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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Conrad

El vicio y la conquista del mundo

Las portadas de Vice nunca se han caracterizado por su buen gusto. Tienden a ser chocantes y ofensivas.
Las portadas de Vice nunca se han caracterizado por su buen gusto. Tienden a ser chocantes y ofensivas.

Williamsburg siempre me ha parecido un lugar frío. Al menos, mucho más helado que el Downtown de Brooklyn o el Woodlawn del Bronx. Sospecho que así es porque mis recuerdos son de invierno, de mañanas o tardes en que me sentaba en sus hospitalarios cafés  a renegar del tiempo, o de noches en las que caminaba abrigándome, sobre la nieve, hacia algún club oscuro entre las paredes adornadas de grafitti.

Allí en Williamsburg, encontré Vice por primera vez. Era una revista con carátula de colores chillones, mucha publicidad y unos cuantos artículos casi ininteligibles. Un experimento editorial, gratuito, que yo recogía y consumía con mayor velocidad que el Village Voice.

Esta semana, en un largo artículo en The New Yorker, descubro que aquella publicación ya no es una revistilla sino un conglomerado multimedia con 35 oficinas en el mundo, convenios de distribución y producción con gigantes como YouTube, HBO y Viacom, con reportajes espectaculares, no siempre de muy buen gusto, que van desde la santería y la criminalidad en Caracas o la imposible forma de vida en Corea del Norte , hasta la venta de armas en Florida o las fotos de crímenes violentos publicados por un diario amarillista de la Ciudad de México.

“Una buena noticia es la que puedes contarle a tu mejor amigo, sentado en el bar, mientras se toman un trago”, dice Shan Smith, gerente general de Vice y protagonista de muchos de los reportajes. Smith es un ambicioso hijo de puta, en el buen sentido de la palabra.

El artículo nos cuenta sus inicios en Canadá. Vice empezó en 1994 como una publicación gratuita, aprobada como parte de un programa del gobierno para jóvenes desempleados, destinado a ser una revista que informara sobre la vida cultural de Montreal. Smith y sus socios, pronto convirtieron a Vice en la herramienta para cubrir los tres temas que más amaban: las drogas, el rap y el punk. Al parecer Smith tiene un talento muy especial para olfatear notas de interés y para cerrar negocios de publicidad. Por los años en que mudaron la operación a Williamsburg, ya Smith solía llamar de madrugada desde los teléfonos públicos a gritarle a sus amigos “¡Vamos a ser ricos!”. En 2013, Vice tiene más de un millón de suscriptores a sus páginas web y canales de YouTube y la ambición de convertirse en una cadena de noticias de 24 horas para jóvenes, al mejor estilo de CNN.

En febrero de 2013, Vice hizo noticia. Smith y su equipo fueron recibidos por el líder supremo de Corea del Norte: Kim Jong Un. Al saber que Jong Un era un fanático de los Chicago Bulls y de la NBA (desde sus años de estudios en un internado suizo), Vice organizó un partido de exhibición de los Globetrotters en la capital norcoreana, con un fantástico invitado: Dennis Rodman, ex estrella de los Bulls. Rodman se convirtió en el primer ciudadano de los Estados Unidos en estrecharle la mano a Jong Un y se sentó a su lado durante el juego. Aquella visita fue parte de los preparativos para el lanzamiento de la próxima serie Vice por HBO, según Smith, una de las tantas jugadas maestras en su objetivo de transformar la televisión y convertirse en líder informativo para el segmento joven.

Hace unas horas terminé de ver un documental de Vice sobre SOFEX,  una gran feria de armamento en Jordania, información que no solemos ver en los canales de los Estados Unidos.  El reportaje es muy bueno. Pienso contárselo a mis amigos la próxima vez que nos tomemos unas cervezas.

Vargas Llosa: Veinte años después de la pica pica

“Es preciso que todos lo comprendan de una vez: mientras más duros y terribles sean los escritos de un autor contra su país, más intensa será la pasión que lo una a él. Porque en el dominio de la literatura, la violencia es una prueba de amor.”

Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego

La semana pasada terminé de leer El sueño del celta. Anoche vi en YouTube un tremendo documental sobre la vida de Mario Vargas Llosa. Ambas experiencias me llevaron a recordar los momentos de mi vida en los cuales su obra me entretuvo, o por lo menos aligeró la pesadez del camino.

El año 1990 fue clave para entender el presente peruano. Allí, en dos podios, a pocos pasos uno del otro, Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori eran los protagonistas principales del debate previo a la segunda vuelta electoral. Vargas Llosa les puso como ejemplo a los peruanos a naciones como Suiza, cuya riqueza no consistía en la cantidad de territorios sino en la capacidad productiva de sus nacionales. Habló de libre empresa y de iniciativa privada. Fujimori, por su parte, fustigó a Vargas Llosa por querer asesinar a los peruanos con un sinceramiento de precios. Lo acusó también– y en ese momento la ficción superó a la realidad– de haber probado drogas en su juventud. El estilo combativo de Fujimori y sus promesas de un cambio progresivo y no traumático, con apoyo del Japón; prevaleció ante los peruanos, quienes desconfiábamos de las imágenes fantásticas que ofrecía Vargas Llosa, de un Perú semejante al Paraíso prometido, sin violencia, con crecimiento y prosperidad basada en la inversión privada.

Aún no tenía edad para votar. Sin embargo, mis convicciones estaban del lado de ese escritor, ya famoso, que había decidido rodearse de los intelectuales y economistas para promover un cambio basado en la iniciativa privada y la libertad de empresa. Mario Vargas Llosa fue apabullado en las urnas. Más del 60% del país, decidió que lo que necesitábamos era un cambio progresivo y le dio la espalda a la plataforma del Frente Democrático, liderada por Vargas Llosa, pero conformada también por dos de los partidos tradicionales que representaban a las más agria oligarquía peruana. Si bien la elección la recibí entonces con la tristeza de un cataclismo que impediría el progreso del país, bastó con que se conociera el veredicto de las urnas para que una sarta de animales maquillados como motores renovadores en el Frente Democrático, se sacara las máscaras y mostrara sus colmillos.

Yo había adquirido, casi de niño, a la salida de un supermercado, una versión en papel barato y tapa sencilla de La ciudad y los perros. Ese libro fue una tremenda revelación: una historia podía estar llena de malas palabras y ser a la vez un novelón; sin embargo, entre los juegos pueriles de mi adolescencia, me había alejado casi completamente de Vargas Llosa (La guerra del fin del mundo, que leí de un tirón en el pueblo de mis abuelos, me dejó el regusto de una obra maestra a la que el autor no se tomó el trabajo de resumir).

En los meses previos a las elecciones de 1990, quise leerlo. Quitándole tiempo a las horas del programa de Estudios Generales, leí La casa verde, Conversación en La Catedral, La Tía Julia y el Escribidor, El hablador, Historia de Mayta, Lituma en los Andes y ¿Quién mató a Palomino Molero?, en préstamos de tres días de la biblioteca de la universidad. Fueron lecturas veloces, inmaduras, de obras que merecían tiempo, lápiz y papel.

No lo volvería a leer sino hasta finales del año 2000, cuando llegó a mis manos El pez en el agua libro al que perseguí mientras hacía mis pininos como mochilero europeo: primero en un ejemplar prestado en Lima, después en La Coruña; en una sala de lectura en Porto; en San Sebastián y, como compañero de tardes desoladas de viajero pobre, en una pequeña librería pública cerca de Picadilly Circus en Londres. Lo terminé meses después, ya habiendo aceptado mi condición de inmigrante, en los fabulosos salones de la New York Public Library en Manhattan. Este libro es un ensayo fascinante sobre un hombre comprometido en cuerpo y alma con el destino de su país.

En Nueva York lo conocí cuando recibía un premio PEN el año 2001, entre otros varios escritores. Departió algunas palabras conmigo, y pareció interesarse en mis primeras experiencias viviendo en Nueva York, a las que comparó con sus años de escritor novato en París. En una conferencia en el recién inaugurado local del Instituto Cervantes, respondió con amabilidad a mis preguntas sobre Faulkner. El año 2009 asistí al homenaje que le brindaron en Guadalajara, México y pude por fin ver la muestra itinerante sobre su vida en una magnífica casona colonial en el centro de la ciudad.

He terminado de leer El sueño del Celta, con la misma felicidad con la que terminé antes La fiesta del Chivo, Las travesuras de la niña mala y El paraíso en la otra esquina. Sin embargo, estos años, mi experiencia más valiosa con sus libros han sido sus ensayos literarios. La verdad de la mentiras es una fuente de información tremenda para el buen lector de literatura inglesa. Allí Vargas Llosa ha reunido sus ensayos sobre autores como Joseph Conrad, James Joyce, Virginia Woolf, Francis Fitzgerald, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Graham Greene y Saul Bellow. Este libro es el compañero imprescindible de muchas de mis lecturas .

Under Western Eyes

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By Joseph Conrad, 1911
Everyman’s Library, London
336 pp.

Conrad speaks of crime and punishment, guilt and atonement. In the same way that Virginia Wolf was the English master of describing the feelings of her heroines in times of tranquility and reflection, none of the 20th century’s English writers could equal Conrad’s masterful descriptions of the violent struggle happening inside the minds of his novels’ heroes.

Most of the stories(the crimes, the double-agent plot, the fights inside the revolutionaries’ circles), had been heard by Conrad while frequenting friends’ houses or had been well covered by the press. And Razumov, the main character of Under Western Eyes, has been built–as Jocelyn Baines explains in her definitive biography of our novelist–facing Dostoyevsky’s creatures.

However, the struggle that Razumov faces is not only as intense as the one of Raskolnikov’s, but it also goes farther. It becomes a general representation of the character of a nation.

Under Western Eyes becomes Conrad’s best attempt to portray for his English readers the psychology of Russia; it is also his attempt to exceed the talent of Dostoyevsky, whom he never liked.

A View of Anglophone Literature


Este fue mi intento por enlazar los cinco libros que leí para mi curso World Anglophone Literature.

Mi punto es demostrar que hay una conexión entre la lectura de grandes obras y la escritura de grandes obras. Que la calidad de lo que uno lee se manifiesta en lo que uno escribe. Ese es uno de mis objetivos al decidir estudiar literatura inglesa. Se puede hablar de la originalidad de un gran escritor pero no se puede negar que ellos tomaron esa magia creativa de las grandes obras que los formaron. Hay trazos de Dickens en el Middlemarch de George Eliot, hay rastros de Faulkner en Cien Años de Soledad y en la obra de Vargas Llosa. Hay Kafka en Coetzee y Shakespeare y Sófocles en todos los grandes escritores que alguna vez leyeron al dramaturgo inglés o al griego y se identificaron con los grandes temas de sus obras.

En los Versos Satánicos creí haber encontrado un homenaje de Rushdie a Othello, sin embargo resulta que también es un tributo a La Tempestad, a Hamlet, a Macbeth y a Julio Cesar. Y si hubiera leído más Shakespeare seguro que seguiría encontrando similitudes con los personajes, los temas y los escenarios del libro de Rushdie.

Los escritores que hemos leido este semestre se agrupan en lo que algunos intelectuales denominan el post colonialismo, como si la literatura inglesa fuera un yugo del que hay que liberarse para poder crear. Este trabajo prueba que una de las caracteristicas que agrupa a estos cinco autores, es precisamente su admiracion por autores “coloniales”, por los maestros ingleses, cuya influencia se puede trazar con cierta facilidad.

Volvi a mencionarle a la clase que Garcia Marquez se sentiria ofendido si lo etiquetan de escritor post colonialista. Ya es bastante malo que lo consideren parte de un movimiento con un nombre tan feo como el Boom.

En la primera línea de Mitad de un sol amarillo de la nigeriana Ngozi, encuentro una línea que me lleva directamente hasta Don Quijote y en el principio de Dios de las cosas diminutas de Arundhati Roy, encuentro el homenaje no tan en clave a The Waste Land de T.S. Eliot.

Another Way of Criticism
By Ulises Gonzales

George Steiner says that the best answer to a work of art is another work of art (8). He says that “each performance of a dramatic text or musical score is a critique in the most vital sense of the term: it is an act of penetrative response” (7). He calls that “responsible criticism.” The five books that we have read for this class echo Steiner’s theory because they are creative answers to other books that the authors have read before.

Through the texts written by Azar Nafisi, we can find traces of the author’s readings. We can feel the love of Nafisi for Henry James and Vladimir Nabokov, her passion like her students for The Great Gatsby. We can feel the poetry of T.S.Eliot and the lyricism of English poets and Indian traditions in the world of Arundhati Roy. We can trace the passion for Robert Browning and the whole English literature in the books that Odenigbo gives to Ugwu to read in Ngozi’s Half of a Yellow Sun.

We can feel how Coetzee builds his own world starting from that images given in the original poem by Kavafis. And trough Salman Rushdie and his Satanic Verses, we can feel the powerful images of The Tempest when the plane crashes; we can see the witches of Macbeth operating under the disguise of demons and archangels and feel the hate of Iago coming trough the body of Saladin Chamcha calling the jealousy of Othello to destroy the life of Gibreel.

In reading these five books, certainly we are reading the books that inspired these authors, the ones that helped them to accomplish the task of writing their novels. Steiner writes that if there was a world without critics, the criticism would be practiced by the artists. These five authors, choosing their subjects, the voice to tell their stories, the structure of their plots and even the description of their characters; are exercising the task of a critic.

Nafisi judges the violent repression of women during the Fundamentalist regime of Iran, using the voices of Lolita and Daisy Miller. The freedom of Daisy is the example that she chooses to represent the possibilities of a woman with the freedom to defy the authority of society and the “rules” imposed by a certain society. Humbert is compared to the Ayatholla and their accomplices who hate what they love. Humbert can’t convince Lolita to love her, and then he uses his strength, and his power, to try to make her docile.

Roy starts her novel-poem with “May in Ayemenem is a hot, brooding month” (Roy, 3). Like an echo to “April is the cruellest month” of T.S. Eliot. Her description of that world of Rahel’s childhood, the allusion to the river as a source of life and death, to the water, to the rain, to Nature and the wilderness where the children play, is a direct translation from The Waste Land. Later in the book, Lenin is forced by his dad to recite: “Friend Roman countrymen” (Roy, 260). and many centuries of English scholarship enter in the story through the lines from Julius Caesar, as if literature were the tentacles that keep the world of Kerala attached to the Western world, as if Shakespeare was also one of the Gods of Roy’s universe. We should not forget the permanent references to Heart of Darkness, to Kurtz, to Conrad. Even the topics of Conrad’s novel are present in Roy’s book: love for humanity, madness, and the craziness of politics.

Ngozi is called the daughter of Chinua Achebe. Her topics, her description of Africa, follows the steps of that great African writer, but when Ugwu needs to read literature Odenigbo does not give him an African author but a poem by A.E. Housman (Ngozi, 77). Ngozi even starts her novel linking Odenigbo’s character and positive influence among his people with his experience with English books: “Master was a little crazy; he had spent too many years reading books overseas”(4.) On the other hand, the mention of “crazy” and “books” together in one sentence is not an accident either. From the very first paragraph of the novel, Ngozi is giving us a glimpse of the Quixotesque adventure of her characters.

J.M. Coetzee establishes his little world of Waiting for the Barbarians, following certain rules and images given by Kavafis. But his Barbarians belong to the universe of Kafka. There is an absurdity to the situation: criminals that nobody can see and a crowd betrayed by a powerful empire that acts like an invisible force creating fear among its inhabitants. The poems is from Kavafis but the whole creation is a product in the line of Kafka’s The Castle where nobody can see the ruler of the castle but he seems to be watching everybody’s actions.

The Satanic Verses is one of the finest tributes to the magic of Shakespeare’s characters. Certainly we can trace Rushdie’s readings and find similarities to Milton, the battle for the Paradise, and the fight of the angels against God: “challenging God’s will one day they hid muttering beneath the Throne, daring to ask forbideen things: antiquestions” (94). We can’t forget that in the Satanic Verses there is a permanent play with mutations and transformations. It seems to be a permanent conversation of Rushdie with Ovid’s Metamorphoses.

The references to Shakespeare’s plays are the core of the most important passages of the Satanic Verses. Among the crisis of the plane crash, Gibreel and Saladin manage to get to an island. Rushdie’s irony is that, in this case, the island is England: “these were the first words Gibreel Farishta said when he awoke on the snowbound English beach” (10).

Here the beautiful Miranda is transformed into an old cranky woman, who seems to have found the beauty of a perfect human being in Gibreel, imagining that he is her gaucho from a forgotten kingdom in the Argentina’s pampas. Julius Caesar and Othello are mixed when Gibreel has his first attack of uncontrollable jealousy. Allie tells Gibreel: “The picture of an honourable man” and Gibreel shouts violently: “Tell me at once who the bastard is” (326).

Postmodernism allows the writer to build a world using the fragments of the reality. Satanic Verses is Rushdie’s plan to build a world using fragments from many different sources. It is a “responsible criticism” to the world where he lives. There are references to television programs and to Bollywood movies, there are myths from popular culture and myths from the Eastern world.

There is also the possibility that Rushdie is trying to find the way to tell us a new story, knowing beforehand that “in an ancient land like England there was no room for new stories” (148).

Works Cited

Coetzee, J.M. Waiting for the Barbarians. New York: Penguin, 1980.
Nafisi,Azar. Reading Lolita in Tehran. New York: Random House, 2004
Ngozi, Adiche. Half of a Yellow Sun. New York: Knopf, 2007
Steiner, George. Real Presences. Chicago: University of Chicago, 1991
Roy, Arundhati. The God of Small Things. New York: Random House, 1997
Rushdie, Salman. Satanic Verses. New York: Picador, 1988

Mr. Shakespeare


Recuerdo mi primera clase de Shakespeare con el profesor Dunbar hace poco más de un año: “No les voy a pedir que recuerden ninguna fecha más que estas dos. La del nacimiento y la muerte de Shakespeare: 1564-1616.

Luego, durante el semestre, nos preguntaba regularmente. ¿Cuándo nació William Shakespeare? ¿Cuándo murió William Shakespeare? No se sabe a ciencia cierta el día de su nacimiento, sólo queda el acta de su bautizo el 26 de abril de 1564. Pero sí se ha registrado el día de su muerte. Un día como hoy: 23 de abril de 1616.

Recuerdo mi primera lectura de Hamlet. Y la emoción al leer, por primera vez, en inglés, el famoso párrafo donde el príncipe se pregunta: To be or Not to Be? That is the question…

Lo que no sabía y que recién me enteré ese dia, es que de todo el párrafo, lo menos importante son esas palabras. Es mucho más trascendental lo que sigue a esa pregunta:

¿Ser o no ser? Esa es la pregunta ¿Qué es más noble para el espíritu? ¿Sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?

Dunbar, un experto en Byron, declamaba frente a la clase el discurso sufriente de Shylock, enfrentando a la corte que lo presumía lleno de prejuicios y de rabia, reclamando su derecho a quitarle la vida a Antonio. Y sus quejidos eran tan reales como los de las páginas de Shakespeare. Todavía recuerdo mejor el discurso de Dunbar que el de Al Pacino con la boca desagradablemente reseca, reclamando el corazón de Jeremy Irons en la versión cinematográfica de El Mercader de Venecia.

No creo que haya mejor versión de El Rey Lear que Ran de Kurosawa. Vi primero la película. En ambas me sorprende Shakespeare, en ambas está lo peor del hombre, toda la energía desatada por la codicia, por el resentimiento y la soberbia del padre que no acepta las críticas de la hija, aquella que resulta ser la única que lo quiere.

Descubrí a Shakespeare también en Bergman. Fanny y Alexander, una de sus mejores películas, es un largo homenaje a Hamlet. Su fantasma se ve tan bien en los ojos de Alexander como se ve en la representación de Lawrence Olivier.

¿Y el largo soliloquio de Olivier en Ricardo III? Acababa de leer Bomarzo y tenía todavía en la cabeza el recuerdo del giboso duque. ¡Qué magnífico retrato de Ricardo III! Siempre recuerdo como esos ojos malditos se mezclaban con la voz de Dunbar, solicitando la muerte de todos los que podrían traicionarlo. La llegada del invierno siempre me trae la voz de Olivier diciendo: This is the winter of our discontent.

¿Y el discurso antes de la batalla en Henry V? “We happy few, we band of brothers” No toda Inglaterra está ahora con nosotros, pero sintámonos privilegiados hermanos, porque éste es el momento más glorioso de nuestras vidas.

En Shakespeare se hace permanente referencia a las comidas. Las cenas cumplen un papel importantísimo en sus obras. Igual que la música. Ningún personaje al que le guste la música en una obra de Shakespeare puede ser un villano. Desde Comedy of Errors hasta la preciosa representación que vi en Central Park con Carolina de As You Like It.

Hablando de villanos, no hay sujeto más asqueroso en la literatura que Iago. Aún puedo evocar la mala sensación en el vientre cuando leía sus líneas en Othello. Shakespeare crea a uno de sus mejores personajes en esa criatura vil, que es una mezcla de lo peor de las peores características de los seres humanos. Con descarada sencillez, Iago pone a trabajar su mente retorcida y encamina los celos de Othello hasta transformarlo en un monstruo.

Creo que el único que ha utilizado la maestría de Shakespeare para crear un villano tan redondo es Joseph Conrad. En pocas líneas, Conrad transforma al total desconocido Gentleman Brown en enemigo de Lord Jim y en el más repugnante de los villanos de la historia de la novela inglesa.

El Quijote del Bronx


La idea era reunir a un grupo de personas para leer y conversar sobre la obra más importante de Cervantes. Hace algunos días revisaba unos ensayos en los que el autor especulaba acerca de que los españoles hayan endiosado a Cervantes olvidándose de Quevedo. La imagen de España hubiera sido muy diferente si en lugar del manco los españoles hubieran escogido al desfachatado Quevedo. Borges argumenta que el problema con Quevedo es que no llegó a crear ningún personaje inolvidable. Es cierto que son deliciosos y perdurables algunos de los personajes de La Vida del Buscón, pero ninguno de ellos alcanza la desgarbada talla del caballero Alonso Quijana.

 

Camilo es el encargado de la charla magistral y yo soy nombrado el empresario encargado de la logística. Fijada la hora a las 7 de la noche en el Graduate Center de la Quinta Avenida y con cuatro deserciones de último minuto, mi labor como empresario se puede clasificar como de moderado fracaso. Solo somos cuatro (incluído Camilo) pero la clase prueba lo que tenía que probar: Camilo tiene que hacer más seguido este tipo de reuniones, tiene talento como maestro y, se puede juntar a un grupo de personas con cierto interés por la literatura si la clase es didáctica. Un grupo de feministas que se reunen en una sala contigua nos regala un poco de vino rumano, Yini trae unos bocaditos y queso. Rachel trae su atención y sus historias sobre el viaje que acaba de realizar a Lanzarote, una de las islas del archipiélago de las Canarias. Las fotos y los videos están muy buenos. Hay una puesta de sol espectacular y unas imágenes fabulosas de este paisaje volcánico declarado patrimonio mundial de la humanidad. Un artista llamado Manrique ha dedicado su vida a cubrir la isla con monumentos que preserven la belleza de la isla de la acción depredadora del turismo. Y lo ha conseguido. Me quedo con el video de Rachel y Pilar bailado vallenato al amanecer, en un paisaje desértico donde se puede ver el mar al fondo y escuchar el sonido del viento furioso soplando al lado de la música. Me hace recordar los amaneceres en Silaca, cuando desembarcaba del Ormeño a las 6 de la mañana para bajar por el enrevesado caminito de tierra colorada hasta el pueblo de la playa. El olor de esas mañanas nunca lo olvido. Camilo dice que la charla le ha refrescado recuerdos de su experiencia con el grupo de lectura de la Comedia en Lima. Una lectura dirigida todas las semanas, durante dos años, es un lujo que no se repite muy seguido.

 

Sandra escribe un mail diciendo que se le hizo tarde, a Héctor y su amiga se les hizo tarde y estaban un poco lejos. Stephanie recordó una reunión que ya tenía programada. Paola parece que no leyó el correo. De la lectura me quedo con la biografía del Quijote, que en algunos aspectos me hace recordar al triste peregrinaje del Buscón. La ironía de Cervantes está cada dos líneas pero es obvio que se debe leer una edición anotada sino muchos de los chistes se pierden. La chica de los lentes de Saint Marks le dice a Camilo que le gustaría aprender español. A mí me enseña el CD con la lectura de TS Eliot de La tierra baldía (También están Miércoles de ceniza, La canción de amor de J. Alfred Prufrock, Sweeney Among the Nightingales y Journey of the Magi). Pero estoy quebrado, mis últimos centavos se han ido en la impresión de la Guía, que al parecer ya está pasando aduana para embarcarse a EEUU. Por eso solo la rodaja de pizza con su Snapple de Green Tea. Y antes de dormir unas cuantas páginas de Lord Jim, que estoy leyendo muuy lentamente. Rachel me regaló un marcador de libros de Ghana. Antes de apagar la luz lo he dejado en la página 89.

¿Naturalismo vs. Novela? 16 de febrero


Benito Perez Galdos
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

La idea ha surgido en el tren, regresando de Lehman. Pensaba irme para Brooklyn, pero de pronto el tema de meterme a la clase de literatura hispana del siglo XIX ha comenzado a parecerme apetecible.
El profesor, bajo su acento que imita a los gallegos, protege su identidad de gringo neto. “Los americanos nacimos pidiendo disculpas…”, replica cuando Camilo le sugiere que no tiene que explicar nada ante la clase por las divergencias en el contenido del texto de Clarin. Para compensar el error, saca a relucir el prefacio de Conrad al Narcissus, en el que el escritor polaco aboga por la escritura total y el compromiso del escritor, como artista, solo con su arte, con su novela, y solo con ella. Pero este criterio, harto entendible para el novelista actual, se cae, se deshace, se rompe, cuando empezamos a leer la obra de Benito Pérez Galdós.

Pérez Galdós entiende la importancia, trascendental en el XIX, de utilizar la literatura para crear–junto con las otras ciencias y las artes–la identidad del pais, la Hispania que estaba en ese siglo tomando forma. Necesitaban independizarse del influjo de Francia, de las corrientes contaminantes provenientes de París y forjar una literatura propia.

La gran pelea de la noche comienza cuando el profesor sugiere que Steinbeck–como Conrad o Faulkner–se aproxima de una manera distinta a la novela,  y que ambas aproximaciones tienen el mismo valor. Pero para el lector de 80 novelas del autor de Episodios Nacionales, es suficiente que Steinbeck se de cuenta de los motivos que lo llevan a escribir, para igualarlo con Faulkner. El juicio de la forma, se iguala al del contenido.

Para un amante de la novela por la novela, esto es una barbaridad. Nadie puede siquiera sugerir que Faulkner no es mejor escritor que Steinbeck. No vamos a mencionar tampoco la risa sin lugar de Isabel ni las menciones a los Carlistas justificando el desarrollo posterior de Iberia. Hacia el final, la clase se concentra en episodios partidarios y guerras con los sucesivos antojos de reyes y presidentes. Nadie aguanta una patria que reclama en cuatro meses varios gobernantes, nadie entiende tampoco que el nuevo rey Alfonso XIII era un reputado degustador de filmes para adultos.

“Era un mujeriego” dice una de las hispanas y la colombiana con acento de gringa se hunde hasta el fondo cuando empieza a mencionar a Jorge Issacs y su importancia en la novela hispanoamericana. Camilo se queda en silencio, no hay mucho que agregar a la clase doctoral, tal vez mencionar a Varela, a la Fortunata y Jacinta, a las dos novelas importantes que intentan el tema del mar. Acaba la clase.

En el ascensor hacia la calle conozco a Katie, que dicta literatura urbana en Lehman, lee a Baldwin y a Gingsberg.  Anastasia es ucraniana y se encuentra escandalizada, con un cigarillo, en la puerta sobre la Quinta avenida, por el fervor casi irracional con que los miltonianos han discutido a Milton en su clase. Vuelvo a Brooklyn con la cartera vacía, un guisado cubano en el buche. Cansado, cierto, pero el cerebro me cuenta antes de dormir las aventuras de esta vida larga…..

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