Annerys dice que de todas maneras se va para Valencia. Dos pechazos. Pezones color caramelo. Me entretengo en sus puntas deliciosas mientras vemos Sideways echados sobre las sábanas celestes.

Entre James Ivory, el director y el orejudo de Merchant, con el fuerte acento de la India. Su socio por 40 siglos. Me firma el libro de sus conversaciones y se interesa por saber si fue recibida bien Howards End entre los peruanos. Le reitero que es de mis favoritas.

El viaje de Giamatti a la tierra de los vinos es espectacular, el script es brillante, ingenioso, toca donde debe, se calla donde necesita no seguir transpirando. Echa carrera abajo Giamatti, aunque te tomes el vino menos indicado en un vaso de tecnopor con una hamburguesa mal frita. Aunque le robes el dinero a tu madre, eres buen amigo Giamatti, paparulo necesario. Gordito envalentonado, corriendo para alcanzar la billetera de los anillos mientras el criminal de su amigo ronca en el auto. Amistades ventajosas, peligrosas, de todos modos, ya no se hacen amigos como Giamatti.

Annerys tiene las tetas grandes, los labios brillantes, los ojos negros intensos, calientes. El libro sobre los italianos es fabuloso pero los ensayos sobre las relaciones entre Homer y Pound lo son mejores. Una deuda total para el traductor latino de los versos-epopeyas del divino ciego, punto por punto, palabra por palabra. Y Alba que me invita a comer con ella en Hunts Point, en esta esquina hispana con el bacalao a mil por hora, rica rica. Y conozco mucha gente en el Point, nadie sabe nada de arte en el Bronx sin pasar por el Point. Baad! Girl. Alba tiene pechos grandes igualmente pero las puntas negras. El peinado afro, el culo poderoso. El panini en Esperanto estuvo delicioso, tengo varias fotos con Ivory.

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