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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Brooklyn

Lunes en Brighton Beach, 1 de agosto

Camilo me ha llamado como a mediodía para recordarme que íbamos a ir a la playa. Le he hecho la taba a que se compre su ropa de baño, que ninguna le queda, ni siquiera la que se ha comprado: se la amarra y se le desata al toque. Vamos a Coney Island que el agua está rica y felizmente durante la semana no hay mucha gente. Hay una toalla negra con una rusa buenota ¡Qué linda estaba la rusa! y la toalla un poco más y se la clava allí delante de todos, sobre la arena. Estas cosas me hacen recordar Silaca. Hace un calor horrible pero por la tarde se pone soportable. Después de la tarde, la esquina italiana y una lasagna generosa en el Village, luego el tiramisú esencial al lado de Washington Square.

Bailando huayno en Brooklyn


Zapateando, moviendo el cucú, etc. ¡Qué juerga! Casi no voy porque había pensado pasarla en la casa de Erick, hasta la había invitado a Claudia (felizmente dijo que no, estaba cansada de reorganizar su casa, tenía flojera de manejar desde Connecticut). Alejandra llama y me convence. En el camino leo Absalom Absalom! y me acuerdo de las lecciones del profe Torres. Absalom, Absalom! es el libro del cual fumaron hierba tanto Vargas Llosa como Gabo. No hay Cien años de soledad ni de nada sin Faulkner. Tan solo la primera escena en el escritorio caliente y cerrado es preciosa. Conozco a los dueños del restaurante Cocoroco donde me presenta Alejandra–para variar aparece tarde–,  ya me he comido la canchita. Albino pone dos pisco sours extra y llegamos sazonados en su Lincoln Navigator. La chilena baila como peruana, pero dice que se ha empatado con el argentino cabeza de coliflor. La peruana al final termina con el argentino y besándose a escondidas en la cocina con su polo rojo «Te Amo Perú». Alejandra se va temprano. Me voy en un taxi con la chilena, como a las cinco de la mañana, mientras ella mira triste por la ventana, no quiere consuelo, no quiere alegría. En parte me parece bien, el argentino es un conchasumadre. Pero tanto que «Viva el Perú» y después todo el mundo quiere lomo de la pampa, no hay derecho. Le he mandado un mensaje a Jessica con la fiesta en vivo y en directo. No sé por qué pero me sigue pareciendo que la sigo queriendo igual y que ella sigue confundida o rara. Lo peor es que me confunde a mí. Bueno, he zapateado y cargado con la vela y con el mechero. Negrita ven prendeme la vela y ese pollito que tú me regalaste y que ¡Viva el Perú!. Lamentablemente me olvidé en la cocina el libro de Faulkner y tuve que ir a trabajar a las 6:30 a.m. con dolor en el tobillo. ¡Viva el 28! Vivan estos recuerdos en Brooklyn, Sunnyside.

10 de abril: Mirando por el cristal oscuro

A través del cristal oscuro de Ingmar Bergman
A través del cristal oscuro de Ingmar Bergman

Bergman dijo haber producido una trilogía, pero antes de morir se retracta y la niega.

Esta fue la primera parte, en esta isla desierta, entre estas maderas podridas del barco donde se produce el hecho incestuso. Y la necesidad de Karin por ser amada, por que vean a Dios como ella lo ve, tal vez convertido en un insecto, enhebrando su tela entre sus patas peludas, bajando del cielo para llevarla al hospital, con esta esquizofrenia espantosa. Y el hijo, asombrado que el padre le hable, que le dirija la palabra, tal vez el mismo asombro al buscar respuestas de Dios y obtenerlas.
He devuelto el disco y Elisa me ha pedido una cerveza para escapar de la tensa espera, tomamos una negra belga entre las voces del flamenco y en esta esquina fabulosa, escondida de Broadway. Otra vez me narra los detalles, otra vez vuelvo nocturno, madrugador, sobre la senda de Atlantic Avenue y Washington, bajo el espectro del edificio de los Brother Moving.

La vida simple en NY y los tatami shots, 26 de febrero

Tokyo Monogatari
La historia simple y conmovedora de Tokyo Story (Tokyo Monogatari), dirigida por Ozu.

Mathew quiere escribir con fuego en las hojas marchitas, y luego ir a descansar en una playa mexicana, en Puerto Escondido; Erich, cree que los atentados del 11 de setiembre fueron una ataque contra la arrogancia y que los Estados Unidos perdieron su oportunidad de arrepentirse y empezar de nuevo, su casaca tibetana se la trajo de Thompson Street; Erick quiere en un lustro terminar con el mayor museo infantil del mundo, ya lo es posiblemente de los Estados Unidos; Lori quiere ser psicoanalista, pero antes debe dejar de mirar a Alejandra de pies a cabeza; Monty, como el amanerado de la pelicula Whitnail and I, era el manager de los Ramones, Erick es su primo lejano, los dos son judíos, pero Monty lo dejaba ir al backstage, sin embargo no tiene libros para regalar y Alejandra casi se queda con el ejemplar autografiado de Erick. De todos modos hay que ver End of the Century, el documental, el 26 de abril en el 13. El beso en la boca, llama la Roja, Rachel quiere hablar, ella sigue a la defensiva, vamos a vernos el domingo. Es demasiado floja para venir a Greenpoint desde el Upper West Side.

 

Rachel me hace comer del plato preparado por Lori, le falta sal, Rachel dice que crudo. No lo termino. Los enrolladitos japoneses son ricos, el vodka con jugo de naranja, Rachel se ha servido demasiado, Rachel persigue a Mathew, ella y sus gustos ríe Alejandra, Erick promete algo para bailar, pero neuro, la neuro no es sencilla de complacer, y el aliancista no le da bola, se asusta cuando se le acerca a pedirle droga, Rachel toma demasiado, quiero emborracharme, Alejandra conversa sobre el fuego, se puede escribir con fuego, manejarlo como una criatura viviente, usarlo, pero hay que estar preparado para entender los devaneos, para utilizar los momentos en que una llama se escapa del todo, para no quemar el papel sin querer, para quemarlo bien queriendo. Alejandra en la esquina condena a las hebreas, sobre este banco de madera, al lado de esta lámpara-injerto, de troncos vivos-, de lianas, al lado de esta comida del «Whole in the Wall», yo te odio, la que me pide CC para todo, la fea, la horrible, la intelectual reprimida, la que todo le molesta de mí, la que jode pero reconoce que manejo mejor mi tema, y yo les hablo, las miro a la cara, a su nariz horrible y siento que se les puede odiar para siempre, no chato, no la roja no, ella es linda, pero las puedo reconocer a 10 cuadras, su perfil, su modo de hacer las cosas, pedantemente, quieren ser los mejores pero les falta algo, claro, eso no lo tiene Kullan, tampoco el de Amsterdam, el que la vió de luto a Francesca Ucelli, esa vez que se estrella la avioneta en la selva y se cae el Himalaya y del bus cae la chica de El Comercio al precipicio, y la intolerancia, y el musulmán que asesina al cineasta en las calles de Amsterdam. Las torres eran no uno sino dos grandes penes de prepotencia, y Rachel se sirve un trago de Baccardi y pasa del baile porque estos gringos, pues, no tienen gusto, no saben bailar, como en las fiestas de Woody Allen, totalmente, elite intelectual, tienen sus cosas, pero los latinos, y Alejandra, tienes que ver, a veces estos son racistas, pero los latinos, vamos, casi la una y Rachel se tambalea por la acera, el taxi de uno que vive al lado de nosotros, boliviaano, 5+1 de propina, en tiempos de crisis todo cuenta, donde nos traes, es peligroso? no se escucha nada, pero si son latinos, así sean chilenos, no pueden estar durmiendo… suena la alarma que abre la puerta, subimos los cuatro pisos, que tacazos Rachel, Alejandra, que tacos, pero la gente baila frente a la pantalla de cine, Pedro en una esquina intenta organizar esta fiesta, soy un huevón, y no he aprendido nada, tengo una hija y yo a la Elisa la quiero cachay pero no como ella me quiere, pero para eso han pasado muchas cosas y la silla de ruedas fue casi al final y el beso, casi un roce de labios, estoy borracha Ulises, estoy borracha, y por eso no me gustan los latinos, has visto? inmediatamente estiran la mano y ven-pa-ca mamita, ves lo que te dije, tienes razón, en Cuba no, eres un machista, machista, pero es verdad, eso es lo que pasa, tienes que saber comportarte de acuerdo a los que ves, y en Cuba he bailado con el negro pegando el culo y nadie se imagina nada. Sí sí, así es en La Habana, a tu amiga sácala de la carátula o de dónde sea, es una acomplejada, espero que escriba, el pelo es todo lo que tengo de rasta, de reggae nada, y esta musica, la hemos armado la fiesta y luego ponen esta cagada, pero consigo poner El Alcatraz, cambio de iPod, Matador, Zoom, Quiero Tener tu Presencia, Semilla Negra, la de La Liga, sus brazos me aprietan, sigue mis manos, deja, tu mueve los pies, bailamos, salsa, pegados, me lleva, no respiro, es pesado, la neura, que me ha cambiado, me pide Elisa, trae una Modelo rubia, como las de San Francisco, en el hotel, le he robado un beso a la cholita dormida, esta vez no he hecho nada, son solo dos labios pegados y el cineasta argentino que le den por el culo, me tienen que hablar de cine y que se va a Egipto a hacer un documental y yo conozco a todos los directores de HBO y que se jodan los latinos, eso somos, por eso estoy feliz de haber venido a Nueva York, por eso no me quiero regresar, no me imagino a Kullan llorando, no puede decir no, la coca es rica, pero nunca puede decir que no si le pones una bolsa al frente, siempre con su bola de hierba y su porro, hasta aquí llegaron las cosas, pero me ha ayudado mucho, me ha dado seguridad, el es muy desprendido, me dice algo gracioso al despertar, me hace reir, la roja estudia Trilce de Vallejo, solo ha leído los Heraldos Negros. ¿Dónde estas? He tenido una cena con Paloma, era lo que iba a pasar, pero ¡Recita el «Canto de nuestras damas lobas»!

 

¿Y La Roja? Sí, la Roja ha llamado luego de un momento de debilidad en el mail, tienes que ser paciente me dijo mi madre mientras compraba tres trozos de bisteck, lomo saltado, ¡Can Can tiene novia!, ordeno todo para que usen el Internet, esta tarde fue Tokyo Monogatari, con Chishu Ryu y Chieko Higashiyama, dos ancianos que llegan a la ciudad a visitar a sus hijos, decepcionados, han cambiado las criaturas, no les costaba nada esforzarse un poco, los han hecho sentir una carga, los han enviado a un centro de veraneo, se han sentido viejos y un estorbo, nadie los quiere tener, y la hija es la peor de todas, la diferencia con Noriko, Setsuko Hara, es gigante. Ella no tiene a nadie, gracias, muchas gracias, yo se que esto lo necesitas mucho, que podrias usarlo para ti, por eso vale mucho, te debo mucho, Noriko se queda varios dias, Ryu descubre la soledad con los tatami shots de Katzujiro Ozu, nunca pensaba que estaría entre los 10 mejores filmes del siglo, en 1953 ni siquiera fue el mejor de 1953 para los criticos, pero hoy, es tan real, tan cotidiano lo que cuenta, tan triste, alguien le dijo a Alejandra, que te pasó hija, eso fue ayer, no tengo arrugas en la frente? ¡Qué vas a tener! Caminamos, hace frío, Rachel se va en el primer taxi, llama cuando estamos terminando la sopa de grasa y pollo. Nunca ha comido en un sitio como este en Nueva York. Yo tampoco, pero luego de Los Agachados cualquier cosa. Es cierto. A Dean St. A Park Slope, cuando llegas, llamas, te encuentro en la esquina de la Quinta con Dean, tal vez un Mancora, nos vemos, no te olvides de la pelicula muda, cierras la puerta Ulises, mi nombre tampoco lo pueden pronunciar, ni el mio, ni el mio, y yo soy Alexandra, dice. Escribo dos lineas hacia California, no puedes ayudar a tus padres cuando esten en la tumba, 6 lucas, con propina, dos sopas, vino, Beck, Modelo, Brooklyn Lager, cinco a.m.

Otra vez las dificultades para medir el fracaso, 19 de febrero

Hace mucho tiempo que no despertaba pasado el mediodia, hemos ido a dormir casi sobre las 5. El brunch en Smith , en el Máncora. No es caro, $7.95 por un plato y un trago. He pedido por primera vez en mi vida un Bloody Mary, pero no he podido terminar. El sabor del tabasco es demasiado fuerte en la boca. Ahora tengo Vasos Vacios, Peter Tosh, samba de enredos, Chico Buarque, Caetano Veloso, Tricky, David Byrne, 10,000 Maniacs, Bebel Gilberto que es preciosa. Las nubes de Carrol Gardens y su cielo azul en forma de collares de perlas. Los bordes guindas de la ropa interior, el brassiere a mi espalda, las pupilas iluminadas de un bus directo hasta la cena, antes de que caiga la noche. El cielo estrellado no se puede comparar con los atardeceres regresando a casa. Los compromisos no se asumen con muchas ganas. Claro, me hubiera gustado que repita muchas veces menos su nombre, pero es el recorrido de la historia. Historia de la que yo he sido muchas veces importante protagonista. El ineludible deber de esperar o seguir su camino. Seguimos sobre Smith hasta perder la boca del metro, el cebiche Mancorita sigue divertido su liturgia, el cafecito con nueces chocolatadas se repite antes de la despedida y mi sonrisa es neutra. Nadie debe decir nada en esta parte, es como una comedia. En el gimnasio se ha de endurecer su cuerpo con los sonidos de la madrugada esperando la cita, el regreso en clave de seguro que cubre el terapeuta, la dicha de hace algunos meses y la victoria de poder invitar al huésped que ha venido para la semana privilegiada del Parque. Las colaboraciones empiezan con un tinto sobre Losaida al frente del Umbrella House, el encuentro de la Casa Tomada con las redes y sobre las virutas emplumadas de los poetas. El bisteck encebollado en Houston, con la dominicana de la vocecita ronca equivocando el plato. La voz que recuerdo es la de la boricua cortando las dés de todos sus versos y recordando el viaje a La Habana. Es gordita y blanca pero el tono de su voz carga a todo el Caribe encima. La carita de Cuenca hace gestos de locura cuando tiene que referirse a Lima y su viaje de regreso desde el Cuzco, Elisa me cuenta como cayeron las gotas bajo sus lentes oscuros en Manhattan, pero que ha solucionado el verso del dinero con una llamada que corta la renta en dos fragmentos. A Camilo se le antoja el encebollado pero ya no quiere regresar. Se va para Jamaica, intransigente. Al regreso se han achicado las voces y abre Manuel Tiberio el programa de la computadora y empieza la academia, mientras Ricardo sigue mandando mensajes de un lado a otro y la portada es la del pintor paisa, y la del libro es Manuel Tiberio sosteniendo las riendas del caballo en Caicedonia y sigue de este modo la charla. Al fin de cuentas son sus primeras semanas de un viaje retrasado 15 veces en la vida. Pero charlemos: En Colombia vive la esposa y Nueva York es el destino temporal.
No vino Patricia esta noche, debe estar retratando pintores en Williamsburg, se ha quedado pastando en Brooklyn. ¿Dónde se fue todo el vino tinto? Me ha venido todo el cansancio encima y he estado a punto de dormirme en el cambio de las estaciones para tomar el A, en Jay Street.
El diario de anteayer lo he escrito en dos partes, el de ayer, tiene dos partes igual, como las noches y los días que vienen. Siempre hay dos partes que no se pueden encontrar, siempre hay dos partes que caminan separadas por una distancia que parece corta, cruzable, vencible. Sin embargo los enemigos suelen ser mayores y poderosos, sin fuerzas extraordinarias, pero las suficientes para que las partes sigan caminando a cierta distancia.

Es verdad que esta filosofía ha sido recurrente, que los finales de los libros, las últimas escenas de los filmes, las vidas anticipadas, no se pueden transformar. Todo ya ha sido escrito y las variantes son trucos para que uno no abandone el barco.

¿Naturalismo vs. Novela? 16 de febrero


Benito Perez Galdos
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

La idea ha surgido en el tren, regresando de Lehman. Pensaba irme para Brooklyn, pero de pronto el tema de meterme a la clase de literatura hispana del siglo XIX ha comenzado a parecerme apetecible.
El profesor, bajo su acento que imita a los gallegos, protege su identidad de gringo neto. «Los americanos nacimos pidiendo disculpas…», replica cuando Camilo le sugiere que no tiene que explicar nada ante la clase por las divergencias en el contenido del texto de Clarin. Para compensar el error, saca a relucir el prefacio de Conrad al Narcissus, en el que el escritor polaco aboga por la escritura total y el compromiso del escritor, como artista, solo con su arte, con su novela, y solo con ella. Pero este criterio, harto entendible para el novelista actual, se cae, se deshace, se rompe, cuando empezamos a leer la obra de Benito Pérez Galdós.

Pérez Galdós entiende la importancia, trascendental en el XIX, de utilizar la literatura para crear–junto con las otras ciencias y las artes–la identidad del pais, la Hispania que estaba en ese siglo tomando forma. Necesitaban independizarse del influjo de Francia, de las corrientes contaminantes provenientes de París y forjar una literatura propia.

La gran pelea de la noche comienza cuando el profesor sugiere que Steinbeck–como Conrad o Faulkner–se aproxima de una manera distinta a la novela,  y que ambas aproximaciones tienen el mismo valor. Pero para el lector de 80 novelas del autor de Episodios Nacionales, es suficiente que Steinbeck se de cuenta de los motivos que lo llevan a escribir, para igualarlo con Faulkner. El juicio de la forma, se iguala al del contenido.

Para un amante de la novela por la novela, esto es una barbaridad. Nadie puede siquiera sugerir que Faulkner no es mejor escritor que Steinbeck. No vamos a mencionar tampoco la risa sin lugar de Isabel ni las menciones a los Carlistas justificando el desarrollo posterior de Iberia. Hacia el final, la clase se concentra en episodios partidarios y guerras con los sucesivos antojos de reyes y presidentes. Nadie aguanta una patria que reclama en cuatro meses varios gobernantes, nadie entiende tampoco que el nuevo rey Alfonso XIII era un reputado degustador de filmes para adultos.

«Era un mujeriego» dice una de las hispanas y la colombiana con acento de gringa se hunde hasta el fondo cuando empieza a mencionar a Jorge Issacs y su importancia en la novela hispanoamericana. Camilo se queda en silencio, no hay mucho que agregar a la clase doctoral, tal vez mencionar a Varela, a la Fortunata y Jacinta, a las dos novelas importantes que intentan el tema del mar. Acaba la clase.

En el ascensor hacia la calle conozco a Katie, que dicta literatura urbana en Lehman, lee a Baldwin y a Gingsberg.  Anastasia es ucraniana y se encuentra escandalizada, con un cigarillo, en la puerta sobre la Quinta avenida, por el fervor casi irracional con que los miltonianos han discutido a Milton en su clase. Vuelvo a Brooklyn con la cartera vacía, un guisado cubano en el buche. Cansado, cierto, pero el cerebro me cuenta antes de dormir las aventuras de esta vida larga…..

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