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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

>El Horror viene de las Tinieblas, 6 de febrero

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Sentirse comodo no es ponerse Kurtz. Ponerse Kurtz significa algo asi como ponerse «horrible». Llegar a la frontera donde lo que parece estar bien se mezcla con lo que se supone mal. El filme de Coppola, Apocalipsis Ahora, demuestra que se puede llegar a la frontera de lo inconcebible, al borde mismo de la locura, arrastrado por la fuerza de nuestros demonios internos de nuestros odios ,nuestras inseguridades, triunfos y vanidades; tanto en el siglo 19 como en el 20.
Joseph Conrad escribe lo que para Borges es la historia mas intensa del mundo y el jefe de Zoetrope la transforma en la que para mi gusto es una de las mas intensas historias en el primer siglo del cine..
Capitaneando el barco rio arriba, pasando las fronteras de Vietnam hasta entrar a Camboya, a la caza de un militar condecorado; o navegando bajo la amenaza escondida de los canibales en el Congo, intentando encontrar a un intelectual convertido en magnate del marfil y semidios, es la misma historia. Ambos escenarios, representan el ambiente dentro del cual se miden las medicocridades del hombre. Esas junglas donde el occidental se aventura casi a ciegas, es el verdadero personaje principal de ambas historias. No es el capitan, no es Kurtz, no es Marlowe, no es el ser humano desubicado, sino el entorno primitivo que los rodea. Es el pensamiento primitivo que fluye de esas profundidades, lo penetra y lo posee. Es la ley de la selva de la cual el ser «civilizado» cree haber huido, apertrechado en sus ciudades de cemento y sus hogares confortables, que lo saluda y le demuestra que dentro de su alma, habita aun el salvaje, que debajo de esa coraza de cultura, el animal lo espera agazapado.
Ver Apocalipsis Ahora, tras haber leido el libro de Joseph Conrad es como ver el filme de Vietnam otra vez, es entender mejor El Horror del que nos previene Kurtz al morir, el Kurtz del cine y el Kurtz de la literatura, es el grito del hombre que ha visto los dos extremos de la humanidad, la sapiencia, la perfecta y civilizada vida de un hombre admirado y reverenciado por sus cualidades como ser humano, y la del animal que lo posee hasta sumergirlo en las profundidades de sus deseos mas ocultos. el Kurtz que empala en el Congo o el que corta cabezas en Vietnam, es nosotros, enfrentandose a nosotros.
He llegado a Mount Kisko casi con las ultimas luces de la tarde. Quedan rastros de nieve. El pisco sour con receta de Biondi ha estado delicioso igual que los platos que ellas han preparado. Regreso casi sobre las 12 a Brooklyn. Y me quedo hasta las 2 entre las tinieblas. Redux dice la portada. No entiendo quien pudo haberle quitado escenas a esta obra maestra.

Lleno total en el BARBES, 5 de Febrero

La voz es distinta, ronquita. Me gusta como suena mientras converso con la chola que me pregunta si he chupado. Claro, pero la ronquera ya se venia venir, no necesitaba ayuda de ninguna botella. Me he levantado a buscar material en Internet sobre comics. He entrado a la web de las bibliotecas públicas y he encontrado una ruma de libros en los estantes de la central, la que queda a diez minutos caminando de mi casa. Conversaba antes de entrar con Jessica, apoyado contra la pared de la biblioteca. La cholita me ha hecho acordar del Super Bowl y hemos sellado la apuesta sin sangre pero con letras…Me ha explicado como fue la primera visita de su mami a la quimoterapia. Va a tener que apretar las ampolletas siete veces cada dos semanas. En la sala de lecturaa, trato de mantener la boca cerrada mientras toso. Todo el mundo ha llamado mientras hojeaba y copiaba el libro de Will Eisner: Historia de los inicios, conceptos basicos, perspectiva, paneles, cuadros. Termino e intento almorzar algo antes de partir para Barbes pero es feo comer a la volada y mucho peor la adictiva sopa Ramen con sabor picante…Barbes es un bar con cierto look independiente, pero estaba de bote a bote esta noche. Tocaba Rat Cat Hogan, la banda de Clayton (o Herbert) que ha llegado apurado desde Seattle para tomar otra vez el cuidado del apasionado Juan Carlos.
El BARbes esta lleno. Para celebrar y recibir el santo con Alejandra, nos movemos hasta el Bitter Sugar en la 9na con la 16. Entonces una chica me dice que si quiero saber de comics la contacte a Jessica Abel, que vive por el barrio y es asidua del bar. Nos hemos tomado esas fotos de cabina. En la ultima, el acaparador ha sacado la lengua y la cara de Marc ha desaparecido.
Aparte de las canciones llenas de nostalgia del nuevo album de Rat Cat («We’re bicoastal»), las fotos y la cerveza Guiness –un lujo diminuto antes de irme a dormir– fueron lo mejor de la noche. Cullen dice que quiere dormir, yo tengo la garganta destrozada, quiero cerrar la boca por un rato… Alejandra se va caminando a casa, Camilo toma el F hasta Jamaica y yo me bajo en Jay Street. Y la vida prosigue…

Nacidos en los burdeles, 4 de febrero


Born into Brothels
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Armada sola con sus lentes y sus equipos, Zana Briski, americana, decide vivir una larga temporada en el barrio de las luces rojas de Calcuta. Su idea era representar la vida de las prostitutas, sin sospechar el viraje que iba a dar su idea original, ni el modo como aquella iba repercutir. En resumen: Zana se enamora de los hijos –e hijas– de putas. De su sonrisa, de su madurez y su modo de ver la vida y de la manera como sobrellevan con coraje el hecho de vivir en esta tierra de nadie, casi condenados a no tener ni esperanza de futuro por su origen y por el trabajo de sus madres. Zana decide darle una cámara a cada uno. Y dejarlos vagar a sus anchas, retratando la realidad como la ven sus ojos. El resultado es asombroso. Hay talento, demasiado tal vez, para unas criaturas sin futuro. Entonces empieza el trabajo de la Zana-misionera, la encargada de agarrarse el alma y deambular por oficinas, llenar papeles, tramitar pasaportes, ingresos a escuelas de internado… Y en la salida del Film Forum las reproducciones gigantes de las fotos de los 8 artistas de los burdeles. La de la criatura apoyada en el auto en blanco y negro; la del perro captado a la carrera, aquella a la orilla de la playa, cuando Zana los lleva en bus a conocer el mar, la mano que se interpone al lente…La sala estaba reventando de gente, y hemos tenido suerte que recordara que era mejor comprar los tickets con tiempo. Hemos hecho cola casi por media hora y sin embargo nuestros asientos han estado lejos de la pantalla. Luego del Film Forum, han seguido dos rondas de vodka en el pub 1849 en Bleeker, en el Village. Annerys ha quedado en mostrarme sus cuentos breves y sus guiones, antes de tomar el A hacia la 168 en Washington Heights. Al regresar a casa algo gracioso: Alina, Elisa Montesinos, la chilena, se ha subido al tren en la parada de Chambers con su amiga valenciana. Es la primera vez que ella se encuentra con alguien en el subway. Y hemos enrumbado hacia Carrroll Gardens para las cervecitas finales. Claro que la valenciana tiene problemas de hígado y ambas terminaron pasando parte de la Brooklyn Lager y la Sierra Nevada a mi vaso para que yo les ponga fin. Antes de llegar a Carroll Garden otra sorpresa: encontramos a Chris, el amigo de Navidad, el chef del pavo delicioso, leyendo un libro en el metro. Él nos condujo, siguiendo los consejos de Elisa, en busca de un bar barato, hasta la esquina en la avenida Smith donde terminaria la noche. Me he acostado con dolor de cabeza y con una ronquera insoportable. Creo que me voy a resfriar..

3 de febrero, Harlem desde Queens,

Casi no contesto el celular, felizmente lo hice: Camilo ha entrado de emergencia en el hospital Mary Immaculate en Jamaica, Queens, con un cuadro de piedras obstruyendo la uretra. Como pocas veces, me he despertado hoy con las escenas de una pesadilla en forma de epopeya, en ella casi todas las personas que quiero estaban muertas. Creo que lloraba en la pesadilla. Pero las muertes me parece que eran cosidas a balazos, como en el filme de Sergio Leone.

Alguna vez se ha de filmar eso: Érase una vez en Lima.

Felizmente, lo de las piedras no es tan grave, lo encuentro ya tranquilo pues le han explicado en un idioma descompuesto por el acento de la India, que no se trata de nada mortal, ni siquiera serio. Coordino con el departamento de lenguaje de Lehman, con Peggy, con Carmen Esteves. Felizmente todo se puede arreglar con una llamada. Le llevo dos libros a mi amigo: Las Ficciones de Borges y Las fuerzas tras las ficciones de Burton. Y llevo varias opciones para ver en la laptop. Una de ellas es Cotton Club de Coppola. Camilo se acuerda perfectamente del gato que pasa en las escenas en que se va a asesinar al holandés. Coppola repite la estructura de El padrino, pero ni los zapateos de Hines sobre el escenario del Cotton Club ni los anuncios de Tom Waits con el altoparlante igualan al sonido incomparable de la Ópera. Nicholas Cage no sabe cuidarse solo, Richard Gere no es el que era antes, Gregory Hines de una patada desarma al enemigo, la luna sale para Vera con cabaret propio en Broadway, Dixie encuentra a la trompeta perdida y a su amor de siempre, en una Harlem demasiado desintegrada a pesar de la crisis total de Wall Street.

El hospital Maria Inmaculada abre sus puertas, yo camino hasta Parson Boulevard y devoro un bisteck con fondo musical de Santos, esos merengues adoloridos: no los quiero.

Antes de llegar a casa me llama Annerys que ha conseguido un trabajo temporal de camarera, al menos para cumplir con la semana. He seguido leyendo Bomarzo, todo el camino en el tren hasta el hospital y de vuelta para casa: Vicino ha tirado la casa por la ventana para el matrimonio con Julia Farnese.

He conversado larga distancia con Los Gatos, desde Queens. La quimo de su madre empieza el viernes, hay que prender las velas y rezar. Amo esa voz dulce desde California, tal vez mejor que los aspavientos en argentino de la Roja. Qué se yo.

No voy a ponerme a pensar en eso ahora, pero algo va tremendamente mal y no consigo descifrarlo. Por la noche he corrido hasta Lehman para terminar las tarjetas de Sociedad Latina, Alina me ha llamado para ir al Blue Note porque hay concierto de jazz gratis. Lo malo es que el mensaje lo he escuchado casi a la medianoche, cuando alistaba la cama para empezar a ver Fear and Loathing in Las Vegas, pero los ojos se me cierran.

El control remoto por favor. Apago la tele.

2 de febrero, Explain to me!

Abrigo de rayas verdes, pelo rojo suelto, gafas de marco negro, sonrisa desenvuelta, ojos que brillan cuando se ríe: La roja. El cine queda demasiado lejos y no hay tiempo. Nuestros encuentros siempre duran mucho, las conversaciones van de lado a lado, interminables. Ella reparte sus bromas y sus aplausos. Tiene buen apetito. El restaurante elegido no es el de la foto, sino su hermano gemelo en el West Village, sobre la calle Waverlys. La cachapa con piel de pastel de choclo y la chicha con alma de arroz con leche pesan demasiado. Su arepa perico tampoco es liviana. Felizmente hay dos vasos de agua y la copita de tinto negro al final. No hay novedades excepto las de sus dedos tibios y sus rizos desabrigados. La tarde previa ha sido extenuante por las confesiones de un amor apasionado a pesar de la arena. Es una pena que Camilo crea que la historia con Paloma haya terminado, pero aplaudimos su coraje porque creemos que es lo mejor. Aplaudimos y rogamos no estar equivocados. No. No puede equivocarse uno tanto. Claro que a la soledad quién la va a matar. Complicado el enemigo.
Marie Marinetti descubre ante la clase la inexistencia de Homero, define el concepto del mito y su modelo de razonar lo irracional. Folktale, legenda, mito. Y Levi Strauss tratando de explicar la inexplicabilidad. Los dioses amorales. Los mitos no dan lecciones de moralidad sino todo lo contrario. Y el objetivo del mito es dejarnos claro que nuestro destino nos rige pero a su vez es posible cambiarlo, sin tener que consultarlo con los dioses adivinos de Delfis. Hay pan que rebanar sobre este tema, pero creo que Marie pretende dejarlo para las veintitantas clases del semestre.

Primero de febrero y vivir a las carreras.


Lehman college campus
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Se empieza a notar el ritmo creciente de las obligaciones cuando comienza el ritmo decreciente de las diversiones. Tres filmes de Netflix y dos de la biblioteca aguardan pacientemente el receso. Y sin embargo quedan cosas pendientes: la web, el curso, el script del video sobre Asako, NY Street, Resina, el libro de poemas, el Bronx Journal…y puedo seguir enumerando.

 

El tiempo para escribir este diario es cada vez menos. Ya no tengo las madrugadas libres y la ropa sucia se amontona peligrosamente por varias semanas. Y sigue el clima congelado.
Lehman no es grato si lo vives a las carreras y sin embargo me las he arreglado para dar mi primera clase de comics. Bastante decente, con el web blog elaborado , con el filme que vimos sobre la historia del arte secuencial en los Estados Unidos. He invitado a la roja para salir a cenar : Wednesday night.

Al terminar la clase he cruzado Manhattan para encontrarme con Annerys. Queremos ver Born in Brothels. En la revista del IFC dice que comienza la historia con la temeraria novia de un videasta y su pajonera idea acerca de un documental sobre sus experiencias con los hijos de las putas, descubriendo para ellos el misterio del lente desde los tugurizados burdeles de la India. No ha llegado Annerys pero ha venido Camilo con la historia triste de Paloma. El mail era precioso pero el desenlace fue el temido. La carta de respuesta, temblorosa pero decidida, dice que Borges afirma que al menos hay un final. Pero no hay final posible si la memoria de ella persiste sobre todo. Si ella aclara que valora inmensamente todos los momentos juntos pero que el detalle es no poder entregar amor a cambio de amor. Ella tiene la carta que falta de la baraja y no puede cambiarla. Menudo cuadro el de mi amigo cabizbajo mientras devora el pollo de chinos que no ha debido de probar. Yo acelero el metro para llegar a casa con la incertidumbre y el dilema. Me he dormido satisfecho por la cena y por lo invertido en mi curso. Me ha dolido la espalda por una madera de sobra en esta cama mal armada. En fin, ya ven que comienza el ciclo y otra vez las quejas y este diario se pone muy serio y sin referencias literarias. Antes de acostarme he seguido releyendo los mitos de los griegos y las nubes de Aristófanes sobre la culpabilidad injusta de los sofistas.

>La puerta de las postales de Grecia, 31 de enero

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aristophanes
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Demos la vuelta al mundo en una sola puerta, en la foto bonita al lado de la entrada, la trastocada figura de las edades antiguas. En aquel cuarto espero impaciente una respuesta que no llega. Pero luego me invitan a tomar una clase con los griegos: Las Nubes.
Regreso por la tarde a la biblioteca, con el calor del ocaso por ninguna parte. Me arrodillo para encontrar mejor las ediciones numeradas. Al final consigo dos libros:Las conversaciones de Alifano con Borges, Las Nubes comentadas por Marinetti, y el compendio de mitos de los griegos. Al salir es de noche e intento aprovechar las horas para establecer el pegado de trapos de mi clase del martes. Empiezo la colecta de fotos, traspaso la servilleta a la computadora, salgo pasadas las 10 y media y me dirijo con paso tambaleante por los ojos tristes, las llamadas angustiosas del Dios del buen dormir. En el tren descubro que Alifano quiere hablar de los guapos y de Evaristo Carriego, del guapo que se jubilaba para vivir mejor, de los aires de los guapos baratos.
Las Nubes las descubro de noche con el desprecio por Socrates en el centro de la comedia y el hijo lleno de deudas vacilando entre seguir a la siguiente ventanilla y acertarle al caballo ganador; o pasarse al papel del hijo bueno, lleno de cosas por vivir.

>Conversando sobre comics, 30 de enero

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ceviche
Originally uploaded by Ulises Gonzales.

Desde la esquina de la Roosevelt se ve el sticker de cerveza Cristal. La entrada es por la cocina, con el ajetreo del desmenuzado, el humo de las ollas, el olor picante de la cebolla. Han sido dos cebiches, con el persistente recuerdo de los diferentes sorbos de la noche anterior. Hay gato encerrado, suelta una vieja lagartija mientras se agazapa y espera su plato. El jefe de familia nos avisa que los platos son todos de mariscos y pescados, es el mar a su mesa, los fines de semana. No se me calma la impaciencia del licor sin embargo, y trato de explicarle al tio Manolo la diferencia entre el Capel y el Sol de Ica…
Se ha cruzado Camilo y su cebiche ha pasado a mejor vientre. Pide el duplicado de pescado con leche de tigre y sobre la mesa de cuadrados verdes, yo poso una servilleta. Sobre aquella servilleta escribo los nombres de los grandes, el cuadro detallado de un siglo de arte secuencial. Moebius comparte espacio con Frank Miller, con el recientemente fallecido Eisner, Alan Moore, Crumb, Clowes, Pekar, Pratt…
No he llevado libros ni visto filmes. La tarde ha proseguido con calma con una soda y un batido de leche en el Johnny Rockets y la caminata hasta esa tienda de libros en Broadway con el nombre del hijo ilustre de Stratford. Por fin he encontrado el Timeo a 3 dolores. Es el libro que me torturaba desde que leo los ensayos de Borges. El Gorgias y el Timaeus en un tomo, que ahora descansa apoyado en La Republica , Bloom y un libro de mitos griegos. Y Bomarzo, la epopeya de Vicino que estoy dejando dormir en paz, ya demasiado tiempo. Se ha acabado la noche con una sopa casera en Broadway. Me he dormido tratando de interpretar mi rol en la semana que comienza y tratando de no romper la servilleta donde reposa toda la historia del arte secuencial.

29 de enero, paseo por la Ciudad del Alfabeto

Mira: Camina hasta Marcy Avenue, pisa Broadway, una cuadra, dos pisos para arriba. El tema del pisco peruano bien enfocado. El pescado delicioso con las papas cremosas, jugosas y el primer blanco de la noche.
La pantalla gigante atrae todas las miradas. Es como el cine. Ahora puedo decir que es otra cosa ver al ‘Dude’ Lebowski en platea. Si nos hubieramos quedado sentados un rato ya no salimos nunca. Elisa dice el camino mientras Pedro cuenta la historia de su pelis y su vida. El viaje a Disneylandia con las hijas y las movidas del hermano del esposo de la Geraldine Chaplin. Seguimos para Alphabet City mientras Pedro sigue camino para Queens. Apenas a media cuadra he descubierto el subsuelo del Tonic. Dentro de un barril de vino compartimos una Red Stripe y una Boss y el sonido de los teclados y los sintetizadores como fondo. Arriba toca una banda de jazz. Se ha secado la nieve, el suelo sigue congelado hasta la casa del poeta, frente a la del pintor. Entonces aparecen las estrellas y entre ellas el ron Viejo de Caldas. Debo recordar que en Williamsburg fue el primer encuentro con el Capel, un descubrimiento. En cambio en la Casa Tomada lo del Caldas fue un volver a verse. Se puede hablar de ron por horas con los colombianos. Claro que como discutir si te dicen que el Pampero de Venezuela es de calidad indiscutible. No alcanzaba para probar el Caldas hasta que alguien me invita unas gotas. Se convierte en un chorro…A las estrellas de la noche hay que clasificarlas: Laura, con su tatuaje y sus ojos chinitos brillaba sola. Su amigo el bonaerense Boris ha viajados hasta la Patagonia y me han vuelto con sus historias todos los deseos de volver. Ricardo es el poeta de la Casa Tomada y José es el pintor de los desnudos que adornan las paredes. Los colombianos no me han dicho sus profesiones. A Juan Pablo le gusta llenar los vasos de vino y de whiskey (esa era otra estrella: aguardando que todo el licor se acabara para brillar como una nova a pesar del empapelado rojo.) Agradecimos eternamente el detalle de Epifanio, el mexicano que se fue antes que desapareciera Frontera y los otros blancos. La verdadera estrella, ademas claro de Fifi con su manto de Manila y su acento paisa, era Frank. Es la fiesta de sus 70 velas. De eso constan los pedazos de pastel que Elisa y yo fuimos desapareciendo mientras acorralabamos a las velas con el cuchillo. Clarice es su esposa ,que le debe empatar la edad. Ella vuela con su hijo hasta Baghdad y enumera las desgracias de la Guerra Santa y el imperio Bush. Frank me habla de su oportunidad de mudarse de Virginia a Nueva York. Al final va a terminar en Dover Delaware, que al menos corta en cinco las horas de viaje hasta el centro del mundo. Con la hija de ambos, comparto los ojos azules deliciosos y converso sobre Danny The Dealer y Whitnail and I. Son pasadas las 4 cuando encajo el primer merengue. Felizmente se ha terminado Johnny y despacharon todo lo que quedaba de Frontera. Con un falafel en Hudson se ha terminado la noche. Elisa sonrie mientras el mapa del tren nos queda demasiado complicado. Es que ya hemos salido caminando de la Ciudad del Alfabeto.

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