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The New York Street

Un blog lleno de historias

Wonderful springtime in the Bronx

Mi calle en el Bronx se llama Villa Avenue y es, a su manera, una especie de pueblo pequeño. Tiene dos cuadras de extensión. Tiene un bar: «Tirana», (no porque la dueña sea mala sino porque la mayor parte de su clientela está conformada por albaneses kosovares).

 

En la esquina de la casa hay una bodega, que abre desde las 8 de la mañana hasta pasada la medianoche los días de semana y hasta casi las dos de la madrugada los viernes y sábados. Funciona casi como un centro comunitario: allí puedes dejar las llaves de tu departamento si es que llega una visita antes que vuelvas a casa del trabajo o puedes llamar de tu depa para que te preparen un sandwich (Sandwich completo: jamon, queso, tomate, lechuga, caliente, en pan grande (hero): 4.5 dolares, una cerveza Corona en botella pequeña: $1.5, un foco de 100 W: 99 c, un ticket de NY Lotto: $2, sopa grande en lata Campbell Manhattan Clam Chowder: $2.69)

 

Tenemos una lavandería en la esquina con Bedford Park, atendida por una señora mexicana ($1.5 la lavada, $0.25 por 8 minutos de secadora) y un restaurante de comida salvadoreña en la esquina de Villa y la calle 204 (Vaso de jugo de marañón: 2 dolares. Especialidad de la casa: papusas). A una cuadra y media está la entrada al tren D. (Tiempo a 42 St en Manhattan: 40 minutos aprox).

 

A tres cuadras está el tren 4. (Tiempo aproximado al estadio de los Yankees: 8 minutos) Deporte favorito de los niños de Villa Avenue en primavera: basketbol (una cesta amarrada en la parte alta del poste de luz frente de la bodega, balón naranja Spalding).

 

Algunas cosas desagradables de Villa: Hoy me despertó un hijo de puta con la música árabe de su auto a todo volumen.

 

Detalles: El albanés que está pintando mi casa se llama Tony, es sobrino del dueño de mi edificio. Historia de Tony: le gustan los autos. Tanto que decidió entrar a un buen negocio: estafar a la compañía de seguros. Llegó a ser gerente de un club de golf (Knollwood, el club donde yo trabajo). Me lo encontré la semana pasada que acababa de salir de prisión. Dos años por estafar al seguro. Ahora trabaja para su tío, que es dueño de casi todos los edificios de Villa: bota la basura, pinta los edificios, arregla cosas malogradas.

 

Música más común en Villa: reggaetón. Ahora escucho mucho, en la bodega, ese rap-reggaetón-latino con Shakira y ese reggaetonero misio que grita a media canción ¡Shakeera, Shakeera!…
Hora promedio para irse a dormir: 1 am. Para levantarse: 8:30 a.m. Villa Avenue, Zip code: NY 10468.

Sangre mala

 


I was there, on the subway, on the train, over the bridge. Just shivering as the other ones. They waited at the platform or looked through the window to the man dying. Over the tallest building a signal of hope: A yellow star pretending to be black. This guy of the blue gaze, just before the seizures, was admiring the weather while the train was running over the Manhattan bridge, pretending to be blind: “Yo hablo español, solo que no lo he desarrollado mucho.”

What kind of accusation against him? How to spread the idea without the help of his eyes? ¿Cómo interpretar la historia sin la permanente acusación de su historia? ¡No temeremos a las mariposas incrustadas en el pergamino de Agamenón! ¡No desperdiciaremos el tiempo mal ganado en las pesadillas de otros! “Is that not the truth Omar?”, he asked, just before his agony. We were too busy, too paralyzed and stupid to try to answer.“He was not blind”, said the detective.

It was irrelevant to tell him that his last words were: “Better to rule in Hell than to serve in Heaven” The detective got an extra large cigarette, smiled with the precision of a tree just before falling over the river. “¿Nos quedamos a esperar a los médicos?¿Qué opinas Homero?”

─Lo dejamos. El finado no molesta a nadie y a mí me jode mucho esta calor terrible.

Esa tarde en que nos sentamos a conversar en Ayacucho, conversamos sobre esa noche. Te dije que había visto al ciego contorsionándose en el vagón del tren, que lo había visto escupir unas cuantas veces antes de dejar de murmurar. Con menos precisión, pero más o menos de la misma manera. Entonces aún no eras madre y tus senos se veían respetables bajo el brassiere con color a hueso. “Mira, esto. Tómame foto” dijiste. Y te metiste el tamal completo en la boca. Salimos otra vez a la carretera escuchando el viejo cassette de Aretha Franklin. En el recodo del río, sobre la piedra gastada me diste un beso en la mejilla. Aquella tarde de abril no tenía ni idea de lo que significaba la muerte.

Al día siguiente, en la madrugada, mi amigo me sacó de la iglesia donde tomaba fotos de las andas y las velas. Me tomó del hombro, me hizo entrar en un carro y nos fuimos hasta donde conocí a la breve muchacha de Satipo. “Córrete, córrete me decía” y yo no quería venirme porque lo estaba disfrutando más que nunca. Al final ella me la sacó porque no le quedaba otra y me la chupó hasta que me vine con el patético golpecito en la puerta. “¡Veinticinco minutos solamente!” Tal vez la chica tenía sueño, tal vez la habían despertado con todas las campanas de la Semana Santa.

A mi amigo lo encontré enderezado, con un codo sobre la barra “No pensé que ibas a tirar”, me dijo. “¿Y tú a qué has venido?” “Solo a conversar con las putas”. Se volvió a enderezar, esta vez incómodo, y me siguió hasta el portón oxidado. Nos esperaba el mismo escarabajo amarillo que nos trajo. Regresó hasta la plaza y me dejó a un lado de las andas de la Virgen, enmedio de la procesión, cegado por las cientos de velas.

Y no volví a saber de ti hasta ayer en que he leído tu nombre, dentro de un breve mensaje sobre infiernos en la Tierra. Todo esto me trajo a la memoria el incidente, las palabras en inglés del ciego antes de morir y sus pergaminos, los cuales investigo a la pálida luz de una lamparita blanca hecha en China. “Escribe bien este conchasumadre”, pienso: Sitting beside the road, watching the wagon mount the hill toward her, Lena thinks, «I have come from Alabama: a fur piece».

Dejo el libro a un lado de la mesa de noche, me monto sobre el parapeto y miro la ciudad con alguna esperanza. Frente a mi ventana hay un tren corriendo apurado sobre los rieles recién pintados de verde. Acá a mi lado tengo el agua caliente, la vasija y la navaja afilada. Hay un detalle, tal vez mínimo, pero que me molesta mientras pienso otra vez en tu nombre: Desde esta ventana mi amor, es imposible que veamos el mar.

El derby de los penúltimos

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El mejor cuento peruano que se ha escrito en el siglo XX se llama El derby de los penúltimos. El autor se llama Fernando Iwasaki y tuve el gusto de conocerlo cuando vino a pasar unos días a Nueva York. Entre wiskacho y wiskacho, junto a nuestro amigo, el erudito Camilo Torres, tuvimos una fascinante tertulia literaria que se prolongó hasta pasadas las tres de la mañana, en que cerraron el café Dante donde la mesera, una deliciosa representante de la belleza croata, nos tomó la foto que ilustra este mensaje.
El derby de los penúltimos enlaza el universo de la bohemia limeña de las primeras décadas del siglo XX, con una descripción casi cinematográfica de fumaderos y burdeles de antaño y la precisa caracterización de algunos jóvenes intelectuales como el tullido Mariátegui o el dandy Valdelomar. Entre escena y escena, Iwasaki encaja comentarios que ilustran las rivalidades literarias y la vida nocturna de aquél círculo de compinches a los que unía tanto la pasión por la literatura y la política como el gusto por la jarana, las putas, el opio y la juerga.
Las peripecias del narrador , Froilán, y del poeta peruano, pierolista y feroz partidario republicano Félix del Valle nos llevan hasta los días posteriores a la toma de Madrid por las fuerzas de Franco donde Froilán, como funcionario de la embajada, ayuda a Del Valle a exiliarse a Buenos Aires. Unos años después, ya en la capital argentina, Del Valle , el narrador, Bioy Casares, las hermanas Ocampo y el joven Coco Lucho Borges–nunca se mencionan sus nombres, pero la descripción es infalible– , asisten a un truculento duelo gitano en el cual Del Valle resulta vencedor y, tras el cual el sensible joven Borges, impresionado, decide escribir un cuento que inmortalice la hazaña del peruano. El cuento se ha de llamar: El sur. (Lo sospechábamos: su cuento tiene más aire a duelo de chairas y chavetazos limeño, que a desafío gauchesco, pero necesitábamos la pluma inspirada de Iwasaki para que nos lo confirme.)

No he leído a otro cuentista peruano con tal soltura y dominio de las herramientas del lenguaje y de las figuras literarias. Allí está Loayza, sí. Pero Loayza en sus mejores cuentos se parece mucho a Borges, mientras que Iwasaki en sus mejores cuentos se parece a Iwasaki (con los pros y con los contras de esta cualidad, y que otros ya habrán señalado). Desde entonces –o antes tal vez, no lo sé, porque no he leídos sus cuentos anteriores–, le viene a Iwasaki la manía por retratarnos a personajes de la literatura en situaciones al margen de sus biografías oficiales. Como explicándonos la historia que hay que conocer para entender el nacimiento de sus obras. La técnica la ha seguido puliendo con los años, y la utiliza con éxito en su última novela, Neguijón, en la que acomete contra la digna figura del homosexual Cervantes.
El derby se puede leer dentro de la colección Un milagro informal de editorial Alfaguara.

El pueblo no es bruto

El fenómeno Humala no existiría si el gobierno de Alejandro Toledo hubiera satisfecho las expectativas que se tenían de él al inicio de su gobierno.

¿Qué expectativas? Las de DEMOSTRAR que un sistema democrático era mejor que el gobierno autoritario y controlista de Alberto Fujimori. Los partidarios de la «mano blanda» tenían que demostrar que estaban equivocados todos los que sostenían que la única manera de gobernar el país era por medio de la «mano dura».

No sucedió eso. Desde su primer año Toledo dejó de satisfacer las expectativas del pueblo que lo eligió y el sistema democrático que él representó, empezó a mostrar los defectos que los peruanos conocemos tan bien: congresistas aprovechándose de sus beneficios e intentando asegurar su futuro a través de sueldos exhorbitantes -esto incluye a Toledo, subiéndose el sueldo sin niguna vergüenza, yéndose de vacaciones a Punta Sal cuando todos exigían su presencia. Un gobierno incapaz de establecer justicia e igualdad social, incapaz de solucionar, reparar, al menos mejorar los términos desiguales en los que se vendieron la mayor parte de empresas públicas, promesas sin cumplir, deterioro de los sistemas de hospitales y de escuelas dejados por el anterior régimen, deterioro de las condiciones de trabajo de la policía, deterioro de las relaciones internacionales, corrupción en todos los niveles–empezando con las mentiras sobre la paternidad de su hija hasta las referentes a su matrimonio por interés, los trabajos que favorecían a sus familiares, su relación con Baruch Ivcher hasta sus tratos deshonestos y nada claros con el imbécil de Olivera o su sumisa actitud frente a George W. Bush (cerrar todos los aeropuertos para permitir que Bush visite el país ¡¡ por favor!!)

En ese contexto, aparece el presidente Hugo Chávez, que representa una nueva opción frente a la sumisa actitud ante los EEUU y la corrupción en el gobierno de los presidentes «democráticos». Una tendencia alimentada por la desesperación de una clase social a la que no llegan aún los beneficios del liberalismo económico y que asiste todos los días, harta, al espectáculo de corrupción en el gobierno democrático de Toledo.

Sin la ineficacia de Toledo y la perturbadora presencia de Chavez es imposible entender la posición de Humala en las elecciones. Agreguemos que los otros dos candidatos que lideran las preferencias electorales son muy malos. Alan porque fue un desastre como presidente y Flores porque no ha podido probar que su gobierno será mejor que el de Toledo. Creo que sería más honesta como presidente, pero la verdad es que sus declaraciones, respecto a muchos temas como su posición frente a la Comisión de la Verdad, personajes corruptos de su entorno más cercano, o la defensa de los derechos humanos, no han sido muy juiciosas que digamos.

Agreguémosle a esto un detalle: más del 40% de los peruanos votaron por Fujimori el 2000. Contra todas las acusaciones de corrupción, este 40% de la población estaba de acuerdo con las condiciones de vida durante la dictocracia de Fujimori (después de 10 años de gobierno), y creía en la mano dura y en las promesas de Fujimori de seguir invirtiendo en infraestructura y privilegiar el trabajo «con los medios controlados y los partidos políticos aplastados» en lugar de libertades totales y democracia absoluta. La diferencia entre Fujimori y Humala es que Fujimori promovía la inversión extranjera y el liberalismo económico. Y que Fujimori, como Paniagua y Toledo, manejaron con responsabilidad los indicadores macroeconómicos y las reservas del país. Humala está prometiendo controlismo y estatización.

Toledo ha demostrado lo peligroso que resulta el sistema democrático. Ojo: LA DEMOCRACIA QUE CONOCEMOS LOS PERUANOS, ES UNA DEMOCRACIA IMPERFECTA. Pero, lamentablemente, los peruanos que votan por Humala han visto TODAS LAS IMPERFECCIONES de la que es capaz un gobierno democrático. Y es muy claro que ESA democracia, no los complace. Toledo ha defraudado a quienes, como yo, esperábamos que se les demuestre EN LA PRACTICA, a los peruanos, que un sistema democrático es el mejor de los sistemas de gobierno posibles. Que se demuestre que el autoritarismo no vale la pena, porque siempre desemboca en situaciones políticas lamentables.

Pero no existe un país moderno que haya alcanzado el desarrollo económico aislándose y negándose la opción de atraer capitales extranjeros. Europa y Japón se levantaron del desastre de la Segunda Guerra porque EEUU invirtió en ellos. Chile está saliendo de la pobreza porque recibe capital de EEUU, porque ha firmado tratados de libre comercio con ellos y con Europa; y China está desarrollándose gracias a los billones de dólares que recibe de las empresas norteamericanas. El Perú no puede crecer solo, no puede desarrrollarse aislándose.

Y gane quien gane VAMOS A TENER QUE PROTESTAR para que las condiciones sociales y laborales sean más justas, pero sin que se interrumpa el flujo de capitales externos, de inversionistas extranjeros hacia el Perú.

Bernard Shaw & The 12 Monkeys. 3 de abril


Mrs. Warren le dice a su hija que le hable con respeto, pero el respeto se gana y la hija ha vivido toda su adolescencia internada en escuelas para aristócratas, lejos de su madre. Ha de ser un choque tremendo enterarse que Mrs. Warren regentea los burdeles de mayor prestigio en Europa. No sabe decirle el nombre de su padre, aunque podemos asumir que se trata del reverendo Gardener.

La joven Vivie reclama que la madre siempre ha podido decidir una carrera mejor, como si estuviera en sus manos, replica la madre. Y le cuenta la historia de su vida: de sus cuatro hermanas, dos eran feas. Las feas eran honestas porque no les quedaba otra cosa, entran a trabajar a una fábrica, el plomo las envenena y mueren jóvenes. Mrs. Warren y Liz, eran preciosas, tal vez porque su padre fue aristócrata bien alimentado. Ellas entienden que lo único que tienen para ofrecer es su cuerpo y se prostituyen, pero con una meta. Liz y Mrs. Warren son ahora dos damas respetables de Londres. Todos saben su pasado pero nadie quiere preguntar.

Vivie ha estudiado en las mejores escuelas inglesas pero no quiere seguir el camino que dicta su madre: casarse con un hombre rico, pasar a formar parte de la aburrida aristocracia. Bernard Shaw es el director de teatro que dejaba todas las indicaciones del mundo. Y gasta una gran fortuna intentando reformar el alfabeto y la gramática inglesa. Vano intento.

La peli de Gilliam: el ejército de los 12 monos. Los ojos del niño mirando su propia muerte. El argumento de una gran película a veces empieza en una gran imagen.¿A Bruce Willis se le puede respetar como actor? Sí, después de ver a los 12 monos. El actor que le dispara en las escena del aeropuerto relata asombrado ante la cámara: nadie antes que yo, ha matado a Bruce Willis en la pantalla. Y sujeta su arma con espanto, mientras Gilliam dirige al hamster que le malogra la escena bien programada de Willis desnudo inyectándose vitaminas en la sangre.

Me jode el sonido de la máquina pulidora y el olor de la bencina –acaban de barnizar la sala de la casa–. El armatoste destrozado de mi ropa, en pedazos, se va a la basura. El cuarto ahora luce mejor, con más espacio y nuevo lugar para la cama. Hizo calor el fin de semana, calor para andar en shorts y en polo. Sin embargo esta tarde han llovido perros y gatos y ha empezado nuevamente el frío. Stephanie me manda un mensaje: que se aburre en UN. Le respondo que estoy en casa ordenando y limpiando, pero para variar seguro que se demora cuatro días en contestar. Me ha dicho que cojea porque se ha lesionado, que casi le ponen una multa por levantar la pata sobre una banca en un parque.

Camilo insiste sobre ella, la librera con pinta de personaje de Clowes, le he dado el mejor consejo que se puede dar. No sé otro, tampoco soy un experto. Le he pasado un trapo limpio a todos los libros. Me gusta mi mini biblioteca, allí esta mi primera edición de Anecdotes of Destiny que tengo que leer. ¿Y tal vez volver a ver el Banquete de Babet? Y Paideia de Jager también espera. Y El Nacimiento de la Tragedia, de Nietzche. Ni qué decir de lo que tengo que leer para la maestría. Me ha llegado un mail de la doctora Cockram con lo que debo leer antes de empezar con el estudio de los Cantos de Pound. Hay muchachos, muchos libros que leer.

El Paraíso Perdido de Milton


Argumento:
Satanás es un fiel subalterno al que se le ha negado injustamente el ascenso que merece. Jesús, el hijo del jefe, ha sido nominado como su segundo. Satanás siente que se ha cometido una trágica injusticia y que se le ha humillado. Es entonces que decide sublevarse.

El patrón es todopoderoso, mas Satanás tiene la gran ventaja de no tener nada que perder. Con presteza y sin mucho problema convence a unos cuantos ángeles sin mucho cerebro de la justicia de su causa. Como era de esperarse, Dios los aplasta y los manda al infierno. Mientras lame sus heridas, Satanás descubre al hombre. Ya que no puede vencer a Dios decide corromper a su criatura–difícil encontrar un blanco más fácil–, Satanás convertido en serpiente tienta a la mujer y esta muerde el fruto prohibido. Adán, a quien un ángel ha prevenido que el enemigo está rondando, se da cuenta muy tarde que el enemigo ha sido más inteligente que su mujer y que ella está perdida. En un acto de amor muerde también la manzana. Si ella ya está jodida, jodámonos los dos (¿Qué me voy a hacer yo solito en este enorme paraíso?)
El jefe, que preside omnipotente sobre el tablero de su creación, ha predecido que Satanás le quitará con facilidad ese peón. Su venganza es convertir a los demonios idiotas en serpientes, –los hubiera convertido en cerdos pero Circe ya lo había hecho con la tripulación de Odiseo–. Su hijo, que acaba de probar su valor en la lucha contra los subversivos, se ofrece como sacrificio para devolverle el Paraíso a los hombres. Total, el hombre es una buena criatura, débil pero con buen corazón. Antes que eso suceda, habrá que inundar la Tierra alguna vez para exterminarlos y Dios escogerá entre todos los hombres solo a una raza, la que demuestre estar menos pegada a los bienes terrenales: los judíos.

Así se demuestra que tan efectivo puede ser Iago-digo, Satanás-en su tarea de corromper a los hombres, esos seres imperfectos.

Jody Williams: Premio Nobel de la Paz


Hace una hora estuvo dando una conferencia en Lehman College, Jody Williams, premio Nobel de la Paz en 1997. Sencilla la gringuita, sin mucha pompa, un vestido común y corriente, muy poco maquillaje: el premio Nobel de la Paz, amiga de Desmond Tutu–le manda flores a su mamá todos los años en su cumpleaños–, Oscar Arias, Mandela y Rigoberta Menchú. Nacida en una familia pobre, de granjeros, del estado de Vermont, sólo con educación secundaria y con un hermano esquizofrénico que trató dos veces de asesinarlos, Jody Williams decidió a los 26 años que quería cambiar el mundo. Activista toda su vida, en 1992 consideró que era su obligación luchar contra la fabricación de minas anti personales. Lo hizo, en foros internacionales, durmiendo 3 o 4 horas diarias y conectando a gente de diferentes culturas y geografías que tomaban el problema muy en serio. Hoy 100 países han firmado e implementado proyectos para erradicar las minas anti personales y dejar de utilizarlas como arma de guerra. Gracias a su iniciativa, dejaremos de ver el triste espectáculo de niños muertos o con las piernas amputadas porque pisaron una mina que «alguien» dejó allí en alguna guerra peleada años atrás. Su mensaje más sencillo y más poderoso: todos podemos cambiar el mundo, si queremos hacerlo. Dedica al menos una hora del mes, en vez de ver televisión o leer una estúpida revista a hacer algo que creas que beneficie a una causa noble. Es reconfortante saber que muchos americanos piensan igual que ella-se mandó una crítica feroz contra el gobierno de Bush y su decisión de invadir ilegalmente Irak, contra la estupidez de los norteamericanos que creen que invirtiendo millones de dólares en armas y en seguridad van a evitar un nuevo 11 de setiembre. «Seguridad individual» es mejor que «seguridad nacional». Si Estados Unidos invierte más tiempo y dinero en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos pobres de los mismos países que lo proveeen de petróleo y riqueza, se puede conseguir mucho más en materia de seguridad que enviando ejércitos a defenderlo del mundo. Son 190 naciones contra una. Son millones de individuos molestos por la manera tan cojuda como este país gobierna sus relaciones internacionales. Criticó a Bush por mentirle a la gente, a Powell por mentirle a las Naciones Unidas en las pruebas de uranio en Niger, a Rumsfeld, Cheney y Wolfowitz por ser tipos educados e inteligentes que cometen las idioteces que cometerían los menos educados e idiotas.
Esta mañana estuvimos leyendo en clase los ensayos de Matthew Arnold. Solo una frase de esa clase: La Inglaterra de fines del siglo 19 se parece demasiado a los Estados Unidos de principios del siglo 21. Políticos que creen que el dinero y el poder van a asegurarles el bienestar, donde se desprecia la inteligencia y el pensamiento crítico en beneficio del «trabajo productivo». La máquina de trabajar y hacer dinero mientras el trabajo intelctual disminuye y las masas se vuelven cada vez más idiotas, felices porque creen que un televisor de 56 pulgadas es el progreso.

V for Vendetta

En el poema «Dover Beach», el poeta y ensayista británico Matthew Arnold, hace una comparación bellísima entre él, en la playa Dover de la costa inglesa, contemplando las luces de la costa francesa 18 millas hacia el sur; con el último ser humano en la historia que creyó en la existencia divina de los dioses griegos, en Zeus, Hera, Atenea.

Me imaginé una escena paralela: el último hombre que contemple una cruz con respeto, que levante los ojos al Cielo e imagine al Dios en el que creemos los cristianos. ¿En qué creemos hoy? La fe de Arnold no era la misma fe de los sacerdotes medievales a los que él visitó en los Alpes franceses -«hombres muertos en vida», dice de ellos-.

A pesar de todos los adelantos de la vida moderna y del pensamiento crítico, Arnold ve con pena la pérdida de la fe, esa corriente que le daba sentido a la existencia. ¿Cuál es es el sentido de la fe ahora? ¿La intolerancia? Matar en nombre de Dios debería ser castigado como el peor de los pecados, sin embargo, del otro lado del espectro político la perspectiva no es muy alentadora, ¿Qué hay de esos individuos que se aprovechan del miedo de las masas para gobernar, para recortar libertades y estupidizar al pueblo con el pretexto de la seguridad y la amenaza terrorista?

De eso trata V for Vendetta, una de las primeras novelas gráficas de Alan Moore (Watchmen), llevada al cine por los hermanos Wachowski. Hay que tener mucho miedo cuando las opciones totalitarias son las que ganan mayores simpatías: Hamas en Palestina, los fundamentalistas en Irán, en Irak, la derecha radical en Europa, Chávez en Venezuela, Humala en el Perú. La gente está dispuesta a darle su voto y su conciencia a los que les ofrezcan orden. La libertad total es una religión que ya pasó de moda, como la religión de los griegos. Ahora la religión es la de la libertad controlada, la de las masas sumisas y homogéneas, donde todo puede ser sacrificado si se trata del bienestar común.

Otros gobiernos van más allá -porque pueden darse ese lujo: atemorizan a la población utilizando los medios de comunicación masivos, fabrican evidencia y mienten descaradamente acerca de sus motivaciones hasta que el Congreso-asustado también-los autoriza a organizar una guerra preventiva. Tres años después comprobamos que son unos idiotas no unos visionarios y que algunos de ellos se llenaron de dinero ¿Alguien los juzgará?¿La historia? ¿O es que ya no es malo predicar y al mismo tiempo ser un hijo de puta (con perdón de las putas)?

Concierto en Union Square/ Dias de Santiago


Cuando veo grupos de músicos como estos en el subway me arrepiento de no haber aprendido nunca a tocar un instrumento. Sonaba bellísimo a pesar del ruido de la gente y los trenes que pasaban. La funda donde recogían el dinero estaba llena de plata. Con qué gusto la gente les daba dinero.

Anoche regresando en el tren había un homeless, un moreno de como de setenta años, con trencitas rasta sentado en el piso del tren tocando un órgano y cantando rap con la voz carrasposa. El rap era ingenioso, muy gracioso, (sobre su condición de homeless y que las tripas le sonaban y que quería comerse una hamburguesa con queso del Mac Donalds, bueno no suena tan gracioso escrito acá). La gente volteaba para mirarlo y sacaba monedas cagándose de risa. Llenó su vasito de monedas bien rápido.

Hace unas semanas otro homeless entró al tren, con pinta de estar fumadazo pero feliz, y una cartulina que se doblaba en dos. Había escrito sobre la cartulina : I am homeless, I need money for food. Pero si desplegaba el doblez, se leia «or for weed«. Y doblaba y desdoblaba enseñando (rápidamente) el «money for food…or weed» , movia las cejas y sonreía igualito que Stan Laurel de El Gordo y el Flaco. Le llovía dinero (ahí tengo otra opción para pasar mi vejez en Nueva York).

Hace unas semanas dos tipos estaban repartiéndose un fajazo de billetes de a un dólar como a las once y media de la noche, regresando en el tren D. Los miré y pensaba: estos deben ser parqueadores de carros. Y me sentía identificado (una de las partes más jodidas luego de trabajar más de doce horas parqueando autos es la repartición de los cientos de billetitos en partes iguales). Hasta que llegaron a su estación y uno de los tipos agarró su bastón de ciego y salió del vagon jalado por el otro: Eran un mendigo cieguito y su ayudante. Y les aseguro que se repartían, mínimo, cien dólares de «ganancia».

Esta tarde vi Días de Santiago en DVD. Me habían hablado mucho de la película-quise verla en el BAM de Brooklyn en diciembre pero justo ese día se les ocurrió comenzar su huelga a los trabajadores del metro- pero no imaginé que fuera TAN buena.

Como le decía a Vero en un mail: esta película me ha devuelto la fe en el cine peruano. Esta es la mejor demostración que se pueden hacer grandes películas sin demasiado presupuesto y que no siempre las actuaciones de los protagonistas tienen que ser tan misias que se nota que son actores improvisados. Lo importante señores cineastas es la historia, la trama, el argumento y las buenas ideas.

Estoy terminando de leer Walden de Thoreau (un buen escritor del renacimiento de EEUU, amigo de Emerson, que decidió irse a vivir durante dos años (1846-1847) en una cabaña construída por él mismo en los bosques de Nueva Inglaterra). Al parecer su libro-que escribió basado en su diario de esos dos años de alejamiento de la civilización- influenció a Tolstoi y a Ghandi, entre otros. Ahora, esta noche tal vez, tengo que comenzar a leer Paradise Lost de Milton. Stephen Sheppard dice que es buena, he hojeado unos capítulos y sí pues, no parece aburrida. Ahora el problema va a ser que me siente a escribir un ensayo sobre Walden antes del lunes. ¡Necesito más tiempo!
Anoche me llamó Lornald para decirme que acababa de terminar el Bewolf. Le dije que yo lo había comprado hace un mes con la intención de leerlo pero la dueña de la librería de libros usados en Amsterdam Avenue, una viejita bien simpática y bonachona, me dijo, mientras me cobraba el libro, que ella tenía una versión en CD del Bewolf, leído por Seamous Heaney. La vieja me cagó el cerebro. No voy a leer el Bewolf hasta que consiga el CD y para eso, puede pasar un poco de tiempo. Lo bueno es que esta semana se terminó la nueva edición del Bronx Journal así que supongo que estaré más desocupado durante la semana, como para leer y escribir.

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