Buscar

The New York Street

Un blog lleno de historias

Categoría

Salman Rushdie

Leyendo (y subrayando) a Rushdie

La mejor hora para escribir es la mañana. Después de un baño de agua muy fría.
Quiero visitar Kuelap. Esta mañana, esta tarde, no tengo ganas de escribir. Discuto acerca del cansancio, las ganas.
Ojos, Todos los ojos son el cielo.
Veo las vacaciones, en el pasado. Escribo. Pongo un punto.
A veces veo tan lento.
Leo. Eso sí se puede hacer con el cansancio, dejarse llevar hacia Bombay, escuchar el ajetro de las calles y de la biografía ficticia de Rushdie, de esa nariz mitológica que olfatea el mundo.
Crónica sobre Ted Kennedy en el Time. Mira el mar, recuerda el lugar en Cape Cod donde nadaba con sus hermanos. El sueño sigue, la esperanza.
El narrador de Midnight’s Children y su esposa, cosa que ya veo en Caída del sujeto.
Mando unos poemas a Lima, una novela, juicio al editor, al poeta, al mundo de las publicaciones. Tantas cosas se pueden guardar en un baúl. ¿Los recuerdos? La noche de ayer y las de siempre. Cansancio que baja por el cuerpo, dulces sueños.
Final de agosto y apenas si cabe una luz.

Sábado

Hay tantas noches como esta…
Y tantas otras en que el celular espera. Pregunto ¿Solo yo?

Desde un bar una llamada apurada, está terminando de trabajar. Me piden que me relaje, que lea un buen libro “Salman Rushdie me desilusiona un poco”, me dice.

Mis piernas cansadas. Mi cercanía a la cama, mis memorias vuelan veloces y se alejan. Me levanto como un autómata pero descansado. Duermo mejor, el aire acondicionado es muy frío, pero en automático se apaga sólo un poquito después de cuando debería apagarse.

Pensaba escribir, usar la noche para condensar alguna cosa o tenderme en la cama a leer, subrayar, alguna palabrita nueva. La única que he aprendido recientemente es “impervious” y ni aún ahora recuerdo su significado. Hace unos meses estaba leyendo a Faulkner y subrayando como loco. Lo mismo con Rushdie, lo mismo con Joyce.

Vargas Llosa: El Pez en el agua. Siete trabajos cuando se casó con Julia, su tía. Y aquí escándalo de primas hermanas. Nada nuevo bajo el sol. Un reportaje sobre “Al fondo hay sitio” la magia de los guiones bien hechos, de los actores que tienen carisma.

Tengo que terminar esa historia de Comanse los unos a los otros. Un solo dia en el Cuzco, centro del imperio, ombligo del mundo.

¿Qué será del mundo? ¿Por qué no va más rápido? ¿Por qué no gira en torno a mí?

Solo vemos lo que nos ponen-o nos ponemos-frente a los ojos.
Definitivamente estar cansado no es una buena receta para escritor. Pero sin bajar la guardia, escribir, escribir, y más allá.

La recompensa está en nosotros mismos. Al menos escribí mi historia sobre el truco, basada en una línea de Borges. Ya.

A View of Anglophone Literature


Este fue mi intento por enlazar los cinco libros que leí para mi curso World Anglophone Literature.

Mi punto es demostrar que hay una conexión entre la lectura de grandes obras y la escritura de grandes obras. Que la calidad de lo que uno lee se manifiesta en lo que uno escribe. Ese es uno de mis objetivos al decidir estudiar literatura inglesa. Se puede hablar de la originalidad de un gran escritor pero no se puede negar que ellos tomaron esa magia creativa de las grandes obras que los formaron. Hay trazos de Dickens en el Middlemarch de George Eliot, hay rastros de Faulkner en Cien Años de Soledad y en la obra de Vargas Llosa. Hay Kafka en Coetzee y Shakespeare y Sófocles en todos los grandes escritores que alguna vez leyeron al dramaturgo inglés o al griego y se identificaron con los grandes temas de sus obras.

En los Versos Satánicos creí haber encontrado un homenaje de Rushdie a Othello, sin embargo resulta que también es un tributo a La Tempestad, a Hamlet, a Macbeth y a Julio Cesar. Y si hubiera leído más Shakespeare seguro que seguiría encontrando similitudes con los personajes, los temas y los escenarios del libro de Rushdie.

Los escritores que hemos leido este semestre se agrupan en lo que algunos intelectuales denominan el post colonialismo, como si la literatura inglesa fuera un yugo del que hay que liberarse para poder crear. Este trabajo prueba que una de las caracteristicas que agrupa a estos cinco autores, es precisamente su admiracion por autores “coloniales”, por los maestros ingleses, cuya influencia se puede trazar con cierta facilidad.

Volvi a mencionarle a la clase que Garcia Marquez se sentiria ofendido si lo etiquetan de escritor post colonialista. Ya es bastante malo que lo consideren parte de un movimiento con un nombre tan feo como el Boom.

En la primera línea de Mitad de un sol amarillo de la nigeriana Ngozi, encuentro una línea que me lleva directamente hasta Don Quijote y en el principio de Dios de las cosas diminutas de Arundhati Roy, encuentro el homenaje no tan en clave a The Waste Land de T.S. Eliot.

Another Way of Criticism
By Ulises Gonzales

George Steiner says that the best answer to a work of art is another work of art (8). He says that “each performance of a dramatic text or musical score is a critique in the most vital sense of the term: it is an act of penetrative response” (7). He calls that “responsible criticism.” The five books that we have read for this class echo Steiner’s theory because they are creative answers to other books that the authors have read before.

Through the texts written by Azar Nafisi, we can find traces of the author’s readings. We can feel the love of Nafisi for Henry James and Vladimir Nabokov, her passion like her students for The Great Gatsby. We can feel the poetry of T.S.Eliot and the lyricism of English poets and Indian traditions in the world of Arundhati Roy. We can trace the passion for Robert Browning and the whole English literature in the books that Odenigbo gives to Ugwu to read in Ngozi’s Half of a Yellow Sun.

We can feel how Coetzee builds his own world starting from that images given in the original poem by Kavafis. And trough Salman Rushdie and his Satanic Verses, we can feel the powerful images of The Tempest when the plane crashes; we can see the witches of Macbeth operating under the disguise of demons and archangels and feel the hate of Iago coming trough the body of Saladin Chamcha calling the jealousy of Othello to destroy the life of Gibreel.

In reading these five books, certainly we are reading the books that inspired these authors, the ones that helped them to accomplish the task of writing their novels. Steiner writes that if there was a world without critics, the criticism would be practiced by the artists. These five authors, choosing their subjects, the voice to tell their stories, the structure of their plots and even the description of their characters; are exercising the task of a critic.

Nafisi judges the violent repression of women during the Fundamentalist regime of Iran, using the voices of Lolita and Daisy Miller. The freedom of Daisy is the example that she chooses to represent the possibilities of a woman with the freedom to defy the authority of society and the “rules” imposed by a certain society. Humbert is compared to the Ayatholla and their accomplices who hate what they love. Humbert can’t convince Lolita to love her, and then he uses his strength, and his power, to try to make her docile.

Roy starts her novel-poem with “May in Ayemenem is a hot, brooding month” (Roy, 3). Like an echo to “April is the cruellest month” of T.S. Eliot. Her description of that world of Rahel’s childhood, the allusion to the river as a source of life and death, to the water, to the rain, to Nature and the wilderness where the children play, is a direct translation from The Waste Land. Later in the book, Lenin is forced by his dad to recite: “Friend Roman countrymen” (Roy, 260). and many centuries of English scholarship enter in the story through the lines from Julius Caesar, as if literature were the tentacles that keep the world of Kerala attached to the Western world, as if Shakespeare was also one of the Gods of Roy’s universe. We should not forget the permanent references to Heart of Darkness, to Kurtz, to Conrad. Even the topics of Conrad’s novel are present in Roy’s book: love for humanity, madness, and the craziness of politics.

Ngozi is called the daughter of Chinua Achebe. Her topics, her description of Africa, follows the steps of that great African writer, but when Ugwu needs to read literature Odenigbo does not give him an African author but a poem by A.E. Housman (Ngozi, 77). Ngozi even starts her novel linking Odenigbo’s character and positive influence among his people with his experience with English books: “Master was a little crazy; he had spent too many years reading books overseas”(4.) On the other hand, the mention of “crazy” and “books” together in one sentence is not an accident either. From the very first paragraph of the novel, Ngozi is giving us a glimpse of the Quixotesque adventure of her characters.

J.M. Coetzee establishes his little world of Waiting for the Barbarians, following certain rules and images given by Kavafis. But his Barbarians belong to the universe of Kafka. There is an absurdity to the situation: criminals that nobody can see and a crowd betrayed by a powerful empire that acts like an invisible force creating fear among its inhabitants. The poems is from Kavafis but the whole creation is a product in the line of Kafka’s The Castle where nobody can see the ruler of the castle but he seems to be watching everybody’s actions.

The Satanic Verses is one of the finest tributes to the magic of Shakespeare’s characters. Certainly we can trace Rushdie’s readings and find similarities to Milton, the battle for the Paradise, and the fight of the angels against God: “challenging God’s will one day they hid muttering beneath the Throne, daring to ask forbideen things: antiquestions” (94). We can’t forget that in the Satanic Verses there is a permanent play with mutations and transformations. It seems to be a permanent conversation of Rushdie with Ovid’s Metamorphoses.

The references to Shakespeare’s plays are the core of the most important passages of the Satanic Verses. Among the crisis of the plane crash, Gibreel and Saladin manage to get to an island. Rushdie’s irony is that, in this case, the island is England: “these were the first words Gibreel Farishta said when he awoke on the snowbound English beach” (10).

Here the beautiful Miranda is transformed into an old cranky woman, who seems to have found the beauty of a perfect human being in Gibreel, imagining that he is her gaucho from a forgotten kingdom in the Argentina’s pampas. Julius Caesar and Othello are mixed when Gibreel has his first attack of uncontrollable jealousy. Allie tells Gibreel: “The picture of an honourable man” and Gibreel shouts violently: “Tell me at once who the bastard is” (326).

Postmodernism allows the writer to build a world using the fragments of the reality. Satanic Verses is Rushdie’s plan to build a world using fragments from many different sources. It is a “responsible criticism” to the world where he lives. There are references to television programs and to Bollywood movies, there are myths from popular culture and myths from the Eastern world.

There is also the possibility that Rushdie is trying to find the way to tell us a new story, knowing beforehand that “in an ancient land like England there was no room for new stories” (148).

Works Cited

Coetzee, J.M. Waiting for the Barbarians. New York: Penguin, 1980.
Nafisi,Azar. Reading Lolita in Tehran. New York: Random House, 2004
Ngozi, Adiche. Half of a Yellow Sun. New York: Knopf, 2007
Steiner, George. Real Presences. Chicago: University of Chicago, 1991
Roy, Arundhati. The God of Small Things. New York: Random House, 1997
Rushdie, Salman. Satanic Verses. New York: Picador, 1988

Las mentiras piadosas


Manhattan está bañado en neblina. Lo cubre una lluvia que cae a trompicones. El temporal se alarga indefinidamente. No vemos el sol desde el sábado.

En la autopista, un patrullero bloquea la pista y asistimos al espectáculo de un carro triste, cubierto hasta la mitad en un charco de agua. Algunos estacionan su auto a un costado, las llantas clavadas en el fango. Trato de esquivar las patrullas, los bomberos. Nos desvían hacia la autopista. Todo se ve con una luz distinta bajo el charco de esta lluvia.

Anoche se detuvo por un momento. Caminábamos hacia la espalda del edificio agarrados de la mano. Todavía me pregunto qué es lo que me hace reír tanto. No es su risa, no es su mirada. Le digo que por momentos creo estar metido en un sueño. Tanto manejar para volver a quedarnos estancados en el tiempo. Varias tazas de café. La rutina de la pantalla en blanco, la falta de azúcar. Manejando a las siete de la mañana por la autopista a Westchester, enmedio de la lluvia, nos damos cuenta de que el planeta se ha paralizado.

Tienen un aire de pueblito los restaurantes de los suburbios. Hay tanta gente sonriente. Hemos cambiado los tamales peruanos por un par de omelets. Los chicharrones por un par de tostadas. Hace un mes y medio se salió el río y los sótanos de los edificios de las calles de los suburbios quedaron debajo del agua. Por la avenida Mamaroneck, entre los autos estacionados, circulaban los botes rescatando pasajeros. He quedado satisfecho con el jugo de naranja.

El sábado era un breve episodio de primavera. No importaba si el viernes todos reclamaban ¿Qué ha pasado con el invierno? ¿Por qué se ha quedado tanto tiempo? Yo recuerdo que el verano duró hasta mediados de enero, así que no me quejo tanto. Tal vez es mejor recibir la primavera por episodios, en avances. Al final el frío siempre se termina yendo y nos quedamos con los aires acondicionados y el sudor.

En mi primer episodio de primavera estuve leyendo los Versos Satánicos. El famoso episodio del capítulo 2, -que alguien en clase dijo que podíamos pasar por alto-, resulta siendo muy interesante. Es la historia ficcionada del nacimiento del Islam, la guerra entre las tribus que no querían a Mahoma y su religión de un solo Dios. Baal es una especie de rapero, un talentoso Eminem contratado por el jefe del pujante oasis para que dedique sus mejores versos a atacar al mensajero de Alá y a sus cuatro tristes seguidores. He abierto el tomo 3 de la Historia de las Religiones de Mircea Eliade y leo la breve biografía de Muhammed. Coincide con la ficción. Eliade recalca la importancia de Mahoma: es el único creador de alguna de las cuatro religiones modernas de importancia del cual se conserva una biografía casi completa. Su estudio permite estudiar cómo se crea una fe, cómo se establece una religión y cómo esta se esparce por el mundo.

Me imagino que es como el marxismo. Nace de un hombre y una idea poderosa que resuelve un problema de actualidad. El problema con las religiones es que es más difícil de probar si funciona o no funciona. No es como derribar un muro y probar con las estadísticas de cuanto te demorabas antes en instalar una línea telefónica o en hacer la cola para el papel higiénico. A las religiones sólo hay que tenerles mucha fe.

De todos modos la prosa de Salman Rushdie es funcional, la historia es hasta cierto punto ágil y queda la buena impresión de estar siempre aprendiendo algo nuevo. Si bien sea cómo funciona el aparato de las estrellas Bollywoodenses y las relaciones patriarcales en Bombay. Pero lo de Mahoma ha sido suficiente. Me alegra saber que estoy llegando a la página 175, donde tengo que leer hasta mañana martes antes de la clase. No había leído nada mientras avanzaba con la lectura de Middlemarch y con mi propuesta de investigación sobre Amalia Elguera.

A medianoche, tratando de escribir, me acordé otra vez de las risas y de los ojos y volví a la cama para darle un beso. Después me fue más fácil regresar a la computadora, a resumir mi propuesta de investigación. Se refrescó la memoria sobre algunos puntos que había leído entre sus papeles, diarios, capítulos mecanografiados y conferencias manuscritas. Leo entre mis apuntes que Elguera dedica una charla y muchas páginas a estudiar a George Eliot páginas a las cuales claro, ahora me gustaría volver.

Elguera tiene una tragedia sobre los momentos posteriores al duelo entre París y Menelao. El rey y Héctor instan al príncipe a devolver a Helena y este se niega con la misma frialdad con la que algunos ladrones se niegan a devolver el billete que se te ha caído del bolsillo momentos antes. No le importa haberse salvado de morir gracias a la providencia. No le importa que si no entrega a la mujer por la que toda una escuadra de griegos fue mandada a la muerte, la ciudad sea devorada por las llamas. Tampoco le interesa el amor de Helena, sólo su engreimiento justifica su fechoría.

Hay otro ensayo sobre Dante, donde Elguera descalifica a Marx por haber citado mal a Dante en El Capital. No sabía que Marx era fan de la Comedia. Sospecho que tal vez hubiera podido conversar de libros con Borges, entre mordida y mordida, citando al poeta y Borges mirándolo entre la neblina de sus legañas sospechando que si bien el gordo había leído a Dante, lo cierto es que lo había leído muy mal.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: