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Recuerdo que el 11 de setiembre, estando en Manhattan, me asomé detrás de un grupo de gente en un hotel de la Setima Avenida, frente a un televisor donde pasaban las primeras imágenes del segundo avión que se estrelló contra las torres gemelas (aún no se habían derrumbado). En ese momento, en el cual yo asociaba el lío terrorista con mis experiencias limeñas (el atentado a la IBM en que volaron los vidrios de mi casa, Sendero tratando de incursionar de noche al pueblo de mi mamá, mis excursiones al edificio destruído de Frecuencia 2 y a las ruinas de la calle Tarata) escuché la voz de alguien que decía “Esto significa guerra”.

Me sorprendió mucho porque en mi cabeza subdesarrollada terrorismo significaba preocupación, esconderse, tomar previsiones. En la cabeza de los americanos, ataque significaba revancha, venganza, contestación. El ojo por ojo.

No todos los americanos piensan lo mismo. Pero los que tenían el control-y aún lo detentan-eran Bush y sus cómplices. Digo cómplices porque lo que en algún momento se quiso justificar como un intento de expandir la democracia al Medio Oriente cada vez queda más claro (y más turbio) que no ha sido más que una tremenda excusa para maltratar a un país ya de por sí maltrecho.

Acabo de leer que se está apurando una ley para que las compañías petroleras del mundo puedan entrar a explotar el petróleo de Iraq. Entre justificaciones patriotas y lloriqueos republicanos por dinero para los soldados, los americanos están presionando para que salga una ley que proteja la inversión privada (el petróleo fue estatizado en Irak en 1972). Así que ahora empieza el reparto del botín. Antes de que los demócratas decidan que el ejército tiene que irse de Irak. Antes de que algún fundamentalista decida que nadie tiene derecho a beneficiarse con jugosos contratos sin la aprobación del pueblo de Irak.

Y los republicanos que juraban que Irak sería un mejor país sin Saddam. Allí está el ejército, los soldados a cargo de la penosa tarea de resistir mientras las compañias petroleras se instalan en Baghdad y las oficinas de Exxon, Shell, Mobil, reemplazan a los cuarteles. Asegurar las ganancias es la consigna. Porque es muy fácil quemar una bandera nortemaericana, pero quien se meta a bombardear un grifo Exxon es un terrorista, eso es un atentando contra el sagrado libre mercado.

Toda el dinero que cierta familia ha ganado negociando los combustibles debería ser confiscado para reparar los daños que se le ha hecho a la imagen de la democracia en el mundo. Criminales que dictan leyes en Irak. Farsantes. Miserables.

Para terminar una noticia de hoy en msnbc. al parecer los robos son más burdos de lo que yo pensaba. Se roba a manos llenas en Baghdad. A muy alto nivel. Que nadie se vaya de Irak sin su millón de dólares en los bolsillos. No los soldados por supuesto, sino los de arriba, esos maestros en el arte de engañar.

In one example of insufficient controls, the United States stored hundreds of millions of oil dollars in a vault in a Baghdad palace. Government auditors found that the key to the vault was kept “unsecured” — in a U.S. official’s backpack.

Iraq’s U.S. administrator, Paul Bremer, pledged last year to hire a certified public accounting firm to ensure proper controls. But the United States gave the contract not to an accounting firm but to a tiny consulting company, Northstar — which NBC News found is headquartered at a private home near San Diego.

“They violated the rules. They picked a contractor who didn’t meet their requirements,” says Paul Light, a government contracting expert and professor at New York University.

Northstar’s president says the Pentagon knew Northstar was not a certified public accounting firm and that four experienced employees went to Iraq and did a good job. However, one audit notes that a single Northstar employee maintained spreadsheets tracking billions of dollars.

Bremer would not comment. His aides say Iraq is a war zone and their top priority was getting money quickly where it was needed, even if the accounting wasn’t perfect.

But NBC News has learned that a draft government audit faults the United States for “inadequate stewardship” of up to $8.8 billion in oil money, handed over to Iraq’s ministries but never fully accounted for.

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