Cuando hablamos del siglo XVIII en la literatura inglesa, nos referimos al siglo del doctor Samuel Johnson. Erudito, poeta, ensayista y animado conversador, Johnson escribió, entre otras cosas, una obra fundamental: el primer diccionario de la lengua inglesa.

Esta tarea monumental para el idioma–que en Francia puso a trabajar a toda la intelectualidad durante casi medio siglo–le tomó a Johnson aproximadamente 36 meses. Al pedírsele explicaciones sobre su rapidez, comparando el tiempo que le demoró a Francia tener listo su diccionario, el Dr. Johnson no pudo dejar de mencionar “la mayor calidad de los ingleses”.

En el diccionario, son famosas sus alusiones a la naturaleza, a las redes (network) y al grano, donde el erudito denota sus inclinaciones como moralista y como observador. También su maestría cuando se trata de ser hiriente: “el maiz en Inglaterra se le da a los caballos, en Escocia ha de alimentar a las gentes”. Johnson también dice que: ” Naturaleza no es el paisaje que nos rodea, sino un estado ejemplar, una virtud a la cual se llega por medio del estudio y la paciencia”. Otra de sus obras principales es Vidas de los poetas, donde hace una sesuda comparación entre las obras de Dryden y de Pope. El Dr. Johnson publica dentro de los lineamientos de Addison–aunque sin ceder a su idea original, ni aligerar sus contenidos (así The Rambler es mucho menos divertido y ligero que lo publicado en The Spectator por Addison y Steele).
En el tren sigo leyendo los cantos a troyanos y aqueos. Los teucros cuentan con la voluntad de Zeus, aunque los danaos tengan la preferencia de Hera, de Atenea y del hermano del Cronida, el poderoso Poseidón. A Odiseo lo han cercado los domadores de caballos, pero llegan pronto a rescatarlo de la muerte. Al Tideida lo hieren y Héctor ha traspasado los fosos, a pie, abandonando los caballos. Ha desestimado la presencia de un ave agorera pero al parecer Zeus le protege, porque ha conseguido romper los cerrojos de la puerta de la muralla erigida ppor los griegos, (afrenta al Dios de los mares, que luego éste se ha de encargar de derrumbar.) Y ha avanzado con sus tropas, dispuesto a prenderle fuego a las naves de los aqueos. Mientras tanto Patrocolo ha sido enviado por el Peleida a averiguar la identidad de uno de los heridos, y Patroclo, en su camino de regreso, ha debido escuchar el recuento de las calamidades que se suceden sobre los sitiadores de Troya.
Beka nos ha recibido con un excelente vino tinto, y ha escuchado entusiasmada mi historia–desde la visa de estudiante, hasta mis estudios. Luego ha hecho miles de preguntas sobre el viaje entre Quito y La Paz y el clima en Lima y en Iquitos, curiosidades que Alejandra y yo hemos tratado de satisfacer. Dejamos su departamento en el Upper East Side y nos vamos a un restaurante chino sobre la avenida Lexigton, donde el arroz lo preparan como se prepara en Lima.

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