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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

>Ezra Pound lo sabe todo, 23 de febrero

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Ezra
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Descubro entre los anaqueles de Lehman, el tomo verde con las fotocopias de los manuscritos originales del poema de Eliot, anotado por Pound, editado por Valerie, la reciente viuda del poeta. Entre otras cosas valiosas, me entero que eliminaron de la portada, el extracto de Conrad donde Kurtz menciona el horror. El texto tiene notas, al final, donde se repite las conversaciones previas a las decisiones sobre el texto. Maravilloso. Un libro de Bloom sobre el texto, esclarece que las palabras que yo supuse estaban dirigidas al lector, originalmente son las quejas de la primera esposa de Eliot. Sugiere que es posible la tesis de su impotencia. Se habla de un amigo muerto en la guerra y de un amor entre ambos. Se da cuenta del tortuoso matrimonio y de las quejas de la familia de Eliot en los Estados Unidos. La historia sobre como se recuperan los manuscritos y la lujuria intelectual del todo poderoso supervisor del tesoro Berg en la New York Public Library, y las preocupaciones de Russel que alojaba a la pareja y que al parecer trataba de intervenir para que las relaciones entre ambos no se deterioraran tanto. El benefactor neoyorquino, Quincey, a quien Eliot regala los manuscritos del poema, financiaba a escondidas la paga de Eliot, en las revistas inglesas donde este trabajaba, etc. Entre los anaqueles he encontrado la vida de Samuel Johnson de Boswell, y los libros que tratan de evadir la importancia del escritor sobre el Doctor Johnson, al que que Bloom considera el canon critico y su maestro. He hecho algunas notas al libro del Western Canon, en la parte de Johnson. Y he empezado a leer The Rape of the Lock que es el texto para la clase de literatura. Bloom considera que Johnson pudo haber sido un excelente poeta, pero su respeto por Pope, a quien admiraba sin reserva ,lo obliga a abstenerse de intentarlo. La angustia moral de Johnson, conservador y muy religioso, le impide ver gracia alguna en el personaje de Falstaff, para Bloom mayor exponente del talento creativo de Shakespeare, por su amoralidad. Cuando otro justifica a Falstaff, Johnson se burla, diciendo que pronto ha de justificar igualmente la perversidad de Iago.

>Errar es humano, perdonar es de Pope, 23 de febrero

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Yellow Kid
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Fue deforme, castigado por la tuberculosis y romano, dos rasgos que no facilitaron en nada su carrera como escritor en la Inglaterra anglicana del 1600. Amigo de Swift, aunque cuatro lustros menos viejo que este, amante de Homero, de Virgilio y de la literatura que no duda en prestarse a los designios de la Naturaleza. Su Ensayo sobre criticismo tiene algunas frases famosas, que daba yo provenientes de otors lados. Como aquella de Errar es humano, perdonar es divino, o la figura de los cerros sobre los cerros, cuanto mayor es la altura, el lector advierte la mayor cantidad de cerros que le quedan por descubrir, o su consejo que no hay cosa con mayor peligro que quien habiendo leido un poco de un tema, cree saberlo todo (A little learning is a dangerous thing, Good Nature and good sense must ever join, Err is human to forgive divine.) He salido de la clase fascinado por el talento de Pope y por su finura para expresar sus conceptos rimados, para explicar los defectos del poeta que se fija demasiado en la rima o en los metros, tema que Pope domina perfectamente, y ejemplos que se permite el lujo de ilustrar con versos donde copia los errores que acusa.
He hablado con Stan Fischler, que me ha ofrecido una dedicatoria generosa en el libro sobre el metro de Nueva York que editamos. Harrvey, que lo va a ver esta noche, se ha reido cuando le dije que se asegure que la dedicatoria sea bondadosa.
Haciendo caso de varios consejos, he llamado a la Roja, pero no ha contestado. He dejado un mensaje en ingles. Luego me he refugiado en los libros, en algunos textos que quiero leer luego del descubrimiento de Eliot y The Waste Land. La clase de la noche no ha sido muy bondadosa, luego de decirles que les iba a poner una prueba, idea que se me ocurre luego del examen en la clase de literatura, hay muchas protestas. Elisa estaba en clase y las ha oido todas. Linda es la que no se queja y me conprende. Estudia bio y sin embargo le gustan los comics. Me pregunto si es posible que luego de hablar veintitantas veces del Yellow Kid este chico Ryan no sepa que ese es el primer personaje de comics. Dice que Superman. Ha sido un poco vergonzoso lo de la prueba porque casi todo el mundo ha protestado. no han entendido nada, son pocos los que han tomado notas.
En la noche Elisa se queda para invitarme sushi en la cafeta, y vemos en el mail si le ha llegado respuesta de la editorial. Nada. Mohamed me pide una prueba para Queta, que no ha venido a clase. Elisa me habla de un libro donde se estudia las correcciones de Pound al texto original de Eliot. Llego a casa cansado, me espera el mail de respuesta de la Roja, entre otras cosas que es mejor no comentar.
Jessica me escucha atenta. Tiene un problema serio con Marcelo. Falta de confianza. Rachel ha vuelto de Cuba y me escribe, conversamos de su lista de Netflix.

Pero no hay agua, 22 de febrero

 


T.S. Eliot. The Wasteland
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El titulo de hoy es tal vez una de las mejores lineas del poema: The Waste Land. Tras describir lo que ha de pasar si hubiera agua y piedras, o agua sola, o un charco de agua entre las piedras, y reflejar el sonido del agua cayendo, Eliot nos reitera la naturaleza estéril de esta tierra baldía: «Pero no hay agua».

Camilo explica el poema: todas las ascepciones, las fuentes, lo que significan esos cuatro versículos de lenguaje coloquial en los que beben todos los poemas de Cisneros, de Hora Zero, toda la escuela peruana a partir de los 70s; la presencia del rey pescador, el mito de la rama dorada, el descenso a los círculos del Infierno de Dante, a donde parecen ir todos los intelectuales que se precien (Recuerdo que en una entrevista, Borges hace memoria y dice que para ponerle el nombre a su revista, dijo, «veamos cuál es el círculo donde se quemaban  los asesinos, y dio la casualidad que era el séptimo, inigualable para un nombre: El séptimo círculo).

Y otra vez Eliot menciona en sus notas a La rama dorada y al Ritual to Romance, dos libros trascendentes, los mismos que Kurtz lee cuando llega el asesino, Martin Sheen, enviado por el alto mando yanqui para asesinarlo en la selva camboyana en Apocalypsis Now. Todo se desbarata para Eliot , cuenta Camilo, al encontrar los versos de Saint John Perse, el Anábasis que Hinostroza–en una imagen muy poderosa–recitaba mientras pateaba la arena de la Costa Verde. Eliot traduce Anábasis dos veces en su vida, lo único que se dio el trabajo de traducir en dos ocasiones, asombrado al no encontrar otro poema a la misma altura del de Saint John Perse.

Mi descubrimiento literario de hoy se llama The Essay on Criticism de Alexander Pope.

Cae la nieve sobre Central Park, 21 de febrero

 


Snow in Central Park
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Las puertas del parque deshojado, tiritan valientes pero sometidas bajo el peso de la de nieve. Sus formas resbalosas han soportado el embate de la noche y permanecido firmes, solemnes; como los soldados a la puerta del palacio, ataviadas de brillo al amanecer.

Me recibe su silencio ceremonioso, entrecortado a veces por el sonido de los carros quita-nieve, de los andantes que han madrugado para verlas: inquietos retratistas algunos, ciudadanos con perros urgidos otros; los menos, simples enamorados del mar blanco.

Pero entre esos arcos regulares, bajo esos lienzos que se dejan levantar por el viento y regresan a su lugar con espartana sobriedad, todos los visitantes compartimos el rostro de turistas.

Así me lo hace entender una veterana de gruesos espejuelos verdes «Gracias por venir a Nueva York», me dice luego de acceder a fotografiarme al lado de uno de los senderos. Le respondo cortesmente que yo vivo en esta ciudad y aquella respuesta parece desilusionar su ensayada cordialidad neoyorquina.

Entre la tela de neblina, pasan algunos rayos. Insuficientes para serenar la avidez de los copos asustados, pero justos para empezar la tarea de reconstruir el paisaje original, el de las copas calvas, el del suelo salpicado de tintes apagados.

Empujado por un vigor inusitado, enrumbo hacia otro destino fascinante. Al llegar a Coney Island, la playa de frontera de Brooklyn, la marea ha deshecho parte de la tormenta y la orilla nevada se ha replegado unos treinta pasos tierra adentro, junto con ramitas y algas, que picotean algunas gaviotas, caminando resolutas sobre la arena revestida de tintura blanca.

Hace exactamente dos años, en un articulo para Europa, escribía sobre la codicia de Occidente sobre las calles de Bagdad y el clima de paralisis en una ciudad acostumbrándose a las siluetas y las sombras que se cernían sobre sus calles, proyectadas por los hambrientos perros de la guerra.

Veinticuatro meses despues, la historia ha escrito varias páginas, asumo que algunas de ellas trascendentales en el horóscopo que han trazado los astrólogos, sobre el destino de este parque, de estas puertas, de esta playa, de este mundo.

Pero las puertas ni las gaviotas saben de la modesta propuesta de un presidente ni de lo que han escrito en el oriente sus yahoos desbocados.

Sospecho que de saberlo, así como yo me he asombrado ante el modo voraz como el tiempo devora los vestigios de la memoria, las puertas azafranadas no lucirían tan solemnes; tal vez empezarian a desvanecerse o se caerían todas en una especie de cataclismo simultáneo y, las gaviotas que deambulaban esta mañana con calma, bajo el perfil de la montaña rusa y de la rueda de la fortuna, al enterarse del nombre de la isla y del carácter de sus habitantes, alzarían vuelo al instante, muy asustadas.

Williamsburg va bien, 20 de febrero

He despertado pasadas las 12. Anoche me he quedado demasiado tiempo en el Umbrella House y hoy el día se ha hecho muy corto. Camino hacia un restaurante cercano pero termino por tomar el bus hacia Williamsburg. Odio almorzar solo asi que decido visitar a Elisa y a Patricia en el loft sobre Broadway en Williamsburg. ¡Qué deliciosos los huevos fritos con pan de molde! Pero bueno, solo un aperitivo porque Elisa demora demasiado en la esquina lavando, con la resaca de los tres vinos con Pedro al regresar por la noche. Filman afuera, la esquina del cine abandonado. Nos acomodamos para ver Eternal Sunshine of the Spotless Mind, escrita por Charlie Kaufman, este nuevo prodigio de los guiones americanos. Otra vez los mismos giros que lo hicieron famoso con Adpatation, con Being John Malkovich. El punto que hace girar todo es el descubrimiento de la secretaria, víctima del doctor, y esta imagen deliciosa sobre la arena nevada de Montauk. El tren a Long Island, el cabello de Kate Winslet, los dos echados mirando las estrellas sobre el río congelado..Hemos marchado desganados hacia el concierto de Blues Grass, total Pedro que huye de la fiesta de los retrasados. Pero como el plan es ahorrar y a Elisa todavia no recupera medio hígado, tomamos dos tecitos demasiado dulces en la esquina turca sobre Hudson, a media cuadra del Katz. Antes de salir ha comenzado a nevar, y Patricia dice que la nevada no cuaja. ¡Pero sí que ha cuajado tía! Y el sobretodo se cubre de copos blancos..

Otra vez las dificultades para medir el fracaso, 19 de febrero

Hace mucho tiempo que no despertaba pasado el mediodia, hemos ido a dormir casi sobre las 5. El brunch en Smith , en el Máncora. No es caro, $7.95 por un plato y un trago. He pedido por primera vez en mi vida un Bloody Mary, pero no he podido terminar. El sabor del tabasco es demasiado fuerte en la boca. Ahora tengo Vasos Vacios, Peter Tosh, samba de enredos, Chico Buarque, Caetano Veloso, Tricky, David Byrne, 10,000 Maniacs, Bebel Gilberto que es preciosa. Las nubes de Carrol Gardens y su cielo azul en forma de collares de perlas. Los bordes guindas de la ropa interior, el brassiere a mi espalda, las pupilas iluminadas de un bus directo hasta la cena, antes de que caiga la noche. El cielo estrellado no se puede comparar con los atardeceres regresando a casa. Los compromisos no se asumen con muchas ganas. Claro, me hubiera gustado que repita muchas veces menos su nombre, pero es el recorrido de la historia. Historia de la que yo he sido muchas veces importante protagonista. El ineludible deber de esperar o seguir su camino. Seguimos sobre Smith hasta perder la boca del metro, el cebiche Mancorita sigue divertido su liturgia, el cafecito con nueces chocolatadas se repite antes de la despedida y mi sonrisa es neutra. Nadie debe decir nada en esta parte, es como una comedia. En el gimnasio se ha de endurecer su cuerpo con los sonidos de la madrugada esperando la cita, el regreso en clave de seguro que cubre el terapeuta, la dicha de hace algunos meses y la victoria de poder invitar al huésped que ha venido para la semana privilegiada del Parque. Las colaboraciones empiezan con un tinto sobre Losaida al frente del Umbrella House, el encuentro de la Casa Tomada con las redes y sobre las virutas emplumadas de los poetas. El bisteck encebollado en Houston, con la dominicana de la vocecita ronca equivocando el plato. La voz que recuerdo es la de la boricua cortando las dés de todos sus versos y recordando el viaje a La Habana. Es gordita y blanca pero el tono de su voz carga a todo el Caribe encima. La carita de Cuenca hace gestos de locura cuando tiene que referirse a Lima y su viaje de regreso desde el Cuzco, Elisa me cuenta como cayeron las gotas bajo sus lentes oscuros en Manhattan, pero que ha solucionado el verso del dinero con una llamada que corta la renta en dos fragmentos. A Camilo se le antoja el encebollado pero ya no quiere regresar. Se va para Jamaica, intransigente. Al regreso se han achicado las voces y abre Manuel Tiberio el programa de la computadora y empieza la academia, mientras Ricardo sigue mandando mensajes de un lado a otro y la portada es la del pintor paisa, y la del libro es Manuel Tiberio sosteniendo las riendas del caballo en Caicedonia y sigue de este modo la charla. Al fin de cuentas son sus primeras semanas de un viaje retrasado 15 veces en la vida. Pero charlemos: En Colombia vive la esposa y Nueva York es el destino temporal.
No vino Patricia esta noche, debe estar retratando pintores en Williamsburg, se ha quedado pastando en Brooklyn. ¿Dónde se fue todo el vino tinto? Me ha venido todo el cansancio encima y he estado a punto de dormirme en el cambio de las estaciones para tomar el A, en Jay Street.
El diario de anteayer lo he escrito en dos partes, el de ayer, tiene dos partes igual, como las noches y los días que vienen. Siempre hay dos partes que no se pueden encontrar, siempre hay dos partes que caminan separadas por una distancia que parece corta, cruzable, vencible. Sin embargo los enemigos suelen ser mayores y poderosos, sin fuerzas extraordinarias, pero las suficientes para que las partes sigan caminando a cierta distancia.

Es verdad que esta filosofía ha sido recurrente, que los finales de los libros, las últimas escenas de los filmes, las vidas anticipadas, no se pueden transformar. Todo ya ha sido escrito y las variantes son trucos para que uno no abandone el barco.

Hernandico, las monjas, moros y cristianos; 18 de febrero

Como a las 6 de la tarde ha comenzado la charla, de un expositor norteamericano, graduado de literatura, sobre la experiencia de los moros y la Inquisición, luego de la derrota de los árabes en Granada. El concepto esencial es el apego de los ciudadanos pobres, al arte primitivo del chisme, y el modo como la iglesia utilizaba la inocencia y simpleza de los campesinos para mantener a raya a la iglesia musulmana. Una de las historias tomadas como ejemplo para el estudio, es la de Hernandico, un morisco que tiene la mala suerte de escuchar a un grupo de monjas ,que entonan despreocupadamente un tema morisco. Hernandico al ser acosado por las asustadas religiosas, levanta su voz contra el insulto y, de cierto modo, asume su postura musulmana. Hay muchos otros casos. el discurso termina ante la nota aprobatoria del profesor Isaías Lerner, de la directora y de los pocos alumnos. Sospecho que no vendran más. Me estoy durmiendo. Entrando a Strand lei los comentarios de Swift, al comparar las imágenes con estos frescos de Goya, que al parecer son idelaizados hasta mediados del XIX. He empezado a leer el prefacio a la antología de James y las notas del autor. Todo el resto del dia: aburrido, felizmente no hay mucho que hacer, excepto raspar las fotos, pues es complicado. Sobre James, lo interesante es su forma de entender el arte como significante por el arte mismo, no se pliega a ninguna literatura comprometida. Y el cuadro de Goya: Qué mejor recuerdo que éste,  la figura de Kronus devorando a una mujer. Los estudiantes de postgrado son en la mayoria europeos, hay un gallego que es amigo de Pablo, el de La Opinión, el de Valladolid es el que quiere ocupar un puesto en Lehman. Nuria no es graduada, pero ha venido porque en unas semanas le toca dar una conferencia sobre la influencia de Kant en la literatura de Unamuno. Vive en Staten Island y debe partir antes que se vaya el ferry de las 9:30. Nos colamos a una obra de teatro, pero mi francés no sobrevive a la prueba, Caminando por la 33 en busca de un café caliente, me llama ella para que vaya a su casa a comer y luego a mi casa a nutrir su iPod.

Hemos dormido tarde, el jean demasiado al cuete, sus labios son como los de las chicas de Manara, invitantes.

Una modesta propuesta, 17 de febrero


A Modest Proposal
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Hagamos el bien. Utilicemos nuestro razonamiento, para plantear una tesis que ha de acabar con la pobreza. Los beneficios son numerosos: un mejor trato para las mujeres, el relanzamiento del matrimonio, y el ingreso de los pobres al mercado laboral.

El razonamiento–que nace de un enunciado calificativo lanzado por un americano–propone que las madres de esas manadas de criaturas indigentes que pueblan las calles de Irlanda sean transformadas, por obra de esta modesta propuesta, en valioso ganado; el cual se ha de alimentar para luego venderlo a los ricos dispuestos a pagar por las criaturas encebadas y disponer de ellas como un delicioso manjar.

La propuesta elimina–con este sencillo procedimiento– a miles de menores empobrecidos y a familias indigentes que de otro modo se condenan a una vida miserable, de privaciones, donde el robo es disciplina esencial para su subsistencia.
El precio de mercado–pagado por criaturas mejor alimentadas que otras–crea un sistema de oferta y demanda, que ha de redundar cuantitativamente en la calidad de vida de los menores. Y, al convertirse el tiempo del parto en un indispensable paso hacia la solvencia de la pareja, y el sostenimiento de ambos en el mercado; la propuesta ha de beneficiar enormemente las relaciones entre marido y mujer, reforzando los sagrados lazos matrimoniales y las alianzas familiares.

La modesta propuesta especifica que se han de salvar las criaturas mayores de seis, pues su carne–lo ha dicho también el americano–es dura y no tan sabrosa como la tierna carne de los menores de seis. Tampoco se han de sacrificar doncellas, pues ellas son indispensables para la subsistencia de este sistema de riqueza. Y se han de dejar vivos tan solo a los machos indispensables para asegurar las cantidades del producto.

El sistema otorga dinero a los pobres, incorpora a esta clase social en el mapa de la riqueza de Irlanda, y elimina el problema del pillaje–mejorando la seguridad de las calles–; a la vez que provee de divertimento a los ricos, que mal que bien, devoradores de los campesinos y de las clases trabajadores irlandesas, no han de poner reparo alguno en devorar a los hijos de éstas.

Otras ideas para solucionar el problema (como exigir mayores impuestos a los ricos para pagar las necesidades de los pobres, redistribuir mejor las riquezas, o exigir un trato justo por parte de la madre Inglaterra) han sido probadas inviables, porque los irlandeses no están dispuestos a pagar la cuota de sacrificio indispensable para poner aquella normas en rigor. Esta modesta propuesta, por lo tanto, la consideramos harto aplicable. Sus beneficios han sido demostrados con cifras y con un plan de razonamiento que puede contrarrestar cualquier intento aventurado de crítica.

 

Además–para que no quepan dudas de que solo nos motiva el beneficio de la sociedad y de la patria–, aclaramos que ninguno de nosotros piensa beneficiarse de este sistema, pues nuestros hijos son mayores y nuestras esposas han pasado ya largamente el tiempo de procrear.

 

Jonathan Swift (practicante de la sátira y de la poligamia, pariente de Dryden y amigo de Alexander Pope) muere en 1745. Estaba loco y rabioso contra la humanidad. Se le entierra con el epitafio latino que escribe mucho antes, siempre deseando que se lo lleve la muerte.

¿Naturalismo vs. Novela? 16 de febrero


Benito Perez Galdos
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La idea ha surgido en el tren, regresando de Lehman. Pensaba irme para Brooklyn, pero de pronto el tema de meterme a la clase de literatura hispana del siglo XIX ha comenzado a parecerme apetecible.
El profesor, bajo su acento que imita a los gallegos, protege su identidad de gringo neto. «Los americanos nacimos pidiendo disculpas…», replica cuando Camilo le sugiere que no tiene que explicar nada ante la clase por las divergencias en el contenido del texto de Clarin. Para compensar el error, saca a relucir el prefacio de Conrad al Narcissus, en el que el escritor polaco aboga por la escritura total y el compromiso del escritor, como artista, solo con su arte, con su novela, y solo con ella. Pero este criterio, harto entendible para el novelista actual, se cae, se deshace, se rompe, cuando empezamos a leer la obra de Benito Pérez Galdós.

Pérez Galdós entiende la importancia, trascendental en el XIX, de utilizar la literatura para crear–junto con las otras ciencias y las artes–la identidad del pais, la Hispania que estaba en ese siglo tomando forma. Necesitaban independizarse del influjo de Francia, de las corrientes contaminantes provenientes de París y forjar una literatura propia.

La gran pelea de la noche comienza cuando el profesor sugiere que Steinbeck–como Conrad o Faulkner–se aproxima de una manera distinta a la novela,  y que ambas aproximaciones tienen el mismo valor. Pero para el lector de 80 novelas del autor de Episodios Nacionales, es suficiente que Steinbeck se de cuenta de los motivos que lo llevan a escribir, para igualarlo con Faulkner. El juicio de la forma, se iguala al del contenido.

Para un amante de la novela por la novela, esto es una barbaridad. Nadie puede siquiera sugerir que Faulkner no es mejor escritor que Steinbeck. No vamos a mencionar tampoco la risa sin lugar de Isabel ni las menciones a los Carlistas justificando el desarrollo posterior de Iberia. Hacia el final, la clase se concentra en episodios partidarios y guerras con los sucesivos antojos de reyes y presidentes. Nadie aguanta una patria que reclama en cuatro meses varios gobernantes, nadie entiende tampoco que el nuevo rey Alfonso XIII era un reputado degustador de filmes para adultos.

«Era un mujeriego» dice una de las hispanas y la colombiana con acento de gringa se hunde hasta el fondo cuando empieza a mencionar a Jorge Issacs y su importancia en la novela hispanoamericana. Camilo se queda en silencio, no hay mucho que agregar a la clase doctoral, tal vez mencionar a Varela, a la Fortunata y Jacinta, a las dos novelas importantes que intentan el tema del mar. Acaba la clase.

En el ascensor hacia la calle conozco a Katie, que dicta literatura urbana en Lehman, lee a Baldwin y a Gingsberg.  Anastasia es ucraniana y se encuentra escandalizada, con un cigarillo, en la puerta sobre la Quinta avenida, por el fervor casi irracional con que los miltonianos han discutido a Milton en su clase. Vuelvo a Brooklyn con la cartera vacía, un guisado cubano en el buche. Cansado, cierto, pero el cerebro me cuenta antes de dormir las aventuras de esta vida larga…..

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