. Y El Nacimiento de la Tragedia, de Nietzche. Ni qué decir de lo que tengo que leer para la maestría. Me ha llegado un mail de la doctora Cockram con lo que debo leer antes de empezar con el estudio de los Cantos de Pound. Hay muchachos, muchos libros que leer.

El Paraíso Perdido de Milton


Argumento:
Satanás es un fiel subalterno al que se le ha negado injustamente el ascenso que merece. Jesús, el hijo del jefe, ha sido nominado como su segundo. Satanás siente que se ha cometido una trágica injusticia y que se le ha humillado. Es entonces que decide sublevarse.

El patrón es todopoderoso, mas Satanás tiene la gran ventaja de no tener nada que perder. Con presteza y sin mucho problema convence a unos cuantos ángeles sin mucho cerebro de la justicia de su causa. Como era de esperarse, Dios los aplasta y los manda al infierno. Mientras lame sus heridas, Satanás descubre al hombre. Ya que no puede vencer a Dios decide corromper a su criatura–difícil encontrar un blanco más fácil–, Satanás convertido en serpiente tienta a la mujer y esta muerde el fruto prohibido. Adán, a quien un ángel ha prevenido que el enemigo está rondando, se da cuenta muy tarde que el enemigo ha sido más inteligente que su mujer y que ella está perdida. En un acto de amor muerde también la manzana. Si ella ya está jodida, jodámonos los dos (¿Qué me voy a hacer yo solito en este enorme paraíso?)
El jefe, que preside omnipotente sobre el tablero de su creación, ha predecido que Satanás le quitará con facilidad ese peón. Su venganza es convertir a los demonios idiotas en serpientes, –los hubiera convertido en cerdos pero Circe ya lo había hecho con la tripulación de Odiseo–. Su hijo, que acaba de probar su valor en la lucha contra los subversivos, se ofrece como sacrificio para devolverle el Paraíso a los hombres. Total, el hombre es una buena criatura, débil pero con buen corazón. Antes que eso suceda, habrá que inundar la Tierra alguna vez para exterminarlos y Dios escogerá entre todos los hombres solo a una raza, la que demuestre estar menos pegada a los bienes terrenales: los judíos.

Así se demuestra que tan efectivo puede ser Iago-digo, Satanás-en su tarea de corromper a los hombres, esos seres imperfectos.

Es la noche de las vírgenes suicidas. 30 de marzo

 

virgenes suicidas

No se me puede culpar de desear a Lux. Quién no lo haría.

Claro que los que me conocen, saben que nunca la dejaría dormida en el campo, nunca me iría vagando y desconcertado en la madrugada. Es que no se puede vivir con la culpa tan grande de una muerte como aquella.

William Blake despide inocencia en sus Cantos, luego suda experiencia. Pero no sabe nada usted caballero Bloom. He terminado casi como un golpe La Odisea, y he parido este “Autor de dos poemas”, que no he escrito, pero que ha de salir sobre los restos de las cinco hijas de la calle de Michigan. Con las letras de los títulos que parecen sacadas del American Splendor, como un comic, las cinco hijas de los Lambois, de Woods y Turner. Su cruz, como la cruz del padre de Alexander -si supiera Cristo todos los pecados que cometen sus Pedros favoritos-, si supiera que no una sino quinientos veces lo traicionan y que esos hijos, testigos de la Iglesia represora han aprendido a hacer cine, han aprendido a vengarse de las manos salvajes que los castigaban injustamente en el colegio y en la casa.

“No me dejes de mirar, espera a mis hermanas”. Descuelga a la menor de ese poste, rescata a Lux del gas del auto, con el tanque lleno para llegar hasta California, recuerda cómo hace el amor por las madrugadas, como una gata sobre el tejado de la casa vigilada. Deja una clave en morse para que la lean los vecinos a la medianoche.

Ten piedad de los asistentes a la sala, no sea que Hermes jale tu pata y te lleve hasta el Hades como a los pretendientes, o que llegue Odiseo cubierto de andrajos y traspase tu cuello con sus flechas.

Que el porquerizo ayude a morir a los que han inflamado de rabia al ingenioso Laertiada, que salgan como en el reino de los anillos, los tres de la misma casta: abuelo Laertes , nieto Telémaco y padre Odiseo, a defender la voluntad de Zeus.

No me maten al rey, que se lo lleven los negros bajeles y su cuerpo lo tiren al fuego y que honren con un túmulo su memoria. Las cinco hijas respiran mejor, sosegadas. Y la princesa de los feacios, la hija del rey que ordenara a los marinos que conduzcan al Laertiada es la que escribe La Odisea, pues el anciano de los harapos, la ha educado ya en el arte de las coplas heróicas.

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