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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

BORRADOR de El submarino negro (primera parte)


-Entonces tenias la pasion de un personaje de Trainspotting.

Carmela Gil estaba terminando la cerveza cuando le soltó esa frase y Ricardo Stoll no supo de donde la había sacado. Pero ella se levantó de la mesa y asaltó la calle dejando las puertas bamboleantes del bar y largándose hacia la estación del metro. Fue una pena para Ricardo pero nunca más volvió a saber de ella.

Cuatro meses atrás Ricardo estaba en la redacción del periódico, tenía que llenar una nota para la página de Metropolitana y no sabía de qué escribir. Salió al pasillo a fumarse un cigarro. Estaba fumando cuando vio su vida clara. Le había sucedido dos veces : Una a los diecinueve cuando se fue de viaje a Brasil. La otra a los 25 cuando se largó tirando dedo hacia Colombia. Habían pasado cinco años más y esta vez no tenía idea de adonde iría, pero sabía que tenía que moverse. Esa tarde antes de salir del periódico un viejo compañero de la sección de deportes le dijo que había leído “Sostiene Pereira”. Entonces se acordó que nunca había ido a Portugal.

Esa noche manejaba por la Javier Prado rumbo a su casa y Ricardo se sentía en un submarino: todo alrededor era mar y burbujas de aire. Las calles, la gente, los semáforos, las veia todos los días al salir a trabajar y al regresar, algunas veces le provocaban intriga o respeto, otras veces como esa noche sólo le generaban desidia y hartazgo. A veces sus amigos regresaban de madrugada acelerando por la avenida, no respetaban ningún semáforo. Intentó acelerar pero aquello no era lo suyo. La velocidad no le despertaba ningún vértigo, ningún estallido de júbilo, ninguna alegría inmensa. Lo suyo eran los viajes. El submarino seguía allí y por las ventanas sólo veía una ciudad aburrida.

Llegó a la casa y entró a su cuarto. encendió la computadora y escuchó sus mensajes. Lo estaban invitando a celebrar un cumpleaños en un bar nuevo en Barranco. no tenía ganas de ir pero tenía que hacerlo. Era una buena amiga para la que su presencia significaba algo. Comenzó a releer en la pantalla el artículo que estaba escribiendo para una revista y le pareció tan soso y aburrido como su vida. Decidió dormir una siesta y luego irse a la fiesta. Ricardo llegó a creer que rodeado de conocidos y con algunas cervezas desaparecería la sensación inconfortable de ser uno más.

Se había despertado pasada la medianoche, se había bañado y se había ido para la fiesta. Como lo imaginaba eran pocos los invitados que conocía. Su amiga estaba vestida elegantemente y los amigos, de otro círculo que él no conocía, tambien. Los pocos amigos de él estaban vestidos igual que él, con un polo salido y un blue jean. Estaba Bernardino, el periodista deportivo que siempre tenía un buen chisme que contarle y después se dedicaba a carajear su vida y contar que se largaba por fín del país que estaba haciendo contactos en el extranjero, que estaba aburrido de todo. Media hora después llegó otro grupo que sí conocía bien y toda la conversación giró en torno al fútbol. Dos de ellos también eran periodistas y tenían que partir el domingo a Cerro de Pasco a ver un partido clave para el descentralizado. A uno de ellos la altura le había afectado la última vez que fue y comenzó a pactar para que al terminar el partido pudiera llamar al que sí iba y le diera los comentarios para redactar su nota. Su amiga se acercó coqueta al grupo y les increpó que no bailaran. Como ninguno le hizo mucho caso lo sacó a bailar a Ricardo. Era muy malo para la salsa pero dio algunos pasos, movió un poco la cintura y regresó para pedirse su tercera botella de cerveza.

La mañana siguiente se levantó con resaca a golpe de siete de la mañana. Llegando a la oficina se tomó un café en la bodega y un sandwich triple. No le paró el malestar pero le aguantó el sueño y el hambre toda la mañana y le permitió terminar un artículo mediocre. A la una salió a almorzar con unos compañeros del area de pre-prensa que le habían ayudado a retocar una foto que tenía que salir en la edición siguiente. Ellos lo invitaron a salir después del trabajo a “La tía Clarita” donde había cerveza barata y chicas que atendían.

Decidió ir porque nunca lo había hecho, pidió un par de cervezas y al rato salió del local con dos chicas y Caballero, el maestro de Photoshop del periódico. Ellas los llevaron en taxi hasta un hotelcito barato donde se metieron los cuatro en una habitación con dos camas. Mientras hacían el 69 ella se tiró un pedo.

“Lo siento” dijo y ella y su amiga se rieron. El polvo fue un desastre.

Una tarde decidió que iba a pedir permiso y no fue a trabajar. Se enfermó de algo e invitó a un amigo a la playa. Casi era invierno y en la semana las playas estaban vacías. Manejó hasta El Silencio, se sentó con su amigo bajo una sombrilla de paja y pidió un par de cervezas. Después se dio unas zambullidas en el agua y comieron una jalea mixta que tenía muchos calamares. Siguieron al sur hasta Santa María donde se estacionó frente la mar para ver la caida del sol. Era hermosa. Era su primer día de trabajo en que sentía que recordaría cada instante de la tarde. Manejó hacia Lima y se sintió mucho mejor. Su amigo le dijo que la tarde había estado de putamadre. Esa era la palabra.

La mañana siguiente chequeó en la computadora de la oficina el clima de Lisboa. Vio algunas fotos. No estaba mal.
A mediodía recibió una llamada del banco para decirle que estaba por vencerse la próxima cuota de su auto. En vez de almorzar aprovechó la hora del refrigerio para irse hasta una oficina del banco y cancelar su cuenta. Otra vez se dio cuenta que la mitad del sueldo se le iba en pagar el carro. El submarino negro era un juguete caro.

Cuando estaba pagando vio a una mujer que lo miraba apoyada contra el mostrador. Con uno de los brazos se tapaba parte de la cara. Sólo veía sus ojos. Parecía estar mirándolo y estar sonriendo. Ricardo sonrió porque no la reconocía.

Era la ex enamorada de un amigo, estaba haciendo una fiesta el fin de semana para celebrar su cumpleaños. Su casa quedaba a dos cuadras de allí, estaba invitado. Riardo le dijo que iría. Alguien le había dicho para hacer algo el sábado, pero le apetecía más la fiesta y los ojos de ella.

Cuando llegó a la casa por la noche estaba destrozado. Y aún así terminó en la computadora un artículo de música para la revista que tenía que entregar la mañana siguiente. Antes de sentarse a terminarlo bostezó varias veces y miró desde la ventana de su cuarto el cielo negro de la ciudad.

2.

Aterrizó en París porque el pasaje era más barato vía Francia. Le hubiera gustado aterrizar en Lisboa no sólo porque había leído también Sostiene Pereira sino porque había estado muy atareado las últimas semanas leyendo sobre la geografía y la historia de Portugal. Había una razón adicional: había comenzado a escribir una novela y en ella el personaje principal comenzaba su historia aterrizando en Lisboa.

Pero cuando fue a la agencia de viajes había una oferta. La señora era amiga de su madre y le consiguió un boleto muy barato vía París y con escala a la ida y a la vuelta en Nueva York. Los boletos a Lisboa eran muy caros y en Lisboa no tenía donde quedarse mientras que en París una amiga le había ofrecido alojamiento. Es triste pero es verdad que de los dos días que pasó en París lo que más recordaba era la primera llamada telefónica desde el aeropuerto De Gaulle. Le contestó la grabadora de la amiga que lo iba a alojar diciéndole que estarían ella y sus compañers de piso fuera de Francia por dos semanas, esquiando. Ricardo pensó de todos modos que aquello era su culpa por no haber llamado antes. De nada lo consolaba la idea que había querido darle una sorpresa. Se habia dejado simplemente seducir por la idea de aparecer de pronto en su puerta y aceptarle la oferta que le había hecho en Lima unos años antes:

“Duermo en un cuarto donde sólo tengo mis libros y una hamaca desde donde me echo y veo por la ventana la Torre Eiffel.”

Ricardo vagó por las calles de París intentando conseguir un sitio barato cerca del centro pero fue imposible. Fue al albergue juvenil cerca de los Campos Eliseos pero le dijeron que todo estaba copado y lo derivaron a otro en las afueras en un barrio judío desde donde el subterráneo demoraba casi una hora hasta el centro. La primera noche se fue solo a vagar por la ciudad y conoció a un inglés que trabajaba en el supermercado y que le dio unos datos de los lugares a los que tenía que ir. Para pasarla bien al Trocadero. Ricardo pensó que con aquél nombre el sitio tenía que ser divertido.

Ricardo había leído muchos libros de escritores viviendo en París y sin embargo ninguno le pareció demasiado acorde con la realidad que vio. La ciudad le pareció demasiado fría y dura, lo único que quería ver esa mañana era el Louvre pero cuando llegó hasta las puertas se dio cuenta que tampoco podría hacerlo: los trabajadores del Museo estaban en huelga y al parecer por varias semanas. Después del Louvre se fue a caminar, tomó unas fotos de la Torre desde abajo, completamente echado sobre la gravilla. Se fue a pasar por el Barrio Latino y no vio nada bohemio. Sólo restaurantes caros, casi todos griegos. Antes que le viniera la noche le tomó unas fotos a las gárgolas de Notre Dame. Al final de la tarde volvió a coger el teléfono para irse de París. Su esperanza era una francesa de la Garconne que estudiaba en Burdeos. La había conocido el verano anterior en el Cusco cuando la ayudó a tramitar los documentos que un ladronzuelo le había quitado en el tren camino a Machu Picchu.

Oui Oui.

Parecía emocionada, parecía feliz de volver a verlo y a él también le agradó saber que saldría de esa ciudad que le espantaba. Sabía francés pero casi no pudo conversar con nadie. Encontró a un ecuatoriano en el metro que le dijo de qué trabajaba. Cuando le respondió que estaba de turista dejó de hablarle. Es que era tan raro un latinoamericano de turista, todos venían a quedarse de ilegales y a hacer dinero y los que venían de turistas tenían tanto dinero que no viajaban en metro sino en taxis o en carros alquilados.

Llegando al albergue encontró a un nuevo huésped en su habitación. Era un peruano y quería salir con él a tomarse unos tragos. Ricardo le dijo que le habían recomendado el Trocadero, pero cuando llegaron todo estaba cerrado y lo que estaba abierto se veía deprimente. En uno de los bares sólo había un borracho en una banca frente a la barra. No tomaron nada. El bus pasaba cada hora y no querían tomar taxi porque el que cogieron para llevarlos al Trocadero se había embolsado un dineral. En el paradero del autobús había una pandilla de jóvenes mexicanos que tenía apariencia de familia rica. Estos le sacarn una botella de vino y les invitaron un par de tragos. Era la mejor manera de divertirse en Paris, dijeron ellos.

“Te compras unas botellas en el supermercado y eso lo bebes toda la noche. comprar alcohol en los bares es muy caro y no hay nada divertido porque las mejores fiestas son en departamentos de parisinos, lugares privados y en los bares de las afueras de París donde sólo se puede llegar en carro.”

El bus no pasaba y regresaron caminando. Todo estaba cerrado, no había ni siquiera un lugar para comerse un emparedado. El McDonalds estaba cerrando, los empleados estaban guardando las sillas de la vereda y no quisieron servirles ni una hamburguesa. Ricardo se sintió mejor sabiendo que la noche siguiente ya estaría en Burdeos.

Al día siguiente el peruano le dijo que quería ir a Roland Garros. Esa tarde jugaba un chileno contra un americano. No habían boletos así que compraron la reventa que les ofrecieron bajando del metro. Eran unos asientos carísimos y muy alejados de la cancha. El chileno jugó muy mal y perdió los dos sets, uno de ellos a cero. Después se enteró que al chileno le habían tomado fotos la noche anterior en una fiesta privada bailando hasta el amanecer con dos francesas que lo hacían emparedado. El tipo había conseguido lo que ellos no encontraron buscando toda la noche. Y gratis.

El tren de gran velocidad llegó en menos de cuatro horas a Burdeos. Allí estaba ella, gordita y bonita, con las mejillas sonrosadas. Fue tanta la alegría de verla que le dio de frente un beso. Llegaron hasta la residencia universitaria, al pequeño cuarto donde ella le había preparado un colchón inflable para que duerma al lado de ella en el piso.

Se sentía tan solo que queria dormir acompañado. Tenía tanto calor que se sacó la camiseta y se la sacó a ella que se quedó en tetas. Quiso abrirle las piernas mientras la besaba pero ella no quería. Al menos hasta que él no insistió y bajó su mano. Ella abrió las piernas e hicieron el amor riquísimo, casi antes del amanecer.

(Continuará…)


BORRADOR de El submarino negro (parte 2)


3.

Había viajado con uno de los fotógrafos que trabajaban en la revista a unas ruinas a 5,000 metros de altura cerca de Huacho, al norte de Lima. Se llamaban Rupac. Fue un viaje desorganizado, como casi todos sus viajes, al que a última hora se unieron su hermano, la novia de su hermano, su hermana y un vecino del barrio. Durmieron en un pueblo abandonado en las alturas, camino a las ruinas y caminaron varias horas hasta llegar a la cima. En la subida y en la bajada vieron un cóndor. Se tomaron unas fotos preciosas haciendo fogata dentro de la escuela del pueblo abandonado en las alturas.

Llegando a Lima fue a revelar las fotos en un laboratorio pequeño al lado del parque central de Miraflores. La chica que le tomó la oden le pidió su teléfono para decirle cuando estuvieran listas. El se fue a almorzar en la curva del camino a la Herradura y cuando estaba terminando lo llamaron para decirle que las fotos estaban listas.

Ese viernes le enseñó las fotos al fotógrafo y le pidió los negativos para hacerle una copia de la foto de la fogata donde salía todo el grupo y la luz del fuego creaba un efecto mágico. El fotógrafo lo invitó a su casa el fin de semana para celebrar su cumpleaños. Pero él ya había decidido ir a la fiesta de la ex-enamorada de su amigo y le dijo que no.

El sábado por la tarde llamó la chica de la tienda fotográfica. El no se acordaba mucho de ella pero ella le dijo que había cogido su teléfono porque le había gustado. Le ofreció salir a recogerla el lunes por la tarde e irse a tomar unos tragos. Ella no tomaba pero podía salir con él. Tampoco podía quedarse hasta muy tarde porque vivía en Comas que estaba a más de una hora de viaje de su casa.

Vivía con unos tíos y con su abuelo, los tíos la habían criado desde que ella llegó a Lima huyendo de los militares que habían matado a su padres en Huancavelica acusándolos de senderistas.

No estaba muy contenta, estaba un poco aburrida de su trabajo. El habló casi una hora con ella. Cuando colgó se puso la ropa para la fiesta y se subió al submarino. Sus amigos también iban a estar en esa fiesta, sus hermanos y unos amigos de su hermana que conocían a la mujer por otros lados. Era una casa pequeña y toda la fiesta era en la sala. Cuando llegó estaban escuchando un merengue y ella lo sacó a bailar. Su amigo, el ex enamorado estaba en un sofá con otra chica que ya estaba un poco borracha. Parecía que estaba intentando besarlo y él fumaba sentado en el sofá y se reía. Ricardo se acercó a saludar y saludó a las amigas de su hermana y a su hermano que estaba tomando cerveza al lado del equipo de musica. Estaba hablando de política

El problema es que la regionalización debe hacerse de acuerdo a los intereses de cada departamento y hasta ahora se ha hecho siguiendo los lineamientos del Estado Central .Claro, si tu eres un arequipeño y te dicen que eres autónomo por qué mierda tienes que hacer tu agenda anual basado en lo que dice un huevón de Lima. Ese es el problema. Hasta ahora el gobierno toda la cuestión de las regiones en el papel la pone muy bonita pero en la práctica se sigue haciendo la misma huevada de antes y si quieres hacer un trámite tienes que ir hasta Lima. Por ejemplo el otro día con mi mamá que tiene sus frutales en el sur queríamos hacer un trámite para un préstamo con el Banco Agropecuario y a pesar que hay una sucursal del Banco en el pueblo, primero tuvimos que hacer un trámite en la capital de la provincia que queda a tres horas por un camino de mierda. Y a pesar que le autorizaron el préstamo, en la oficina le dijeron que todavía tenía que hacer un papeleo en Lima y recibir una autorización de Lima. Que clase de regiones son eso que para un préstamo tan sencillo tienes que pedir autorización a la central de Lima? Mejor te sale hacer todo el papeleo en Lima y seguro que demora menos y no tienes que hacer ese viaje jodido por carretera afirmada.

La mujer que había visto en el banco se llamaba Rosa. Se acercó hasta donde él y le pasó una botella de cerveza. Tomaron un trago y después ella quería bailar. Bailaba extravagantemente y no dejaba de mirarlo a los ojos. Después se acercó al grupo de su hermana y su amigas y ellas dijeron que qué hacía Ricardo bailando con esa ruca. Bailó con ellas que estaban vestidas mucho más elegantes y se alucinaban más finas que todas las otras mujeres de la fiesta. Se sentía bien con ellas y con su hermana. Pero Rosa se le acercó al poco rato y lo secuestró para otro baile. Ahora se dio cuenta que cuando ella le hablaba no pronunciaba bien, que estaba un poco borracha. En algún momento ella se acercó demasiado y le dió un beso. No supo si responder, pero recibió el beso y después las amigas de su hermana se acercaron donde estaba él y se lo llevaron a su grupo.

Que haces besándote con esa ruca?
Ella me ha besado. Ella es la que me ha besado.

Y no besaba mal y la verdad es que le gustaban los ojos redondos color caramelo con que ella lo miraba mientras bailaban y la verdad es que a pesar que estaba bailando con las amigas de su hermana la seguía con la mirada y estaba pensando en seguirla a donde ella le estaba señalando, detrás de las escaleras, camino a su cuarto.

Se sentó en una silla frente a un sofá y empezó a servirse un vaso de cerveza. Se estaba riendo de algo que le habían contado sobre una de las chicas, una que tenía un escorpión tatuado en el brazo y que estaba vestida como una puta. Y de pronto vio venir a su amigo. Donde estaba la chica que estaba con él en el sofá? Venía con cara de rabia y adivinó que tenía que deshacerse del vaso, lo llegó a poner encima de uan mesita al lado de su silla, antes de sentir que él lo empujaba mientra le decía:

Como puedes hacerme esto?

Se cayó con la silla de espaldas y trató de decir que no había sido su culpa que ella lo había besado. Y allí estaba su hermana para decirle a su amiga que se vaya ya que estaba borracho. Y los amigos de su hermano veían todo desde un grupo a lo lejos, al lado del equipo de mùsica que estaba sonando con música electrónica.

Y las parejas que estaban bailando voltearon a ver como Ricardo se levantaba del piso, un poco mareado y como su amigo, el que lo había empujado, se iba entre la gente hacia la puerta de la calle. Su hermana y su amigas trataron de reanimarlo y le repetían que el tipo era un idiota y la tipa una ruca, pero Ricardo no se sintió bien, siguió tomando por un rato hasta que se le cerraron los ojos y entonces su hermana le puso un cigarrillo en la boca y el fumó estando dormido y su amigo vino con una cámara de video y lo filmó dormido y fumando y sosteniendo la botella mientras fumaba y despertándose para decir que lo dejen solo, que se iba.

A pesar de lo que le dijeron se subió a su submarino y se fue a su casa manejando muy bien, aunque la ciudad pasaba muy rápida y él comenzaba a acelerar y a sentir algo de vértigo a pesar que sabía que lo suyo no era la velocidad sino los viajes.

3
El cuarto de estudiantes era muy chiquito, apenas si cabia la cama de ella, una mesita frente a la ventana y un mini refirgerador. Habia una división donde estaba el lavadero y una cocinilla. La cama era pequeña pero se las arreglaban para entrar dos. Total casi todo el tiempo estuvieron uno encima del otro.

Mi mamá va a venir mañana a recogernos para ir a casa. Le dije que venías conmigo y me dijo que te podías quedar con nosotros. Sólo el fin de semana.

Ella vivía en un pueblito cerca de la desembocadura de un río en el Atlántico. Eran unas cuantas casas desparramadas en el campo, tenía gallinas, patos y un senderito de piedra por el cual se llegaba a la casa principal. La madre era regordeta y sonrosada como la hija y el padre era regordete pero taciturno. Cuando Ricardo llegó a la casa y lo saludó ni siquiera le devolvió el saludo, parecía un retrasado mental.

Le habían preparado una cama mullida con una vista preciosa de una laguna que estaba cerca de la casa. Se quedó dormido ni bien se echó sobre la cama (porque una característica de Ricardo, característica valiosísima para su apetito viajero, era que se quedaba dormido en cualquier lugar con facilidad.) A la mañana siguiente lo despertó el peso de ella sobre su cuerpo. Había saltado sobre la cama desnuda y le estaba dando besos.

-Mis papas salieron, no van a estar toda la mañana..
Ricardo trató de explicarle que no había comprado condones porque en el camino siempre estuvo la mamá al lado y se había sentido cohibido. Ella pensó un segundo, saltó de la cama y regresó en unos segundos con tres paquetitos. Sacó uno y se lo colocó ella misma, después se colocó sobre él.

A mediodía regresaron los padres y el papá le preguntó si quería acompañarlo a la tienda de pescado a hacer compras para el almuerzo. Había cambiado, no era el mismo tipo retardado de la tarde anterior, era amable, muy sorprendido que hablase francés el peruanito, hasta se rió de algunas de las bromas de Ricardo. La casa del pescador era un chalet de dos pisos al lado del río. Tenía dos camionetas al frente de la casa y por uno de los lados en una especie de garaje pero sin puerta había habiliitado la pequeña tienda donde estaban las bandejas de plástico con pescados , langostas y cangrejos, al lado de una pequeña balanza. Ricardo estaba tratando de comparar la casa del pescador de la pequeña provincia francesa con las que tendrían los pescadores allá en Lima. El puta hasta tenía bolsas de plástico impresas con su nombre su dirección y teléfono. También hacía repartos a domicilio. Camino a casa el padre le preguntó cuanto tiempo que conocía a su hija.

Desde febrero cuando fue al Cuzco, la conocí en la Plaza de Armas, justo al día siguiente que le habían robado la cartera con su documentos.

Después preguntó si pensaba quedarse mucho tiempo.

No, sólo hasta el martes que tomo el tren para Roma.

Había planeado estar sólo tres días con ella y la había pasado tan bien que al final alargó la estadía hasta una semana. Pero si no cogía el martes el tren para Italia no iba a tener tiempo para hacer el recorrido completo que había planificado en Europa: Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, España. No tenía la visa de Gran Bretaña pero pensaba sacarla estando en Roma. Dependiendo del tiempo que tuviera podía pasar o no pasar por Alemania donde había una familia que le iba a dar alojamiento en un pueblo cerca de Frankfurt. Después tenía que ir a España donde su amiga Rosana que lo estaba esperando con dos boletos comprados para un concierto de R.E.M. en las afueras de Vigo. Si tenía tiempo viajaría a Barcelona y a Madrid desde donde salía su vuelo de regreso a Lima.

El padre preparó el pescado y abrió los vinos. Había del tinto y el blanco para que Ricardo pruebe los que el padre consideraba los mejores vinos de Burdeos. Habían puesto también toda una variedad de quesos sobre la mesa y pan. La conversación se fue de Francia a Perú y la situación política y económica. Las coas habían estado bien económicamente pero había como una pequeña crisis que parecía estar desarrollándose lentamente e iba carcomiendo los éxitos económicos. Había aumentado el desempleo en los últimos meses, se comenzaba a hablar del efecto dominó de la crisis asiática. Algunas empresas comenzaban a amontonar deudas y la maquinaria estatal parecía estar demasiado preocupada en asegurar una fórmula que le permitiera al dos veces elegido presidente un tercer periodo de gobierno.

Ellos después hablaron que en Francia tampoco las cosas iban muy bien, que el estado había reducido los fondos dedicados a la educación y que el desmpleo estaba en aumento. Claro que a Ricardo las cosas no le parecieron tan mal en esa pobre casa de campo donde el padre trabajaba de chofer del autobús de la escuela y la madre de empleada de limpieza de un club naturista en las afueras del pueblo. Se acababan de comprar un automóvil Peugeot verde que en Perú podía costar más de 20,000 dólares y que por supuesto que no lo podía compar ni el chofer del autobús del colegio ni la empleada de limpieza peruana aunque trabajaran juntos y ahorraran dinero varios años.

Terminado el almuerzo ella lo invitó a montar bicicleta por los alrededores. Se fueron por un camino de tierra afirmada entre arbustos y árboles de avellanas.

Si tenemos suerte veremos un jabalí, dijo ella.

Dos semanas antes yendo en bicicleta ella y su hermano casi se habían dado de narices contra un jabalí enorme en medio del camino. Y la semana anterior camino a Burdeos su madre chocó su camioneta contra uno de esos animales.

Era un lago no muy grande pero profundo y en la orilla del frente algunos pescadores estaban probando suerte con sus cañas y anzuelos. Apoyaron las bicicletas contra la grama que cubría el borde de la laguna y se echaron a descansar detrás de unos arbustos desde donde nadie los veía.

cuando te vas a Italia?
El martes
Entonces vas a estar unos días más conmigo en Burdeos?
El lunes y el martes en la tarde quiero tomar el tren para Paris para hacer la conexión con Roma.
Yo me voy unos días a Inglaterra a la casa de mi amiga Claire. Podemos quedar para encontrarnos en París cuando vengas de vuelta.
Si, sería maravilloso encontrarte en París.

Tomaron las bicicletas de vuelta casi con la caída del sol. Esa noche ella se las arregló para meterse a su cama unas horas durante la madrugada, se fue a su dormitorio antes de la salida del sol.

4.
A las siete de la mañana tenía el auto encendido. Su desayuno fue un pan que encontró en la cocina untado con mantequilla. Se había levantado a las cinco para terminar un artículo para la revista sobre Guerras y Civilizaciones, un documental que lanzaban esa semana en HBO. Esa mañana tenía que ir a entrevistar a una cantante de música peruana en su casa de Barranco y después llegar antes de las once al periódico para terminar cuatro notas de la sección Metropolitana. Su ruta de todos los días era hasta la bajada de la via Expresa, luego subía por Javier Prado hasta Camino Real y de allí escogía las calles según el tráfico hasta las oficina de la revista. La idea de entrevistar a Susana Baca no era de él sino de Patricia, una de las vendedoras de publicidad que creía que podía incursionar en el periodismo. Tenía el soporte total de José Luis Carranza, el diseñador gráfico de la revista y buen amigo de Ricardo. José Luis estaba templado de Patricia que estaba casada y tenía una hija pero vivía en constantes peleas con su esposo. Al parecer en una de sus conversaciones con José Luis la noche había terminado en besitos y arrumacos. Y de allí el salto al periodismo. Apoyemos a Patricia! Apoyemos a Susana Baca, valor nacional! Al parecer la primera idea de Patricia había sido entrevistar a un cantante de rock que también era ídolo de telenovelas pero el editor había dicho convencidísimo que ese huevón no aparecía en su revista mientras él fuera editor. José Luis había propuesto a Susanita Baca y Patricia hizo la sugerencia que al editor le pareció encantadora.

Llegó 7 y media de la mañana a la revista y Patricia y José Luis ya lo esperaban en la puerta. Iban a ir en el carro de ella que tenía malograda la alarma y no quería dejar el carro tirado en ningún lado por mucho tiempo. Se fueron por la Costa Verde y subieron por Chorrillos. Todavía era un cuarto para las ocho cuando llegaron al puerta de Susana Baca, una casona antigua frente al puente que une Barranco con Chorrillos.
Patricia le estaba explicando a José Luis como usar la cámara profesional que había conseguido prestada de una amiga. Para efectos de la entrevista Patricia era la reportera principal de la revista, José Luis era el fotógrafo oficial y Ricardo Stoll era el apoyo logístico, además de periodista de un diario destacado.

Tocaron el timbre de la casa de Susana a las ocho en punto. Ella les respondió por el intercomunicador con la misma suave voz de sus canciones y les abrió la puerta. Entraron al patio y caminaron hasta la puerta de la casa donde un hombre de barba y un poco bizco los hizo pasar a la sala. Hablaba con seseo y tenía facciones de indio pero era muy blanco. (Después se enterarían que era la pareja de Susana, su manager y además arreglista y compositor. Era boliviano y tenía muchos años menos que la cantante.)
Mientras se acomodaban en la sala Patricia explicó de qué se trataba la entrevista, para una nueva sección de la revista llamada Perfiles donde se entrevistarían a “peruanos con mucho valor.”
La diva bajó descalza por la larga escalera caracol de mármol sosteniendo con sus manos su larga túnica color rojo tierra.
Tenía la mirada dulce y hablaba con voz dulce mientras respondía todas las preguntas que Patricia le hacía y que José Luis había corregido varias veces. Un par de veces se hizo evidente que Patricia no había escuchado su música pero Susanita disimuló y siguió hablando de cómo había heredado esa casona de una señora entusiasmada con su idea de fundar una escuela de música y después recorrieron los patios de la casona y les contó la historia de cómo conoció a su marido, el boliviano que Ricardo se dio cuenta todo el tiempo no dejaba de mirarle las piernas y las tetas a Patricia.

Llegó al periódico un poco tarde y lo estaban ya esperando los de pre-prensa para que le de una mirada a unas fotos que tenían que salir con su artículo en la próxima edición.

Cuando vamos otra vez a la tía Clarita Ricardo? Esta vez me toca pagar a mí, le dijo Caballero que estaba retocando la foto de una vedette para la carátula de un periódico de espectáculos. Le estaba quitando un rollo de grasa de la cintura.

Ricardo sonrió pero no respondió nada, lo de “La tía Clarita” le sonaba al pedo de un puta.

Señor Stoll lo llama el Ingeniero, le dijo la secretaria cuando pasó por el área de recepción camino a su oficina.

El ingeniero era el dueño del periódico, de otras revistas y socio principal de la imprenta más importante del país. Lo había conocido cuando Ricardo trabajaba de asistente en una revista y se amanecía con el editor vigilando que se haga el trabajo de retoque, filmación y que las películas llegaron a tiempo a la imprenta. Lo puso a dirigir el área de Metropolitana del periódico pero siempre le había ofrecido que cuando hubiera un puesto mejor lo iba a ascender.

Parió Paula, le dijo con una sonrisa que brotó entre su espesa barba negra.

Le explicó que esa tarde tenían una reunión con el gerente del nuevo gran Shopping Center del Jockey Plaza, para explicarle su proyecto de hacerle una revista de calidad como la que él había visto en un reciente viaje a Chile y que se distribuía gratuitamente entre los visitantes del Centro Comercial Parque Arauco.

Nos vamos a llenar de dinero y quiero que tú dirijas todo el proyecto. Tengo el contacto con la imprenta, tengo a la vendedoras de publicidad que es una amiga mía, una señora que es una estrella de las ventas. Necesito que te concentres a partir de hoy en este proyecto y que vayas conmigo a hablar con el gerente del Jockey.

Subieron al carro del ingeniero y se fueron al Centro Comercial. En una sala privada los recibió el gerente, Javier Solís, un cuñado con un peinado a lo Alan García, una enorme papada y una barriga que trataba de esconder debajo del terno de diseñador. Entendió el proyecto, entendió las cifras y sobre todo entendió que el Centro Comercial no pagaría un centavo por la revista a pesar de supervisar cada detalle de la impresión y el contenido. Tenían aún que decidir un nombre, el nombre de las secciones y el tipo de papel, pero Ricardo se haría cargo de aquello. Como no. Solís les presentó a su asistente, Giovanna Trocadero, que vestía de traje sastre, siempre parecía nerviosa y hablaba con voz afectada como hablan casi todos los pitucos de Lima. Ambos parecían correctos y gentiles, parecía un negocio redondo y el Ingeniero parecía estar contento.

Siempre me da cosa hablar con esta gente, le confesó el Ingeniero en el auto regresando a la oficina. Siempre parece que te sonrieran de compromiso y te estuvieran ocultando algo.

Para Ricardo los pitucos pitucos sólo se quieren entre ellos. Sólo se entienden entre ellos y se juntan entre ellos. Hay los pitucos buena gente que entienden a todo el mundo y hacen amigos en todas las clases sociales y son simpáticos y siempre es grato conversar con ellos. Hay los pitucos insoportables que creen que están en el país de los mil desastres y que le hacen un favor al país viviendo en él. Y hay los pitucos que llegaron a la escala más alta de la pituquería lamiendo culos y que para sostenerse en el mundo de los pitucos tienen que impostar la voz y aparentar todo lo que no son.

La ventaja de vivir en el mundo de los pitucos es que controlan todo lo que está de moda y la pasan bien porque el dinero les sobra. Tienen los clubes, las discotecas de moda, las fiestas, las playas y los restaurantes donde se congregan y la belleza está por todos lados, algo trascendental en esta tierra donde hay tantas mujeres y hombres feos. Y tienen tanto dinero a la mano que se pasean por todo el mundo cuando les da la gana. Eso último sí que lo envidiaba Ricardo Stoll para el que cada viaje significaba una terrible juntadera de plata.

Lo triste es que sean una minoría tan pequeña, una congregación diminuta cuya realidad no corresponde con la de la mayoría de la población porque no tener familia y no tener dinero en el Perú equivale a quedarte siempre alejado de ese 1 por ciento de la pituquería que controla las cosas caras y bonitas del país. Pero no era un problema sólo del Perú, viajar le había enseñado a Ricardo que la misma realidad de minorías y mayorías con sus actitudes de desprecio y sus irreconciliables diferencias sociales, existían en todos los países. Por eso corregía tantas veces a la gente cuando decían con actitud de desprecio:

Esto sólo pasa en el Perú.

Solís y su secretaria por alguna razón le parecían pitucos de la tercera clase, es decir los que se sostenían por sus actitudes de desprecio hacia los demás, por la impostura de sus actitudes y su voz. Dos tipos pedantes que lo único valioso que tenían era su posición económica la cual dependía de cómo se aferraran al trabajo que los amamantaba. Por alguna razón extraña a Ricardo esa gente le provocaba pavor, esa sensación de tratar con gente que nunca lo incluiría entre su círculo de amistades, esa relación laboral absolutamente fría en la que nunca estarían de por medio una conversación franca, un par de cervezas, una manotada en la espalda o una broma cariñosa.

Pero así era el mundo y él tenía que estar contento de estar dirigiendo un proyecto que parecía ser importante y tener mucho futuro. Y en la carrera que había elegido. Con algo de suerte y mucho trabajo pronto también tendría dinero y se llenaría de plata y tendría una oficina más grande y un carro más nuevo y un departamento de lujo.

Por alguna razón que no entendía del todo, aquél prospecto a Ricardo no le despertaba ningún vértigo, ningún estallido de júbilo, ninguna alegría inmensa. Lo suyo, eran los viajes.

Se tuvo que quedar más horas que nunca en la oficina porque la reunión lo había retrasado todo. Entregó sus artículos de Metropolitana e ignoró dos llamadas al celular diciéndole que tenía que pasar por la revista a recortar un poco el artículo de las “Guerras y Civilizaciones” porque Patricia había vendido una página más de publicidad y en vez de dos páginas el artículo tenía que caber en una. Se quedó en la oficina e ignoró una última llamada casi sobre la medianoche. Cuando estuvo en el carro escuchó el mensaje que no era de la revista sino de la chica de la tienda fotográfica que quería conversar con él. A esa hora casi no había autos en la Javier Prado, se le cerraban los ojos de sueño y sentía un intenso dolor en la parte de atrás de la cabeza, como un calambre. Pensó en virar hacia Barranco a tomarse una cerveza, pero más pudo el sueño, más pudieron las ganas de dormirse de una vez y dejar de pensar en la idea absurda que lo estaba atormentando desde la reunión de la mañana.

“Esto no es lo tuyo compadre, este negocio no te gusta, o es que en el fondo eres una mierda, uno más entre esos huevones que también regresan casi la medianoche a sus casas después de trabajar? Un conformista, un don nadie hijo de puta.”

Le hubiera gustado tener valor para responderse esa misma noche pero estaba demasiado cansado y tampoco tenía la respuesta muy clara.

Foto: Colegialas y micros. De: Pierre Pouliquin/Flickr.com

Discusiones. After reading Inner Workings by J.M. Coetzee

Gabriela Mistral, poeta ganadora del Nobel en 1945.

-Es una barbaridad que Chile tenga DOS premios Nobel de literatura y Argentina no tenga ninguno.
-Y Colombia tiene uno.
-Pero Colombia siempre ha tenido buena literatura. Y García Márquez se lo merecía.
-Pero el único escritor bueno después del Boom es Bolaño.
-Creo que estás hablando estupideces
-Eso es bastante discutible.
-¿Quién lee ahora a Gabriela Mistral?
-Creo que en Chile hay gente que la lee
-Sí, pero no vas comparar a la Mistral con la influencia de Borges y su trascendencia en la literatura mundial
-Y muchos escritores sudamericanos dicen haber sido influenciados por Vargas Llosa
-Lo que habla mucho de la pobreza de la literatura en Sudamérica
-Estaba leyendo el libro de ensayos de Coetzee, Inner Workings. Ni una mención a Vargas Llosa. No cuenta para la literatura anglosajona. Sin embargo tiene un buen ensayo sobre las influencias en la literatura de Garcia Márquez. Y su deuda a Faulkner.
-Faulkner era alcohólico.
-De eso habla también Coetzee. Era muy tímido y rehuía a la prensa. Nunca terminó la universidad y rehuyó siempre la enseñanza. Hasta que lo convencieron ya de viejo. Le gustó y fue profesor vitalicio de una universidad del sur de EEUU. Parece que ese ingreso fue el único que le permitió no morir en la pobreza absoluta.
-Además fue un escritor de guiones mediocre. En Hollywood nadie quería sus guiones
-Pero era muy respetado como intelectual.
-Bueno. La cosa era que influyó mucho en García Márquez.
-Igual que Sófocles. En el ensayo sobre Gabo, Coetzee menciona que La Mala Hora era la version colombiana de Antígona. Al parecer García Márquez lo escribió sin darse cuenta, se lo dió a un amigo para que lo lea y este le hizo notar el parecido. Por eso le incluyó un epígrafe de Antígona.
-A lo que iba: es una barbaridad que Chile tenga DOS premios Nobel de literatura y Argentina tenga ninguno.
-Ya córtala. No tenemos la culpa que Borges sea un pésimo político. Tú sabes que todo es política en el Nobel. Creo además que lo que dices es pura envidia
-Porque Perú no tiene ningún premio Nobel tampoco
-Que conste que no lo dije yo
-No es eso. Tampoco lo va a tener, los peruanos piensan que Vargas Llosa es el único escritor de talla que existe. La verdad hay decenas de escritores que merecen el Nobel. Y a Vargas Llosa en gran parte del mundo nadie lo conoce. Al menos para el mundo anglosajón Vargas Llosa casi ni existe. O es uno más de los buenos escritores contemporáneos.
-Creo que allí se te va la mano. No le restes méritos.
-No le resto compadre. La ciudad y los perros es una de las mejores novelas que he leído
-Para mí la mejor es La guerra del fin del mundo
-Pero esas novelas no son mérito suficiente para ganar el Nobel
-Pero además tiene un montón de ensayos, algunos muy buenos
-Los relacionados con la literatura son buenos. Los de política son bastante discutibles
-Muy difícil que le den el Nobel a un escritor de derecha
-Pero de todos modos si hay alguien en Sudamérica que se merece el Nobel es Vargas Lllosa
-Y Nicanor Parra
-¿Quién? No jodas. Fuera de Chile a Parra nadie lo conoce
-Habla por tí. Yo sé mucha gente que lo lee en inglés. Más que a Vargas Llosa
-Ya sería la gran concha que le den el Nobel a Parra y no a Vargas Llosa
-Y que Chile tenga TRES Nobel y Argentina ninguno
-La vida ni el Nobel son justos. Sino los tres estaríamos en la playa y no en este cuchitril de mala muerte y Pound hubiera ganado el Nobel.
-Ahí otra injusticia ¿Cómo le vas a dar el Nobel a T.S Eliot y no a Pound?
-Oye, ya me aburrieron, me largo. Hasta mañana
-Lo que pasa es que no te gusta discutir de literatura

«No puedes llamar fea a una chica durante todo el año y luego pretender que acepte ir contigo a la fiesta de promo."


El título de esta entrada fue sacado de un notable ensayo de análisis polìtico, escrito por el periodista Joshua Green, publicado en el último número (septiembre) de la revista Atlantic Monthly: Lecciones de una presidencia fallida.

La prepotencia, falta de tacto e ignorancia de las formalidades y diplomacia en el trato con los representantes de los partidos republicano y demócrata es resaltada como la causa del derrumbe de la presidencia de George W. Bush.

Karl Rove, estratega político brillante, artífice de la elección de George W. Bush en dos oportunidades; es señalado como el culpable de la debacle.

El análisis–escrito luego de entrevistar a personas muy cercanas al entorno del presidente y/o involucradas en el proceso de elaboración de políticas de este gobierno-, señala una derrota catastrófica en tres de los temas claves para Bush: guerra en Irak, privatización y reforma del sistema de seguro social y reforma del sistema de inmigración.

De la ambición «histórica» de Rove de rehacer el panorama político de los Estados Unidos sobre la base del partido republicano, sólo queda un amargo sabor de boca.

Los analistas están empezando a repetir una máxima del sistema democrático que los estadounidenses parecieron olvidar con cierta facilidad después de los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001: es muy peligroso acumular todo el poder en una sola persona.

Lástima que les haya tomado tanto tiempo darse cuenta.

El siguiente extracto del artículo del Atlantic creo que es un ejemplo bastante ilustrativo no sólo del estilo de Karl Rove sino de las diferencias de personalidad entre un líder al que respeto y admiro como Bill Clinton y alguien al que desprecio como líder y presidente como George W. Bush:

Dick Armey, the House Republican majority leader when Bush took office (and no more a shrinking violet than DeLay), told me a story that captures the exquisite pettiness of most members of Congress and the arrogance that made Bush and Rove so inept at handling them. “For all the years he was president,” Armey told me, “Bill Clinton and I had a little thing we’d do where every time I went to the White House, I would take the little name tag they give you and pass it to the president, who, without saying a word, would sign and date it. Bill Clinton and I didn’t like each other. He said I was his least-favorite member of Congress. But he knew that when I left his office, the first schoolkid I came across would be given that card, and some kid who had come to Washington with his mama would go home with the president’s autograph. I think Clinton thought it was a nice thing to do for some kid, and he was happy to do it.” Armey said that when he went to his first meeting in the White House with President Bush, he explained the tradition with Clinton and asked the president if he would care to continue it. “Bush refused to sign the card. Rove, who was sitting across the table, said, ‘It would probably wind up on eBay,’” Armey continued. “Do I give a damn? No. But can you imagine refusing a simple request like that with an insult? It’s stupid. From the point of view of your own self-interest, it’s stupid. I was from Texas, and I was the majority leader. If my expectations of civility and collegiality were disappointed, what do you think it was like for the rest of the congressmen they dealt with? The Bush White House was tone-deaf to the normal courtesies of the office.”

Memorias


De La Iliada recuerdo la sangre
El ruido de los metales atravesando la carne
El peso de los cuerpos, pesados sobre el lodo
Los rayos de Zeus, la cólera de Poseidón
La sensualidad en la carpa de Aquiles
Los sigilosos pasos de Odiseo
Los gritos y el llanto tras la muerte de Patroclo.

De La Odisea recuerdo la paz del mar
Desde las playas de Ítaca
La ropa de batalla de Telémaco
La áspera madera del barco donde
Ataron a Ulises
La oscuridad de la cueva del gigante
La medialuz de las conversaciones entre los dioses.

La Cucaracha (No)


Gracias al efectivo comercial, el slogan de Cucarachas No quedó grabado en la mente de millones de televidentes.

Las cucarachas se pusieron de acuerdo en que era necesario tomar medidas de emergencia. El producto no era tan bueno (las más viejas sospechaban que el fabricante estaba reciclando el viejo Black Flag Mata Todo), pero el daño ya estaba hecho. Reunidas en su cueva secreta, las cucarachas decidieron tomar medidas excepcionales: no salir después de las 6 de la mañana y andar siempre con un pito en el cuello para prevenir a sus compañeras de algún ataque inesperado.

El plan dio resultado. Pronto los habitantes corrieron la voz de que el nuevo producto no era tan efectivo y las ventas del nuevo veneno cayeron estrepitosamente. Los dueños de la compañía amonestaron a los ejecutivos de producto y convocaron al departamento de marketing para crear un nuevo nombre (sabiendo que usarían el mismo veneno). Dice la leyenda que así fue derrotado Cucarachas No.

Foto: Cucaracha Trinerfeña por Priner/Flickr

Épica, 17 de julio

En el sexto día del séptimo mes del séptimo año del siglo veintiuno, el hombre descubrió que no estaba solo. Miró alrededor suyo, limpió el polvo de uno que otro libro de su biblioteca, revisó su colección de DVDs, escogió un disco de su colección y -mientras empezaba a sonar el primero de los surcos- se fue al baño y meó.

Fue una meada generosa, prolongada, épica. Mientras la orina pasaba de su aletargado cuerpo, hacía un arco fabuloso y terminaba asentada en el fondo de la bacinica de mármol, el hombre se percató que estaba empezando una nueva etapa en su vida. La luz penetraba lubricantemente en la habitación de baño e iluminaba uno que otro rezago de las beatíficas tardes de su verano feliz: toallas mojadas, ropas de baño cubiertas de arena y camisetas que no había tenido tiempo de llevar hasta el cesto de la ropa sucia.

Sobre la bacinica de mármol una foto impresionante de una ola de Waikiki Beach le anunció en aquél bendito minuto en que el hombre consagraba toda su energía a la descarga de la pichi dorada, que los dioses guiarían sus pasos. Vagamente vio el perfil de Júpiter entre la luz del sol y oyó el retumbar del mar que anunciaba que en esta empresa estaban juntos Poseidón y su hermano, el dios de todos los dioses. Para que el hombre (algo diletante, propenso a la divagación y al relajo) se convenciera completamente de los designios de Olimpo, se abrió la puerta del dormitorio de baño y apareció Venus, apenas cubierta con una tanga carmesí y los pezones iluminados con polvo dorado.

Entre camisetas sucias, el hombre recibió de Venus el mensaje de su condición sobrehumana. Se lo susurró al oído y se lo repitió mientras se lavaban mutuamente. Los dioses aprobaron satisfechos cuando al día siguiente el hombre y Venus se subieron a la camioneta Toyota y partieron en busca de su destino. Cielo, tierra y mar estaban con ellos.

Fotos: Floripa por Gogoboy.Baño del Cuzco/Flickr

Lee la versión de este cuento publicada en The Barcelona Review (2009)

Diario de un diletante ocasional, 16 de julio


Mezclo arroz y frejoles, apachurro y fabrico harina para la dosa. Lleno la dosa con palta, tomate y un poco de queso mozarella. Sentado en la banquita de madera de Amagansett me sorprende un niño con un proyectil de plástico en forma de cohete transatlántico. Trato de hablarle pero al parecer su idioma y el mío son diferentes.

Es impresionante como abundan los rastas en esta zona del Caribe neoyorquino, se han puesto de moda al igual que las sandalias de plástico que parecen hechas de una pieza y para patones. Investigo en busca de un polo de Montauk pero no encuentro nada que me guste como para gastarme 20 dólares. Los mejores sandwiches vegetarianos son los de Joni al lado de la playa, pero las mejores dosas son las de Hampton Chutney Co.

Las fotos de la playa mayor están bien compuestas pero les falta alma, parece que la fotógrafa se hubiese tirado sobre la toalla y decidido tomar de una sola vez todas las fotos para su exposición, mientras terminaba su mañana de bronceado. Tres pelotitas amarillas y una raqueta nueva. Hay progreso en el tennis.

El tren tiene dos pisos y los veraneantes se disputan los asientos con ventana a chavetazo limpio. Prefiero la paz del primer piso. Sentado cómodamente en mi espaciosa butaca debajo del nivel del piso de la estación de tren, tengo una buena visión de las piernas de una que otra muchacha a la que vale la pena mirar. La mejor escena es la del anciano con sandalias y ropa carísima que se acomoda los anteojos en la estación para ver quienes se bajan del tren. Desde mi butaca sólo veo que una niñita se abalanza a los brazos de su abuelito mientras la mamama y la mami aparecen sonriendo «Ha sido un viaje larguísimo, tres horas desde Penn Station, tuvimos que hacer transbordo en la estación de Jamaica».

De mi lectura de Gibbons: Después de tanto trabajo, Dioclesiano se retira a su rejuvenecida casa en Nicomedia (Izmit), y allí muere rodeado de turcos, regocijándose con el recuerdo de sus plantones a los senadores romanos. En ese tiempo había que tener muy mala suerte para que te obliguen a convertirte en emperador romano, generalmente, hagas lo que hagas, terminabas decapitado.

Foto: Dave Montalvo. East Hampton Beach/Flickr

15 de julio, Todos somos Corleone


Le contaba a Miguel que después de ser presentado a toda la familia DiSalvo y recibir las felicitaciones de rigor, me sentía parte de los Corleone. Dicen que hay una ropa de baño en la sala por si quiero meterme a la piscina. Los veo jugar bola bacci que se parece un poquito a las bochas, y recuerdo aquellas tardes en familia jugando al tejo en el patio de la casa de Anqui.

Uno de los hijos de uno de los primos de Frances me dijo que él era el arquero en su colegio y me preguntó si era italiano. Le dije que no, que era peruano y me miró otra vez sin saber qué pensar de mí. Al final terminamos en los tiros al arco y por lo menos le pude demostrar al mocoso que yo pateaba al arco mejor que lo que él tapaba con su sangre italiana y ocho cuartos.

Otro chibolo vino a intimidarme con su polo de Italia tetracampeón pero sus tiros al arco parecían los tiros al cielo de mi pata Diego Durojeanni cuando recién llegó a Perú después de pasar 5 años en Virginia. ¿Y tu eres italiano? le pregunté al chibolo. «Yo soy ambos» me dijo y dejó la pelota abandonada para irse a despedir de alguna tía que repartía besos de despedida.

La tia Joanne es experta en artes marciales y también hizo su breve show de kung fú. Dice que nos va a avisar para conocer al Yoda filipino que de vez en cuando viene a EEUU a hacer demostraciones de kickboxing.

A John David lo metieron con zapatillas, pantalón y billetera a la piscina y me hizo recordar cierta noche de juerga en casa de Paloma en La Molina.

«¿Sabes que todavía puedes escaparte?» dice el tío Allen, antes de contar que el hijo mayor está en alguna fraternidad de surferitos en New Jersey, de playa en playa. Despedida para tomar el tren de regreso en Huntington, beso con las primeras páginas de Decline and Fall of the Roman Empire, prefacio de Moses Hadas.

El tren de Long Island demora 1 hora y media desde Huntington hasta Penn Station. Sobre los peldaños de Bryant Park espero el bus expreso que llega a Riverdale pasada la medianoche.

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