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Ir a Brooklyn es una experiencia extraña. Para mí es volver al pasado. Una vez, en 2003, después de leer Notes from the Underground, me senté en una silla con vista a la Avenida Atlantic para escribir en un cuaderno una larga y pésima novela sobre ese lugar que–aquí incluir un gran suspiro─ninguno de ustedes leerá. Caminar por la avenida Fulton, frente a las estaciones de metro de la línea azul que me recuerdan tantas pequeñas escenas de mi vida preconyugal, fue tan extraño como el filme que llegamos a ver anoche, a las carreras, vagando semiperdidos, en el BAM.

La película se llama Her. El director es Spike Jonze, de quien recuerdo muy bien Being John Malkovich. Primero: porque la vi en Boston, en algún momento de julio de 2000, en mi recién estrenada faceta de pasajero en trance en los Estados Unidos. Segundo: porque esa primera vez me quedé dormido.

Her, ambientado en una ciudad de Los Angeles maquillada para la ocasión ─con más rascacielos y menos inmigrantes mexicanos─ podría entenderse como una pieza de época. Sus personajes, que parecieran haber salido de un casting en el tren L de Nueva York, me hacen también pensar en Ghost World de Daniel Clowes o en algunas escenas de Frazen: a ratos Amy parece ser la hermana/chef  de The Corrections, a ratos ella y su esposo podrían ser los esposos Berglund de Freedom. Sin embargo, Her es  también una reflexión semifuturista sobre la soledad y las relaciones del hombre con sus máquinas. Alguno de mis amigos la entendió como un canto más a la victoria de la computadora. La película es, sobre todo ─si nos ceñimos al guión, dejando al lado las interpretaciones filosóficas─ una exploración de los diferentes caminos que puede tomar la vida de un hombre cuando se siente solo, no tiene muchas amigas y quien mejor lo comprende es su computadora.

Es una comedia. Podríamos empaquetarla como tal, si no nos encontráramos a nosotros mismos, mirando demasiado a la pantalla, recordando nuestra primera sesión de sexo virtual en el chat, o ─sólo unas horas antes de llegar al cine─ preguntándole a Siri: ¿cómo carajos llego al BAM?

Las conversaciones que puede generar la película son muy interesantes. La nuestra sucedió en un restaurán alemán acogedor, en una calle congelada de Brooklyn que me trajo sus no pocas memorias. Se recomienda ir a verla con compañía inteligente. Si va con su teléfono, aténgase a las consecuencias.

Los mejores actores de la película son Joaquin Phoenix, como Teodoro; y la voz ultrasensual de la computarizada Scarlett Johansson, como Samantha.

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