The Man Who Wasn’t There , de los hermanos Coen, es uno de los mejores ejemplos de como el blanco y negro resulta imprescindible para contar ciertas historias en el cine. Billy Bob Thorton no podria fumar, murmurar, ni cortar el pelo como lo hace en este filme, si lo hiciera en colores. Es 1949, y Doris es infiel a su marido, Ed, quien encuentra en la infidelidad un modo de conseguir dinero para invertir en el invento del siglo XX: el lavado al seco. Pero el gordo Dave es demasiado perspicaz. Sin embargo no pensaba que el final seria sobre la silla y la descarga final. Triste. Ha sido complicado levantarse hoy antes de las 8 am. Pasar a buscar a Camilo e ir al aeropuerto. Todo un asunto el de las maletas al JFK y felizmente es mejor llegar con tiempo. De regreso he venido leyendo Los Escorpiones en el Desierto de Hugo Pratt. una historia de Corto pero sin Corto. Y las ganas de encontrar un mapa que me describa el paisaje africano en medio de la Segunda Guerra, el movimiento de las tropas italianas en Eritrea, los desplazamientos de los ingleses. el polaco y Stella el italiano, y el beduino amigo de Corto. En busca de un tesoro que al final será devuelto a los propietarios originales: los beduinos. El trazo maravilloso de Pratt. Por la tarde, después del bocadillo de cine negro de los Coen, el paseo por Chinatown. Miki ha venido con Gordon y con Catherine. Ella es un peligro al volante. Me ha dejado en la puerta del restaurante donde se casa Tuan, sobre East Broadway. La imagen imborrable es Tuan y la esposa con los collares de oro. Una tonelada en el cuello y en los dedos. Kumi, la novia de Mamadou, cree, igual que yo, que la novia estaba embarazada. Ajustaba la barriga, como tratando de esconderla. Eso lo hemos discutido en The Apartment, el club de la 9na con 13 St. , donde hemos aterrizado despues del matrimonio y la cena, luego de los platos y platos de mariscos, pescado, langosta, langostinos, la cerveza Heineken y los sorbos de la botellita de Remy Matin que reposan sobre el estante. Queda un poco más arriba de la mitad en ambas. Las dos botellitas han viajado escondidas en los bolsillos del sobretodo. Espero que Francisco mande las fotos. Para no dormir en el tren he venido jugando Bejewled en el asiento del A. Hice casi 3000 puntos, no tan mal. Antes de dormir he vuelto a leer el mail que me ha mandado Sarah por la tarde. Ya le he contestado pero no hay respuesta. Nicolás me aconseja que siga insisitiendo. Yo me aconsejo lo mismo. Que sea lo que ella quiere, que no tengo motivo para preocuparme tanto, que culpe a una familia demasiado efusiva, de esas que ven amigas queridas y ya preparan el matrimonio. No puede ser tan tranca. Voy a dormir. Esta carta larga prosigue al final del 3 de enero. Voy a dormir.

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