Hace una hora estuvo dando una conferencia en Lehman College, Jody Williams, premio Nobel de la Paz en 1997. Sencilla la gringuita, sin mucha pompa, un vestido común y corriente, muy poco maquillaje: el premio Nobel de la Paz, amiga de Desmond Tutu–le manda flores a su mamá todos los años en su cumpleaños–, Oscar Arias, Mandela y Rigoberta Menchú. Nacida en una familia pobre, de granjeros, del estado de Vermont, sólo con educación secundaria y con un hermano esquizofrénico que trató dos veces de asesinarlos, Jody Williams decidió a los 26 años que quería cambiar el mundo. Activista toda su vida, en 1992 consideró que era su obligación luchar contra la fabricación de minas anti personales. Lo hizo, en foros internacionales, durmiendo 3 o 4 horas diarias y conectando a gente de diferentes culturas y geografías que tomaban el problema muy en serio. Hoy 100 países han firmado e implementado proyectos para erradicar las minas anti personales y dejar de utilizarlas como arma de guerra. Gracias a su iniciativa, dejaremos de ver el triste espectáculo de niños muertos o con las piernas amputadas porque pisaron una mina que “alguien” dejó allí en alguna guerra peleada años atrás. Su mensaje más sencillo y más poderoso: todos podemos cambiar el mundo, si queremos hacerlo. Dedica al menos una hora del mes, en vez de ver televisión o leer una estúpida revista a hacer algo que creas que beneficie a una causa noble. Es reconfortante saber que muchos americanos piensan igual que ella-se mandó una crítica feroz contra el gobierno de Bush y su decisión de invadir ilegalmente Irak, contra la estupidez de los norteamericanos que creen que invirtiendo millones de dólares en armas y en seguridad van a evitar un nuevo 11 de setiembre. “Seguridad individual” es mejor que “seguridad nacional”. Si Estados Unidos invierte más tiempo y dinero en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos pobres de los mismos países que lo proveeen de petróleo y riqueza, se puede conseguir mucho más en materia de seguridad que enviando ejércitos a defenderlo del mundo. Son 190 naciones contra una. Son millones de individuos molestos por la manera tan cojuda como este país gobierna sus relaciones internacionales. Criticó a Bush por mentirle a la gente, a Powell por mentirle a las Naciones Unidas en las pruebas de uranio en Niger, a Rumsfeld, Cheney y Wolfowitz por ser tipos educados e inteligentes que cometen las idioteces que cometerían los menos educados e idiotas.
Esta mañana estuvimos leyendo en clase los ensayos de Matthew Arnold. Solo una frase de esa clase: La Inglaterra de fines del siglo 19 se parece demasiado a los Estados Unidos de principios del siglo 21. Políticos que creen que el dinero y el poder van a asegurarles el bienestar, donde se desprecia la inteligencia y el pensamiento crítico en beneficio del “trabajo productivo”. La máquina de trabajar y hacer dinero mientras el trabajo intelctual disminuye y las masas se vuelven cada vez más idiotas, felices porque creen que un televisor de 56 pulgadas es el progreso.

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