Si mi primo no hubiera mencionado el tema, jamás se me hubiera ocurrido ir a una carrera de autos NASCAR. ¿Por qué? Primero, porque lo mío no son los autos. Soy de esos que van por la carretera y todos pasan delante. Uno de mis traumas del futuro es ser el papá de un chibolo como Guille, el de Mafalda, y que el día que me ponga a insultar a alguien que me pase en la carretera mi hijo me diga: “¿Desde cuándo es un crimen pasar a un pelagatoz?”
Además NASCAR representaba–en mi cabeza–el mejor ejemplo del norteamericano ultra patriota e intolerante. Un símbolo más de la poca cultura de la masa en los Estados Unidos.
El viaje hasta Pocono, un pueblito y centro turístico importante de Philadelphia, duró casi dos horas. Es el único circuito NASCAR cercano a New York. La señalización después de hacer el cambio de la I-80 a la I-380 es mala. Hay que tomar un sendero pequeño entre los árboles y las casas, que me hizo recordar ciertos caminos locales cuando mochileaba por Europa, de ayudante de camionero. Ya cerca del circuito el sendero se llenaba de camionetas y autos parqueados a ambos lados de la pista. Un pata que caminaba nos dijo que los que ya sabían parqueaban allí, a media milla de distancia de Pocono, porque uno se podía demorar hasta 5 horas en salir con su auto de la playa de estacionamiento del circuito. Así que le hice caso y estacioné a un lado de la pista. Muy bien jugado. Caminamos unos quinientos metros y un bus escolar que brindaba servicio ea tarde nos llevó hasta la entrada (unos 500 metros más) El estacionamiento era un descampado gigantesco y totalmente lleno de autos, pick ups y trailers-campers. Nunca he visto tantos autos juntos. Tal vez dos mil o tres mil carros, y quizá me quedo corto. Entre los autos, la gente estaba haciendo su parrillita, llenando sus coolers de cerveza (Budweiser), preparándose para la carrera. Nos dijeron que abrian las puertas a las 8 de la mañana y que la carrera empezaba a la una de la tarde. Empezó a las tres de la tarde. Los asientos estaban al lado de una de las curvas y en la primera vuelta hubo un choque espectacular casi al frente de nosotros. El rugir de los motores al pasar frente a la tribuna es espectacular. Retiro lo dicho sobre los autos de carreras. Ciertamente NASCAR es el símbolo máximo del patriotismo norteamericano. Por los parlantes anuncian que rindamos tributo a las tropas defendiendo a los EEUU en Irak y para colmo de la coordinación, mientras desfilan por el circuito una escuadra de mini tanquetas de guerra y los espectadores cantan el himno nacional, llega un avión militar para sobrevolar lentamente el circuito de Pocono. Militarizados, fanáticos. La masa que sostiene las políticas de guerra de George W. Bush. Sí. Es cierto. Y sin embargo la carrera es fabulosa. Asi como uno admira una buena persecusión de autos en una buena película, uno puede admirar una buena carrera de autos. Una vez al año está bien. Valió la pena.

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