Abrigo de rayas verdes, pelo rojo suelto, gafas de marco negro, sonrisa desenvuelta, ojos que brillan cuando se ríe: La roja. El cine queda demasiado lejos y no hay tiempo. Nuestros encuentros siempre duran mucho, las conversaciones van de lado a lado, interminables. Ella reparte sus bromas y sus aplausos. Tiene buen apetito. El restaurante elegido no es el de la foto, sino su hermano gemelo en el West Village, sobre la calle Waverlys. La cachapa con piel de pastel de choclo y la chicha con alma de arroz con leche pesan demasiado. Su arepa perico tampoco es liviana. Felizmente hay dos vasos de agua y la copita de tinto negro al final. No hay novedades excepto las de sus dedos tibios y sus rizos desabrigados. La tarde previa ha sido extenuante por las confesiones de un amor apasionado a pesar de la arena. Es una pena que Camilo crea que la historia con Paloma haya terminado, pero aplaudimos su coraje porque creemos que es lo mejor. Aplaudimos y rogamos no estar equivocados. No. No puede equivocarse uno tanto. Claro que a la soledad quién la va a matar. Complicado el enemigo.
Marie Marinetti descubre ante la clase la inexistencia de Homero, define el concepto del mito y su modelo de razonar lo irracional. Folktale, legenda, mito. Y Levi Strauss tratando de explicar la inexplicabilidad. Los dioses amorales. Los mitos no dan lecciones de moralidad sino todo lo contrario. Y el objetivo del mito es dejarnos claro que nuestro destino nos rige pero a su vez es posible cambiarlo, sin tener que consultarlo con los dioses adivinos de Delfis. Hay pan que rebanar sobre este tema, pero creo que Marie pretende dejarlo para las veintitantas clases del semestre.

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