harvest of empire

Los padres de Rigoberta Menchú pidieron asilo en la embajada de España en la Ciudad de Guatemala. Ellos y otros cientos de campesinos, amenazados por la ira de un gobierno financiado por los norteamericanos. La policía, al no poder aprehenderlos, les prendió fuego.

Nosotros, testigos en la oscuridad del cine, presenciamos las imágenes originales de la televisión guatemalteca mientras se consumen en llamas las oficinas de la embajada.”¡Hagan algo, se están quemando!” Dice un ciudadano que se atreve a gritarle a la cara del soldado impasible, que previene que nadie se acerque a ayudar.
El documental Harvest of Empire, basado en el celebrado libro del periodista neuyorriqueño Juan González, es la narración de acontecimientos históricos de ciertos países latinoamericanos cuyo presente no puede entenderse si se olvida la intervención de los EEUU –política, económica y armada.

La película es una muy bien informada descripción de cómo la intervención de los EEUU ha contribuído a la inestabilidad social de aquellas democracias, y cómo la inmigración de millones de latinoamericanos es una consecuencia directa del tramado de intrigas urdido por la política exterior de los EEUU.

País por país, con testimonios tan fuertes como el de Junot Díaz –quien asegura que su padre no hubiera emigrado a los EEUU si los Estados Unidos no hubieran desembarcado en 1965 en su país para derrocar al gobierno democrático de Juan Bosch e instalar al pelele del asesinado Trujillo–, y la misonera Teresa Alexander, quien describe con detalle el día que tuvo que reconocer los cuerpos de cuatro misioneras, amigas suyas, violadas y asesinadas por las fuerzas represivas en El Salvador, un grupo de militares entrenados por los Estados Unidos.

Para quienes crecimos en Sudamérica en los 80s, con nuestras propias historias de violencia, represión y desaparecidos; los acontecimientos en México y en Centroamérica eran una constante música de fondo de balas, golpes de estado e invasiones militares. El dinero de los Estados Unidos y su ambiciosa tarea de mantenernos libres de la influencia del comunismo también ha dejado sus cicatrices en nuestras democracias. Vladimiro Montesinos fue un militar entrenado por los EEUU. La CIA sigue vigilando la política antinarcóticos en la selva del Perú y el dinero de su colaboración económica es un botín que se disputan los políticos, y no se olvidan de recordarle al pueblo cada vez que les conviene para su beneficio electoral. Chile, que no pudo mandar a prisión a Augusto Pinochet, ya encontró los papeles secretos que confirman lo que la derecha negó mientras Pinochet mandaba matar a sus adversarios: Estados Unidos, coludido con empresarios de derecha, invirtió en la propaganda y las manipulaciones del mercado destinadas a desestabilizar el gobierno de Salvador Allende. Una vez creado el caos, financió el golpe y la dictadura.

Hoy  que ya no amenaza la Unión Soviética, los norteamericanos aún permanecen vigilantes, ante los capos de la droga, para agrado de la opinión pública y de las transnacionales, que siguen produciendo dinero. Si queremos capitalismo, Estados Unidos es nuestro mejor aliado: él es El capital. Esta es la guerra por el poder y por el dinero y en ella siempre habrá un mercenario dispuesto a matar, siempre habrá funcionarios a la espera de una bolsa de billetes.

Harvest of Empire (el libro hace diez años y ahora este documental) pone las pruebas sobre la mesa. El objetivo es que los conservadores xenófobos e intransigentes, comprendan que esos indocumentados que cruzan la frontera no huyen de un país que no han sabido construir, sino de una economía y sociedad inestable, que la política exterior de los Estados Unidos ha hecho posible.

“They never teach us in school that the huge Latino presence here is a direct result of our own government actions in Mexico, the Caribbean and Central America over many decades” -From Harvest of Empire.

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