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La nieve: todo se paraliza. No hay trenes, no hay buses, no hay carros en las calles. Hasta el momento han caido 23 pulgadas de nieve en Central Park, probablemente sea la mayor nevada en la historia de Nueva York. Era de esperarse: no caía ni un copo desde el 31 de diciembre. Miki preocupado porque debe limpiar el garaje. No es gracioso meterle lampa a 23 pulgadas de nieve. El carro está sepultado. En su casa hay internet y una refrigeradora surtida con dos cajas de Heineken y dos de Michelob. Pedimos delivery del Acuario: yuquitas fritas con salsa de huancaína y una jalea de mariscos espectacular. Ya voy por la tercera botellita de Heineken (cuarta mientras edito esta entrada). Anoche tuvimos que trabajar en Knollwood con la nieve. Los carros se resbalaban en la subida, si bien no tanto como en la fiesta de diciembre donde casi estrello una Cadillac Escalade que patinó varios metros. Zapeo por la tele. Carolina llama saliendo de la playa y me pregunta qué estoy haciendo: viendo caer la nieve. (Se caga de risa). Habacilar es malísimo pero me he cagado de risa con las huevadas que dice Romero. “Tan lejos tan cerca” escribe en sus cuentos mi amiga la Roca. Y se siente como el ángel que mira desde lo alto la ciudad sin entender del todo qué es lo que hace allí. Es eso mismo. Tan cerca en las risas, en el humor, incluso en la distancia (7 horas de avión). Tan lejos en muchos otros sentidos: el auto está estacionado afuera y hay cosas mías en el asiento de atrás y ni siquiera me preocupa que se los vayan a llevar. Esa es la gran diferencia. No hay trancas en la puerta ni rejas en la ventana. Y si alguien toca la puerta no creo que sea para hacerme el cuento del balón de gas, si me dan vuelto no miro los billetes para ver si son falsos. (también debe haber falsificados, solo que sospecho que recién se darán cuenta en el banco…)
Alguien se queda atollado en la calle y vamos a ayudarlo, pasa el tipo con el camión con el rastrillo para la nieve de la municipalidad y le grita: “Stay home¡” Es el mejor consejo que se le puede dar, sigue cayendo la nieve y además con mucho viento. Voy a seguir leyendo mi libro para la clase con Carling: Great Expectations de Charles Dickens,Capítulo XXX: Mr. Pip descubre que está enamorado sin remedio de Estella.
Hablé con Lucho como dos horas por el Skype (en mi clase de fundamentos de comunicación masiva les decía a los estudiantes que el 2002, el jefe del departamento de telecomunicaciones de EEUU declaraba a la prensa al empezar a funcionar Skype: The old world is over…) Lucho me dio el nombre de dos películas que tengo que ver: Old Boy y Dias de Santiago que Stephanie me aviso para verla en el Lincoln Center y no pudimos porque empezó la huelga de transporte. Le recomendé que vea Fingers y los Duelistas (Ridley Scott) con Harvey Keitel. Y que lea “Heart of Darkness” de Joseph Conrad antes de volver a ver Apocalipsis Now: ¡El Horror, el Horror! He dejado La Odisea y los ensayos de Emerson en el Bronx, espero tener tiempo para leerlos.

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