Argumento:
Satanás es un fiel subalterno al que se le ha negado injustamente el ascenso que merece. Jesús, el hijo del jefe, ha sido nominado como su segundo. Satanás siente que se ha cometido una trágica injusticia y que se le ha humillado. Es entonces que decide sublevarse.

El patrón es todopoderoso, mas Satanás tiene la gran ventaja de no tener nada que perder. Con presteza y sin mucho problema convence a unos cuantos ángeles sin mucho cerebro de la justicia de su causa. Como era de esperarse, Dios los aplasta y los manda al infierno. Mientras lame sus heridas, Satanás descubre al hombre. Ya que no puede vencer a Dios decide corromper a su criatura–difícil encontrar un blanco más fácil–, Satanás convertido en serpiente tienta a la mujer y esta muerde el fruto prohibido. Adán, a quien un ángel ha prevenido que el enemigo está rondando, se da cuenta muy tarde que el enemigo ha sido más inteligente que su mujer y que ella está perdida. En un acto de amor muerde también la manzana. Si ella ya está jodida, jodámonos los dos (¿Qué me voy a hacer yo solito en este enorme paraíso?)
El jefe, que preside omnipotente sobre el tablero de su creación, ha predecido que Satanás le quitará con facilidad ese peón. Su venganza es convertir a los demonios idiotas en serpientes, –los hubiera convertido en cerdos pero Circe ya lo había hecho con la tripulación de Odiseo–. Su hijo, que acaba de probar su valor en la lucha contra los subversivos, se ofrece como sacrificio para devolverle el Paraíso a los hombres. Total, el hombre es una buena criatura, débil pero con buen corazón. Antes que eso suceda, habrá que inundar la Tierra alguna vez para exterminarlos y Dios escogerá entre todos los hombres solo a una raza, la que demuestre estar menos pegada a los bienes terrenales: los judíos.

Así se demuestra que tan efectivo puede ser Iago-digo, Satanás-en su tarea de corromper a los hombres, esos seres imperfectos.

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