Come to Peru, Land of the Incas

¿Quién soy yo para opinar de política? Un mero observador. Un don nadie. Un sujeto sin herramientas suficientes para analizar unas candidaturas de las cuales apenas si conoce la superficie. Personajes de los que apenas si conoce el boceto de una caricatura. ¿Cuánto dinero ha gastado Castañeda en su campaña? ¿Toledo?¿PPK? ¿Humala dijo tal o cual cosa y ahora se contradice?¿Su hermano lo denunció? ¿Keiko nunca fue al Congreso cuando la eligieron, la rodean una banda de incapaces?

Por ahí aparece César Hildebrandt para decirnos lo que piensa de la candidatura de PPK y lo tildan de amargado, de higadito, de ventarrón de metro y medio. ¿El Perú ha avanzado o ha retrocedido? ¿Ser presidente es una aventura, un reto o un compromiso? Para no contradecirme–algo  que he tenido que hacer en mi adolescencia para entender los vaivenes de la política peruana–y manifestar mi opinión, que a pocos le interesa, a mí más que a nadie; repetiré que ser presidente es un trabajo. Así que abajo las banderolas y que se apaguen los himnos y los coritos. Un presidente no es un equipo de fútbol, es un empleado que tiene la obligación desde el primer dia de desanudarse la corbata y ensuciarse las manos tratando de conseguir lo que ha prometido que hará durante su campaña, aquello por lo cual  los electores-empleadores han votado por él. Por eso preocupa la imagen de un Humala dos caras, la pesadillesca situación de un candidato Fujimori al revés, que es votado para hacer algo pero hace todo lo opuesto.  Asusta. ¿En qué baso mi crítica de Humala? En comentarios de otros, en lo poco que he visto de él en presentaciones en televisión, donde su discurso presenta ciertos matices de crítica contra la opinión de moda de que un Perú más abierto al intercambio comercial con el mundo es un país mejor.

Humala, por otro lado, es el único de los principales candidatos, que cuestiona un problema que los peruanos que no creemos en el capitalismo sin control tememos: que la bonanza económica está enriqueciendo a pequeños grupos económicos hasta el punto que la sociedad peruana resultante será una donde las brechas entre ricos y pobres sean imposibles de cerrar.

Por ese discurso de igualdad social de Chávez han votado millones de personas no solo en Venezuela sino también en Ecuador, Bolivia, Argentina, Venezuela y Brasil (el gran Lula que todos felicitan ahora, recordemos que era el lider del partido obrero, el dirigente del Partido Comunista de Brasil). Así que tampoco hay que quemar las fábricas y renovar el pasaporte antes de tiempo. ¿Pero Humala no es Lula sino Chávez? He ahí el terror a eso que hablaba: Fujimori al revés. Fujimori dijo que iba a proteger nuestros salarios y que los precios no iban a subir. Y entonces aplicó las teorías del libre mercado, creyéndose capaz de resolver los problemas del país uno por uno, a pulso, con ayuda de sus colaboradores más cercanos, escuchando las líneas de Montesinos que sabía de donde cojeaba cada empresario y político corrupto en el Perú de principios de los 90s. Y ahora estamos aquí: 2011, un país que crece económicamente, un lugar seguro para las inversiones, una posibilidad increíble–si comparamos este país con el Perú que nos dejó Moráles Bermudez, Belaúnde o la mazamorra de problemas que dejara Alan García en 1990–de reducir los niveles de pobreza e incrementar el nivel de vida de los peruanos en los próximos 100 años. Y otra vez la tentación del péndulo. No, por Humala no. Basta de péndulos.

Tampoco Keiko, porque si bien no sé casi nada de su propuesta–a pesar de venir ambos del mismo colegio Recoleta, de haberla visto en un par de ocasiones en el apogeo del poder con su padre y de haberla tratado como una estudiante más, agobiada de examenes en su minúsculo departamento en Nueva York–Keiko representa nada más que los votos de millones de peruanos que creyeron que Fujimori era el mesías y que no comprenden como este señor al que le adjudican tantos logros y tantos avances, puede estar en prisión mientras que Alan García, el fabulador y el incapaz gobernante de los años 80s dirige al país y se lleva todo el crédito. Estos votantes fujimoristas tampoco entienden cómo algunos de esos empresarios y políticos incapaces y corruptos que se hicieron ricos con la dictadura de Morales y Velazco; con el primer gobierno de Beláunde (porque la gente se hacía rica con Belaúnde y con García tanto como con Fujimori, la diferencia es que nadie les hizo un video) no están en la cárcel.  Y los presidentes ordenaban masacres, como la ordenó Alan García contra los prisioneros de la cárcel de El Frontón y les daba la bendición a comandos de aniquilamiento como el Rodrigo Franco (y les preparaba un túnel de escape a los del MRTA). Pero Fujimori está en la cárcel y García no. Pero no se puede votar por Keiko solo por eso. No vamos a votar por ella solo para que salga su padre de la cárcel–a quien alguien lo engañó, haciéndole creer que regresar de Japón era una buena idea–ni por las injusticias del pasado. Vamos a votar por alguien que sea capaz de mirar al futuro con las posibilidades que se le presentan al país, que sea capaz de escuchar las críticas y de enmendar los errores y hacer la mejor faena posible con un mínimo de desaciertos.

Y Castañeda. Pobre Castañeda. ¿Quién le mintió que llenando Lima con cartelitos con su nombre se aseguraba el poder y la fama para siempre? Castañeda no es Andrade, gordito carismático, enamorado de los parques y de los jardines. Tampoco es Barrantes, chato florero, instruído, con talento para hablarle a las masas. Ni siquiera el colorado Belmont, simpático libro de superación personal andante. Castañeda es un oscuro burócrata con cierto talento para manipular los números. ¿Ese asesor que contrató en Venezuela, no estará trabajando por lo bajo para Humala?

Toledo y PPK. Esas son las mejores opciones que tenemos en el Perú de hoy. Porque ambos prometen utilizar con provecho las favorables condiciones económicas en las que se encuentra el país y distribuir la riqueza entre todos para que las contradicciones no se agranden. Porque prometen–y tenemos cierta garantía, en base a su obra y sus políticas pasadas–de que mirarán para adelante. Pero ambos tendrían que escuchar a las voces furiosas como las de Humala o las de Hildebrandt. No deberían cerrar las orejotas a las críticas del modelo económico. Ambos tienen que prestar atención a las quejas de los fujimoristas que reclaman que después de Fujimori muchas cosas básicas como la seguridad, la salud y los servicios públicos en los pueblos del Perú no funcionan con la misma eficacia y prontitud que en aquellos tiempos.

Hay que escuchar a los que dicen que este modelo liberal está abandonando al pueblo para prestarle más oído a los ricos. Hay que hacer una revolución para los pobres desde arriba, ahora que aún hay tiempo porque de otro modo estos pobres un dia se van a hartar y van a escoger soluciones radicales como las de Chávez. Hay que llenar el país de pequeños empresarios. Sí ¿Pero y qué pasa con los que no quieren ser pequeños empresarios sino simplemente quieren un país justo con un poco de riqueza para todos? ¿Qué pasa con los que solo quieren educación de primer nivel para todos los peruanos? ¿Qué pasa con los que solo quieren alcaldes y funcionarios eficaces y honestos? ¿Qué pasa con los que quieren empresarios que inviertan en el Perú pero sin mano de obra barata?

Ese rollo de que de la pobreza solo se sale volviéndonos todos empresarios no sirve. PPK o Toledo. Esas son mis opciones.  Ojalá que si cualquiera de ustedes dos es elegido presidente, sepa contener la avalancha, poner las primeras piedras de un país justo, entender las contradicciones de un país que no solo quiere riqueza sino también oportunidades y justicia para todos. Un trabajador eficaz, un empleado eficiente, que escuche consejos, acepte las críticas y cumpla con lo que ha dicho. Eso es a todo lo que debería aspirar el Perú en estas elecciones.

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