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The New York Street

Un blog lleno de historias

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New York City

Con Alejandra en casa de Beka, 10 de marzo

Cuando hablamos del siglo XVIII en la literatura inglesa, nos referimos al siglo del doctor Samuel Johnson. Erudito, poeta, ensayista y animado conversador, Johnson escribió, entre otras cosas, una obra fundamental: el primer diccionario de la lengua inglesa.

Esta tarea monumental para el idioma–que en Francia puso a trabajar a toda la intelectualidad durante casi medio siglo–le tomó a Johnson aproximadamente 36 meses. Al pedírsele explicaciones sobre su rapidez, comparando el tiempo que le demoró a Francia tener listo su diccionario, el Dr. Johnson no pudo dejar de mencionar «la mayor calidad de los ingleses».

En el diccionario, son famosas sus alusiones a la naturaleza, a las redes (network) y al grano, donde el erudito denota sus inclinaciones como moralista y como observador. También su maestría cuando se trata de ser hiriente: «el maiz en Inglaterra se le da a los caballos, en Escocia ha de alimentar a las gentes». Johnson también dice que: » Naturaleza no es el paisaje que nos rodea, sino un estado ejemplar, una virtud a la cual se llega por medio del estudio y la paciencia». Otra de sus obras principales es Vidas de los poetas, donde hace una sesuda comparación entre las obras de Dryden y de Pope. El Dr. Johnson publica dentro de los lineamientos de Addison–aunque sin ceder a su idea original, ni aligerar sus contenidos (así The Rambler es mucho menos divertido y ligero que lo publicado en The Spectator por Addison y Steele).
En el tren sigo leyendo los cantos a troyanos y aqueos. Los teucros cuentan con la voluntad de Zeus, aunque los danaos tengan la preferencia de Hera, de Atenea y del hermano del Cronida, el poderoso Poseidón. A Odiseo lo han cercado los domadores de caballos, pero llegan pronto a rescatarlo de la muerte. Al Tideida lo hieren y Héctor ha traspasado los fosos, a pie, abandonando los caballos. Ha desestimado la presencia de un ave agorera pero al parecer Zeus le protege, porque ha conseguido romper los cerrojos de la puerta de la muralla erigida ppor los griegos, (afrenta al Dios de los mares, que luego éste se ha de encargar de derrumbar.) Y ha avanzado con sus tropas, dispuesto a prenderle fuego a las naves de los aqueos. Mientras tanto Patrocolo ha sido enviado por el Peleida a averiguar la identidad de uno de los heridos, y Patroclo, en su camino de regreso, ha debido escuchar el recuento de las calamidades que se suceden sobre los sitiadores de Troya.
Beka nos ha recibido con un excelente vino tinto, y ha escuchado entusiasmada mi historia–desde la visa de estudiante, hasta mis estudios. Luego ha hecho miles de preguntas sobre el viaje entre Quito y La Paz y el clima en Lima y en Iquitos, curiosidades que Alejandra y yo hemos tratado de satisfacer. Dejamos su departamento en el Upper East Side y nos vamos a un restaurante chino sobre la avenida Lexigton, donde el arroz lo preparan como se prepara en Lima.

Si la Irazo no llama, vayamos al Apocalipsis, 5 de marzo

El banco de Williamsburg es la mejor referencia para quien viva en Brooklyn. Puedo decidir cuan lejos, cuan al norte, cuan al sur estoy. Si almuerzo en Smith St. , a donde caminar para coger el 65 de vuelta a casa (sobre Atlantic), si regreso de Williamsburg, la vereda para tomar el 48 que me deja en Dean. Viniendo de las carreteras principales, para indicarle al taxista donde tiene que comenzar a preocuparse o, si se pasa demasiado, para decirle que se ha perdido.
Siendo Brooklyn una ciudad plana, desde Manhattan el Williamsburg Bank destaca. Saliendo de la boca del metro, me ha servido cantidad de veces. Cerca del banco asoma el BAM, principal centro cultural de Brooklyn. Natalia trabaja a medio tiempo en el BAM, donde los festivales de cine alternativo del Village Voice o los internacionales de danza se llevan a cabo.
La tarde en Fulton mirando la ropa dar vueltas, la lavadora, la secadora, la botella de suavizante, el chorro preciso para que huela pero no apeste. La lavadora grande, la normal, caliente, no tan caliente, casi sin calor para que a las prendas no se les vaya el color. Una bolsita de semillas de girasol, con pasas, con trocitos de pretzels, con nueces, algunas veces. Empiezo un resumen ajustado de mi vida, para Bob Carling, que ha prometido escribir una carta recomendando mi ingreso al Master de Literatura. Vuelvo a mencionar los detalles de los amaneceres en Anqui, los viajes en yegua desde Jaqui, los olivos de Yauca. Martha dice que en Florencia los pedazos de pan te los sirven con aceite de oliva casi verde, en Suba hay que esperar hasta la 1 para poder entrar, por ahora solo sirven cena. Caminamos toda la Avenida C. Patrizzia, ¿Onde os has metido? Y su amiga que se va temprano, Martha, me ha mostrado su foto orgullosa junto a Woody Allen, lo cogieron saliendo del Carlyle con su trompeta, pero si te quedas en la barra no tienes que pagar los 80 que cuesta verlo en vivo. Se le ve al envejecido Woody, como una estatua en el video, un robot que coge la trompeta, aunque lo haga bien. New York , New York. Mejor se la pasa uno en Bellavista, pero que dices, en Chile todos son fomes, y los taxistas, escandalizados si llevan cinco personas, rezagos de la dictadura, pero este pueblucho, no hay nada, vamos, abre la cerveza en el fondo del Barraza, bailamos salsa, la Modelo en la lata, todos muy apretados, pero es que tengo que encontrar ese bar decadente con los wiskis a cinco pesos. Por la A tal vez? El Sub Tonic estaba cerrado, arriba tocaban jazz, sonaba bien, pero en Alphabet City los bares no parecen decir nada especial, entramos en el Apocalypse, y aparte de todos los punks, nos sentamos en el estrado y una bandera de los Estados Unidos dentro de un balde blanco con agua. Empieza la performance: los dos tipos vestidos de blanco empiezan a lavarla. Elisa sobre el hombre del que filma, le dice: Burn It¡ y el tipo voltea, con una sonrisa..Me cago en la leche de Patrizzia!! ya estamos entrando en el metro, el J, Elisa me dice que me puedo quedar en su casa, Irazo llama desde el restaurante vietnamita en Chinatown, acaba de ver los cinco mensajes perdidos, y Martha que se parece a Ainoa, aunque seria, tal vez por aquello de trabajar en tantas ferias anualmente, pero los mismos ojos, aunque no la sonrisa de guarra. No-tiernito el tipo-Wash It, Wash it…because it is Dirty… Y solo a Elisa se le ocurre decirle que la quemen, pero es que en Chile a cada rato queman banderas de Estados Unidos, y nos acabamos la cerveza polaca, escuchando a Piazzola, y se acaba toda la cerveza, el pescado con quinua estuvo delicioso, la quinua es peruana que te quede claro, como el pisco, cachay? el pescado toma vino con nosotros, y si supieras de donde viene, rico rico, jugoso, fresco, hay que sobrevivir, cachay? y la cerveza y las botellas de vino en mexicano, antes de venirme, en el supermercado, y si ha vivido en la frontera como es que el polaco no entiende que le digan que se lo chingan. A la que se chinga es a la oriental que viene todos los viernes puntualmente. Y la roja sin tiempo, apenas para cenar con su padres y para recoger una ropa en Williamsburg, como treinta minutos para que se seque, y desde Williamsburg se puede ver el Williamsburg Bank, escribo sobre mi viaje a Brasil.., los dos viajes y esta es Rossana, que le han dado el premio de honor de la PCUP y que publican su cuento de Los Olvidados en todas las lenguas europeas para la Comunidad. Y bueno que ya era hora, tanto tiempo escribiendo. Leo a Quevedo mientras almuerzo el chifita en Smith, los mendrugos que le pasan a Pablos, las tripas transparentes de la vida de quien odiaba con certeza y apasionadamente a Gongora, miope y cojo, se las arregla para poner su nombre en la picaresca y por todo lo alto de la literatura del 17. Claro que me interesan los griegos, pero quiero leer a los que destruyen las estructuras, cachay?

La vida simple en NY y los tatami shots, 26 de febrero

Tokyo Monogatari
La historia simple y conmovedora de Tokyo Story (Tokyo Monogatari), dirigida por Ozu.

Mathew quiere escribir con fuego en las hojas marchitas, y luego ir a descansar en una playa mexicana, en Puerto Escondido; Erich, cree que los atentados del 11 de setiembre fueron una ataque contra la arrogancia y que los Estados Unidos perdieron su oportunidad de arrepentirse y empezar de nuevo, su casaca tibetana se la trajo de Thompson Street; Erick quiere en un lustro terminar con el mayor museo infantil del mundo, ya lo es posiblemente de los Estados Unidos; Lori quiere ser psicoanalista, pero antes debe dejar de mirar a Alejandra de pies a cabeza; Monty, como el amanerado de la pelicula Whitnail and I, era el manager de los Ramones, Erick es su primo lejano, los dos son judíos, pero Monty lo dejaba ir al backstage, sin embargo no tiene libros para regalar y Alejandra casi se queda con el ejemplar autografiado de Erick. De todos modos hay que ver End of the Century, el documental, el 26 de abril en el 13. El beso en la boca, llama la Roja, Rachel quiere hablar, ella sigue a la defensiva, vamos a vernos el domingo. Es demasiado floja para venir a Greenpoint desde el Upper West Side.

 

Rachel me hace comer del plato preparado por Lori, le falta sal, Rachel dice que crudo. No lo termino. Los enrolladitos japoneses son ricos, el vodka con jugo de naranja, Rachel se ha servido demasiado, Rachel persigue a Mathew, ella y sus gustos ríe Alejandra, Erick promete algo para bailar, pero neuro, la neuro no es sencilla de complacer, y el aliancista no le da bola, se asusta cuando se le acerca a pedirle droga, Rachel toma demasiado, quiero emborracharme, Alejandra conversa sobre el fuego, se puede escribir con fuego, manejarlo como una criatura viviente, usarlo, pero hay que estar preparado para entender los devaneos, para utilizar los momentos en que una llama se escapa del todo, para no quemar el papel sin querer, para quemarlo bien queriendo. Alejandra en la esquina condena a las hebreas, sobre este banco de madera, al lado de esta lámpara-injerto, de troncos vivos-, de lianas, al lado de esta comida del «Whole in the Wall», yo te odio, la que me pide CC para todo, la fea, la horrible, la intelectual reprimida, la que todo le molesta de mí, la que jode pero reconoce que manejo mejor mi tema, y yo les hablo, las miro a la cara, a su nariz horrible y siento que se les puede odiar para siempre, no chato, no la roja no, ella es linda, pero las puedo reconocer a 10 cuadras, su perfil, su modo de hacer las cosas, pedantemente, quieren ser los mejores pero les falta algo, claro, eso no lo tiene Kullan, tampoco el de Amsterdam, el que la vió de luto a Francesca Ucelli, esa vez que se estrella la avioneta en la selva y se cae el Himalaya y del bus cae la chica de El Comercio al precipicio, y la intolerancia, y el musulmán que asesina al cineasta en las calles de Amsterdam. Las torres eran no uno sino dos grandes penes de prepotencia, y Rachel se sirve un trago de Baccardi y pasa del baile porque estos gringos, pues, no tienen gusto, no saben bailar, como en las fiestas de Woody Allen, totalmente, elite intelectual, tienen sus cosas, pero los latinos, y Alejandra, tienes que ver, a veces estos son racistas, pero los latinos, vamos, casi la una y Rachel se tambalea por la acera, el taxi de uno que vive al lado de nosotros, boliviaano, 5+1 de propina, en tiempos de crisis todo cuenta, donde nos traes, es peligroso? no se escucha nada, pero si son latinos, así sean chilenos, no pueden estar durmiendo… suena la alarma que abre la puerta, subimos los cuatro pisos, que tacazos Rachel, Alejandra, que tacos, pero la gente baila frente a la pantalla de cine, Pedro en una esquina intenta organizar esta fiesta, soy un huevón, y no he aprendido nada, tengo una hija y yo a la Elisa la quiero cachay pero no como ella me quiere, pero para eso han pasado muchas cosas y la silla de ruedas fue casi al final y el beso, casi un roce de labios, estoy borracha Ulises, estoy borracha, y por eso no me gustan los latinos, has visto? inmediatamente estiran la mano y ven-pa-ca mamita, ves lo que te dije, tienes razón, en Cuba no, eres un machista, machista, pero es verdad, eso es lo que pasa, tienes que saber comportarte de acuerdo a los que ves, y en Cuba he bailado con el negro pegando el culo y nadie se imagina nada. Sí sí, así es en La Habana, a tu amiga sácala de la carátula o de dónde sea, es una acomplejada, espero que escriba, el pelo es todo lo que tengo de rasta, de reggae nada, y esta musica, la hemos armado la fiesta y luego ponen esta cagada, pero consigo poner El Alcatraz, cambio de iPod, Matador, Zoom, Quiero Tener tu Presencia, Semilla Negra, la de La Liga, sus brazos me aprietan, sigue mis manos, deja, tu mueve los pies, bailamos, salsa, pegados, me lleva, no respiro, es pesado, la neura, que me ha cambiado, me pide Elisa, trae una Modelo rubia, como las de San Francisco, en el hotel, le he robado un beso a la cholita dormida, esta vez no he hecho nada, son solo dos labios pegados y el cineasta argentino que le den por el culo, me tienen que hablar de cine y que se va a Egipto a hacer un documental y yo conozco a todos los directores de HBO y que se jodan los latinos, eso somos, por eso estoy feliz de haber venido a Nueva York, por eso no me quiero regresar, no me imagino a Kullan llorando, no puede decir no, la coca es rica, pero nunca puede decir que no si le pones una bolsa al frente, siempre con su bola de hierba y su porro, hasta aquí llegaron las cosas, pero me ha ayudado mucho, me ha dado seguridad, el es muy desprendido, me dice algo gracioso al despertar, me hace reir, la roja estudia Trilce de Vallejo, solo ha leído los Heraldos Negros. ¿Dónde estas? He tenido una cena con Paloma, era lo que iba a pasar, pero ¡Recita el «Canto de nuestras damas lobas»!

 

¿Y La Roja? Sí, la Roja ha llamado luego de un momento de debilidad en el mail, tienes que ser paciente me dijo mi madre mientras compraba tres trozos de bisteck, lomo saltado, ¡Can Can tiene novia!, ordeno todo para que usen el Internet, esta tarde fue Tokyo Monogatari, con Chishu Ryu y Chieko Higashiyama, dos ancianos que llegan a la ciudad a visitar a sus hijos, decepcionados, han cambiado las criaturas, no les costaba nada esforzarse un poco, los han hecho sentir una carga, los han enviado a un centro de veraneo, se han sentido viejos y un estorbo, nadie los quiere tener, y la hija es la peor de todas, la diferencia con Noriko, Setsuko Hara, es gigante. Ella no tiene a nadie, gracias, muchas gracias, yo se que esto lo necesitas mucho, que podrias usarlo para ti, por eso vale mucho, te debo mucho, Noriko se queda varios dias, Ryu descubre la soledad con los tatami shots de Katzujiro Ozu, nunca pensaba que estaría entre los 10 mejores filmes del siglo, en 1953 ni siquiera fue el mejor de 1953 para los criticos, pero hoy, es tan real, tan cotidiano lo que cuenta, tan triste, alguien le dijo a Alejandra, que te pasó hija, eso fue ayer, no tengo arrugas en la frente? ¡Qué vas a tener! Caminamos, hace frío, Rachel se va en el primer taxi, llama cuando estamos terminando la sopa de grasa y pollo. Nunca ha comido en un sitio como este en Nueva York. Yo tampoco, pero luego de Los Agachados cualquier cosa. Es cierto. A Dean St. A Park Slope, cuando llegas, llamas, te encuentro en la esquina de la Quinta con Dean, tal vez un Mancora, nos vemos, no te olvides de la pelicula muda, cierras la puerta Ulises, mi nombre tampoco lo pueden pronunciar, ni el mio, ni el mio, y yo soy Alexandra, dice. Escribo dos lineas hacia California, no puedes ayudar a tus padres cuando esten en la tumba, 6 lucas, con propina, dos sopas, vino, Beck, Modelo, Brooklyn Lager, cinco a.m.

Dancing with the whole world, 25 de febrero

 


Henry James
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Puedo devorarlos con los ojos, dice ella. Y tal vez es cierto. Creo que lo mas rico que tiene. Habla pausada, pero no es la cucufata que yo creia. Son las mascaras, dice. Para que no confundan sus intenciones.

Pero lo que desea con mayor ansiedad es bailar pegadito, que la inviten a salir. Tiene unos ojos marrones claros, deliciosos. Y la vista sobre el lago congelado, con el fondo de los perfiles sobre el parque, con el viernes que se desvanece de todos los colores, los senderos oscuros se bifurcan interminables, recorremos todo lo que podemos antes que nos aplaste la noche. Me quedo con esa vista de Central Park y con el atardecer en el puerto. Cuando estuvimos en Brooklyn Heights estaba demasiado nublado.
Llego sobre las 7 a la casa de Rachel,que esta completamente de negro y mas delgada. Alejandra toma una ducha y salimos. La fiesta en Naciones Unidas primero parece una kermesse, las actuaciones no se han organizado, los encargados de los artistas, la comida, el sonido, parece que han improvisado. Felizmente, cuando se acaba el escenario y empieza a sonar el baile, entran en ese ritmo todos. Los paises representados son, al menos que yo sepa, India, Sri Lanka, Cuba, Argentina, Mexico, Bolivia, Peru, Japon, Italia, China, Estados Unidos. Alejandra sentada, mira la caminata acomplejada del cantante de JAS. Sigue de cerca a la bailarina de «booby dance». «Ese tipo necesita ayuda». Me gusta la naturalidad con la que baila y sonrie Alejandra. Pero sigue obsesionada con la vejez. Volvemos en taxi, en su departamento, neuro enciende un porro pero paso. Me fumo un American Spirit mientras Gianpaolo arma el estante que se ha comprado en Home Depot y revisamos las fotos del arbol gigantesco al lado de las residencias de Ford y de Edison en Fort Mayers, Florida. Las fotos del cocodrilo respirando sobre el agua en los Everglades, los retratos cuatro dias antes el 11 de setiembre. El regreso hasta Brooklyn con Ale, cayendo dormidos. Alejandra cabecea, yo he preferido bajarme en Bergen y caminar, demoro menos que esperando el A en Fulton Street.

El libro que saco esta tarde, y que he leido solo en el tren antes de encontrarme con ella, es The Turn of the Screw, de Henry James. Me ha atrapado. Todo lo que lei antes de James, fue esa separata donde defiende la novela por la novela. La misma trichera de Conrad, y de Borges. El idioma es fabuloso, igual que la historia. Pero voy apenas por los primeros folios.

Cae la nieve sobre Central Park, 21 de febrero

 


Snow in Central Park
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Las puertas del parque deshojado, tiritan valientes pero sometidas bajo el peso de la de nieve. Sus formas resbalosas han soportado el embate de la noche y permanecido firmes, solemnes; como los soldados a la puerta del palacio, ataviadas de brillo al amanecer.

Me recibe su silencio ceremonioso, entrecortado a veces por el sonido de los carros quita-nieve, de los andantes que han madrugado para verlas: inquietos retratistas algunos, ciudadanos con perros urgidos otros; los menos, simples enamorados del mar blanco.

Pero entre esos arcos regulares, bajo esos lienzos que se dejan levantar por el viento y regresan a su lugar con espartana sobriedad, todos los visitantes compartimos el rostro de turistas.

Así me lo hace entender una veterana de gruesos espejuelos verdes «Gracias por venir a Nueva York», me dice luego de acceder a fotografiarme al lado de uno de los senderos. Le respondo cortesmente que yo vivo en esta ciudad y aquella respuesta parece desilusionar su ensayada cordialidad neoyorquina.

Entre la tela de neblina, pasan algunos rayos. Insuficientes para serenar la avidez de los copos asustados, pero justos para empezar la tarea de reconstruir el paisaje original, el de las copas calvas, el del suelo salpicado de tintes apagados.

Empujado por un vigor inusitado, enrumbo hacia otro destino fascinante. Al llegar a Coney Island, la playa de frontera de Brooklyn, la marea ha deshecho parte de la tormenta y la orilla nevada se ha replegado unos treinta pasos tierra adentro, junto con ramitas y algas, que picotean algunas gaviotas, caminando resolutas sobre la arena revestida de tintura blanca.

Hace exactamente dos años, en un articulo para Europa, escribía sobre la codicia de Occidente sobre las calles de Bagdad y el clima de paralisis en una ciudad acostumbrándose a las siluetas y las sombras que se cernían sobre sus calles, proyectadas por los hambrientos perros de la guerra.

Veinticuatro meses despues, la historia ha escrito varias páginas, asumo que algunas de ellas trascendentales en el horóscopo que han trazado los astrólogos, sobre el destino de este parque, de estas puertas, de esta playa, de este mundo.

Pero las puertas ni las gaviotas saben de la modesta propuesta de un presidente ni de lo que han escrito en el oriente sus yahoos desbocados.

Sospecho que de saberlo, así como yo me he asombrado ante el modo voraz como el tiempo devora los vestigios de la memoria, las puertas azafranadas no lucirían tan solemnes; tal vez empezarian a desvanecerse o se caerían todas en una especie de cataclismo simultáneo y, las gaviotas que deambulaban esta mañana con calma, bajo el perfil de la montaña rusa y de la rueda de la fortuna, al enterarse del nombre de la isla y del carácter de sus habitantes, alzarían vuelo al instante, muy asustadas.

Williamsburg va bien, 20 de febrero

He despertado pasadas las 12. Anoche me he quedado demasiado tiempo en el Umbrella House y hoy el día se ha hecho muy corto. Camino hacia un restaurante cercano pero termino por tomar el bus hacia Williamsburg. Odio almorzar solo asi que decido visitar a Elisa y a Patricia en el loft sobre Broadway en Williamsburg. ¡Qué deliciosos los huevos fritos con pan de molde! Pero bueno, solo un aperitivo porque Elisa demora demasiado en la esquina lavando, con la resaca de los tres vinos con Pedro al regresar por la noche. Filman afuera, la esquina del cine abandonado. Nos acomodamos para ver Eternal Sunshine of the Spotless Mind, escrita por Charlie Kaufman, este nuevo prodigio de los guiones americanos. Otra vez los mismos giros que lo hicieron famoso con Adpatation, con Being John Malkovich. El punto que hace girar todo es el descubrimiento de la secretaria, víctima del doctor, y esta imagen deliciosa sobre la arena nevada de Montauk. El tren a Long Island, el cabello de Kate Winslet, los dos echados mirando las estrellas sobre el río congelado..Hemos marchado desganados hacia el concierto de Blues Grass, total Pedro que huye de la fiesta de los retrasados. Pero como el plan es ahorrar y a Elisa todavia no recupera medio hígado, tomamos dos tecitos demasiado dulces en la esquina turca sobre Hudson, a media cuadra del Katz. Antes de salir ha comenzado a nevar, y Patricia dice que la nevada no cuaja. ¡Pero sí que ha cuajado tía! Y el sobretodo se cubre de copos blancos..

Otra vez las dificultades para medir el fracaso, 19 de febrero

Hace mucho tiempo que no despertaba pasado el mediodia, hemos ido a dormir casi sobre las 5. El brunch en Smith , en el Máncora. No es caro, $7.95 por un plato y un trago. He pedido por primera vez en mi vida un Bloody Mary, pero no he podido terminar. El sabor del tabasco es demasiado fuerte en la boca. Ahora tengo Vasos Vacios, Peter Tosh, samba de enredos, Chico Buarque, Caetano Veloso, Tricky, David Byrne, 10,000 Maniacs, Bebel Gilberto que es preciosa. Las nubes de Carrol Gardens y su cielo azul en forma de collares de perlas. Los bordes guindas de la ropa interior, el brassiere a mi espalda, las pupilas iluminadas de un bus directo hasta la cena, antes de que caiga la noche. El cielo estrellado no se puede comparar con los atardeceres regresando a casa. Los compromisos no se asumen con muchas ganas. Claro, me hubiera gustado que repita muchas veces menos su nombre, pero es el recorrido de la historia. Historia de la que yo he sido muchas veces importante protagonista. El ineludible deber de esperar o seguir su camino. Seguimos sobre Smith hasta perder la boca del metro, el cebiche Mancorita sigue divertido su liturgia, el cafecito con nueces chocolatadas se repite antes de la despedida y mi sonrisa es neutra. Nadie debe decir nada en esta parte, es como una comedia. En el gimnasio se ha de endurecer su cuerpo con los sonidos de la madrugada esperando la cita, el regreso en clave de seguro que cubre el terapeuta, la dicha de hace algunos meses y la victoria de poder invitar al huésped que ha venido para la semana privilegiada del Parque. Las colaboraciones empiezan con un tinto sobre Losaida al frente del Umbrella House, el encuentro de la Casa Tomada con las redes y sobre las virutas emplumadas de los poetas. El bisteck encebollado en Houston, con la dominicana de la vocecita ronca equivocando el plato. La voz que recuerdo es la de la boricua cortando las dés de todos sus versos y recordando el viaje a La Habana. Es gordita y blanca pero el tono de su voz carga a todo el Caribe encima. La carita de Cuenca hace gestos de locura cuando tiene que referirse a Lima y su viaje de regreso desde el Cuzco, Elisa me cuenta como cayeron las gotas bajo sus lentes oscuros en Manhattan, pero que ha solucionado el verso del dinero con una llamada que corta la renta en dos fragmentos. A Camilo se le antoja el encebollado pero ya no quiere regresar. Se va para Jamaica, intransigente. Al regreso se han achicado las voces y abre Manuel Tiberio el programa de la computadora y empieza la academia, mientras Ricardo sigue mandando mensajes de un lado a otro y la portada es la del pintor paisa, y la del libro es Manuel Tiberio sosteniendo las riendas del caballo en Caicedonia y sigue de este modo la charla. Al fin de cuentas son sus primeras semanas de un viaje retrasado 15 veces en la vida. Pero charlemos: En Colombia vive la esposa y Nueva York es el destino temporal.
No vino Patricia esta noche, debe estar retratando pintores en Williamsburg, se ha quedado pastando en Brooklyn. ¿Dónde se fue todo el vino tinto? Me ha venido todo el cansancio encima y he estado a punto de dormirme en el cambio de las estaciones para tomar el A, en Jay Street.
El diario de anteayer lo he escrito en dos partes, el de ayer, tiene dos partes igual, como las noches y los días que vienen. Siempre hay dos partes que no se pueden encontrar, siempre hay dos partes que caminan separadas por una distancia que parece corta, cruzable, vencible. Sin embargo los enemigos suelen ser mayores y poderosos, sin fuerzas extraordinarias, pero las suficientes para que las partes sigan caminando a cierta distancia.

Es verdad que esta filosofía ha sido recurrente, que los finales de los libros, las últimas escenas de los filmes, las vidas anticipadas, no se pueden transformar. Todo ya ha sido escrito y las variantes son trucos para que uno no abandone el barco.

Hernandico, las monjas, moros y cristianos; 18 de febrero

Como a las 6 de la tarde ha comenzado la charla, de un expositor norteamericano, graduado de literatura, sobre la experiencia de los moros y la Inquisición, luego de la derrota de los árabes en Granada. El concepto esencial es el apego de los ciudadanos pobres, al arte primitivo del chisme, y el modo como la iglesia utilizaba la inocencia y simpleza de los campesinos para mantener a raya a la iglesia musulmana. Una de las historias tomadas como ejemplo para el estudio, es la de Hernandico, un morisco que tiene la mala suerte de escuchar a un grupo de monjas ,que entonan despreocupadamente un tema morisco. Hernandico al ser acosado por las asustadas religiosas, levanta su voz contra el insulto y, de cierto modo, asume su postura musulmana. Hay muchos otros casos. el discurso termina ante la nota aprobatoria del profesor Isaías Lerner, de la directora y de los pocos alumnos. Sospecho que no vendran más. Me estoy durmiendo. Entrando a Strand lei los comentarios de Swift, al comparar las imágenes con estos frescos de Goya, que al parecer son idelaizados hasta mediados del XIX. He empezado a leer el prefacio a la antología de James y las notas del autor. Todo el resto del dia: aburrido, felizmente no hay mucho que hacer, excepto raspar las fotos, pues es complicado. Sobre James, lo interesante es su forma de entender el arte como significante por el arte mismo, no se pliega a ninguna literatura comprometida. Y el cuadro de Goya: Qué mejor recuerdo que éste,  la figura de Kronus devorando a una mujer. Los estudiantes de postgrado son en la mayoria europeos, hay un gallego que es amigo de Pablo, el de La Opinión, el de Valladolid es el que quiere ocupar un puesto en Lehman. Nuria no es graduada, pero ha venido porque en unas semanas le toca dar una conferencia sobre la influencia de Kant en la literatura de Unamuno. Vive en Staten Island y debe partir antes que se vaya el ferry de las 9:30. Nos colamos a una obra de teatro, pero mi francés no sobrevive a la prueba, Caminando por la 33 en busca de un café caliente, me llama ella para que vaya a su casa a comer y luego a mi casa a nutrir su iPod.

Hemos dormido tarde, el jean demasiado al cuete, sus labios son como los de las chicas de Manara, invitantes.

¿Naturalismo vs. Novela? 16 de febrero


Benito Perez Galdos
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La idea ha surgido en el tren, regresando de Lehman. Pensaba irme para Brooklyn, pero de pronto el tema de meterme a la clase de literatura hispana del siglo XIX ha comenzado a parecerme apetecible.
El profesor, bajo su acento que imita a los gallegos, protege su identidad de gringo neto. «Los americanos nacimos pidiendo disculpas…», replica cuando Camilo le sugiere que no tiene que explicar nada ante la clase por las divergencias en el contenido del texto de Clarin. Para compensar el error, saca a relucir el prefacio de Conrad al Narcissus, en el que el escritor polaco aboga por la escritura total y el compromiso del escritor, como artista, solo con su arte, con su novela, y solo con ella. Pero este criterio, harto entendible para el novelista actual, se cae, se deshace, se rompe, cuando empezamos a leer la obra de Benito Pérez Galdós.

Pérez Galdós entiende la importancia, trascendental en el XIX, de utilizar la literatura para crear–junto con las otras ciencias y las artes–la identidad del pais, la Hispania que estaba en ese siglo tomando forma. Necesitaban independizarse del influjo de Francia, de las corrientes contaminantes provenientes de París y forjar una literatura propia.

La gran pelea de la noche comienza cuando el profesor sugiere que Steinbeck–como Conrad o Faulkner–se aproxima de una manera distinta a la novela,  y que ambas aproximaciones tienen el mismo valor. Pero para el lector de 80 novelas del autor de Episodios Nacionales, es suficiente que Steinbeck se de cuenta de los motivos que lo llevan a escribir, para igualarlo con Faulkner. El juicio de la forma, se iguala al del contenido.

Para un amante de la novela por la novela, esto es una barbaridad. Nadie puede siquiera sugerir que Faulkner no es mejor escritor que Steinbeck. No vamos a mencionar tampoco la risa sin lugar de Isabel ni las menciones a los Carlistas justificando el desarrollo posterior de Iberia. Hacia el final, la clase se concentra en episodios partidarios y guerras con los sucesivos antojos de reyes y presidentes. Nadie aguanta una patria que reclama en cuatro meses varios gobernantes, nadie entiende tampoco que el nuevo rey Alfonso XIII era un reputado degustador de filmes para adultos.

«Era un mujeriego» dice una de las hispanas y la colombiana con acento de gringa se hunde hasta el fondo cuando empieza a mencionar a Jorge Issacs y su importancia en la novela hispanoamericana. Camilo se queda en silencio, no hay mucho que agregar a la clase doctoral, tal vez mencionar a Varela, a la Fortunata y Jacinta, a las dos novelas importantes que intentan el tema del mar. Acaba la clase.

En el ascensor hacia la calle conozco a Katie, que dicta literatura urbana en Lehman, lee a Baldwin y a Gingsberg.  Anastasia es ucraniana y se encuentra escandalizada, con un cigarillo, en la puerta sobre la Quinta avenida, por el fervor casi irracional con que los miltonianos han discutido a Milton en su clase. Vuelvo a Brooklyn con la cartera vacía, un guisado cubano en el buche. Cansado, cierto, pero el cerebro me cuenta antes de dormir las aventuras de esta vida larga…..

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