De la película The Book of Eli, me queda la idea–ya bastante trabajada– de un libro que es capaz de ser usado como arma y herramienta de poder ¿Qué otra cosa ha sido sino la Biblia en la historia de Occidente? ¿O el Corán entre los musulmanes? Mircea Eliade escribe en su Historia de las religiones sobre cómo las profecías de Mahoma fueron utilizadas por  los jeques del desierto en su propósito de unificar al mundo árabe; igual que la Biblia sirvió a los europeos para colonizar y mantener a raya a quienes dudaban de la autoridad de los reyes.  En el futuro post apocalíptico de esta película, al no haber libros sagrados, destruídos por alguna mente lúcida ( harta o tal vez  iluminada) el poseedor del libro sagrado tendría el poder de reinterpretar el mundo y de imponer su versión en los demás “Está escrito en El Libro” ¡Qué frase tan poderosa!¡Cuántas empresas titánicas y cuantas otras horrorosas le deben su inicio y su conclusión a esta sencilla oración.

Denzel Washington es un actor versátil. Su actuación sobria, como casi siempre, deja que la mirada se centre en otros aspectos de la historia, que el espectador se ablande de a pocos con los detalles de la barbarie de la guerra nuclear, imaginando la perspectiva de un mundo poblado por ancianos caníbales amantes de la radiola; o que desmenuce a Gary Oldman, ese actor al que todos odiamos desde que supimos que era tan imbécil como para ganarse la enemistad de Winona Ryder.

El universo de Juno–la primera película que pude ver en un flamante equipo BluRay–,  descansa sobre todo en los diálogos frescos de la muchacha que es dueña de la ironía y del corazón tierno. A todos nos gustaría manejar un sentido del humor como el que la guionista Diablo Codi pone en labios de su personaje femenino. El embarazo infantil es un pretexto para enseñarnos a una mujer muy inteligente con un coeficiente de coquetería más peligroso que Lolita. Juno seduce con su sentido común. Lo único que no pareciera tener sentido es que se fijara en el nerd de Michael Cera.

Una película que me parece que carece de todo sentido común es DejaVu. Nada salva de la catástrofe a este filme que solo se apoya en la simpática idea de un aparato capaz de permitirnos viajar en el tiempo. Las relaciones entre los personajes son vagas, hay hilos de la trama que quedan en el aire, como si la guayabera al viento de Denzel Washington fuera capaz de camuflar los graves errores de guión.

Dos filmes predecibles, sin muchas pretensiones pero bien logrados: The Great Debaters e Invictus. En el primero, Denzel Washington convence a un grupo de pupilos de una universidad para muchachos negros, a medirse en un debate con los imbatibles gigantes de Harvard. En Invictus, Morgan Freeman personifica a Nelson Mandela, demostrándole a sus paisanos que para curar las heridas del appartheid no hay que mostrarle el puño cerrado a los blancos. El filme, que  al igual que The Great Debaters está basado en hechos y personajes reales–destaca el papel de Mandela en la obtención del mundial de rugby para Sudáfrica, y cómo esta victoria fue el símbolo de su esfuerzo por unir a los blancos y negros de su país.

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