No sé exactamente por qué me gusta Sófocles.

Como buen peruano cuyo interés por la literatura no pasaba de ser superficial, me mantenía siempre al día con el último libro de García Márquez, Bryce y Vargas Llosa y leía lo que me recomendaban y me caía en las manos. Pero no tenía ni idea de lo que decían los griegos.

Recuerdo una vez que llegó mamá a la casa y me dijo que había tenido una conversación muy interesante con un amigo de la familia que le dijo que había que leer a los griegos, porque “Ellos ya lo habían dicho todo”.

Pero ni siquiera porque tengo este nombre me había preocupado por leer–fuera de uno que otro pedacito que llegaba a mis manos en malas antologías–La Iliada o La Odisea. En el colegio leímos Un mundo para Julius, Aves sin nido, De amor y de sombra y Cumbres borrascosas. Por mi cuenta había leído Cien años de soledad, La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo, Santuario y El lobo estepario. De poesía lo único que había leído era a Vallejo y las antologías (Chocano, Eguren, Becquer, Dario etc, etc)

Y lo que me caía en las manos. Que mirando ahora hacia atrás, al parecer no era ni mucho ni de muy buena calidad.

En la universidad tomé como misión leerme todas las novelas de Vargas Llosa. Leí los cuentos de Ribeyro. Leí a Kafka. Leí a Eco y a Suskind. Un par de novelas de Kundera.Mucha teoría semiótica y de comunicaciones, marketing y mucha historia del Perú (me impresionó María Rostorowski). Y uno que otro poema de los “poetas malditos” que publicaban por ese entonces en las revistitas subterráneas. En la Alianza Francesa leí por primera vez a Rimbaud.

Antes de venir a EEUU descubrí a Bukowski, Ichiguro, Kennedy O Toole, Nabokov. Lei El amor en los tiempos del cólera y El viaje interior de Ivan Thays. Leí La noche es virgen y me pareció un asco de novela. Leí más Bukowski, Sábato, Hemingway, Cortázar, Benedetti y Jorge Luis Borges (sin entenderlo a Borges, sin agarrarle el gusto).

En EEUU me encantó una novela de Michael Chabon, otra de Murakami, leí a Salinger en inglés, a Steinbeck, a Fitzgerald, a Frazer.

Pero mi amigo Camilo Torres me dijo: si quieres tomarte en serio la literatura,tienes que empezar leyéndote a los griegos. E hizo una lista: La Odisea, La Iliada, Esquilo, Sófocles, Eurípides, y la lista en el futuro seguia con La Eneida, La Comedia, Shakespeare…

Me dijo que Esquilo era el maestro de maestros. Sófocles era el más renombrado, Eurípides era el influenciado, el último de los grandes pero no tan grande… Me gustó Esquilo pero me encantó Sófocles. De más está decir que La Odisea y La Iliada están entre mis libros favoritos junto a varios dramas de Shakespeare. Junto a Sófocles.

Me gusta. Tengo una traducción que me fascina de Moses Hadas, de la Bantam Books. En papel misio, y tapa de cartulina negra.

Algunas veces que no sé qué leer, simplemente cojo el librito y me lo llevo en el tren. Hojeo alguna tragedia. Nunca me decepciona.

Esta mañana me llegó a la oficina el ejemplar de abril de la revista Poetry. En la contracarátula están impresas estas líneas de Sófocles en color púrpura:

O for mortals, what
Power there is in songs,
What greatest happiness
That can make bearable this
Short narrow channel of life!

Me alegro de conocer a Sófocles.

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