En un estrado que se eleva sobre el campo de un estadio de fútbol con entradas agotadas, el guitarrista de una banda de rock and roll hace gemir a las cuerdas de su guitarra, con la sangre acogotada en las puntas de sus dedos que acarician con violencia.

El hombre se retuerce y suda. Suda sus mechones de pelo que no disimulan la calvicie; y la flacidez de su carne blanca y sin sol. Miramos todo, porque la magia de las pantallas gigantes nos permite ser testigos de cada detalle de su desgarradora carrera por el pasillo que comunica al estrado principal con ese pedestal mecánico que se eleva y lo pone sobre las cabezas de miles de asistentes que seguramente que lo aman.¿Cómo no amarte Angus Young?

A un lado del estrado, junto a un bajista con serios problemas de caída del cabello; el vocalista de esta banda–implacable perfil de estómago curvoso, fofa triple papada–contorsiona un cuerpo que pareciera pertenecerle a uno de esos felices sexagenarios limeños que te recuerdan con pasos enfáticos pero cansados como bailaban ellos cuando escucharon por primera vez un disco de Billy Holiday y sus Cometas.Cuesta creer que esa voz puede salir del cuerpo cansado de Brian Johnson.

Estos dos individuos han sido capturados antes en video y en audio. Se llaman AC/DC. Yo he gritado con ellos, en casete y en disco compacto–últimamente en iPod–e incluso los he escuchado en vinilo a escondidas y a oscuras, temeroso porque las malas lenguas decían que eran satánicos.

Esa noche de estadio-completamente lleno, hace 8 años que no hacen gira en los Estados Unidos–dos horas de tráfico y de túnel desde Manhattan; sus miserias rockanroleras me obligan a pensar que el ritmo más vital del siglo XX se nos puso viejo.

Una opinión personal: no vayan a verlos. Escuchen todos sus discos, griten sus letras que incriminan a un mundo que no se sabe divertir lo suficiente.

Pero verlos en vivo–sólo sombras de aquella imagen de una banda con cuya música tantos humanos habremos saltado sobre las cubrecamas adoloridas de nuestra adolescencia–es un mal viaje.

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