Gay rights New York
Portada del New York Times, al día siguiente que el gobernador Cuomo firmara el decreto aprobando el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Admiro a Maureen Dowd. En sus últimas columnas en el New York Times, acerca de las discusiones en la Corte Suprema sobre la legalidad del matrimonio homosexual, no ha dudado en llamar cobardes a los jueces, por aferrarse a descabellados argumentos y metáforas inapropiadas para evitar pronunciarse y negarle los derechos del matrimonio a los homosexuales.

Uno de los jueces ha pedido más tiempo para juzgar si la aceptación del matrimonio gay es perjudicial para la sociedad norteamericana. “¿Para qué?” pregunta Dowd. Hace algunas décadas la Corte Suprema usaba el mismo argumento para no pronunciarse sobre si era beneficioso para la sociedad permitir matrimonios interraciales. La salud electoral del actual presidente de los Estados Unidos demuestra cuan equivocados estuvieron entonces y cuan equivocados están ahora.

No resultaría descabellado que –contrariando a las percepciones que se tienen del conservadurismo de los votantes de EEUU– pronto tengamos en la Casa Blanca a una pareja homosexual. Más del 60% de los votantes apoyan la legalidad del matrimonio entre parejas del mismo sexo, y este porcentaje sólo seguirá creciendo, conforme los más jóvenes alcancen la edad de votar y los más viejos ya no puedan hacerlo.

A nivel político, una buena prueba de la velocidad de estos cambios, la ha dado el senador republicano de Ohio, Rob Portman, elegido por su estado con el apoyo de una mayoría evangélica y conservadora. A principios de abril, Portman declaró que había cambiado su opinión luego de que su hijo adolescente le confesara que era gay. Hasta entonces criticaba con fervor cualquier concesión para los gays, hoy apoya el matrimonio homosexual. Si bien su decisión ha enfurecido a una corriente religiosa de Ohio en contra de Portman, muchos de sus seguidores no sólo lo aprueban, sino que no están dispuestos a descalificar su carrera como político en base a esta decisión. Times are changing.

Esta semana ha habido una serie de conversiones entre políticos de ambos partidos, que apurarán lo inevitable: la aceptación a nivel federal –diga lo que diga esta Corte Suprema– tarde o temprano, del matrimonio gay con todos los derechos garantizados por el Estado para los contrayentes.

Dice Dowd: es tan evidente hacia donde van los Estados Unidos, que para la generación que nazca hoy, cuando obtenga la mayoría de edad, el hecho de que la nación haya debatido con tanto ardor sobre los derechos de los homosexuales, le parecerá un tremendo disparate.

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