3.

Había viajado con uno de los fotógrafos que trabajaban en la revista a unas ruinas a 5,000 metros de altura cerca de Huacho, al norte de Lima. Se llamaban Rupac. Fue un viaje desorganizado, como casi todos sus viajes, al que a última hora se unieron su hermano, la novia de su hermano, su hermana y un vecino del barrio. Durmieron en un pueblo abandonado en las alturas, camino a las ruinas y caminaron varias horas hasta llegar a la cima. En la subida y en la bajada vieron un cóndor. Se tomaron unas fotos preciosas haciendo fogata dentro de la escuela del pueblo abandonado en las alturas.

Llegando a Lima fue a revelar las fotos en un laboratorio pequeño al lado del parque central de Miraflores. La chica que le tomó la oden le pidió su teléfono para decirle cuando estuvieran listas. El se fue a almorzar en la curva del camino a la Herradura y cuando estaba terminando lo llamaron para decirle que las fotos estaban listas.

Ese viernes le enseñó las fotos al fotógrafo y le pidió los negativos para hacerle una copia de la foto de la fogata donde salía todo el grupo y la luz del fuego creaba un efecto mágico. El fotógrafo lo invitó a su casa el fin de semana para celebrar su cumpleaños. Pero él ya había decidido ir a la fiesta de la ex-enamorada de su amigo y le dijo que no.

El sábado por la tarde llamó la chica de la tienda fotográfica. El no se acordaba mucho de ella pero ella le dijo que había cogido su teléfono porque le había gustado. Le ofreció salir a recogerla el lunes por la tarde e irse a tomar unos tragos. Ella no tomaba pero podía salir con él. Tampoco podía quedarse hasta muy tarde porque vivía en Comas que estaba a más de una hora de viaje de su casa.

Vivía con unos tíos y con su abuelo, los tíos la habían criado desde que ella llegó a Lima huyendo de los militares que habían matado a su padres en Huancavelica acusándolos de senderistas.

No estaba muy contenta, estaba un poco aburrida de su trabajo. El habló casi una hora con ella. Cuando colgó se puso la ropa para la fiesta y se subió al submarino. Sus amigos también iban a estar en esa fiesta, sus hermanos y unos amigos de su hermana que conocían a la mujer por otros lados. Era una casa pequeña y toda la fiesta era en la sala. Cuando llegó estaban escuchando un merengue y ella lo sacó a bailar. Su amigo, el ex enamorado estaba en un sofá con otra chica que ya estaba un poco borracha. Parecía que estaba intentando besarlo y él fumaba sentado en el sofá y se reía. Ricardo se acercó a saludar y saludó a las amigas de su hermana y a su hermano que estaba tomando cerveza al lado del equipo de musica. Estaba hablando de política

El problema es que la regionalización debe hacerse de acuerdo a los intereses de cada departamento y hasta ahora se ha hecho siguiendo los lineamientos del Estado Central .Claro, si tu eres un arequipeño y te dicen que eres autónomo por qué mierda tienes que hacer tu agenda anual basado en lo que dice un huevón de Lima. Ese es el problema. Hasta ahora el gobierno toda la cuestión de las regiones en el papel la pone muy bonita pero en la práctica se sigue haciendo la misma huevada de antes y si quieres hacer un trámite tienes que ir hasta Lima. Por ejemplo el otro día con mi mamá que tiene sus frutales en el sur queríamos hacer un trámite para un préstamo con el Banco Agropecuario y a pesar que hay una sucursal del Banco en el pueblo, primero tuvimos que hacer un trámite en la capital de la provincia que queda a tres horas por un camino de mierda. Y a pesar que le autorizaron el préstamo, en la oficina le dijeron que todavía tenía que hacer un papeleo en Lima y recibir una autorización de Lima. Que clase de regiones son eso que para un préstamo tan sencillo tienes que pedir autorización a la central de Lima? Mejor te sale hacer todo el papeleo en Lima y seguro que demora menos y no tienes que hacer ese viaje jodido por carretera afirmada.

La mujer que había visto en el banco se llamaba Rosa. Se acercó hasta donde él y le pasó una botella de cerveza. Tomaron un trago y después ella quería bailar. Bailaba extravagantemente y no dejaba de mirarlo a los ojos. Después se acercó al grupo de su hermana y su amigas y ellas dijeron que qué hacía Ricardo bailando con esa ruca. Bailó con ellas que estaban vestidas mucho más elegantes y se alucinaban más finas que todas las otras mujeres de la fiesta. Se sentía bien con ellas y con su hermana. Pero Rosa se le acercó al poco rato y lo secuestró para otro baile. Ahora se dio cuenta que cuando ella le hablaba no pronunciaba bien, que estaba un poco borracha. En algún momento ella se acercó demasiado y le dió un beso. No supo si responder, pero recibió el beso y después las amigas de su hermana se acercaron donde estaba él y se lo llevaron a su grupo.

Que haces besándote con esa ruca?
Ella me ha besado. Ella es la que me ha besado.

Y no besaba mal y la verdad es que le gustaban los ojos redondos color caramelo con que ella lo miraba mientras bailaban y la verdad es que a pesar que estaba bailando con las amigas de su hermana la seguía con la mirada y estaba pensando en seguirla a donde ella le estaba señalando, detrás de las escaleras, camino a su cuarto.

Se sentó en una silla frente a un sofá y empezó a servirse un vaso de cerveza. Se estaba riendo de algo que le habían contado sobre una de las chicas, una que tenía un escorpión tatuado en el brazo y que estaba vestida como una puta. Y de pronto vio venir a su amigo. Donde estaba la chica que estaba con él en el sofá? Venía con cara de rabia y adivinó que tenía que deshacerse del vaso, lo llegó a poner encima de uan mesita al lado de su silla, antes de sentir que él lo empujaba mientra le decía:

Como puedes hacerme esto?

Se cayó con la silla de espaldas y trató de decir que no había sido su culpa que ella lo había besado. Y allí estaba su hermana para decirle a su amiga que se vaya ya que estaba borracho. Y los amigos de su hermano veían todo desde un grupo a lo lejos, al lado del equipo de mùsica que estaba sonando con música electrónica.

Y las parejas que estaban bailando voltearon a ver como Ricardo se levantaba del piso, un poco mareado y como su amigo, el que lo había empujado, se iba entre la gente hacia la puerta de la calle. Su hermana y su amigas trataron de reanimarlo y le repetían que el tipo era un idiota y la tipa una ruca, pero Ricardo no se sintió bien, siguió tomando por un rato hasta que se le cerraron los ojos y entonces su hermana le puso un cigarrillo en la boca y el fumó estando dormido y su amigo vino con una cámara de video y lo filmó dormido y fumando y sosteniendo la botella mientras fumaba y despertándose para decir que lo dejen solo, que se iba.

A pesar de lo que le dijeron se subió a su submarino y se fue a su casa manejando muy bien, aunque la ciudad pasaba muy rápida y él comenzaba a acelerar y a sentir algo de vértigo a pesar que sabía que lo suyo no era la velocidad sino los viajes.

3
El cuarto de estudiantes era muy chiquito, apenas si cabia la cama de ella, una mesita frente a la ventana y un mini refirgerador. Habia una división donde estaba el lavadero y una cocinilla. La cama era pequeña pero se las arreglaban para entrar dos. Total casi todo el tiempo estuvieron uno encima del otro.

Mi mamá va a venir mañana a recogernos para ir a casa. Le dije que venías conmigo y me dijo que te podías quedar con nosotros. Sólo el fin de semana.

Ella vivía en un pueblito cerca de la desembocadura de un río en el Atlántico. Eran unas cuantas casas desparramadas en el campo, tenía gallinas, patos y un senderito de piedra por el cual se llegaba a la casa principal. La madre era regordeta y sonrosada como la hija y el padre era regordete pero taciturno. Cuando Ricardo llegó a la casa y lo saludó ni siquiera le devolvió el saludo, parecía un retrasado mental.

Le habían preparado una cama mullida con una vista preciosa de una laguna que estaba cerca de la casa. Se quedó dormido ni bien se echó sobre la cama (porque una característica de Ricardo, característica valiosísima para su apetito viajero, era que se quedaba dormido en cualquier lugar con facilidad.) A la mañana siguiente lo despertó el peso de ella sobre su cuerpo. Había saltado sobre la cama desnuda y le estaba dando besos.

-Mis papas salieron, no van a estar toda la mañana..
Ricardo trató de explicarle que no había comprado condones porque en el camino siempre estuvo la mamá al lado y se había sentido cohibido. Ella pensó un segundo, saltó de la cama y regresó en unos segundos con tres paquetitos. Sacó uno y se lo colocó ella misma, después se colocó sobre él.

A mediodía regresaron los padres y el papá le preguntó si quería acompañarlo a la tienda de pescado a hacer compras para el almuerzo. Había cambiado, no era el mismo tipo retardado de la tarde anterior, era amable, muy sorprendido que hablase francés el peruanito, hasta se rió de algunas de las bromas de Ricardo. La casa del pescador era un chalet de dos pisos al lado del río. Tenía dos camionetas al frente de la casa y por uno de los lados en una especie de garaje pero sin puerta había habiliitado la pequeña tienda donde estaban las bandejas de plástico con pescados , langostas y cangrejos, al lado de una pequeña balanza. Ricardo estaba tratando de comparar la casa del pescador de la pequeña provincia francesa con las que tendrían los pescadores allá en Lima. El puta hasta tenía bolsas de plástico impresas con su nombre su dirección y teléfono. También hacía repartos a domicilio. Camino a casa el padre le preguntó cuanto tiempo que conocía a su hija.

Desde febrero cuando fue al Cuzco, la conocí en la Plaza de Armas, justo al día siguiente que le habían robado la cartera con su documentos.

Después preguntó si pensaba quedarse mucho tiempo.

No, sólo hasta el martes que tomo el tren para Roma.

Había planeado estar sólo tres días con ella y la había pasado tan bien que al final alargó la estadía hasta una semana. Pero si no cogía el martes el tren para Italia no iba a tener tiempo para hacer el recorrido completo que había planificado en Europa: Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, España. No tenía la visa de Gran Bretaña pero pensaba sacarla estando en Roma. Dependiendo del tiempo que tuviera podía pasar o no pasar por Alemania donde había una familia que le iba a dar alojamiento en un pueblo cerca de Frankfurt. Después tenía que ir a España donde su amiga Rosana que lo estaba esperando con dos boletos comprados para un concierto de R.E.M. en las afueras de Vigo. Si tenía tiempo viajaría a Barcelona y a Madrid desde donde salía su vuelo de regreso a Lima.

El padre preparó el pescado y abrió los vinos. Había del tinto y el blanco para que Ricardo pruebe los que el padre consideraba los mejores vinos de Burdeos. Habían puesto también toda una variedad de quesos sobre la mesa y pan. La conversación se fue de Francia a Perú y la situación política y económica. Las coas habían estado bien económicamente pero había como una pequeña crisis que parecía estar desarrollándose lentamente e iba carcomiendo los éxitos económicos. Había aumentado el desempleo en los últimos meses, se comenzaba a hablar del efecto dominó de la crisis asiática. Algunas empresas comenzaban a amontonar deudas y la maquinaria estatal parecía estar demasiado preocupada en asegurar una fórmula que le permitiera al dos veces elegido presidente un tercer periodo de gobierno.

Ellos después hablaron que en Francia tampoco las cosas iban muy bien, que el estado había reducido los fondos dedicados a la educación y que el desmpleo estaba en aumento. Claro que a Ricardo las cosas no le parecieron tan mal en esa pobre casa de campo donde el padre trabajaba de chofer del autobús de la escuela y la madre de empleada de limpieza de un club naturista en las afueras del pueblo. Se acababan de comprar un automóvil Peugeot verde que en Perú podía costar más de 20,000 dólares y que por supuesto que no lo podía compar ni el chofer del autobús del colegio ni la empleada de limpieza peruana aunque trabajaran juntos y ahorraran dinero varios años.

Terminado el almuerzo ella lo invitó a montar bicicleta por los alrededores. Se fueron por un camino de tierra afirmada entre arbustos y árboles de avellanas.

Si tenemos suerte veremos un jabalí, dijo ella.

Dos semanas antes yendo en bicicleta ella y su hermano casi se habían dado de narices contra un jabalí enorme en medio del camino. Y la semana anterior camino a Burdeos su madre chocó su camioneta contra uno de esos animales.

Era un lago no muy grande pero profundo y en la orilla del frente algunos pescadores estaban probando suerte con sus cañas y anzuelos. Apoyaron las bicicletas contra la grama que cubría el borde de la laguna y se echaron a descansar detrás de unos arbustos desde donde nadie los veía.

cuando te vas a Italia?
El martes
Entonces vas a estar unos días más conmigo en Burdeos?
El lunes y el martes en la tarde quiero tomar el tren para Paris para hacer la conexión con Roma.
Yo me voy unos días a Inglaterra a la casa de mi amiga Claire. Podemos quedar para encontrarnos en París cuando vengas de vuelta.
Si, sería maravilloso encontrarte en París.

Tomaron las bicicletas de vuelta casi con la caída del sol. Esa noche ella se las arregló para meterse a su cama unas horas durante la madrugada, se fue a su dormitorio antes de la salida del sol.

4.
A las siete de la mañana tenía el auto encendido. Su desayuno fue un pan que encontró en la cocina untado con mantequilla. Se había levantado a las cinco para terminar un artículo para la revista sobre Guerras y Civilizaciones, un documental que lanzaban esa semana en HBO. Esa mañana tenía que ir a entrevistar a una cantante de música peruana en su casa de Barranco y después llegar antes de las once al periódico para terminar cuatro notas de la sección Metropolitana. Su ruta de todos los días era hasta la bajada de la via Expresa, luego subía por Javier Prado hasta Camino Real y de allí escogía las calles según el tráfico hasta las oficina de la revista. La idea de entrevistar a Susana Baca no era de él sino de Patricia, una de las vendedoras de publicidad que creía que podía incursionar en el periodismo. Tenía el soporte total de José Luis Carranza, el diseñador gráfico de la revista y buen amigo de Ricardo. José Luis estaba templado de Patricia que estaba casada y tenía una hija pero vivía en constantes peleas con su esposo. Al parecer en una de sus conversaciones con José Luis la noche había terminado en besitos y arrumacos. Y de allí el salto al periodismo. Apoyemos a Patricia! Apoyemos a Susana Baca, valor nacional! Al parecer la primera idea de Patricia había sido entrevistar a un cantante de rock que también era ídolo de telenovelas pero el editor había dicho convencidísimo que ese huevón no aparecía en su revista mientras él fuera editor. José Luis había propuesto a Susanita Baca y Patricia hizo la sugerencia que al editor le pareció encantadora.

Llegó 7 y media de la mañana a la revista y Patricia y José Luis ya lo esperaban en la puerta. Iban a ir en el carro de ella que tenía malograda la alarma y no quería dejar el carro tirado en ningún lado por mucho tiempo. Se fueron por la Costa Verde y subieron por Chorrillos. Todavía era un cuarto para las ocho cuando llegaron al puerta de Susana Baca, una casona antigua frente al puente que une Barranco con Chorrillos.
Patricia le estaba explicando a José Luis como usar la cámara profesional que había conseguido prestada de una amiga. Para efectos de la entrevista Patricia era la reportera principal de la revista, José Luis era el fotógrafo oficial y Ricardo Stoll era el apoyo logístico, además de periodista de un diario destacado.

Tocaron el timbre de la casa de Susana a las ocho en punto. Ella les respondió por el intercomunicador con la misma suave voz de sus canciones y les abrió la puerta. Entraron al patio y caminaron hasta la puerta de la casa donde un hombre de barba y un poco bizco los hizo pasar a la sala. Hablaba con seseo y tenía facciones de indio pero era muy blanco. (Después se enterarían que era la pareja de Susana, su manager y además arreglista y compositor. Era boliviano y tenía muchos años menos que la cantante.)
Mientras se acomodaban en la sala Patricia explicó de qué se trataba la entrevista, para una nueva sección de la revista llamada Perfiles donde se entrevistarían a “peruanos con mucho valor.”
La diva bajó descalza por la larga escalera caracol de mármol sosteniendo con sus manos su larga túnica color rojo tierra.
Tenía la mirada dulce y hablaba con voz dulce mientras respondía todas las preguntas que Patricia le hacía y que José Luis había corregido varias veces. Un par de veces se hizo evidente que Patricia no había escuchado su música pero Susanita disimuló y siguió hablando de cómo había heredado esa casona de una señora entusiasmada con su idea de fundar una escuela de música y después recorrieron los patios de la casona y les contó la historia de cómo conoció a su marido, el boliviano que Ricardo se dio cuenta todo el tiempo no dejaba de mirarle las piernas y las tetas a Patricia.

Llegó al periódico un poco tarde y lo estaban ya esperando los de pre-prensa para que le de una mirada a unas fotos que tenían que salir con su artículo en la próxima edición.

Cuando vamos otra vez a la tía Clarita Ricardo? Esta vez me toca pagar a mí, le dijo Caballero que estaba retocando la foto de una vedette para la carátula de un periódico de espectáculos. Le estaba quitando un rollo de grasa de la cintura.

Ricardo sonrió pero no respondió nada, lo de “La tía Clarita” le sonaba al pedo de un puta.

Señor Stoll lo llama el Ingeniero, le dijo la secretaria cuando pasó por el área de recepción camino a su oficina.

El ingeniero era el dueño del periódico, de otras revistas y socio principal de la imprenta más importante del país. Lo había conocido cuando Ricardo trabajaba de asistente en una revista y se amanecía con el editor vigilando que se haga el trabajo de retoque, filmación y que las películas llegaron a tiempo a la imprenta. Lo puso a dirigir el área de Metropolitana del periódico pero siempre le había ofrecido que cuando hubiera un puesto mejor lo iba a ascender.

Parió Paula, le dijo con una sonrisa que brotó entre su espesa barba negra.

Le explicó que esa tarde tenían una reunión con el gerente del nuevo gran Shopping Center del Jockey Plaza, para explicarle su proyecto de hacerle una revista de calidad como la que él había visto en un reciente viaje a Chile y que se distribuía gratuitamente entre los visitantes del Centro Comercial Parque Arauco.

Nos vamos a llenar de dinero y quiero que tú dirijas todo el proyecto. Tengo el contacto con la imprenta, tengo a la vendedoras de publicidad que es una amiga mía, una señora que es una estrella de las ventas. Necesito que te concentres a partir de hoy en este proyecto y que vayas conmigo a hablar con el gerente del Jockey.

Subieron al carro del ingeniero y se fueron al Centro Comercial. En una sala privada los recibió el gerente, Javier Solís, un cuñado con un peinado a lo Alan García, una enorme papada y una barriga que trataba de esconder debajo del terno de diseñador. Entendió el proyecto, entendió las cifras y sobre todo entendió que el Centro Comercial no pagaría un centavo por la revista a pesar de supervisar cada detalle de la impresión y el contenido. Tenían aún que decidir un nombre, el nombre de las secciones y el tipo de papel, pero Ricardo se haría cargo de aquello. Como no. Solís les presentó a su asistente, Giovanna Trocadero, que vestía de traje sastre, siempre parecía nerviosa y hablaba con voz afectada como hablan casi todos los pitucos de Lima. Ambos parecían correctos y gentiles, parecía un negocio redondo y el Ingeniero parecía estar contento.

Siempre me da cosa hablar con esta gente, le confesó el Ingeniero en el auto regresando a la oficina. Siempre parece que te sonrieran de compromiso y te estuvieran ocultando algo.

Para Ricardo los pitucos pitucos sólo se quieren entre ellos. Sólo se entienden entre ellos y se juntan entre ellos. Hay los pitucos buena gente que entienden a todo el mundo y hacen amigos en todas las clases sociales y son simpáticos y siempre es grato conversar con ellos. Hay los pitucos insoportables que creen que están en el país de los mil desastres y que le hacen un favor al país viviendo en él. Y hay los pitucos que llegaron a la escala más alta de la pituquería lamiendo culos y que para sostenerse en el mundo de los pitucos tienen que impostar la voz y aparentar todo lo que no son.

La ventaja de vivir en el mundo de los pitucos es que controlan todo lo que está de moda y la pasan bien porque el dinero les sobra. Tienen los clubes, las discotecas de moda, las fiestas, las playas y los restaurantes donde se congregan y la belleza está por todos lados, algo trascendental en esta tierra donde hay tantas mujeres y hombres feos. Y tienen tanto dinero a la mano que se pasean por todo el mundo cuando les da la gana. Eso último sí que lo envidiaba Ricardo Stoll para el que cada viaje significaba una terrible juntadera de plata.

Lo triste es que sean una minoría tan pequeña, una congregación diminuta cuya realidad no corresponde con la de la mayoría de la población porque no tener familia y no tener dinero en el Perú equivale a quedarte siempre alejado de ese 1 por ciento de la pituquería que controla las cosas caras y bonitas del país. Pero no era un problema sólo del Perú, viajar le había enseñado a Ricardo que la misma realidad de minorías y mayorías con sus actitudes de desprecio y sus irreconciliables diferencias sociales, existían en todos los países. Por eso corregía tantas veces a la gente cuando decían con actitud de desprecio:

Esto sólo pasa en el Perú.

Solís y su secretaria por alguna razón le parecían pitucos de la tercera clase, es decir los que se sostenían por sus actitudes de desprecio hacia los demás, por la impostura de sus actitudes y su voz. Dos tipos pedantes que lo único valioso que tenían era su posición económica la cual dependía de cómo se aferraran al trabajo que los amamantaba. Por alguna razón extraña a Ricardo esa gente le provocaba pavor, esa sensación de tratar con gente que nunca lo incluiría entre su círculo de amistades, esa relación laboral absolutamente fría en la que nunca estarían de por medio una conversación franca, un par de cervezas, una manotada en la espalda o una broma cariñosa.

Pero así era el mundo y él tenía que estar contento de estar dirigiendo un proyecto que parecía ser importante y tener mucho futuro. Y en la carrera que había elegido. Con algo de suerte y mucho trabajo pronto también tendría dinero y se llenaría de plata y tendría una oficina más grande y un carro más nuevo y un departamento de lujo.

Por alguna razón que no entendía del todo, aquél prospecto a Ricardo no le despertaba ningún vértigo, ningún estallido de júbilo, ninguna alegría inmensa. Lo suyo, eran los viajes.

Se tuvo que quedar más horas que nunca en la oficina porque la reunión lo había retrasado todo. Entregó sus artículos de Metropolitana e ignoró dos llamadas al celular diciéndole que tenía que pasar por la revista a recortar un poco el artículo de las “Guerras y Civilizaciones” porque Patricia había vendido una página más de publicidad y en vez de dos páginas el artículo tenía que caber en una. Se quedó en la oficina e ignoró una última llamada casi sobre la medianoche. Cuando estuvo en el carro escuchó el mensaje que no era de la revista sino de la chica de la tienda fotográfica que quería conversar con él. A esa hora casi no había autos en la Javier Prado, se le cerraban los ojos de sueño y sentía un intenso dolor en la parte de atrás de la cabeza, como un calambre. Pensó en virar hacia Barranco a tomarse una cerveza, pero más pudo el sueño, más pudieron las ganas de dormirse de una vez y dejar de pensar en la idea absurda que lo estaba atormentando desde la reunión de la mañana.

“Esto no es lo tuyo compadre, este negocio no te gusta, o es que en el fondo eres una mierda, uno más entre esos huevones que también regresan casi la medianoche a sus casas después de trabajar? Un conformista, un don nadie hijo de puta.”

Le hubiera gustado tener valor para responderse esa misma noche pero estaba demasiado cansado y tampoco tenía la respuesta muy clara.

Foto: Colegialas y micros. De: Pierre Pouliquin/Flickr.com

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