A la salida de la biblioteca,  encontré dos novelas en el carrito de los libros en remate. Aún estaba terminando de leer The Moonstone de Wilikie Collins, y sabía que después de sumergirme en el siglo XIX iba a necesitar una lectura que me devolviera a la realidad. Uno de los libros lo hizo por mí. De qué manera. Se llama Netherland y su autor es un irlandés que escribe regularmente para la revista The Atlantic: Joseph O’Neill.

O’Neill cuenta la historia de un analista de bonos petroleros londinense –Hans van den Broek–que se muda a trabajar, con su esposa y su hijo recién nacido, a la ciudad de Nueva York. No es un NY cualquiera, es el del año previo a los atentados del 11 de septiembre. Tras el atentado, sigue una serie de encontronazos entre los cónyugues, que terminan con la esposa y el hijo en Londres, mientras Hans intenta sobrevivir a la ansiedad en Manhattan.

Hans, quien siente enorme nostalgia por su niñez en los Países Bajos, describe todas las situaciones claves de un nuevo neoyorquino. Ahí está el inmigrante lidiando con la ansiedad después del 9-11; con los papeleos de inmigración, con sus amigos que vienen de una docena de culturas diferentes, juntando los puntos que necesita para sacar su brevete, etc

El segundo libro, que terminé muy rápido, se llama Indignation. Lo escribió Philip Roth. Es la tragedia-comedia de un joven judío, hijo de un carnicero kosher de un suburbio de New Jersey, en los tiempos de la Guerra de Corea. Es una novela corta, intensa y muy bien narrada

Mis partidos con Roth están 2-1. Hace algunos años leí The Dying Animal y me pareció una basura. Después de un tiempo me animé a leer The Human Stain y me gustó muchísimo. Este libro me gustó más que The Human Stain. Es menos ambicioso–es verdad–, pero Roth cuenta esta simple historia con gran ritmo, tino para la creación de los personajes, y una selección precisa de las palabras.

¿Cuál será mi siguiente libro de Roth? El primero, el malísmo, lo compré en Borders. Los últimos dos, los que me han gustado, los he encontrado en los estantes de remate de librerías públicas (El primero fue un remate de cuatro por un dólar, en Greenbourgh; este último me costó 50 centavos en Hendrick Hudson). No me animo a pedir prestado o a comprar nada de Roth. ¿Para qué, si sus mejores libros me los ha traido la buena suerte?

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