La comida está servida. Hay cuarenta banquetas en posición horizontal esperando las nalgas felices de la jubilación. Hay cada cachetada en esta nueva vida vertical, en esta cadencia superior de ciudad elevada. Desde el balcón, me agacho sobre la barandilla y contemplo sus tetas estampadas en la vereda.

–Ya te abro ¡Sube!

Sus truculentos catálogos de libros viejos y un vasito de ron para empezar el concierto.No me interesa, no me interesa, no me interesa. Ella sigue mostrándome los plásticos de los DVDS a cuatro lucas mientras sigue creyendo que yo tengo algún interés en ellos.

Tal vez se hace la tonta. Porque le conviene, porque sabe que si tuviéramos que conversar en serio, cerraríamos en este instante todos los catálogos del universo y nos meteríamos a la cama. Horizontal-vertical, el mundo es redondo. Muevo mis espejuelos de sol, la miro levantar la barbilla y me vuelvo a enamorar. ¿De dónde has sacado esos ojitos que me vuelven loco?

Ahora dice que se va. Como si no tuviéramos nada que conversar aparte de los DVDs piratas. Hace mucho calor y me ha aceptado el ron. Noto que se despeina un poquito. Eso es intereante, desde todo punto de vista.

Mis amigos están ayudándome a mudar, aún tengo varias cajas de libros esperando ser etiquetadas, archivadas y subidas al camión. Pero podría postergar toda vida feliz si sólo fuera por ti. Si sólo me prometieras que nosotros vamos a tener un hijo.

No se pueden hacer promesas antes del almuerzo y ella no ha querido quedarse ni siquiera para la ensalada. Le digo que tengo buenas manos para la ensalada y creo que ella lo ha tomado como un intento de avanzar hacia su blusa. No hay resentimientos, sé que me adora y que algún día ha de venir con otras intenciones que venderme discos y libros. Sé que algún día nos sentaremos al borde de la chimenea y me dirá que le falta un botón a tu camisa. Ese que perdí en la piscina esperándote.

Sol, cómo te odio. Quisiera estar en la playa y no metido en este agujero. Quisiera que me enseñases el camino y no los poros, cómo se abren y transpiran. Glop, glop. Sube a su auto, hace una venia antes de doblar por la Alameda, yo me meto a la ducha. Después de tanta excitación siempre necesito agua.

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