Camilo me ha llamado como a mediodía para recordarme que íbamos a ir a la playa. Le he hecho la taba a que se compre su ropa de baño, que ninguna le queda, ni siquiera la que se ha comprado: se la amarra y se le desata al toque. Vamos a Coney Island que el agua está rica y felizmente durante la semana no hay mucha gente. Hay una toalla negra con una rusa buenota ¡Qué linda estaba la rusa! y la toalla un poco más y se la clava allí delante de todos, sobre la arena. Estas cosas me hacen recordar Silaca. Hace un calor horrible pero por la tarde se pone soportable. Después de la tarde, la esquina italiana y una lasagna generosa en el Village, luego el tiramisú esencial al lado de Washington Square.

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