Mira compadrito, yo no soy quien para decirtelo. No es que tenga mucha experiencia ni nada por el estilo. Pero “así son las gringas”.

Y mi amigo no dijo nada más. El cuñado cerró una conversación de tres cuartos de hora, con esta frasecita sabia. ¿Pues todos lo sabemos no? ¡Hombre que vives en occidente! Tú sabes a lo que me refiero cuando digo “Así son las gringas”. ¿O no?

Todo empezó porque me llamó Sharon, gringa y judía. Hasta ayer había sido la compañera de cine ideal. Sabía conversar un poquito de todo, le encantaba reirse, habia viajado guerreraza, por la selva, la sierra y la costa de Sudamerica, Europa y los Estados Unidos. Sin embargo la última noche que nos vimos, después de un par de horas de interesante conversación, dos cervezas y un Red Bull, intenté besarla. Bueno, ni siquiera lo intenté del todo. Tuve miedo al rebote. Así que simplemente hice el gesto y creí captar esa movidita de cara de: no no no, no te atrevas.
Así que no me atreví. Pero al despedirnos casi nos besamos en los labios. Y no es la primera vez que eso pasa compadre.

Hace dos años una gringa me dijo que le gustaba, que no sabía por qué razón cuando yo la besaba le gustaba taaanto, taaanto (así hablaba ella..) Dos meses después la gringa me dijo que ya no le gustaba. Que si se acostaba conmigo una vez no significaba nada. Que lo podía hacer cuantas veces quisiera. Claro. ¿Por qué no? ¿No vamos a hacerme una escena porque ahora no se me antoja darte un beso ? ¿No? Y no quiso que la vuelva a llamar. No le gustaba que intente besarla cuando ella no quería. Y al despedirse en la estación de West 4, me dió un beso en la boca y se fue sin decir adiós. Se empezó a demorar una semana en contestar los e-mails. En vano insisití, esperé y me desesperé. Fue peor. Acabó en un desastre.

Así que con Sharon no quise cometer el mismo error. Sharon es una chica que vale la pena.

Así que si después del amague de beso no llama, no hay de qué preocuparse. Dos días después tampoco llama. Tampoco al tercer día. Así que le envío un mensajito de texto para preguntarle cómo está. Dos días después, yo la llamo y, como no contesta, dejo un mensaje para pedirle que me llame. Dos días luego, le escribo un mensaje de texto más claro: “I miss you”.

Bueno, ¿Qué querías? Me gustaba. ¿Debía desaparecer? Pasaron unas siete horas antes de su mensaje de réplica: “We need to talk“. Le respondo: “Of course, let´s talk, call me when you have time”. Inmediatamente, Sharon me llama.

Le digo que no es un buen momento para hablar, pero …¿Qué quiere decirme? Sharon vocaliza: que de repente ha habido un mal entendido, that we are just going to be friends. OK? Con cuidado, le respondo. ¿Amigos? ¿Qué tipo de amigos? ¿Los que se llaman una vez a las quinientas..o amigos en serio? Esa diferencia, la gringa no la capta. Así que especifico: “Si quieres de verdad ser mi amiga, eso es delicado..”. Le digo a Sharon: No voy a presionarte a estar conmigo si no quieres estar conmigo. Pero ten cuidado cuando dices que solo somos amigos. Entonces Sharon, como para justificarse, me cuenta que ha estado muy preocupada la semana pasada porque acaba de cortar a un amigo suyo “de mucha complejidad interior” con el que estaba saliendo porque él ha malentendido la relación. Un poco complicado su amigo, porque después de varios días saliendo juntos, se le ocurrió la pésima idea de demostrarle cierto tipo de atracción. Felizmente que yo solo quise agarrármela y nunca cometí la cursilería de decirle que me gustaba.

“Sharon…no me habías contado que estabas saliendo con alguien”, le digo. Eso la saca de cuadro (un poquito) “Bueno, en verdad no salíamos en serio, es más como jugando” “¿Así que estabas jugando con él?, le pregunto. Y entre nosotros se pierde la traducción, porque el jugar que yo entiendo, contiene la acepción player, que no creo que Sharon haya captado del todo.

Así son las gringas, repite mi compadre.

Y así soy yo. Me despido de Sharon y le cuelgo, sin ningunas ganas de volverla a llamar.
-Compadre, amigas yo ya tengo bastantes.
Mi compadre me escucha atentamente. No espero más de él, ya me ha brindado su pequeña dosis de sabiduría. Frunce el ceño, me mira a los ojos y me pregunta:

-¿Y no hay más chelas bróder?

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