>Las coperas de Matergodes estaban lavando ropa al lado del arroyuelo, comentando que el Castillo había dejado de moverse.
–Los meteorólogos anuncian lluvias para esta noche, dijo la copera negra
–¡Al Diablo con los meteorólogos! Si nunca aciertan, replicó la copera roja.
La copera azul y la verde sólo escuchaban. No les gustaba contradecir a las coperas negra y roja, que eran las que siempre discutían.
Desde el interior del Castillo se escuchó un ruido de imanes atrayéndose. Chirriaron los goznes y se abrió la boca, de donde salió una criatura de plumas negras que nunca antes había cruzado los cielos de Matergodes.
–¡Diablos! Gritaron las cuatro coperas al mismo tiempo, dejaron la ropa a medio lavar al borde del arroyuelo y, sin dejar de mirar el crucifijo colgado del cuello de la criatura, echaron a corer.
Se había abierto en ese momento la puerta que llevaba del futuro al futuro. No existía a partir de ese instante nada que se llamase presente perfecto ni presente pluscuamperfecto. Y por supuesto habían desaparecido instantanemanete los libros de historia bestiales y las láminas a todo color de la Guerra del Pácifico.

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