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El Dj es tunecino–pero ha vivido toda su vida en París–, la música va intermitentemente de latina hacia árabe. El local es el estrecho callejón de Baraza en el East Village. Breve entrada y salida–al menos es lo que todos juran a la 11 de la noche– porque a todos les está costando más trabajo que nunca levantarse temprano en estos días. Sabine tiene que irse pronto, renueva la invitación para la gran despedida, antes de su viaje a Brasil. Laura promete quedarse hasta antes de las 3, su amiga Marianne nació en Ginebra y estuvo casada con un peruano que la llevó a visitar a su familia en Villa El Salvador. El francés está aprendiendo a bailar. Ya sabe dos pasos. Laura le enseña a no mirarse los pies, ojalá fuera tan simple. El dueño del Baraza escucha los elogios al bar y a la música mientras enciende un cigarrillo en la vereda de la avenida C. Naufel intenta entusiasmar a la mancha de gente, no mucha. Y los taxis siguen llenos hacia el este. Con el primo Manolo nos vamos después de dos Coronas. ambos coincidimos en que si pedíamos una cerveza más, no salíamos de allí hasta las 4 de la mañana. Es bueno conocerse tan bien. Hemos quedado en un partido de tenis, pero no contábamos con la lluvia. En el tren de regreso abro The Ruined Cottage de Wordsworth y la ponencia en Cambridge sobre la crítica de Arnold a Wordsworth. Arnold se propone salvar a Wordsworth de quienes quieren elevarlo a la categoría de filósofo (Coleridge entre ellos). Arnold rescata la pureza de sus mejores versos, el modo como Wordsworht puede sublimar al hombre simple y convertirlo en poesía. Consigo una antología de Seamous Heaney, quien va a disertar mañana, en la Morgan Library, sobre la trascendencia de Wordsworth.
Camino por la calle frente al parque de Poe, salgo de la biblioteca con la cabeza todavía un poco revuelta. El teléfono suena y la voz se va y viene desde unos edificios en California. No hay nada más que decir, no hay llamadas de ida y vuelta. No hay dolor tampoco, algo de incertidumbre pero supongo que tiene su lógica. Extraña, pero alguna lógica tendrá que tener, por momentos parece tener cierto sentido, en otros parecer carecer de toda significación. La siesta por la tarde estuvo deliciosa.

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