Francisco de Quevedo
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Son los murgueros de la calle Norfolk, en downtown, los que no puede imitar nadie, con las bailarinas de ula ula y las trompetas, bombos, trombones, no los puede callar ni siquiera esta samba de enredo que acaba de aparecer en mi ipod madrugador, a las 3, recordando a media luz el edifico ruinoso del Tonic, que he descubierto en la web, pidiendo 100 mil cocos de colaboraciones porque sino va a tener que cerrar. Es que todo sube en la ciudad, los impuestos, la renta… y por eso llegamos a SUBA en la calle Ludlow, club latino, y no se puede pensar, lo siento, escuchando las panderetas de las Escolas de Samba…en la tarde, estuve camino a la biblioteca de Brooklyn, vine leyendo al Buscon de Quevedo y pensando que la rojita, la rojita me ha pedido disculpas por estar demasiado ocupada, bueno yo no, sigo sigo, lo que digo, a dormir con ritmo de Brasil, a pensar en la murga, el restaurancito venezolano otra vez con Mamadou y Kumi, y Walter que asegura, que el tipo este de la camiseta negra se ha levantado a una boricua en el lavabo del Suba, y el ruido de fondo, el vallenato el merengue la ciguapa, Quevedo me mira asombrado desde la esquina del blog y seguro que se pregunta lo que hace en este lugar, pues han sido unos minutos solamente-la primera pagina-, lo necesario para saber por que es considerado una de las figuras importantes de la literatura, tal vez solo por debajo de Cervantes. La Rojita llama para pedir disculpas y que tiene la cabeza hecha un amasijo de tareas que necesita terminar, y por otro lado, la cachapa tan buena, los 450 cocos que me han salvado, Franisco no lleva documentos, salimos en carro de The Apartment, hay lista d invitados, igual en el Son Cubaano, Camilo me explica la importancia de los arboles en esta liturgia, en este sacramento trascendental, ritual divino entre la comunidad y Natura. Arbol como el eje en torno al cual gira el mundo como una rueda eterna, sigue el frio penetrante, sigue el invierno en New York City…

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