Buscar

The New York Street

Un blog lleno de historias

MMMQ vs. Rafo León

  
Acá está la pequeña nota de OPINIÓN escrita por el periodista Rafo León a propósito de la exeditora—y pésima redactora— de El Comercio: Marta Meier Miró Quesada. 

MMMQ ha denunciado a RL por los “insultos” y ahora una jueza parece estar a punto de condenar al buen Rafo León.

Juzgue usted quién de los dos merece ir a la cárcel:

Personaje extraño MMMQ, su militante ecologismo (de un océano de extensión y un centímetro de profundidad), la viene distinguiendo por años como “su tema”. Pero para ser un auténtico ecologista hay que saber respetar también las áreas de amortiguamiento de otros derechos que tenemos los seres humanos, como la libertad de elegir, la opción del laicismo, el pensamiento sin límites. Sin embargo, resulta que mientras la señora defiende a las taricayas de Pacaya Samiria, en una columna vecina se alía con el cardenal Cipriani en las opiniones más cochambrosas y naftalineras posibles, sobre la unión civil, el aborto terapéutico, la defensa cerrada y unívoca de la familia occidental y cristiana. Y un par de páginas más allá, en Sociales, aparece envuelta en zorros, tomando el té con las cuatro condesas que dan lustre a nuestra Lima.

Anuncios

Straight Outta Compton: la película

strcompton1

¿Qué hubieras hecho tú en una situación así?

 

Solo puedes imaginártelo porque no eres negro, no eres pobre, no empezaste allá abajo, en Compton, California. Jamás recibiste esa mano de tu madre que te volteó la cara, gritándote: “hice muchos sacrificios para sacar adelante a ti y a tu hermano y no voy a dejar que tú lo arruines todo”. Dr Dre en el piso, escuchando música: la música, la que te salva y te justifica. El dedo medio que se levanta en una canción: Fuck Tha Police.

 

Entonces ves la mirada de odio del joven Ice Cube ─y vas a entender el problema con los Oscar y la injusticia de que nadie pusiera entre los candidatos el nombre de O’Shea Jackson Jr., magnífico interpretando a su padre─entrando en el estudio, a seguir trabajando, a no darle ninguna importancia a ese hombre uniformado que se toma la libertad de tirarlo al piso, pararse sobre él, esposarlo y despreciarlo porque debe de ser un gangster, alguien que estorba. “Son artistas de rap” dice el manager judío y entonces aquello cobra sentido para el policía negro: “El rap no es arte”. 

 

Fuck the police coming straight from the underground

A young nigga got it bad cause I’m brown

And not the other color so police think

They have the authority to kill a minority

Fuck that shit, cause I ain’t the one

For a punk motherfucker with a badge and a gun

To be beating on, and thrown in jail

We can go toe to toe in the middle of a cell

Fucking with me cause I’m a teenager

With a little bit of gold and a pager

Searching my car, looking for the product

Thinking every nigga is selling narcotics.

 

Las letras que escribe Cube conectan con una inmensa mayoría que siente que el artista le está dando voz. Es como si ellos también dijeran: “Yo también tengo 18 años y así es mi mundo”

 

Straight outta Compton, another crazy ass nigga

More punks I smoke, yo, my rep gets bigger

I’m a bad motherfucker and you know this

But the pussy ass niggaz don’t show this

But I don’t give a fuck, I’ma make my snaps

If not from the records, from jackin the crops

Just like burglary, the definition is ‘jackin’

And when illegally armed it’s called ‘packin’

 

Este filme es la historia de unos muchachos que salieron de donde la opinión pública, la policía y el gobierno decían que no había salida. Un grupo de músicos que escaparon denunciando, desde un escenario, una sociedad que los juzgaba por no vivir en el barrio correcto. Rags to riches, dicen, pero el filme es más: es verle la cara al racismo, a la pobreza, a la ignorancia, al capitalismo, a la violencia, a la misoginia.

 

En ese camino viene  el intento por escenificar el caos y la violencia que siguieron a la absolución de los policías que golpearon en el piso a Rodney King. Era 1992 y cuando ardía L.A. se presagiaba el futuro de Ferguson, de Baltimore, de Chicago and many other places: Police brutality, lack of opportunities.

 

Y aquellas imágenes deben de aterrorizar aún a los miembros del NRA y a quienes siempre se imaginan que el mundo se va a acabar con una guerra entre zombies. Es una secuencia de escenas de magnífica composición cinematográfica con planos generales, paneos rápidos, cámaras en mano y acercamientos a pequeños detalles. Como esas pañoletas de dos colores que simbolizan a dos pandillas unidas contra la brutalidad policial. La cámara se mueve entre las calles y vemos el desastre, el descontrol, el rap escupido en imágenes: Esta es mi vida, acá en esta mierda vivo yo.

 

Necesitamos recordar Straight Outta Hampton cada vez que nos apuremos a juzgar el arte que nos acerca a una sociedad que de alguna otra manera no podríamos ver.

 

Como espectador, la película entrega lo que todos los amantes del cine queremos: 167 minutos de una historia con todos los ingredientes para volverla apasionante. Desde la secuencia con el tanque de la brigada antidrogas que arranca la pared de una casa en Compton hasta los excesos que terminan con Eazy-E muriendo de SIDA en el hospital. Desde la euforia de los conciertos y las giras pero también los desencuentros que ensucian la amistad por el dinero y el control sobre los derechos de su música (como en todo biopic que se respete).

 

El director F.Gary Gray (con la producción de Dr.Dre y de Ice Cube) pone en la pantalla una magnífica película filmada en las calles de Compton y L.A., con el apoyo de mucha gente convencida de que la historia de su juventud se ve retratada en las imágenes. Straight Outta Compton: un enorme filme acerca de la vida de un grupo de muchachos que vivieron una época determinada por las drogas, la pobreza y la violencia, que encontraron su destino en un escenario y que con su rebeldía y su ambición transformaron para siempre la historia de la música.

stacompton2

 

Ñaño: el superhéroe ilegal

ñañofinal3

Corren los primeros años del siglo XXI y la vida se pone difícil para los ilegales que viven en Nueva York.

Después de los atentados del año 2001 el gobierno ha impuesto una serie de medidas que complican aún más la vida de quienes residen en esta ciudad sin visa de los Estados Unidos ni tarjeta verde.

Para colmo de males, la MTA decide que para mejorar el lamentable servicio de transporte público que le brinda a sus usuarios, debe de aumentar –de manera drástica– el costo de los pasajes y las MetroCard ¿Quién puede ayudar a los pobres latinoamericanos que sobreviven, mal que bien, paralizados entre las amenazas terroristas, los aumentos del costo de vida y las maniobras políticas de ese presidente impresentable llamado George W.Bush?

Así nace Ñaño: El superhéroe ilegal. Un embanderado de la justicia que hace su trabajo superheroístico en la ilegalidad porque ha entrado a EEUU cruzando la frontera por los aires, sin detenerse en los controles migratorios. Un ciudadano cuyo único documento de identidad es el que le ha expedido una nación sudamericana en permanente crisis económica y política.

El único poder de Ñaño es el poder de convencimiento. Y armado con él, viaja por los cielos de los cinco condados neoyorquinos, haciendo el bien.

Sangre mala

The New York Street


I was there, on the subway, on the train, over the bridge. Just shivering as the other ones. They waited at the platform or looked through the window to the man dying. Over the tallest building a signal of hope: A yellow star pretending to be black. This guy of the blue gaze, just before the seizures, was admiring the weather while the train was running over the Manhattan bridge, pretending to be blind: “Yo hablo español, solo que no lo he desarrollado mucho.”

What kind of accusation against him? How to spread the idea without the help of his eyes? ¿Cómo interpretar la historia sin la permamente acusación de su historia? ¡No temeremos a las mariposas incrustadas en el pergamino de Agamenón! ¡No desperdiciaremos el tiempo mal ganado en las pesadillas de otros! “Is that not the truth Omar?”, he asked, just before his agony. We were too busy…

Ver la entrada original 564 palabras más

La Toma (revista Resina 1997)

Siempre me pareció que hubieron puntos que no quedaron muy claros en el asunto de la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, el 17 de diciembre de 1996. Por ejemplo, si la crema y nata de la política peruana estaba reunida esa noche ¿Por que no fue a la reunión Alberto Fujimori? (si su madre y su hermano estaban entre los invitados). Si Vladimiro Montesinos estaba tan al tanto de los tejes y manejes del narcotráfico y de la lucha antiterrorista ¿Cómo es que no supo nada del plan del MRTA?¿Qué tanto se divertían los invitados en la residencia que nadie se dio cuenta de lo que pasaba hasta que ya fue demasiado tarde?¿De dónde le vino la inspiración al presidente para el famoso túnel por donde entraron los comandos del ejército?

En esos meses de angustia porque los emerretistas no cedían, había llegado a Lima la súper modelo alemana Claudia Schiffer (en ese entonces comprometida con el ilusionista norteamericano David Copperfield). Una tarde escuché una noticia acerca de un posible encuentro entre Fujimori y la Schiffer. Me fui a dormir la siesta y ahí tuve una epifanía: aparecieron ordenados con claridad los eventos que comenzaron en la noche de la toma y desembocaron en esa famosa operación de rescate el 22 de abril de 1997. Dibujé aquello que la providencia me dictó y que es lo que ustedes verán a continuación.

La historieta que mereció una mención honrosa en el concurso nacional de historieta Calandria de 1997 era de sólo 4 páginas. Lo que ven ahora es una versión mejorada y ampliada a 8 páginas que debió aparecer en la revista 4 de RESINA. Resinoso apetit.

image1 (2)

image2 (2)

image3 (1)

image1

image1 (1)

image2 (1)

image2

image3

 

 

Coiman en Nueva York

Allá por el año 2011, mi amigo Renso Gonzales, uno de los editores del fanzine limeño Carboncito me preguntó si tenía algo para enviar a una exhibición de comics que iban a montar en el festival Entreviñetas en Medellín. Hasta donde yo recuerdo esta historieta que dibujé con Coiman (el primer policía con calculadora) la hice en blanco y negro y fue trabajada con mucha rapidez y algo de descuido en Photoshop para que se vaya pronto a Colombia. Hoy estuve rebuscando entre el material que se publicó en Carboncito y encontré el archivo original en alta. Espero que se lea y se vea bien.

COIMAN400

El Hombre Pus (Resina Producciones)

Desde Resinápolis y el tunel del tiempo. Desde un lugar muy lejano allá por los 90s: El Hombre Pus, un cortometraje en video. Basado en la historieta de la revista RESINA (Historietas para mentes cochinas). Filmado en Lince, con la cámara de Payé Cussianovich y la edición de Renzo Delgado. La dirección general es de Gonzalo “Sayo” Hurtado.

Como me dijo Martín Haro, después de pasarme esta versión digitalizada de VHS, esto es “volver a las raíces”. Es un trabajo de grupo para el Taller de Cine de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima (me encontrarán de extra quedándome dormido enmedio de la programación de Resina News y cayendo muerto tras un tiro de “Niño Bonito” Burstein). El “avión” García hace de Jesucristo y Payé dobletea como “Abuela Dinamita”. La música de los Cadillacs suena espectacular. Los efectos especiales son de temer: recuerdo haber estado ayudando a crear con papel rojo ese famoso cartucho de dinamita. Y esos carteles de “Boom” y “Bang” siguen funcionando bien 22 años después.

FullSizeRender (7)

FullSizeRender (3)

FullSizeRender (1)

FullSizeRender (5)

FullSizeRender (4)

FullSizeRender (6)

 

Summer Hours (L’heure d’été)

summerhours1

Sylvie y sus amigos entran en la casa que ya no es más que una cáscara. Se han llevado los muebles, los armarios, los cuadros, los jarrones. Los objetos se han convertido en piezas de museo. “Mi abuela Hélène me dijo que algún día regresaría aquí con mis hijos. Mi abuela ahora está muerta y la casa ha sido vendida”, dice Sylvie. ¿Qué queda de una casa cuando se va la gente que la habitaba y los objetos que la llenaban?

La casa donde él está escribiendo fue construída en 1953. Allí vivía una familia que se apellidaba Salvati. El señor Salvati adquirió los lotes adyacentes para tener el terreno necesario y que su hija mayor, Lorraine, y su hijo menor, David, construyeran dos pequeñas casas al lado de la gran casa paterna. Plantó manzanos, peros, arbustos de cerezas. Salvati enviudó en 1990. Dicen los vecinos que por esos días el hijo estaba muy metido en las drogas y que llegaba dando gritos enmedio de la noche, sin importarle que la madre estuviera enferma.

Lorraine se casó y se mudó a una casa en Cold Spring, a 20 minutos de su padre. Lo visitaba todos los fines de semana. A sus gemelas─Claire y Josephine─les encantaba colgarse de las ramas del manzano. Su abuelo las llevaba hacia el parque Blue Mountain por el borde del riachuelo Dickey que lindaba con la propiedad. El último verano las dejaron caminar desde Blue Montain, acompañadas de su perro Hubbert, el Spanish Water que les regaló su padre por su noveno cumpleaños. Cruzaron el riachuelo sobre un tronco podrido y entraron a la casa con Hubbert y sus patas mojadas. El abuelo las reprimió con una sonrisa cansada. Ya sabía que tenía cáncer.

Cuando murió Salvati, Lorraine pasó en esa casa varios fines de semana. Se dedicó a empaquetar los artículos del sótano y del ático, la ropa de cama, las vasijas. Cuando tomó el exprimidor de naranjas que pertenecía a su madre se puso a llorar ahí en la cocina, mirando el arroyo y las hojas de los árboles de color naranja. Ese fin de semana extrañó más que nunca a su padre. El siguiente lunes pusieron la casa en venta.

summerhours3

Las gemelas acompañaban a su madre. Mientras ella trabajaba se iban con Hubbert hacia la calle Washington y trepaban la loma hacia el parque Blue Mountain. Atravezaban el puente colgante sobre el lago, se metían por los senderos en el bosque y regresaban a la casa bordeando el arroyo.

Un sábado entre los árboles, desde la orilla antes de cruzar el Dickie, vieron al tío David conversando con mamá debajo de un manzano. Casi nunca veían a su tío. Él les preguntó si querían ayudarlo a limpiar el cobertizo. Mientras movía las cosas les contó que vivía con una chica hermosa de Montana que conoció en el verano, que uno de esos días iba a ir con ella a visitarlas en Cold Spring. Les entregó el pequeño balde de metal rosado donde el viejo Salvati guardaba las herramientas que usaban sus nietas cada primavera para mover la tierra y plantar los tomates en la huerta. Les hizo adiós mientras arrancaba su camioneta. “Se parece tanto a papá”, pensó Lorraine y se puso triste otra vez.

David fue a visitarlas unas semanas después. Sin su chica porque estaban peleados. Le temblaban las manos. Hablaba como conteniendo la respiración. En un momento empezó a gritar, primero vocalizando y luego como si no pudiera contenerse: “Just sell the fucking house”. Se fue de la casa gritando. Por esos días el presidente George W. Bush acababa de anunciar el colapso del mercado de valores y el inicio de la gran depresión. Bancos y grandes compañías de inversión se habían declarado en quiebra. Dorine Giordano, la corredora, había llamado esa mañana para preguntarle a Lorraine si aún quería seguir vendiendo la casa de Salvati: los precios se habían desplomado.

Meses después, a principios de la primavera, Dorine los llamó. Tenían una oferta. Era casi la tercera parte del precio que habían pactado en las oficinas de Coldwell Banker durante el verano. “La otra opción sería esperar. Pueden pasar unos años antes de que los precios regresen a su nivel”, dijo Giordano. “Sell the house Lorraine” dijo David cuando su hermana lo llamó para consultar.

summerposter“A le gente le gusta lo tranquilo que se está aquí.También que está a muy poca distancia de Paris” dice el alcalde del pueblo de Valmondois, dando a entender que  la casa encontrará un buen precio en el mercado y que el municipio debe invertir en reparar el cementerio donde enterrarán a Hélène. Su hijo Frédéric detiene el auto en un recodo del camino de regreso a la ciudad porque no puede soportar la desolación ante lo que está por suceder: van a desmantelar la casa en la que ha vivido su infancia, el museo que su madre ha construido en honor del gran amor de su vida, el famoso pintor Berthier.

Cuando el escritor y su esposa llegaron por primera vez a la casa de Salvati lo que más les gustó fue que desde la sala se pudiera escuchar el sonido del arroyo. Les gustaron las plantas de manzanos, el cerco vivo que los separaba de la calle, que la propiedad estuviera en un calle dead end y que la casa no fuera de madera sino de cemento. El ático y el sótano eran enormes. La familia había dejado los pisos alfombrados y algunos objetos de decoración: frente a la chimenea estaba la pequeña mesa de ajedrez donde Salvati solía jugar con su hijo David.

El escritor y su esposa acordaron que se desharían de las alfombras, pulirían los pisos de madera, instalarían una mejor iluminación en los techos y renovarían la cocina. Las ventanas de marco de aluminio tendrían que ser reemplazadas por unas nuevas que ahorraran energía.

summerhours5

Se observa con cuidado los objetos, se les pone un precio. El Musée D’Orsay los quiere hace bastante tiempo. “No vamos a poder venir a Francia en los veranos, la casa no la vamos a aprovechar”, han dicho Jérémie y su esposa, a punto de mudarse con su compañía de Shangai a Pekín. Adrienne anuncia que se casará en Nueva York y que le será difícil acercarse otra vez a ese país del que ya se considera tan distante.  Se descuelgan los cuadros, se sacan los armarios, se apilan las sillas. Éloise, la sirvienta que los hermanos recuerdan desde su niñez, se empina sobre las ventanas y las puertas cerradas y lo único que ve es una cáscara sin vida.

El escritor y su esposa le pidieron a Dorine que  la casa se quedara vacía. Que limpiaran el muro de piedras apiladas al lado de la entrada. Que vaciaran el cobertizo. “Están comprando una casa con una base sólida”, les dice Lorraine, el día del cierre, desde el otro lado de la mesa de negociación. No puede evitar llorar mientras firma los papeles que le entrega su abogado. Esa noche David estaciona frente a la casa de Cold Spring y Lorraine le entrega un cheque. Dobla el cheque, se lo mete en el bolsillo del pantalón y se va.

Msummerhours3eses después, la noche de Halloween, golpean la puerta. Son dos niñas. “We used to live here” le dicen al escritor que les ha abierto mientras él mete la mano en una bolsa con golosinas para sacar Snickers y Butterfingers. Se siente incómodo porque no sabe si debe de invitarlas a pasar, si tiene que dejarlas que miren en qué se ha convertido la casa del abuelo: lo poco que queda de la que ellas conocían. Las gemelas le hacen adiós y se van hacia la calle. Detrás del cerco vivo el escritor ve a un perro y la sombra de Lorraine.

Al escritor le gusta su casa sea tan tranquila y que quede tan cerca de Nueva York. “50 minutos en automóvil” les dijo Giordano. Le gusta ver el arroyo desde los altos y escuchar el murmullo del agua desde la mesa donde se sienta por las mañanas a escribir. A veces se pone a pensar en lo que pasará con la casa una vez que ya no esté allí.

Todos los fotogramas de esta entrada pertenecen al magnífico filme Summer Hours (L’heure d’été) dirigida por Olivier Assayas en 2008.

 

 

 

 

 

 

Diarios de motocicleta

motocicleta2

“Viva Chile po” grita Milal y el eco rebota entre los picos nevados que rodean el lago. Es el borde entre Argentina y Chile, el comienzo de la gran aventura sudamericana. “Cuando seamos viejos deberíamos regresar y poner un hospital acá” dice Fuser. Su amigo asiente, es una idea brillante: trabajar haciendo lo que más les gusta, en ese paisaje espectacular de la frontera.

“¿Es tu primera vez fuera del país?” le pregunta. “Sí claro” dice él. Afuera está el desierto más seco del mundo y el autobús de Flota Barrios hará 36 horas de ruta entre Arica y Santiago. Es 1987. Ella se llama Carolina y es la terramoza. Tiene los ojos enormes, las manos muy delicadas. Con una sonrisa coqueta les explica a los dos hermanos peruanos que la admiran que ella también es fan de Soda Stéreo. Ellos acaban de comprar el casete de Signos en Arica. Uno de los alicientes de este viaje es llegar hasta Buenos Aires, la ciudad donde viven Cerati, Bossio y Alberti.

Al salir de Chañaral, después de la parada para almorzar, la música que sale de los parlantes del autobús es Nada Personal. Carolina les dice que ha convencido al chofer para que toque su caset. Él se queda dormido escuchando “Imágenes retro”. Se despierta ─ve que su madre intenta dormir, su padre apunta datos en una libreta, su hermano y su hermana duermen. A través de la ventana sigue mirando el desierto, ese paisaje de arena endurecida que cambia de color hasta que se hace de noche.

motocicleta3

En la mina de Chuquicamata Fuser se enfrenta con uno de los capataces de la compañía minera.  Esa era la palabreja que usaba su viejo cuando no quería decir una grosería. “Chu…quicamata” y los hijos se quedaban intrigados. Sabían que la costumbre venía de los 10 años que su papá vivió de niño en Santiago. Eso de compañías mineras que se apropian de todo también lo había leído él en los libros de Manuel Scorza.

El canoso chofer argentino que los lleva desde Santiago hasta Mendoza viste con saco y corbata como si no existiera el verano sofocante de Santiago. Entre la cordillera sin embargo, hace mucho frío. Cuando se detienen a tomar fotos, el chofer apunta al Aconcagua, se aleja un poco y enciende un cigarrillo. Su madre les pide que se coloquen juntos  “A ver, los tres hermanos…”

Cuando pasan el cartel que anuncia la frontera, él dice: “La tierra del rock”. Cuando Milal y Fuser entran a los pueblos del sur chileno el rock ni siquiera se ha inventado. Los pies de los muchachos se movían con el mambo. Entre el mambo y el tango se crea el nombre de la balsa que los del leprosorio en el Amazonas les regalan para que sigan su camino.

El primer viaje en avión de los tres hermanos peruanos fue a una ciudad en la orilla del río Amazonas. Sus tíos vivían en una villa militar. Allí los niños correteaban descalzos hacia una piscina que se parecía mucho a la de Lima hasta que empezaron los truenos, la lluvia torrencial y los gritos: que salieran corriendo, que se metieran en la casa. Unos minutos después dejó de llover, salió el sol e hizo calor otra vez. Él tenía 7 años y jamás vio nada igual.

Eso del racismo y la desigualdad lo veía entre su familia pero sabía que si decía algo lo iban a acusar de comunista. Según su tío aprista todo se podía entender si leías los ensayos de Haya de la Torre. Había dos vasos llenos de agua y el agua que sobraba era el capital que utilizaba el imperialismo para ahogar a los países del tercer mundo. Tal vez por eso se ilusionó tanto cuando el partido de su tío alcanzó el poder. Y ya saben lo que pasó.

motocicleta1A su otro tío, el que fue alcalde por Acción Popular, casi lo mata Sendero Luminoso. Lo iban a matar sólo porque era el alcalde. No importaba si nunca robó. Tampoco si trabajaba por la utopía de darle a su pueblo luz eléctrica, agua y desagüe y descuidaba su chacra hasta el punto de quedarse tan pobre como los pobres que quiso defender. Años después, la amiga con la que viajó por el sur de Chile─quizá mientras reposaban en la playa de un lago desde donde se veía el volcán Osorno─ le contó la historia de los padres de sus amigas populistas que se hicieron millonarios de modo indebido.

Tras la reforma agraria, algunos parientes leales al gobierno del General Velasco se aprovecharon del cargo. Formaron cooperativas y se quedaron con el dinero destinado a comprar máquinas e insumos. Tal vez por eso desconfiaba tanto de la izquierda.

Formado en un colegio demócrata, a él no se le ocurrió otra cosa que criticar el Fujimorazo. A pesar de que─como muchos en su colegio─ también tiene historias con Keiko Fujimori y sus hermanos. Su mejor anécdota fujimorista sin embargo es aquella de cuando caminaba con su amigo Kanamori frente a la Universidad de Lima y en pleno proceso electoral de 1990 alguien les gritó desde un carro: “Estoy contigo Chino”. Su familia suele olvidarse de los rumores que decían que Vladimiro Montesinos pensaba apropiarse de las tierras frente al mar donde pasan todos los veranos en Arequipa para vendérselas a una empresa de hoteles. Montesinos tuvo tanto poder que nadie le pudo haber dicho que no. También se olvidan de que una de las mejores amigas de la universidad de su hija está convencida de que Montesinos mandó matar a su papá.

Él sabe que admiran en el viejo Fujimori lo que a los otros políticos peruanos les falta: callarse la boca un poco y trabajar más. También que le diera más armas y poder a la policía para combatir a la delincuencia y que reconstruyera las carreteras por las que no se podía transitar. Eso de trabajar mucho es una herencia de sus padres: a mediados de los 1900 ser inmigrante japonés equivalía a ser peruano de segunda clase. Que yo sepa los descendientes japoneses de mi generación saben hablar hasta por los codos y que nadie los obligue a trabajar más de lo necesario. Y son buenas personas, pero también lo son mis amigos hijos de inmigrantes chinos, de palestinos y de judíos. Fujimori ganó en 1990─esa es su teoría─primero porque Vargas Llosa no tuvo manija para controlar a los imbéciles que inundaron el Perú con su propaganda para senadores y diputados. Parecía que el desastroso gobierno de Alan García no había afectado sus enormes billeteras. Segundo: porque la gente creyó─y Fujimori se encargó de reforzar esa idea─que si ganaba, el todopoderoso Japón nos iba a venir a dar una mano. Creían que el emperador nos iba a regalar suficiente dinero e inversión como para escapar de la pobreza extrema.

motocicleta6“¿Cómo es que los españoles pudieron arrasar una civilización capaz de construir Machu Picchu para levantar una ciudad tan horrible como Lima?” se pregunta Fuser. Consideremos que en los años 50s Lima no era ni la décima parte de lo cochina que era entre 1980 y 1990. Espero que nunca se les olvide a los limeños que fue Alberto Andrade, un gordo mestizo, un empresario de clase media alta, el que rescató a Lima del estado de abandono en el que estaba. No fue un político de partido. Antes que él los alcaldes se limitaban a obedecer lo que dictaba la cúpula desde Palacio. Sino hubiera estado Andrade en la Municipalidad quién sabe lo que hubiera hecho el gobierno de Fujimori con Lima. La ciudad se habría llenado de obras de mal gusto, como esa pista mal diseñada y ese museo/restaurante construido con apuro sobre el Cerro San Cristóbal: gran ejemplo de una buena idea mal ejecutada.

Los viajes nos abren los ojos. A Fuser se le abrieron tanto que se convirtió en el Che Guevara.

Después del primer viaje a Chile y Argentina él hizo otro más largo, esta vez solo, hasta Rio de Janeiro. Cruzó Bolivia, después recorrió Argentina sin un centavo, con una amiga, tirando dedo.  Con muy poco dinero llegó y pasó tres semanas en Bogotá. Fue a Europa. Salió de Galicia, recorrió Portugal con muy poco dinero, tiró dedo y terminó en Nuremberg de copiloto de un camión. Estuvo casi un mes en Londres y llegó sin saber muy bien cómo hasta Nueva York. En esos viajes pidió dinero a extraños. Durmió en una vereda, estuvo a punto de morir. Ahora sabe identificar acentos y se orienta bien frente a un mapa. Hoy se cree capaz de juzgar a las personas olvidándose de su color de piel.

También aprendió a no creerle a los que sueltan aquello de que “esas cosas solo pasan en este país”. Los paises son bordes artificiales y siempre llenos de sangre.

Todos los fotogramas de esta entrada pertenecen a Diarios de motocicleta, el filme dirigido por Walter Salles basado en los diarios escritos por el joven Ernesto Guevara durante un viaje de juventud por Sudamérica en 1950.

 

 

 

 

 

 

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: