Cuán lejos Europa
Cuán lejos Nueva York
Al asomarme,
Me alcanza.

¿Quién vigila la casa?
La tele, el kinema, la plancha
Ofrendadas al fuego,
Al borde del desierto.

Entre aquellas bóvedas
Vive la sabiduría
Jamás mujer alguna fue cortejada
De esa manera.

Al milésimo grano de cebada
Se escapa la hora violeta
Y las libélulas empiezan su cantito
Divino. Los lobos van por peces y por más.

¿Habrá valido la pena tanto viaje?
Nunca tanta paz entre tanto libro

El ciego asiente con placer
Su piel fría tiembla al rozar la mía.
¡Oh Padre mío!
No hemos inventado nada
Que tú no hayas querido.

Estamos en tiempos positivos
Encontramos ofrendas en caminos sagrados
Levantamos altares en
Rutas manchadas de hoyos.

El tránsito bordea el cerro
Cruza el túnel, avanza entre naranjas, viñedos,
granados.

Diosas benévolas manejan el tiempo
Crucifican y observan
en la primera curva, maduran los helechos,
Robustos
En el acantilado ha amainado la niebla
Somos viajeros eternos
Larvas amarillas

II

En las pozas celestes escribí
Una oda a tu vientre
mainaban las olas en la cúspide tosca
De las piedras salientes.

Generosa memoria
La silueta flota inacabable, tu palabra
Contiene la misma música
No hay jardines sin pétalos
Sobre ramas negras.

No levantes la mano esta noche
No te percates.
Déjanos entrar en la ciudad en silencio
Déjanos engañarte.

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