La vi pasando. Tenía el cabello de cierto modo y caminaba acompañada de una fragancia. No sé por qué hay mujeres que pasan y las siento así. Es quizá una cortesía que se cruza. Otras mujeres atraviesan la acera sin que les brindes ni siquiera un segundo, pero ella no.

Cuesta pensar que convicciones y deseos respondan a detalles tan sencillos. La mente es primitiva. Es fácil abandonar las ideas meditadas por una convicción de un segundo, por un deseo: me gusta. ¿Qué me gusta? La fragancia, la vista, el paisaje modificado por su cabello con el entorno de su cuerpo, con la luz de aquél segundo en que pasó por mi lado: la deseo.

De aquellos instantes, de aquellas dudas, también está hecha nuestra vida. Hay razones de sobra para derrumbar un mundo por un deseo. Después de algunas horas podemos sentirlo sofocado y pasajero. ¿Pero si aquél cabello ondeaba un poco más, si esos labios sugerían algo? La posibilidad es un reino que yo no conozco, es demasiado fácil caer en la tentación.

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