Los trenes se han demorado dos veces. Ha tomado dos horas llegar a la playa, pero ha valido la pena. Casi vacío, limpio; se puede nadar sin problemas. Salimos del mar hacia la isla, con el plan previo de almorzar en Hoboken, sin embargo el tiempo nos gana. Cambiamos Hoboken por el puerto: comida china, echados en las sillas reclinables con la vista hacia el puente de Brooklyn. Regresamos al Bronx y salimos apurados para la cena en Williamsburg. Es la dieta verde de Elisa, el gazpacho y los espárragos. Vamos al Bembé a mirar, al regresar el mail de Sarah:

Hola Ulises,
De verdad que me alegró verte en el café de ayer, lucías muy bien y en tu elemento 🙂
Aunque me desequilibró un poquito, no sé qué pensó Elisa.
De todos modos, si quieres tomar un café o algo en algun día, chévere.
Seguro que debemos ser amigos normales sin nada de equipaje (baggage, je je je).
Cuídate,
Sarah

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