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El Gatopardo es tanto el sabio refinamiento de Fabrizio el príncipe de Salina (Lancaster), como el cinismo de su sobrino Tancredi (Delon) como la arrebatadora sensualidad de Angélica, (Claudia Cardinale). El fondo de la historia son las guerras civiles italianas, el advenimiento de la República y la decadencia de la aristocracia siciliana. Tancredi está dispuesto a marchar al monte con los camisetas coloradas de Garibaldi porque cree que es la única manera de preservar el viejo mundo de su tío. Para el príncipe de Salina esto es una revelación que disfruta mejor entre las sábanas del barrio de las putas. Porque “ella es la pecadora” , la esposa cucufata a la que en décadas de matrimonio y varios hijos de por medio ni siquiera le ha podido ver el ombligo. El rechazo carnal de la esposa, lo interpreta como uno de los signos adicionales de la decadencia. La escena más elocuente, si bien hay varias memorables, es la de la risa de Angélica en la cena de su presentación en sociedad. Una risa llena de salud y vida campechana que los aristócratas rechazan. Carente de modales, de refinamiento, de ningún tipo de auto-control. Este es el futuro que necesita su sobrino Tancredi. Este le dará el dinero que necesita para ascender políticamente y que su casa sobreviva a la decadencia representada por las monas, culpa de la permanente contaminación genética y los matrimonios entre primos. La sangre nueva viene envasada en el cuerpo voluptuoso de Angélica, en su sonrisa sensual, a la que ni siquiera el refinado Fabrizio puede resisitir en la escena del vals. Luchino Visconti hace que al final Fabrizio se escurra entre las calles poco iluminadas de Sicilia, después de haberse negado a ser postulado como senador, luego de haber descrito a su amada Sicilia como el pueblo que se niega a cambiar porque se considera el pueblo perfecto. Algo que el estudiado político del norte, anestesiado con las promesas de la nueva República, es incapaz de entender. Queda pendiente leerse a Lampedusa, que se murió ni bien terminó este libro, asegurándose la inmortalidad.

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