El asistente de dirección de Mizoguchi, cuenta que además de ser bien conocido por sus ideas de izquierda, Mizoguchi era famoso por el tórrido romance que mantuvo durante su juventud con una prostituta. En una de sus constantes peleas ella le marcó una profunda herida en la espalda con una navaja. En un descanso de la filmación, luego de varias copas de sake, el director le mostró la cicatriz aún visible luego de varias décadas y le dijo : “No puedes filmar películas sobre mujeres sino tienes una de estas”. Ugetsu es la obra maestra de Mizoguchi, quien moriría sólo tres años luego de su estreno en 1953. Obsesivo en los detalles históricos e inigualable en el arte de describir los impulsos, la sensualidad y también el sufrimiento de sus protagonistas femeninas, cuando filmó Ugetsu tenía 53 años y estaba profundamente enamorado de la protagonista, la joven Kinuyo Tanako. Mizoguchi soportaba una presión adicional: superar al advenedizo Akira Kurosawa, quien a pesar de no contar con sus 3 décadas de experiencia como director, había conseguido el aplauso internacional con Rashomon. Con Ugetsu Monogatari, Mizoguchi consiguió el león de plata de Venecia y el reconocimiento de occidente.
En Ugetsu, vivos y muertos transitan por la película como si no existiesen diferencias entre sus dos mundos. El trabajo de cámara de Miyagawa, colaborador de Furukawa y de Ozu, y el uso de tomas largas con movimiento casi permanente de la cámara, sello de Mizoguchi, proyectan en el espectador la sensación de inestabilidad que se complementa perfectamente con la historia de espíritus, fantasmas y la condición inestable de un país en guerra civil. Ambientada en el Japón pobre y rural de fines del siglo XVI Ugetsu comienza con el primer viaje de negocios exitoso del pobre campesino Genjuro, quien tras espléndidas ganacias decide dedicarse a la producción de potes, vasos y vasijas de arcilla. Pero los caminos son peligrosos, tanto por los soldados como por los bandidos y los piratas. Genjuro deja en el pueblo a su esposa e hijo y llega a la ciudad, acompañado de su hermano Tobei y su cuñada Ohama. Tobei sucumbe ante el deseo enfermizo de convertirse en samurai. Su esposa, tratando de encontrarlo, es violada por unos bandidos. Genjuro conoce a una misteriosa dama que le hará olvidar, con consecuencias trágicas, a su esposa y su hijo.
El destino final de Tobei y de Ohama, no es el que deseaba el director. Tuvo que ceder ante la presión de la compañia productora. La larga toma en la que Genjuro encuentra a su familia es inolvidable y cinematograficamente muy lograda. Otra escena memorable es el fantasmagórico viaje por el lago y las escenas en el mercado, donde se aprecia el detallismo histórico de Mizoguchi. En Ugetsu se puede ver la gran influencia del teatro Noh, sobre todo en la caracterización de la doncella de Kutsuki Manor y en la música vanguardista pero con instrumentos tradicionales japoneses, elaborada por el compositor Hayasaka.  Como dato anecdótico: el guión de Ugetsu fue escrito por un antiguo colaborador de Mizoguchi –también vigilado por la policía, sospechosa de su militancia comunista–, quien combinó dos historias provenientes de la literatura china. Mizoguchi no era muy amante de seguir al pie de la letra los guiones y durante la filmación hizo numerosas tachaduras y revisiones. No era de dar indicaciones precisas a sus actores pero usualmente conseguía que el actor, incluso un actor mediocre, entregara su mejor actuación. No supervisaba ningún detalle relacionado con la música pero delegaba esta tarea a gente talentosa, como Hayasaka, en la que confiaba a ciegas. El resultado final es Ugetsu Monogatari, filme que a veces parece estar poseído por el espíritu neorrealista de los italianos, dueños de esa sensibilidad apabullante que impulsa a los personajes, a veces los pierde y, muchas veces, también los redime.

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