
Si bien está bastante dicho que todo creador se inspira en su realidad, es sólo muy de vez en cuando que me encuentro con grandes ejemplos que validan el ejercicio de usar la vida propia como la máxima materia prima de una obra. Esto me ha pasado hoy al escuchar la entrevista de Sam Fragoso a Noah Baumbach en Talk Easy. La empecé a escuchar el viernes e intrigado por los primeros minutos, busqué mi viejo DVD de The Squid and the Whale (todavía con su sticker de descuento de Virgin Megastore). Ver esa película de nuevo ha sido una gran experiencia.
A diferencia de la primera vez que la vi, allá por 2007, muchas escenas resonaron con mis experiencias y se formaron interesantes conexiones entre la película y los lugares (en Brooklyn) donde se mueve esta familia de padres divorciados y los dos hijos que los sufren. El padre es un hombre blanco pedante e insoportable de esos que abundan en círculos académicos neoyorquinos. La madre es cariñosa, infiel y promiscua. Así Baumbach dijera que había mucho de ficción en su historia, quienes conocían a sus padres asumieron –sin que ellos pudieran hacer otra cosa que negarlo– que todo era verdad. Aquí otra obviedad: es fabuloso cuando la realidad y la ficción se encuentran en el proceso de la escritura.
En la entrevista, Baumbach establece algunas influencias en su película que yo no hubiera entendido en 2007. Por ejemplo su deuda con Peter Bogdanovich, ese director de cine que murió con apenas un fragmento de la fama que alguna vez tuvo (cuyo trabajo he utilizado muchas veces en mis clases de cine, por ejemplo su libro sobre John Ford o su hermoso documental sobre Buster Keaton), y los paralelos entre la vida de Baumbach y Norah Ephron, a quien su madre también enseño que Everything is copy (todo lo que te pasa en la vida es material para tu obra). No sabía que la película Heartburn, basada en la única novela que escribió la autora/ periodista/ guionista y directora de cine, fue filmada en la casa de los Baumbach en Park Slope.
No sé si fue la entrevista o The Squid and the Whale, pero esta mañana, manejando por las calles nevadas de Westchester, me vinieron a la cabeza una serie de situaciones entre 2007 y 2015 que había olvidado. Ciertos nombres, ciertas escenas, aparecieron mientras observaba la nieve y ahí se quedaron. Eran como diminutas películas que interpelaban a mi inspiración.
«Escríbenos», parecían decirme.
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