Buscar

The New York Street

Un blog lleno de historias

Etiqueta

Cine

The Lady from Shangai de Orson Welles

Anoche vi The Lady From Shangai, una de las obras maestras de Welles, filmada en 1948 con Welles y su esposa Rita Hayworth en los papeles principales. Welles demuestra una vez más su destreza con el lenguage cinematográfico: angulos de cámara para crear sensación de vértigo, profundidad de campo para permitir la narración en varios planos en una sola toma y primeros planos para enriquecer el sentido de las escenas. Y uno se queda para siempre con la voz cadenciosa del irlandés de cabello oscuro, Michael O’Hara, aún inseguro si la vida entera sería suficiente para olvidarla. Hay varias escenas importantes pero seleccionaré solo 3: una es la famosa escena final en la sala de los espejos en un parque de diversiones del barrio chino de San Francisco; la segunda es la escena de las hamacas en Acapulco, cuando Welles relata la historia de los tiburones que se devoraron unos a otros en una playa de Salvador en Brasil; la tercera es la escena del juicio con todos los detalles simbólicos con los que Welles presenta al juez, al tribunal y al jurado encargado del proceso criminal contra Michael O´Hara. «The Lady From Shangai» me obliga a recordar una vez más las palabras conmovedoras de Welles al final del documental sobre «Ciudadano Kane» en una entrevista concedida poco antes de su muerte : «He dedicado el 98% de mi energía a buscar dinero para producir mis películas y solo 2% de mi vida a producirlas..¿A eso se le puede llamar vivir?»

El western de acuerdo a Leone, 23 de diciembre


Pensaba avanzar con el ensayo para la clase de Westrem pero puse esta película y no pude hacer otra cosa que verla durante tres horas. En el universo masculino de Sergio Leone, todo se divide en Lo bueno, lo malo y lo feo. Es una de las películas más honestas y menos pretenciosas filmadas en el contexto de la Guerra Civil. Como siempre hay oro de por medio y varios vaqueros interesados en apoderarse de él. El mejor actor es el malo. El feo el más gracioso. Eastwood cumple bien su papel de bueno, si de eso se trata lo de buscar malhechores con precio de recompensa y salvarlos en el último minuto, con un disparo certero de la escopeta hacia la soga en el cuello del condenado. Luego la repartición a medias. Así es el negocio. Bill Carson sabe donde está enterrado el oro y el dinero. La maestría del gringo Blondie es sacarle el nombre de la tumba antes que Carson muera. Así el feo sabe sobre el cementerio y Blondie el nombre de la tumba. El malo querrá saber las dos cosas y eso le costará la vida. En el intermedio hay asesinatos, robos y perversas vueltas del destino, como la caminata de Blondie con los labios resecos por el desierto, seguido por el feo. Las pistolas que aparecen bajo la espuma, traen a la memoria los ojos de Claudia Cardinale en Érase una vez en el Oeste, otra de las grandes de Leone.

Heat and Dust en la India

Antes de ir a dormir. En la India, había una vez. Greta Sccachi bella, como la inglesa inocente, aventurera, del amor tortuoso, del amor prohibido por un rey tramposo y maquinador. El hijo no llega a nacer y la sociedad inglesa sigue sin enterarse, mientras la desprecian por ser como es, como si fuera otra vez Pasaje a la India, solo que entonces todos estaban del lado de ella hasta el final. Ella no se ha muerto y, en la mujer que regresa en los 80 a buscarla, la historia vuelve a recrearse. Merchant-Ivory. La anciana escritora dice que la escenografía de su novela ha sido cambiada, que el palacio del principe hindú debió haber sido decadente. Pero Ivory no pudo resistir la tentación de hacerlo lo mas suntuoso posible, de hacerlos brindar en el banquete con finísimas copas de cristal.

Luz de Invierno o los Comunicadores, abril 11

El día ha sido extremadamente lento a pesar de haberme levantado temprano. He ido a la escuela de danza del Bronx a tomar unas fotos para el Bronx Journal. Luego he avanzado con la clase del martes, preparando algunas fotocopias que quiero entregarles a los alumnos. Y he visto Luz de Invierno, parte de la trilogía de Bergman. El tema es Dios y la soledad del hombre que se cree perdido pues es incapaz de creer. Desamparado por que ha perdido la capacidad de la fe, o tal vez, como se dice en A través del cristal oscuro, porque el hombre se ha protegido alrededor de un circulo magico, esta muralla que lo cerca y evita que se introduzcan sensaciones ajenas. Y si el hijo se sorprende porque al final su padre le habla, en Luz de invierno, el padre deja de hablar, al menos no se dirije a este cura desamparado en su luteranismo, porque ha perdido la comunicacion con Dios. Y se repite el esquema del hijo, que cree que todos en el mundo andan en cajas separadas, como los que se acercan a comulgar que al parecer pertencen a una comunidad pero en la realidad siguen aislados uno del otro.
Me he preparado un pan pita fabuloso con atún, pavo y manzanitas de postre.

10 de abril: Mirando por el cristal oscuro

A través del cristal oscuro de Ingmar Bergman
A través del cristal oscuro de Ingmar Bergman

Bergman dijo haber producido una trilogía, pero antes de morir se retracta y la niega.

Esta fue la primera parte, en esta isla desierta, entre estas maderas podridas del barco donde se produce el hecho incestuso. Y la necesidad de Karin por ser amada, por que vean a Dios como ella lo ve, tal vez convertido en un insecto, enhebrando su tela entre sus patas peludas, bajando del cielo para llevarla al hospital, con esta esquizofrenia espantosa. Y el hijo, asombrado que el padre le hable, que le dirija la palabra, tal vez el mismo asombro al buscar respuestas de Dios y obtenerlas.
He devuelto el disco y Elisa me ha pedido una cerveza para escapar de la tensa espera, tomamos una negra belga entre las voces del flamenco y en esta esquina fabulosa, escondida de Broadway. Otra vez me narra los detalles, otra vez vuelvo nocturno, madrugador, sobre la senda de Atlantic Avenue y Washington, bajo el espectro del edificio de los Brother Moving.

La mano desde los cielos, 9 de abril

kung_fu_hustle_a

La Bestia sale de su calabozo en el fondo de un centro militar, se encarga de liberarlo el perdedor que sabe abrir puertas con ganchitos, y al liberarlo, este estira su sandalia y demuestra que con el poder de su pie puede reventar un edificio. Para esto ya se han muerto muchos maestros en la ciudad del cerdo, para esto ya han salido a la luz los amantes-caseros, asustados por los destrozos que hacen los destructivos bardos de la lira con sus monstruos musicales. No han oido el rugido de la fiera, que los puede dejar en calzoncillos.

Entre tanto el perdedor, trata de ganarse la vida e ingresar a la pandilla de las hachas. Cada vez que ha sido destruido se ha rehabilitado, y al final del filme hemos de enterarnos. La mariposa monarca que sobresale al principio, sobre los titulos no es gratuita. Se abre el fardo, la metaforfosis empieza y de ese baile desquiciado de las hachas, del asesinato en serie, de la matanza de la ciudad de los cerdos, pasamos al sublime momento de la guerra desde el cielo, convertido en flama, ataca con la palma de su mano como un santo. De nada le puede servir transformarse en sapo, Ovidio no tiene preferencias en este momento, Buda le ha sonreido en las alturas y ha permitido que sus pies se posen sobre un aguila, cual signo del Olimpo y su palma ha descendido inmortal para acabar con la Bestia. Dos veces. Arrodillado, esta lo convierte en maestro, mientras los caseros entablillados miran tras las rendijas de su apartamento. Las argollas de metal no han servido, las lanzas ni la voz fenomenal han detenido a la Bestia, pero la palma poderosa, simbolizando a una raza, a una voluntad, la de la paleta de la muchacha muda, agradecida, acuclillada entre la pandilla del abuso, es fuerte.

Amor, como dos criaturas, regresan al paraiso perdido, se emparejan en el arte de la vida, en Kung Fu Hustle.

En el pueblo de Parras en 1968, 9 de abril

The Wild Bunch
Una de las escenas más famosas de la historia del cine, improvisada por los actores de Peckinpah: The Wild Bunch

 

En el pueblo de Parras, en la frontera mexicana con los Estados Unidos, Sam Peckinpah empieza a filmar La Pandilla Salvaje, con un grupo de actores de primer nivel entre los que destaca William Holden, Ernest Borgnine y el Indio Emilio Fernández.

Es luego de conversar con Don Emilio y escuchar sus reacciones ante las primeras escenas, que Peckinpah escucha la brillante secuencia de los escorpiones devorados por las hormigas de labios del actor mexicano. Algo como eso ha de ser el final de la pandilla, estos bandidos cuya única ley es la supervivencia para el robo. Que sin embargo luego matan por el honor de un amigo y mueren entre el estruendo de la primera ametralladora mexicana y las balas de los soldados de Mapache.

Otras escenas memorables –incluyendo la legendaria caminata de los 4 desde el burdel hasta la casa donde se hospeda Mapache–, son las escenas del asalto del tren, que desenganchan sin que los caza recompensas lo perciban, la fiesta en el pueblo y el agujereo de los toneles de vino para que se duchen ellos y las mujeres, la voladura del puente, el arrastre del bandido mexicano por el General Mapache, subido a su nuevo convertible rojo.

Los ojos de Holden, el viejo y acabado cuatrero que solo quiere un gran asalto para retirarse, la sonrisa de Borgnine, que parece ha de ser dejado a los buitres tras la batalla final, en la que Pyke asesina desnfrenadamente con esta horrible ametralladora de la cual los europeos pronto han de oir hablar en las trincheras de la Segunda guerra mundial. Y el que los seguía no lo ha encontrado vivo, sus recuerdos son demasiado pesados para saber a dónde ir. No regresar a los Estados Unidos donde lo espera la cárcel, sino quedarse entre estos pueblerinos que se defienden, a ellos y a sus familias, en plena revolución mexicana.

Sonata de Bergman, 8 de abril

Ingrid e Ingmar Bergman

¿La odia, la ama? Bergman lo sabe, los otros no. Tal vez el preludio de Chopin pueda decirnos algo. Tal vez Bach, que sabe tanto, mientras Leonardo toca para Helena. No le importa la hija, le importa el mundo y esta agenda apretada, que espera no esta soledad noruega donde se siente atosigada.

Bergman ha pisado fondo, los recaudadores de impuestos lo han metido preso y ha encontrado refugio en Munich. El llanto de Ingrid, la ira de Eva, el paciente Viktor, que escucha la historia del aborto desde un lado de la escena, incapaz de seguir ayudando a la esposa que ama. Erik es el que brinda alegría, pero Erick se ha ahogado en este caudal precioso, bajo estas hojas amarillas y marchitas. La sonata, sigue la estructura de Bach, fue un pedido expreso de la moribunda Bergman en Cannes. Siete siglos que no ha visto a sus hijos y la rabia contenida de Eva, explota, como Helena que no puede llorar solo mover los labios y gritar ¡Mamma!
Los libreros de al lado del río no tienen nada. Lo mejor ha sido este libro de libros raros de Loayza, el viaje del Ulises, la disputa entre Arnold por la literatura. ¡Todo por la literatura! Y el mejor ensayista latinoamericano, diciendo antes de morir: «Vargas Llosa y Gabo son unos mediocres, solo Borges ha creado algo de valor«.
Como un filme de Bergman ¿verdad? Falta la copa rota o el vaso de cicuta cayendo o los ojos del director del teatro, el padre de Alexander, que se cierran mientras Alexander huye y Fanny se queda perpleja al lado de la cama.
Dos Guiness en Smith St. una hamburguesa, una Brooklyn Lager. El mejor Ulises que se haya escrito. Pido la cuenta. Nada de Moses Finley, nada de Steiner, el libro sobre los ensayos de Homero.

Dicen que Bergman tuvo cinco esposas. Las cinco mejores que las otras que no tuvo este compadre. Un brindis por las mujeres, por el close-up de Ingrid Bergman, por la escena final de Breathless, por la cantata de Jules and Jim.

Es la noche de las vírgenes suicidas. 30 de marzo

 

virgenes suicidas

No se me puede culpar de desear a Lux. Quién no lo haría.

Claro que los que me conocen, saben que nunca la dejaría dormida en el campo, nunca me iría vagando y desconcertado en la madrugada. Es que no se puede vivir con la culpa tan grande de una muerte como aquella.

William Blake despide inocencia en sus Cantos, luego suda experiencia. Pero no sabe nada usted caballero Bloom. He terminado casi como un golpe La Odisea, y he parido este «Autor de dos poemas», que no he escrito, pero que ha de salir sobre los restos de las cinco hijas de la calle de Michigan. Con las letras de los títulos que parecen sacadas del American Splendor, como un comic, las cinco hijas de los Lambois, de Woods y Turner. Su cruz, como la cruz del padre de Alexander -si supiera Cristo todos los pecados que cometen sus Pedros favoritos-, si supiera que no una sino quinientos veces lo traicionan y que esos hijos, testigos de la Iglesia represora han aprendido a hacer cine, han aprendido a vengarse de las manos salvajes que los castigaban injustamente en el colegio y en la casa.

«No me dejes de mirar, espera a mis hermanas». Descuelga a la menor de ese poste, rescata a Lux del gas del auto, con el tanque lleno para llegar hasta California, recuerda cómo hace el amor por las madrugadas, como una gata sobre el tejado de la casa vigilada. Deja una clave en morse para que la lean los vecinos a la medianoche.

Ten piedad de los asistentes a la sala, no sea que Hermes jale tu pata y te lleve hasta el Hades como a los pretendientes, o que llegue Odiseo cubierto de andrajos y traspase tu cuello con sus flechas.

Que el porquerizo ayude a morir a los que han inflamado de rabia al ingenioso Laertiada, que salgan como en el reino de los anillos, los tres de la misma casta: abuelo Laertes , nieto Telémaco y padre Odiseo, a defender la voluntad de Zeus.

No me maten al rey, que se lo lleven los negros bajeles y su cuerpo lo tiren al fuego y que honren con un túmulo su memoria. Las cinco hijas respiran mejor, sosegadas. Y la princesa de los feacios, la hija del rey que ordenara a los marinos que conduzcan al Laertiada es la que escribe La Odisea, pues el anciano de los harapos, la ha educado ya en el arte de las coplas heróicas.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑