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El mejor cuento peruano que se ha escrito en el siglo XX se llama El derby de los penúltimos. El autor se llama Fernando Iwasaki y tuve el gusto de conocerlo cuando vino a pasar unos días a Nueva York. Entre wiskacho y wiskacho, junto a nuestro amigo, el erudito Camilo Torres, tuvimos una fascinante tertulia literaria que se prolongó hasta pasadas las tres de la mañana, en que cerraron el café Dante donde la mesera, una deliciosa representante de la belleza croata, nos tomó la foto que ilustra este mensaje.
El derby de los penúltimos enlaza el universo de la bohemia limeña de las primeras décadas del siglo XX, con una descripción casi cinematográfica de fumaderos y burdeles de antaño y la precisa caracterización de algunos jóvenes intelectuales como el tullido Mariátegui o el dandy Valdelomar. Entre escena y escena, Iwasaki encaja comentarios que ilustran las rivalidades literarias y la vida nocturna de aquél círculo de compinches a los que unía tanto la pasión por la literatura y la política como el gusto por la jarana, las putas, el opio y la juerga.
Las peripecias del narrador , Froilán, y del poeta peruano, pierolista y feroz partidario republicano Félix del Valle nos llevan hasta los días posteriores a la toma de Madrid por las fuerzas de Franco donde Froilán, como funcionario de la embajada, ayuda a Del Valle a exiliarse a Buenos Aires. Unos años después, ya en la capital argentina, Del Valle , el narrador, Bioy Casares, las hermanas Ocampo y el joven Coco Lucho Borges–nunca se mencionan sus nombres, pero la descripción es infalible– , asisten a un truculento duelo gitano en el cual Del Valle resulta vencedor y, tras el cual el sensible joven Borges, impresionado, decide escribir un cuento que inmortalice la hazaña del peruano. El cuento se ha de llamar: El sur. (Lo sospechábamos: su cuento tiene más aire a duelo de chairas y chavetazos limeño, que a desafío gauchesco, pero necesitábamos la pluma inspirada de Iwasaki para que nos lo confirme.)

No he leído a otro cuentista peruano con tal soltura y dominio de las herramientas del lenguaje y de las figuras literarias. Allí está Loayza, sí. Pero Loayza en sus mejores cuentos se parece mucho a Borges, mientras que Iwasaki en sus mejores cuentos se parece a Iwasaki (con los pros y con los contras de esta cualidad, y que otros ya habrán señalado). Desde entonces –o antes tal vez, no lo sé, porque no he leídos sus cuentos anteriores–, le viene a Iwasaki la manía por retratarnos a personajes de la literatura en situaciones al margen de sus biografías oficiales. Como explicándonos la historia que hay que conocer para entender el nacimiento de sus obras. La técnica la ha seguido puliendo con los años, y la utiliza con éxito en su última novela, Neguijón, en la que acomete contra la digna figura del homosexual Cervantes.
El derby se puede leer dentro de la colección Un milagro informal de editorial Alfaguara.

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