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The New York Street

Un blog lleno de historias

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>El nudo de Tirteo

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El sueño:
Es un ferry de color naranja como las puertas del parque. Conecta el centro de la ciudad con los suburbios donde vive la familia que amo. Si me asomo a los ventanales, veo las veredas comenzando a ser reconstruídas: en vez de cemento están tirando tablones de madera nueva engarzados. Asomado a la varanda también veo las mayólicas brillantes amarillas que componen la estructura del atracadero y de esta piscina inmensa, de agua inmóvil, donde flota mi ferry. Creo que he llegado y me levanto para partir. Estoy solo en el bote anaranjado. Al arrancar, me sacude el ferry que se desliza presto como el merlín que escapa de la liana lanzada por el viejo pescador. Se desliza hasta las puertas de fierro, donde leo inscritos estos versos que ya me esperaban desde antes que hubiera ferry, vida y tablones de madera con forma de trébol:

NUDO DE TIRTEO

Me han dicho que has muerto, Kurtz
Casi con una voz nasal me lo han escrito.
Y yo acabo de conocerte
Cuando de tus ojos cansados
Ha salido la luz iluminante
Del camino de las aventuras y el juego
¿Intelectual?

¿Sabes?
Algunas veces aburre estar sentado
Mirándote engendrar un horizonte nuevo.

Algunas veces provoca
Tirarte a descansar sobre los maderos
Podridos del desembarcadero

Donde los animales caritativos
Soban sus lomos contra las rocas del
Placentero pozo.

Pero eso era antes
Pasado de camiones reventando gente
Y cajas de licor remando sobre las olas.

Ahora las parejas ya no vienen por
Estas playas
Porque las barras rojas han parido
La sangre absoluta y la rabia.

Tirteo grita en la primera fila:
¡El pescador ciego ha caído delirando!
¡Hay que vengarlo!
Cuelga su sexo húmedo y sangrante
Kurtz, escúchame: ¡Hay que vengarlo!

Pero Kurtz, dicen que has muerto,
Con una voz nasal me lo acaban de repetir
Holocausto de visiones suicidas
Que marchan al compás de los versos de Tirteo.
Y a la cítara, al fin, el cuerno suceda.

¿Por qué peleamos?
Es la máquina papelera,
Que revienta de ofertas de provincia,

Adelanta la hora, a la hora marcada
Y levanta la cresta colorada en casa
Se pelea en casa y lejos de casa
Al carajo se pelea,
Prometida bruta.

>Los abetos de Geraldine

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Los abetos crecían alrededor de Geraldine. Sus ojos se convertían lentamente en sólidas lámparas y sus piernas en columnas para sostener el tiempo. Un día ella también decidió emprender un viaje: mandó al diablo a los gemelos que la asediaban en la esquina de la bodega del chino Willy, mandó al infierno a su familia que aspiraba a convertirla en próxima reina de la primavera. Sus piernas agarraron plumas y pisó el viento: el primer viaje fue directo a la ciudad de Ferfuliana, donde el hosco Swift se enamoró de ella.

-Me llamo Jonathan, le dijo, con la mirada en el suelo. Quería invitarla a tomar el té y que le concediera unos minutos para contarle una historia que estaba tramando, una extraña propuesta inspirada en su tremenda compasión y la vergüenza por los irlandeses.

Al verlo débil y enamorado Geraldine no pudo evitar mentir: le dijo que en realidad se llamaba Belinda y que Alexander la estaba esperando en su auto. También le dijo que la semana siguiente tenía la cartilla ocupada con otros nombres. Que podía concederle, si la esperaba, la tarde del glorioso 25 de octubre.

Al cerrarle la puerta para empezar con el penoso proceso del peinado se preguntó, acosada por ciertos espíritus épicos, si no habría sido demasiado cruel.

Jonathan bajó las escaleras decepcionado. Los relinchos en la calle le parecieron más amables que la voz de las humanas. De haber tenido algunos años menos no habría dudado en volver a embarcarse siguiendo las huellas de su amigo Lemuel.

Al salir a la calle vio el Mercedes negro de Alexander esperando a Belinda. Si bien disfrutaba a menudo escuchando los disparatados problemas de traducción de su amigo, esta vez no tuvo ganas ni de saludarlo. Cruzó la calle y marchó sobre la vereda del frente en dirección al parque.

Casi treinta minutos después, mientras Geraldine bajaba las escaleras precipitada, se escucharon los cañonazos en el puerto que anunciaban la llegada del Patna. Alexander le ordenó al chofer que encendiera el motor y se fuera sin Belinda. Geraldine volvió apurada sobre sus pasos para ponerse unos jeans y cambiarse los tacones por unos zapatos chatos. Jonathan escuchó los cañonazos frente a las caballerizas del Palacio de don Carlos y sacó la mano para pedir un taxi. Al otro lado de la ciudad, con entusiasmo, el doctor Samuel hizo a un lado el diccionario y le pidió a James, nuevo amigo escocés, que lo acompañara a una cita trascendental.

Se postergó cualquier plan previo hasta después del amanecer, porque nadie quería perderse la llegada del capitán Korzeniowski. Todos querían escuchar de su boca esas historias pintadas con los colores del este y las fragancias de los límites de la Tierra. Querían formar parte de esas legendarias veladas en las que Józef relataba sus aventuras durante horas, apoyado sobre una varanda con vista a las aguas calmadas del Támesis. Querían escuchar en su voz fuertemente acentuada, las famosas historias que durante meses, mientras el capitán recorría otra vez los mares a bordo del Patna, su amigo Marlowe acostumbraba contarles a sus amigos escritores, a cambio de cerveza y comida en los bares más concurridos de Londres.

>Don Pierre Menard

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Antes que me olvide de una conversación en el tren con mi amigo el Maltés: no puede existir ninguna antología de narrativa que se considere seria y que no incluya en sus páginas «Pierre Menard, autor del Quijote». Es más: no debe exisitir ninguna antología seria de literatura universal, en el idioma que sea, que no considere entre sus páginas a esta obra maestra de Jorge Luis Borges.
Juegos del lenguaje, ironías, humor sutil y el descarado; especulaciones sobre los tiempos y las mil y una razones por las cuales Menard supera en talento a Cervantes. Borges utiliza todas las sólidas y hermosas herramientas que la literatura otorga al escritor para su proceso de creación.
Avancé en la lectura del libro de Highet (The Classical Tradition), el tercer capítulo está dedicado a Petrarca, el primer bibliófilo. Lía Schwartz estuvo hablando en clase sobre su Cancionero al que Góngora copió varios versos para reescribirlos en su estilo superlativo. El segundo capítulo era sobre Dante, precursor del renacimiento donde también hace una breve reseña de los poetas que leía el poeta: Eustacio, Horacio, Juvenal, Homero pero sobre todos: Virgilio. Claro que Virgilio deberá quedarse en el Infierno pues no ha sido bautizado y Eustacio, que ha sido bendecido por el catolicismo, podrá acompañar a Dante en su camino por el Purgatorio. Otro libro importante, traducido del alemán por Highet: Paideia, de Werner Jaeger, en tapa dura y en dos volúmenes. Camilo señala otra obra que tengo que leer en algún momento: Vidas Paralelas de Plutarco. He conseguido en Shakespeare Co. la edición de la Norton de «Paradise Lost» de Milton (una belleza con una recatafila de ensayistas importantes en la sección crítica). Tendré que revisar otra vez a Blake. Y el ensayo sobre Dante en mimesis de Auerbach. También conseguí la edición bilingüe de Robert Pinski del Infierno de Dante. Es el que la Dra. Cockram ha recomendado, al parecer la mejor traducción al inglés que se ha hecho de la Comedia.

>Gran nevada en Nueva York

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La nieve: todo se paraliza. No hay trenes, no hay buses, no hay carros en las calles. Hasta el momento han caido 23 pulgadas de nieve en Central Park, probablemente sea la mayor nevada en la historia de Nueva York. Era de esperarse: no caía ni un copo desde el 31 de diciembre. Miki preocupado porque debe limpiar el garaje. No es gracioso meterle lampa a 23 pulgadas de nieve. El carro está sepultado. En su casa hay internet y una refrigeradora surtida con dos cajas de Heineken y dos de Michelob. Pedimos delivery del Acuario: yuquitas fritas con salsa de huancaína y una jalea de mariscos espectacular. Ya voy por la tercera botellita de Heineken (cuarta mientras edito esta entrada). Anoche tuvimos que trabajar en Knollwood con la nieve. Los carros se resbalaban en la subida, si bien no tanto como en la fiesta de diciembre donde casi estrello una Cadillac Escalade que patinó varios metros. Zapeo por la tele. Carolina llama saliendo de la playa y me pregunta qué estoy haciendo: viendo caer la nieve. (Se caga de risa). Habacilar es malísimo pero me he cagado de risa con las huevadas que dice Romero. «Tan lejos tan cerca» escribe en sus cuentos mi amiga la Roca. Y se siente como el ángel que mira desde lo alto la ciudad sin entender del todo qué es lo que hace allí. Es eso mismo. Tan cerca en las risas, en el humor, incluso en la distancia (7 horas de avión). Tan lejos en muchos otros sentidos: el auto está estacionado afuera y hay cosas mías en el asiento de atrás y ni siquiera me preocupa que se los vayan a llevar. Esa es la gran diferencia. No hay trancas en la puerta ni rejas en la ventana. Y si alguien toca la puerta no creo que sea para hacerme el cuento del balón de gas, si me dan vuelto no miro los billetes para ver si son falsos. (también debe haber falsificados, solo que sospecho que recién se darán cuenta en el banco…)
Alguien se queda atollado en la calle y vamos a ayudarlo, pasa el tipo con el camión con el rastrillo para la nieve de la municipalidad y le grita: «Stay home¡» Es el mejor consejo que se le puede dar, sigue cayendo la nieve y además con mucho viento. Voy a seguir leyendo mi libro para la clase con Carling: Great Expectations de Charles Dickens,Capítulo XXX: Mr. Pip descubre que está enamorado sin remedio de Estella.
Hablé con Lucho como dos horas por el Skype (en mi clase de fundamentos de comunicación masiva les decía a los estudiantes que el 2002, el jefe del departamento de telecomunicaciones de EEUU declaraba a la prensa al empezar a funcionar Skype: The old world is over…) Lucho me dio el nombre de dos películas que tengo que ver: Old Boy y Dias de Santiago que Stephanie me aviso para verla en el Lincoln Center y no pudimos porque empezó la huelga de transporte. Le recomendé que vea Fingers y los Duelistas (Ridley Scott) con Harvey Keitel. Y que lea «Heart of Darkness» de Joseph Conrad antes de volver a ver Apocalipsis Now: ¡El Horror, el Horror! He dejado La Odisea y los ensayos de Emerson en el Bronx, espero tener tiempo para leerlos.

¡Clases!

Cruzar de la universidad al reservorio. La escuelita con la bandera norteamericana, las mesas de cinco o seis sillas. Publicidad: «Las mujeres no compran lapiz labial sino esperanza».

Creo que entendieron el punto de todo y les fascinó la teoría del posicionamiento. Es mi segunda clase. Pensaba mostrarles los mejores comerciales del Super Bowl pero tienen ciertos problemas con el uso de los equipos pues la escuela, si bien nos presta el aula, no nos presta los equipos.

Los estudiantes, a coro, me dijeron que cierre la puerta y que use el VHS. La secretaria dice que si alguien se queja simplemente le diga «que no sabía nada». El profesor Perla estuvo dándose una vuelta por la universidad, pagó por una de las Guías del mundial (recogí dos cajas de 95 ayer en Hackensack) y de pasó aprovechó para darle una mirada a los libros de la biblioteca.

Desde Bruselas, Geraldine anunció que llega a NY con su libro de Anabasis bajo el brazo. Anabase y otros poemas de Saint John Perse que son difíciles de conseguir en Nueva York. Hoy en la clase de Foundations of Broadcasting les mostré el video de Control Room, el documental sobre Al─Jazeera y su cobertura de la invasión de Irak. Resulta complicado hablar de estos temas en clase pero si les dices que se trata básicamente de tocar el punto de la «objetividad» adquiere más sentido. Me ha gustado más que la primera vez que la vi en el BAM. Debe ser porque ya ha pasado tres años desde el estreno y se puede ver los hechos con mejor perspectiva.

Andrea también me ha comprado su Guía. Dice que a su hermanito de 11 años-que no encuentra nada de fútbol en los kioskos desde que se vino de Ecuador-le ha gustado mucho. Entrego para mi curso Epics and History un ensayo sobre el autor de La Odisea. ¿O la autora? La verdad es que la lectura de Robert Fagles no es mala. No se complica en los adjetivos, no trata de ser ostentosamante ridículo.

Trato de interpretar el texto con la lectura del ensayo de Borges sobre las traducciones homéricas: La Odisea, gracias a mi oportuno desconocimiento de griego es una librería internacional de obras en prosa y verso; y el texto de Pound sobre las primeras traducciones de Homero al inglés (Pound se queda con la de Chapman aunque reconoce la grandiosidad del esfuerzo de Pope).

Me he olvidado en casa el texto de Steiner que me hubiera gustado revisar antes de escribir el ensayo. Sin embargo, tampoco hubiera ayudado mucho. El producto final se centra en el estilo -diferencias generales de La Odisea y La iliada– y cuan valioso pueden ser estos detallitos para probar que no son los mismos autores los que escribieron ambos poemas. No es nada nuevo, ya se ha hecho, pero tal vez la lectura más en detalle me ayude a encontrar más ideas para el análisis.
A continuación transcribo el ensayo. No es nada del otro mundo pero la Doctora solo quería una hoja en que conste que estamos avanzando con la lectura.

HEROICS AND HISTORY
ENG 776
Dr. Cockram

Rereading The Odyssey I think about the thesis that it was written by a woman–or that at least one of the authors is a woman–. The style is very different from the one used in The Iliad. In The Odyssey, the author gets deeper into the psychology of the characters. The author worries himself about topics other than war, pleasing the gods, honor the country and reach glory:

“I’ll try, my friend, to give you a frank answer.
Mother has always told me I´m his son, it´s true,
But I´m not so certain. Who, on his own,
Has ever really known who gave him life?
(1. 248-251)

In The Iliad, the heroes proclaim–through the poet’s voice– their lineage, their house without any cloud of doubt. Like here:

So he proposed
And down he sat again as Calchas rose among them,
Thestor´s son, the clearest by far of all the seers
(The Iliad, 1. 78-80)

The author of The Odyssey seems to be a poet with a different sensibility than the one who wrote The Iliad. Some of the descriptions of details about the house, the furniture of the house and the protocols to receive guests offer a sensibility of the Greeks’ life that is not that easy to find in The Iliad. These details –about the behavior of the characters– make The Odyssey different, some people would say superior or richer than The Iliad. Like here:

“The he escorted her to a high, elaborate chair of honor,
Over it draped a cloth, and here he placed his guest
With a stool to rest her feet. But for himself
he drew up a low reclining chair beside her,
richly painted…”
(1. 152-156)

February 9, 2006

>El señor de Patusan

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Tenía planificado leer en el intermedio entre semestres La Guerra y la Paz. Incluso había conseguido en la biblioteca de Lehman la edición de la Norton con la traducción de Maude que supuestamente es la mejor en inglés (todo un problema elegir una buena traducción del ruso. Por ejemplo: ninguna de las traducciones al inglés respeta algunos textos en francés del original). Pero una vez que escogí la edición de la Norton ya estaba decidido: Las mil páginas y pico de Tolstoi me esperaban . No sé que fue lo que me hizo agarrar otro libro. Tal vez esa última reunión donde Adelle me dijo » Ana Karenina me gustó mucho más que Guerra y Paz, empieza con esa…» Tal vez las palabras del ruso que en la misma reunión sentenció la falta de criterio de Tolstoi para editar su obra. (¡Sandeces! ¡Ese ruso no sabe nada!, sentenció el Maltés). Tal vez fue el miedo ante la tarea titánica. O quizá la vaga idea de que este libro de Conrad–también en edición crítica de la Norton–me entregaría mucho más de lo que yo esperaba. Así que empecé Lord Jim como por casualidad y terminé atrapado entre sus páginas.
Conrad no hablaba el inglés con fluidez. Esta era su tercera lengua –la cuarta si consideramos la opinión de los biógrafos que le adjudican además del polaco y del francés el diestro uso del alemán– y la llegó a dominar de tal modo que muchos consideran su prosa como uno de los puntos más altos de la literatura inglesa. A la belleza del lenguaje sumemos la destreza en el uso de los recursos estilísiticos y su habilidad, no superada aún, para describirnos con detalles casi fotográficos la psicología de sus intensos personajes. Tengo una teoría que he estado delineando hace algunos días respecto a la construcción del villano Gentleman Brown. Pocos personajes de ficción me han revuelto el estómago como este pirata de pacotilla y avezado asaltante de villorríos indefensos, que es quien define en las últimas cincuenta páginas de la novela el destino de Tuan Jim y de su reino Patusán.
La Guerra y la Paz quedan pendientes: no tengo nada que lamentar.

>Tendremos Todo

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–¡Tendremos todo y más, nada menos! No estamos prometiendo esperanzas: ¡Estamos prometiendo vida y pueblo!
-¡Venceremos!- gritó una voz escondida entre el público que empezaba a llenar la plaza.
–¡Venceremos mi amigo, venceremos! respondió el orador, secándose unas gotas de incómodo sudor con una pañoleta blanca. El mechón de pelo negro le volvió a cubrir la frente, se lo levantó, volvió a caer.

«Tenía una pinta de loco alucinante» le dijo el orador a los oficiales que se acercaron a interrogarlo luego de los disparos. «Pero no parecía un loco peligroso». Un testigo lo había visto de más cerca y había declarado que el loco disparó al aire las dos veces. La primera vez gritó «Thalassa», la segunda gritó «Butterflies». El mismo testigo asegura que lo vio correr hacia el chifa de la esquina de la plaza. Declaró que el loco no estaba completamente calato, pero que sostenía a la altura de su cintura una caja de leche Gloria. Con el pánico el orador se había lanzado al suelo y había caído en una posición ridìcula. Al parecer algunos periodistas enemigos le habían tomado fotografías.

-Los locos no desaparecen-dijo el oficial más gordo-. Se pueden esconder por un tiempo, algunas veces se van a lugares donde nadie los conoce. A veces allí no son locos y llegan a ser muy populares. A veces llegan a ser jefes, reyes o señorones.
El oficial más flaco no estaba entendiendo nada. Pidió otra cerveza.
-Lo que quiero decirte flaco, es que el loco va a reaparecer. Y esta vez no va a disparar al aire. Tenemos que estar preparados.
-¿Para qué? preguntó el flaco, intrigado.
-Eso es lo que no chucha sé. Pero hay que estar preparados flaco. Pásate esa chela.

El flaco dejó al gordo en su casa alrededor de las cinco de la mañana. Tuvo que arrastrarlo. Lo sentó contra la puerta, tocó el timbre y se metió al patrullero. Lo primero que hizo la esposa al abrir la puerta fue patearlo. En la espalda, con furia. Escuchó un «chatumadre». Aceleró y encendió la sirena. Cuando llegaba a la esquina miró por el retrovisor: la mujer lo seguía pateando y el gordo seguía dormido.

Antes de meterse a la Javier Prado vio un kioskito que estaba abriendo. Paró el patrullero al lado del kioskero y una ruma de periódicos amarrados.

-Causa, dame uno de esos.

El diarero le alcanzó el periódico. En primera página estaba el candidato con una foto tomada desde atrás. Era un poto gigantesco en primerísimo primer plano. El titular era: ¡Atentado! El flaco se cagó de risa. Se acordó otra vez del reporte de esa noche y sacó de la guantera el papel donde había tomado las declaraciones del testigo. Repitió sin entender nada: «Thalassa, Butterflies».

>Caida de Fujimori en New York

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Al terminar la película y empezar la ronda de preguntas, un espectador levantó la mano: ¿Lo que hemos visto es real o es ficción? «Es real, lamentablemente es real» respondió Ellen Perry, la directora, con una sonrisa. Me parece que cualquiera que NO haya vivido en el Perú, entre 1990 y 2000 tiene todo el derecho a pensar que lo que ve en el filme pertenece a los dominios de lo real maravilloso. Repasemos: imágenes de la elección de un japonesito desconocido, paseándose en su tractor en los pueblos jóvenes de Lima y luego abrazando victorioso y sonriente, a un incómodo Mario Vargas Llosa; imágenes del noticiero sobre los ataques a Palacio de Gobierno por Sendero Luminoso que disparó dos misiles Instalazza en los comienzos del regimen de Fujimori y declaraciones de la hija de Fujimori, una japonesita asustada que se acaba de mudar de su cómoda casa de clase media en Monterrico a este horrible y peligroso Palacio de Gobierno en el Centro de Lima; disolución del Congreso de la República y el famoso mensaje a la nación que yo recuerdo haber visto pasmado en mi habitación: el famoso «Disolver, disolver»; imágenes del multimillonario Raúl Ferrero, ex senador de la República enfrentándose al milico con cachiporra que le dice «respéteme usted y yo lo respeto»-yo seguí la campaña de Ferrero, ví su horrible comercial del Fredemo y aún recuerdo el jingle y creo que entiendo lo doloroso que debe haber resultado para él ser expulsado del Congreso luego de haberse gastado millones de dólares en una campaña electoral-también vi la cara del soldado, y las ganas de meterle el cachiporrazo (si no hubiera sido por la cámara de televisión que estaba filmando todo….); imágenes actuales de Fujimori, cómodamente instalado en Japón, respondiendo a las acusaciones-«nunca supe nada»- de que Montesinos ordenó, aprovechando el pánico del Fujimorazo, meterle una bombita a la casa de Fernando Olivera para asustarlo. (Me imagino que el Cardenal Cipriani habrá tenido la misma idea, cuando Olivera enseñó esas cartas falsas que no quiso entregar al Vaticano…); imágenes de los campesinos asesinados en Ayacucho, cuerpos mutilados y fosas comunes, campesinos llorosos y sin entender un carajo de lo que los reporteros les decían en español; imágenes de la bomba de Tarata y ese miraflorino ensangrentado y achorado, que yo también vi en el noticiero de las 11 en 1992, diciendo algo así como «esos hijos de puta no merecen vivir, que los maten a todos» ; imágenes de la captura de Abimael, su discurso frente a Ketín y el discurso completo tras las rejas, hablando de la revolución mundial vestido con el mismo uniforme a rayas que usan los tres chicos malos de las historias de Mac Pato; imágenes del Chino en su campaña de 1995; imágenes de Cerpa Cartolini en la ambulancia que los llevaría hasta la casa del embajador japonés y con su pañoleta rojiblanca pidiendo que liberen a todos sus compañeros emerretistas; imágenes de los mozos, vestidos de blanco impecable saliendo ordenadamente de la residencia y luego el militar ese vestido solo con una toalla escapando atolondradamente (no lo culpo); imágenes de Fujimori planeando la construcción del túnel y luego las famosas imágenes del rescate; imágenes de Fujimori subiendo las escaleras de la residencia y la famosa miradita al finadito Cerpa; imágenes de Fujimori el 2005 en Japón, dando conferencias sobre la lucha antiterrorista, firmando su libro y luego en una cena privada rodeado de sonrientes japoneses de clase media alta; imágenes de Susana Higuchi diciendo que los actores de Hollywood se quedaban chiquitos comparados con la actuación de su esposo, acusando a su familia de haberse beneficiado con las donaciones de ropa japonesa; imágenes de sus hijos pidiéndole a su mamá que recapacite y luego de Fujimori, ya en Japón, contándole a Perry que mientras duraba la campaña, él y su esposa, a pesar de ser candidatos por dos partidos opuestos, desayunaban normalmente en Palacio de Gobierno; imágenes filmadas por Hiro de los pocos pelos en la cabeza de Montesinos en una conversación privada en el Pentagonito; imágenes de los cadáveres de los asesinados en Barrios Altos, incluyendo a un niño; imágenes de la gente empezando a protestar porque el chino se quiere quedar cinco años más; imágenes de Fujimori bailando tecno-cumbia en sus multitudinarios mítines; imágenes de Fujimori en Japón, explicándole a Perry que como la constitución se promulgó en 1993 la elección de 2000 era su primera -y no su segunda- re elección (esto arrancó las carcajadas del público); imagenes de la marcha de los cuatro suyos y de un manifestante gritándole Chino con Ch; algunos vladivideos, imágenes de la payasada de persecusión de Montesinos; imágenes de Fujimori convocando a nuevas elecciones donde él no iba a ser candidato; imágenes de Fujimori antes de su último viaje presidencial; imágenes de Keiko declarando que ella no estaba de acuerdo con que su padre renunciara por fax; imágenes de Fujimori en Japón explicandole a Perry que temía por su vida si regresaba al Perú; imágenes de Enrique Zileri explicando que Keiko había salido llorando de Palacio, abandonada por su padre, que ese pedido de asilo a Japón apoyándose en su doble nacionalidad era humillante para los peruanos; y, para cerrar, las imágenes de Fujimori, cual Miyagi San, caminando por las playas de Japón, solitario y pensativo….

Bueno, fueron diez años donde pasaron muchas cosas. Y eso que faltó mencionar la guerra con Ecuador, junto con las famosas apariciones de Fujimori al lado de la laguna en el desierto de Sechura tras el Fenómeno del Niño y sus remojadas en el noticiero de la mañana en vivo desde alguno de los baños termales que se iba a convertir en foco de atracción turística en alguna remota región del Perú. También faltaron las famosas entrevistas con Gisela y las imágenes de la señora La Rosa torturada por el servicio de inteligencia así como todo el escándalo de las firmas falsificadas y la fábrica montada-al parecer no solo por el partido de Fujimori-para completar los planillones.

Me queda la sensación que Perry intentó ser justa al retratar lo que pasó en los diez años de fujimorismo, si bien se le fue la mano con las imágenes del ex dictador caminando por la playa. Una peruana enfurecida se lo dijo en la ronda de preguntas. Es que da la sensación que Fujimori fuera el pobre líder que de pronto se ha quedado solo y que recuerda con nostalgia los años en que era amo y señor; una especie de Napoleón en Santa Helena que supongo es la figura que mejor ilustra–en la mentalidad de los directores occidentales- los casos de dictadores incomprendidos en el exilio.

Me imagino que si la película es exhibida en Perú tendrá una respuesta dividida entre los que les gusta Fujimori y los que no les gusta. Entre los que creen que fue un gran presidente y los que lo creen un asesino y un ratero. Para mí la película fue un repaso didáctico-espero no suene muy cruel este adjetivo-, de todas las cosas que pasaron en mi país entre 1990 y 2000: El retrato de un país en permanente crisis.

>Jean Franco: Revalorando a Cesar Vallejo

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La entrevistamos en su departamento frente al río Hudson en Alto Manhattan, a dos cuadras de la Universidad de Columbia.
Tiene casi 82 años y sigue escribiendo y dictando conferencias. Camilo fue el de la idea. Ya conocía desde Lima del valor de sus estudios sobre César Vallejo y la literatura latinoamericana. Además Ana era su amiga y le dio su teléfono. «Tenemos que entrevistarla», dijo Camilo. La entrevista fue realizada el jueves pasado y al parecer va a salir publicada este domingo en el Dominical de El Comercio.

¿Por qué es importante Jean Franco? Primero, por ser pionera: Cuando en Inglaterra nadie sabía siquiera de la existencia de una literatura en Latinoamérica, ella ya estaba escribiendo una tesis (pura casualidad dirá la británica Jean Franco y nos hablará sobre un viaje alrededor de 1950 a Guatemala y a Ciudad de México donde participó en las veladas poéticas de Juan José Arreola). Segundo: porque Franco sitúa a Vallejo en el contexto que se merece dentro de la literatura universal.

Mucho se ha exaltado al «pobrecito Vallejo». Poco se conoce del lector aplicado de la teoría evolucionista. El alma de Vallejo era un alma sacudida por el descubrimiento de Darwin: el hombre es sólo un peldaño más alto en el proceso de la evolución de las especies, no el centro del mundo. Poco se habla del poeta que leía las escasas traducciones que llegaban de Mallarme o de Rimbaud. Muy poco se menciona al Vallejo que leía con pasión los folletines periodísticos que publicaban a Dostoievski, a Shakespeare o a Dickens. Gran parte de su obra –Trilce principalmente–, está marcada por la lucha entre el conocimiento adquirido y los valores católicos recibidos en en el hogar. Imagínense a Vallejo descubriendo lo que él descubría, en una sociedad aún estacionada en el siglo XVIII en la que cual la idea de «poeta» era José Santos Chocano, cantándole a los caballos de los conquistadores y a las instituciones establecidas, como un payaso más en el carnaval de Lima. Un poeta no hacía preguntas en esos tiempos. Vallejo se las hizo todas–muchas de ellas antes que los mayores poetas europeos- y de sus respuestas salieron los magníficos poemas que conocemos.

El poeta latinoamericano más conocido en Estados Unidos–tal vez el único–es Pablo Neruda. Franco opina que la intensidad de Vallejo es superior a la de Neruda. A la luz de su libro (César Vallejo, La Dialéctica de la Poesía y el Silencio, Sudamericana 1976, 1984) se aprecia mejor la magnitud del legado del poeta peruano.

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