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The New York Street

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La canción de amor de Mister Prufrock

Es una lástima. Tremenda lástima que no podamos darle el dinero que necesita. Ojalá le vaya bien en ese pueblo de donde usted viene ¿Quetzaltenango me dijo? Yo tuve un compañero que era de allí. Era mi primer trabajo en este país. Un tipo duro, medio idiota pero duro. Se había fracturado la columna trabajando en construcción así que lo contrataron para hacer trabajos de pintura en el centro médico donde yo abría la puerta. En realidad era una tranca, esas que se levantan automáticamente. ¡Cuánto tiempo ha pasado! Siempre hablaba de Guatemala y de sus 25 años de guerra civil. Qué le digo. No importa, ojalá le vaya bien. ¿Quiere volver a intentarlo? ¿Llenar otra vez los formularios? ¡Claro! ¿Por qué no?
Allí se va el pobre idiota, me da pena. Levantarse tan temprano, llenar todos esos papeles para nada. ¡Me olvidaba! ¡Se hace tarde! A apurarse, ¡Es casi la hora! ¡Ay Nueva York! ¿Por qué el apuro? Puedo caminar. El sol se refleja en las ventanas. Por aquí salí yo a Manhattan la primera vez que vine, por esta misma puerta. Aún puedo recordar el filo del aire llenándome las narices. Hace tiempo que no entro a la biblioteca.

 

Siempre recordaré la urgencia con la que me sentaba al mediodía en el salón principal, a leer. Mi primer libro: El pez en el agua. En inglés. Venía de leerlo en varias bibliotecas de Europa, en varios idiomas, por pedacitos. Además quería saber si había sitio para un peruano en la gran biblioteca pública de Nueva York. Debí haber tomado un taxi. Ahora es ridículo, falta una cuadra. Mi primera vista de Times Square: desde el auto de mi primo, apenas un flash de luces.

 

Germán, casi me había olvidado de él y de Quetzaltenango. Decía cosas como «Hay que hacerlas que se agachen a tomar del pozo». Usaba esas ridículas botas de vaquero y una correa con broche de bronce y figura de serpiente. Cristóbal, el ecuatoriano, era más práctico. Se iba con el auto del viejo a recoger a la niña y a tirársela. Se reía solo mirando al viejo, sentado en el mismo lugar donde había estado culeándosela. ¿Por qué no darle propina a esa mujer? Tal vez porque me da flojera y frío sacar las manos del bolsillo. Tal vez porque tengo mil cosas distintas en qué pensar.

 

Mister Prufrock viniéndome a pedir dinero. ¿Quién lo diría? Antes me asombraba ver mis cheques con el escudo del estado de Nueva York. Pensé en sacarles fotocopia. Nunca lo hice. Pensar que otros se lo merecen más que yo, si bien yo estuve en el momento justo. Al otro no le va nada mal, mira el mujerón que tiene. Lo que haría yo con ese culo. Y esos ojitos despertándose detrás de los anteojos. El bostezo del tamaño de un himno. Lo que haría yo con esa boquita y su cabello pelirrojo.

 

La roja ¿Dónde estará? Por fin llegué. Por acá. Siempre está esto tan vacío, tan callado. Parece otra ciudad. Me imagino que no mucha gente tiene citas en este parque, ¡Qué silencio! Como si fuera una sala de operaciones o una morgue. ¿Por qué tenía que pensar ahora en eso? La morgue, los brazos amarillos y fríos de mi abuelo, cubierto por una sábana blanca. Sus ojos antes de morir, llorando, suplicando que rece con él. ¿Rezar? Yo no sé rezar. Nunca aprendí a rezar. Alguna vez creí en Dios. Ahora no sé en lo que creo. Creo en una fuerza universal. Yeats diría que hay que creer que el mundo tiene algún sentido. A veces dudo incluso de aquello. Otra vez mirando la antena de la torre, otra vez recordando ese día que le tomaste una foto apurado, cruzando la calle, para que nadie se diera cuenta de que eras un turista. ¿Y qué chucha eres ahora? ¿Neoyorquino? Ahora que incluso se te puede ver la calva, ese pedazo de cabeza fría, fría como la mano de tu abuelo.

 

Si le hubieras hecho caso a esos ojos cubiertos de lágrimas: «Si quieres conquistar a una mujer, sólo tienes que mostrale la cosita» ¿Qué sentido tiene pensar en eso ahora? Esa banquita está vacía, al lado del carrousel. Allí fue la primera vez que tu amiga la cubana se sentó a esperar y te llevó de espía. Estaba tirándosela el profesor de inglés. Le estaba haciendo una escenita de celos y te quería de coartada, para decir que se iba contigo, que no lo quería volver a ver nunca más. Todo porque le gustaban los morenos. Después de él estuvo con un irlandés.

 

Tú nunca estuviste en serio con nadie ¿Quién diría que te ibas a acordar de ese primer beso en el metro? Esa chica de anteojos de Malasia. Casi tuviste que robarle un beso y después ni se te quiso acercar. «Mis padres me matan si saben que estoy con un chico que no es de Malasia».

 

ES LA HORA Y NO VIENE. Casi como la española, que te dejó esperándola frente a Union Square. Casi como la idiota esa que se casó y te mandó una foto de su matrimonio. No pensaba acordarme de ella, pero estamos condenados a acordarnos para siempre de las imbéciles que nos hicieron sufrir. ¿Qué tal será esta nueva tía? ¿Y eso de tía? ¿Desde cuándo hablas de tía? ¿Influencia española? ES LA HORA, APÚRATE POR FAVOR. El señor Prufrock fue la última persona a la que le di la mano, la última con la que conversé. La cojuda esa que me hizo llorar fue la última persona en la que pensé. Por allá viene. No es tan blanca ni duele tanto. Y la gente no es tan indiferente como dicen. No pasaron ni nueve minutos, cuando una mujer se dio cuenta de que ya estaba muerto.

Un día sin inmigrantes en NY

La marcha llenó dos veces la plaza frente a City Hall. Se calcula en unas 500,000 personas los que asisitieron ayer a las manifestaciones para apoyar una reforma migratoria justa.

Alejandra estaba con una alergia espectacular y Rachel nos invitó luego de la marcha al restaurancito vietnamita que conoce en Chinatown. Esta es la época en la que a muchos neoyorquinos los atacan alergias, conozco casos parecidos en Lima pero ninguno como los que he visto aquí. El día estaba particularmente bello, el sol alto y generoso, sin brisa.

Esta mañana en la lavandería escuché que en algunas ciudades se paralizaron los puertos y las distribuidoras por falta de personal. Rachel dice que a pesar de las amenzas del jefe, ninguno de los mexicanos fue a trabajar a la lavandería donde ella suele ir. En la deli de su esquina también se notaba que los dueños estaban haciendo el trabajo que generalmente hacen los empleados.
Imágenes: El parque en Grand Street, en Chinatown, caminando hacia el restaurante vietnamita. El postre vietnamita, algo de plátano cubierto de dulce, las gotas antialérgicas y los mocos blancos de Alejandra, la voz como locomotora de Rachel distrayendo a Gianpaolo de Sicilia, el bigote mosquetero y las flores de Gianpaolo, el del norte; la papaya roja comprada en el mercado Grand Central.

Me iba a quedar en la universidad terminando una lectura para la clase de la doctora Ruzell pero no daba más, tenía la vista cansada de tanto estar frente a la pantalla tratando de terminar una página del Bronx Journal.

Intenté terminar de ver Underground, pero estaba agotado. El desayunito preparado por Yini fue revitalizador, la mermelada de Pirque, la salsa de tomate molido, lo necesitaba.

Me hizo muy bien conversar con Lima. Al parecer lo de Nicolás, Mariela y Canadá sí va en serio. ¿Alguien más celosa que Pía? Pensé que eso era imposible. No hay que olvidar la voz afónica de Paloma y el saludo de Gabriela desde Miami.

Ahora a concentrarme otra vez en el Bronx Journal, las fotos de la trabajadora social, ¡Mañana a las 8 de la mañana! Eso significa levantarse alrededor de las 7 a.m. Esto no está funcionando. Si bien en Knollwood ordenar el día era algo tan simple como mover los carritos de golf, aquí hay que hacer reingeniería. Nuca fui bueno para esas vainas.

Sangre mala

 


I was there, on the subway, on the train, over the bridge. Just shivering as the other ones. They waited at the platform or looked through the window to the man dying. Over the tallest building a signal of hope: A yellow star pretending to be black. This guy of the blue gaze, just before the seizures, was admiring the weather while the train was running over the Manhattan bridge, pretending to be blind: “Yo hablo español, solo que no lo he desarrollado mucho.”

What kind of accusation against him? How to spread the idea without the help of his eyes? ¿Cómo interpretar la historia sin la permanente acusación de su historia? ¡No temeremos a las mariposas incrustadas en el pergamino de Agamenón! ¡No desperdiciaremos el tiempo mal ganado en las pesadillas de otros! “Is that not the truth Omar?”, he asked, just before his agony. We were too busy, too paralyzed and stupid to try to answer.“He was not blind”, said the detective.

It was irrelevant to tell him that his last words were: “Better to rule in Hell than to serve in Heaven” The detective got an extra large cigarette, smiled with the precision of a tree just before falling over the river. “¿Nos quedamos a esperar a los médicos?¿Qué opinas Homero?”

─Lo dejamos. El finado no molesta a nadie y a mí me jode mucho esta calor terrible.

Esa tarde en que nos sentamos a conversar en Ayacucho, conversamos sobre esa noche. Te dije que había visto al ciego contorsionándose en el vagón del tren, que lo había visto escupir unas cuantas veces antes de dejar de murmurar. Con menos precisión, pero más o menos de la misma manera. Entonces aún no eras madre y tus senos se veían respetables bajo el brassiere con color a hueso. “Mira, esto. Tómame foto” dijiste. Y te metiste el tamal completo en la boca. Salimos otra vez a la carretera escuchando el viejo cassette de Aretha Franklin. En el recodo del río, sobre la piedra gastada me diste un beso en la mejilla. Aquella tarde de abril no tenía ni idea de lo que significaba la muerte.

Al día siguiente, en la madrugada, mi amigo me sacó de la iglesia donde tomaba fotos de las andas y las velas. Me tomó del hombro, me hizo entrar en un carro y nos fuimos hasta donde conocí a la breve muchacha de Satipo. “Córrete, córrete me decía” y yo no quería venirme porque lo estaba disfrutando más que nunca. Al final ella me la sacó porque no le quedaba otra y me la chupó hasta que me vine con el patético golpecito en la puerta. “¡Veinticinco minutos solamente!” Tal vez la chica tenía sueño, tal vez la habían despertado con todas las campanas de la Semana Santa.

A mi amigo lo encontré enderezado, con un codo sobre la barra “No pensé que ibas a tirar”, me dijo. “¿Y tú a qué has venido?” “Solo a conversar con las putas”. Se volvió a enderezar, esta vez incómodo, y me siguió hasta el portón oxidado. Nos esperaba el mismo escarabajo amarillo que nos trajo. Regresó hasta la plaza y me dejó a un lado de las andas de la Virgen, enmedio de la procesión, cegado por las cientos de velas.

Y no volví a saber de ti hasta ayer en que he leído tu nombre, dentro de un breve mensaje sobre infiernos en la Tierra. Todo esto me trajo a la memoria el incidente, las palabras en inglés del ciego antes de morir y sus pergaminos, los cuales investigo a la pálida luz de una lamparita blanca hecha en China. “Escribe bien este conchasumadre”, pienso: Sitting beside the road, watching the wagon mount the hill toward her, Lena thinks, «I have come from Alabama: a fur piece».

Dejo el libro a un lado de la mesa de noche, me monto sobre el parapeto y miro la ciudad con alguna esperanza. Frente a mi ventana hay un tren corriendo apurado sobre los rieles recién pintados de verde. Acá a mi lado tengo el agua caliente, la vasija y la navaja afilada. Hay un detalle, tal vez mínimo, pero que me molesta mientras pienso otra vez en tu nombre: Desde esta ventana mi amor, es imposible que veamos el mar.

El pueblo no es bruto

El fenómeno Humala no existiría si el gobierno de Alejandro Toledo hubiera satisfecho las expectativas que se tenían de él al inicio de su gobierno.

¿Qué expectativas? Las de DEMOSTRAR que un sistema democrático era mejor que el gobierno autoritario y controlista de Alberto Fujimori. Los partidarios de la «mano blanda» tenían que demostrar que estaban equivocados todos los que sostenían que la única manera de gobernar el país era por medio de la «mano dura».

No sucedió eso. Desde su primer año Toledo dejó de satisfacer las expectativas del pueblo que lo eligió y el sistema democrático que él representó, empezó a mostrar los defectos que los peruanos conocemos tan bien: congresistas aprovechándose de sus beneficios e intentando asegurar su futuro a través de sueldos exhorbitantes -esto incluye a Toledo, subiéndose el sueldo sin niguna vergüenza, yéndose de vacaciones a Punta Sal cuando todos exigían su presencia. Un gobierno incapaz de establecer justicia e igualdad social, incapaz de solucionar, reparar, al menos mejorar los términos desiguales en los que se vendieron la mayor parte de empresas públicas, promesas sin cumplir, deterioro de los sistemas de hospitales y de escuelas dejados por el anterior régimen, deterioro de las condiciones de trabajo de la policía, deterioro de las relaciones internacionales, corrupción en todos los niveles–empezando con las mentiras sobre la paternidad de su hija hasta las referentes a su matrimonio por interés, los trabajos que favorecían a sus familiares, su relación con Baruch Ivcher hasta sus tratos deshonestos y nada claros con el imbécil de Olivera o su sumisa actitud frente a George W. Bush (cerrar todos los aeropuertos para permitir que Bush visite el país ¡¡ por favor!!)

En ese contexto, aparece el presidente Hugo Chávez, que representa una nueva opción frente a la sumisa actitud ante los EEUU y la corrupción en el gobierno de los presidentes «democráticos». Una tendencia alimentada por la desesperación de una clase social a la que no llegan aún los beneficios del liberalismo económico y que asiste todos los días, harta, al espectáculo de corrupción en el gobierno democrático de Toledo.

Sin la ineficacia de Toledo y la perturbadora presencia de Chavez es imposible entender la posición de Humala en las elecciones. Agreguemos que los otros dos candidatos que lideran las preferencias electorales son muy malos. Alan porque fue un desastre como presidente y Flores porque no ha podido probar que su gobierno será mejor que el de Toledo. Creo que sería más honesta como presidente, pero la verdad es que sus declaraciones, respecto a muchos temas como su posición frente a la Comisión de la Verdad, personajes corruptos de su entorno más cercano, o la defensa de los derechos humanos, no han sido muy juiciosas que digamos.

Agreguémosle a esto un detalle: más del 40% de los peruanos votaron por Fujimori el 2000. Contra todas las acusaciones de corrupción, este 40% de la población estaba de acuerdo con las condiciones de vida durante la dictocracia de Fujimori (después de 10 años de gobierno), y creía en la mano dura y en las promesas de Fujimori de seguir invirtiendo en infraestructura y privilegiar el trabajo «con los medios controlados y los partidos políticos aplastados» en lugar de libertades totales y democracia absoluta. La diferencia entre Fujimori y Humala es que Fujimori promovía la inversión extranjera y el liberalismo económico. Y que Fujimori, como Paniagua y Toledo, manejaron con responsabilidad los indicadores macroeconómicos y las reservas del país. Humala está prometiendo controlismo y estatización.

Toledo ha demostrado lo peligroso que resulta el sistema democrático. Ojo: LA DEMOCRACIA QUE CONOCEMOS LOS PERUANOS, ES UNA DEMOCRACIA IMPERFECTA. Pero, lamentablemente, los peruanos que votan por Humala han visto TODAS LAS IMPERFECCIONES de la que es capaz un gobierno democrático. Y es muy claro que ESA democracia, no los complace. Toledo ha defraudado a quienes, como yo, esperábamos que se les demuestre EN LA PRACTICA, a los peruanos, que un sistema democrático es el mejor de los sistemas de gobierno posibles. Que se demuestre que el autoritarismo no vale la pena, porque siempre desemboca en situaciones políticas lamentables.

Pero no existe un país moderno que haya alcanzado el desarrollo económico aislándose y negándose la opción de atraer capitales extranjeros. Europa y Japón se levantaron del desastre de la Segunda Guerra porque EEUU invirtió en ellos. Chile está saliendo de la pobreza porque recibe capital de EEUU, porque ha firmado tratados de libre comercio con ellos y con Europa; y China está desarrollándose gracias a los billones de dólares que recibe de las empresas norteamericanas. El Perú no puede crecer solo, no puede desarrrollarse aislándose.

Y gane quien gane VAMOS A TENER QUE PROTESTAR para que las condiciones sociales y laborales sean más justas, pero sin que se interrumpa el flujo de capitales externos, de inversionistas extranjeros hacia el Perú.

Concierto en Union Square/ Dias de Santiago


Cuando veo grupos de músicos como estos en el subway me arrepiento de no haber aprendido nunca a tocar un instrumento. Sonaba bellísimo a pesar del ruido de la gente y los trenes que pasaban. La funda donde recogían el dinero estaba llena de plata. Con qué gusto la gente les daba dinero.

Anoche regresando en el tren había un homeless, un moreno de como de setenta años, con trencitas rasta sentado en el piso del tren tocando un órgano y cantando rap con la voz carrasposa. El rap era ingenioso, muy gracioso, (sobre su condición de homeless y que las tripas le sonaban y que quería comerse una hamburguesa con queso del Mac Donalds, bueno no suena tan gracioso escrito acá). La gente volteaba para mirarlo y sacaba monedas cagándose de risa. Llenó su vasito de monedas bien rápido.

Hace unas semanas otro homeless entró al tren, con pinta de estar fumadazo pero feliz, y una cartulina que se doblaba en dos. Había escrito sobre la cartulina : I am homeless, I need money for food. Pero si desplegaba el doblez, se leia «or for weed«. Y doblaba y desdoblaba enseñando (rápidamente) el «money for food…or weed» , movia las cejas y sonreía igualito que Stan Laurel de El Gordo y el Flaco. Le llovía dinero (ahí tengo otra opción para pasar mi vejez en Nueva York).

Hace unas semanas dos tipos estaban repartiéndose un fajazo de billetes de a un dólar como a las once y media de la noche, regresando en el tren D. Los miré y pensaba: estos deben ser parqueadores de carros. Y me sentía identificado (una de las partes más jodidas luego de trabajar más de doce horas parqueando autos es la repartición de los cientos de billetitos en partes iguales). Hasta que llegaron a su estación y uno de los tipos agarró su bastón de ciego y salió del vagon jalado por el otro: Eran un mendigo cieguito y su ayudante. Y les aseguro que se repartían, mínimo, cien dólares de «ganancia».

Esta tarde vi Días de Santiago en DVD. Me habían hablado mucho de la película-quise verla en el BAM de Brooklyn en diciembre pero justo ese día se les ocurrió comenzar su huelga a los trabajadores del metro- pero no imaginé que fuera TAN buena.

Como le decía a Vero en un mail: esta película me ha devuelto la fe en el cine peruano. Esta es la mejor demostración que se pueden hacer grandes películas sin demasiado presupuesto y que no siempre las actuaciones de los protagonistas tienen que ser tan misias que se nota que son actores improvisados. Lo importante señores cineastas es la historia, la trama, el argumento y las buenas ideas.

Estoy terminando de leer Walden de Thoreau (un buen escritor del renacimiento de EEUU, amigo de Emerson, que decidió irse a vivir durante dos años (1846-1847) en una cabaña construída por él mismo en los bosques de Nueva Inglaterra). Al parecer su libro-que escribió basado en su diario de esos dos años de alejamiento de la civilización- influenció a Tolstoi y a Ghandi, entre otros. Ahora, esta noche tal vez, tengo que comenzar a leer Paradise Lost de Milton. Stephen Sheppard dice que es buena, he hojeado unos capítulos y sí pues, no parece aburrida. Ahora el problema va a ser que me siente a escribir un ensayo sobre Walden antes del lunes. ¡Necesito más tiempo!
Anoche me llamó Lornald para decirme que acababa de terminar el Bewolf. Le dije que yo lo había comprado hace un mes con la intención de leerlo pero la dueña de la librería de libros usados en Amsterdam Avenue, una viejita bien simpática y bonachona, me dijo, mientras me cobraba el libro, que ella tenía una versión en CD del Bewolf, leído por Seamous Heaney. La vieja me cagó el cerebro. No voy a leer el Bewolf hasta que consiga el CD y para eso, puede pasar un poco de tiempo. Lo bueno es que esta semana se terminó la nueva edición del Bronx Journal así que supongo que estaré más desocupado durante la semana, como para leer y escribir.

>Lavandería (Primera Parte, borrador)

>La arena en Lavandería quema más que la de otros lugares. Cuando llegaron a vivir aquí con su madre, Teresa y sus tres hermanas se pasaban muchas horas tendidas al sol, sobre hojas de periódico, tostándose los senos sin que nadie las viera. Ahora es imposible. A donde mira, Teresa ve casas. Lavandería es un pueblo diferente, con mucha más gente, con más servicios. Sin embargo muchas cosas siguen igual. La arena todavía quema más y su gente camina como siempre: mirando al suelo (¿No te has dado cuenta? Le dijo a su madre, cuando le hizo ese comentario, años atrás, poco antes de casarse). Caminan como condenados, arrastrando algo.

Teresa se miró los senos en el espejo. Pálidos y caídos. Tampoco se le ocurriría echarse calata a tostarlos. Así no hubiera nadie mirándola. De las cuatro hermanas, la única que tal vez se atrevería sería la menor. ¿Dónde estaría ella, viajando por qué lugares? ¿Por qué su marido sí la llevaba? ¿Por qué a Teresa su marido no la dejaba ir con él? “Teresa, le decían sus hermanas, a ti no te gusta viajar, y el lugar a donde va tu marido es más feo que adonde va el de ella. Su marido no va a meterse en los socavones de las minas, no camina tres días jalando las mulas y arrastrando el mineral. Su marido es ingeniero. El va trazando caminos. El tuyo, el tuyo Teresa…¿Qué es el tuyo?” “Mi marido es minero” responde Teresa cuando sus hermanas la fuerzan. Pero las mujeres de Lavandería saben que ha sido también obrero y que lo que mejor sabe es emborracharse con sus maridos y pegarle a Teresa cuando se le antoja. Y a ninguna se le ocurre recomendarle que lo siga, más bien que lo disfrute “Agradécele a Dios, Perra, que tu esposo se va por unos meses y te deja en paz” . Ellas dejan claro que tampoco les molesta que dejase en paz a sus maridos. “Agapito es el que chupa más” , dicen sus maridos.“Y nuestros maridos jamás …” dice la que mira más profundamente al suelo y se queda callada, frente a Teresa, sin atreverse a completar la frase, aunque todos sabían lo que ha querido decir. “Jamás se atreverían a tocar a sus hijas”.

Teresa no entiende como puede soportar a diario sus miradas acusadoras. Son sus únicas amigas, las chicas con las que ella y sus hermanas crecieron en Lavadería. “Las Perras”, las llama ella. Y ellas también la llaman así.

Veinticinco años atrás Lavandería era un pueblo pequeño. Si querías divertirte tenías que tomar un microbús hasta Tamales. Tamales está muy cerca del mar y prospera gracias a los restaurancitos que se llenan cuando la gente de la capital regresa de la playa. Entonces había tres bares alrededor de la plaza y una discoteca. Siempre las perseguían los mismos muchachos de Tamales pero ellas, las cuatro hermanas, pocas veces les hacían caso. Se sentaban solas en una de las mesas oscuras y, muy de vez en cuando, aceptaban bailar. Generalmente conversaban un rato, tomaban algo y se se iban. Otros grupos de muchachas y muchachos venían desde Lavandería, se reconocían en la oscuridad de la discoteca, o en la calle, cuando salían a caminar con sus parejas por las callecitas de tierra cerca de la plaza o a tomar el microbús de regreso. A las Perras las recuerda con luces chillonas, rojas y verdes, sobre la cara, con el pantalón blue jean ajustado, apretadas y sudadas, bailando en ese simulacro de discoteca que se llamaba El Cuete, una casa de un solo piso en la que invariablemente los fines de semana había una cartulina blanca garabateada: «Mujeres entran gratis hasta las 9 de la noche».

Un viernes llegaron y no había mesas libres. En el lugar donde siempre se sentaban había cuatro gringuitos. Las hermanas sonrieron. “¿Cómo te llamas?” preguntó Teresa, luego de haber bailado con el gringuito más alto, que bailaba muy bien salsa y que, como sin querer queriendo, le apretaba la mano en la cintura y bajaba sus dedos, como tocando y no tocando. “Wilhelm ¿Y tú?” dijo él. “Teresa” “Teresa ¿Sabes que eres muy bonita?” Bailaron dos o tres piezas más. Las Perras bailaban a su costado y la pellizcaban o a veces la cadereban. Sus hermanas la miraban aburridas desde la mesa: al parecer el gringuito de Teresa era el único que sabía bailar. Cuando regresó cansada, quisieron irse a la casa y llevaársela, pero Teresa no aceptó. “Yo soy la mayor”, les dijo. “Me puedo ir con alguna de las Perras”. El gringuito no la dejó de apretar ni siquiera cuando se despidió de sus hermanas. La dejaron sola y bailando. Los amigos también dijeron que se largaban. “Se van tus amigos, dijo Teresa, preocupada porque él se fuera tan pronto”. “No hay problema, ellos tienen su carro.” “¿Y tú tienes carro?” “Claro ¿Quieres verlo?” Teresa se preguntaba muchos años después cómo fue tan tonta. Tonta como para rogarle que la llevase hasta la playa.

Pero Teresa nunca había estado en la playa en los cuatro años que vivía en Lavandería, sólo sabía que existía por las fotos de las revistas y la televisión, donde había visto gente tostándose, así como ella se tostaba con sus hermanas, pero con ropas de baño fabulosas. Y en algún momento, sobre la arena, escuchando las olas, estaba ya demasiado ida como para preocuparse si Víljeim (así le llamó ella, hasta que años después, enseñándole el periódico a su hija mayor, ella le enseñó a pronunciar bien el nombre) metía su mano blanca–nunca vió una mano tan grande y tan blanca–bajo el sostén, y empezaba a besarle los senos. Cuando en algún momento, besándolo, ella se acordó que tenía que cerrar las piernas, ya la mano de Viljeim se había mojado en su vagina, que estaba preparada para todo y él abrió el cierre del pantalón y sólo le dijo una palabra en tono de orden y ella se agachó, preparada para hacer todo lo que él quisiera, para obedecerle.

La semana siguiente conoció a Agapito. Acababa de llegar a Lavandería, se peinaba con gel, se vestía siempre con camisa blanca y a todos lados llegaba gritando. Tenía tres años más que ella. Quiso ir con ellas a Tamales pero ellas le dijeron que se iban solas. Se sentaron en la misma mesa y Teresa se dio cuenta entonces, que sus hermanas ya no la miraban como antes. La miraban fijamente, como diciéndole: “Te has convertido en una de ellas, también eres una Perra”. En vano les dijo que Viljeim volvería a verla el fin de semana. ¿A quién iba a engañar? Sin embargo se pasó buena parte de la noche esperándolo. Hasta que apareció Agapito. Primero quiso sacar a bailar a Sonia “porque tú Teresa, tenías cara de ser la más aburrida” le dijo después. Pero Susana no lo dejó que se la saltara, porque ella era la segunda. Y se notaba que le gustaba Agapito. “Pero en verdad la que me gustaba eras tú” Agapito le dijo meses después a Teresa. Bailó varias piezas y después se sentó con ellas. Agapito contó un par de chistes buenos y entonces Teresa, que había estado muy seria toda la noche, se rió. Agapito la vio reir y la sacó a bailar y nunca más salió a bailar con Susana. Teresa sabe que desde entonces, la que con más rabia le llamaba «Perra» era su segunda hermana. No sirvió que no quisiera ir con ellas a la semana siguiente, ni a la siguiente. Agapito siempre preguntaba por Teresa y durante la semana iba a buscarla y salían juntos a caminar por el pueblo.

Cuando pasaron cuatro semanas, Teresa supo que estaba embarazada y supo lo que eso iba a significar. El viernes por la noche salió con su hermanas. Se sentó en la misma mesa de la esquina y cuando Agapito la invitó a bailar se fue con él hasta la esquina mas alejada y se dejó besar. Se besaron durante un rato hasta que Susana se levantó seguida por sus hermanas y se fue sin despedirse. Las Perras cuchicheaban, alguna la cadereó minetras bailaba, otra la pellizcó en el poto. Teresa sugirió que salieran de la discoteca y que se metieran por un camino oscuro, entre los alfalfales de Tamales. Mientras Agapito le besaba los pechos, echado sobre ella, Teresa dirigió su mano hasta donde sabía que iba a encontrar lo que quería. Mientras lo acariciba, le hizo jurar a Agapito que si tiraba con ella esa noche se irían a vivir juntos al día siguiente. Y Agapito juró.

>El poeta se sienta con hambre, en una mesa del Boulevard

>
To R.B.

Mírala serio, mátala con tu ceño fruncido
Ay francesa qué linda que estás, déjame decirte
Un verso, dos, tres,
Déjame besar tus sienes, oh sí sí
¿Y Ése, ése? –¿Será tu novio?
¡No les entiendo nada!
¡No lo mires, no le hagas caso!
¿De qué te hablará?
Mira este librito de Rimbaud que te he traido rubia
Léamoslo juntos.
Y esta poetita de anoche ¿Cómo es que se llamaba?
Pero si ya me le estaba acercando bonito, bonito
Y luego no sé que pasó, se me borró todo.
No puedes seguir tomando tanto camarada
Así no vas a conocer a nadie en esta ciudad
Así vas a seguir solo y con hambre
Que mala combinación para un poeta.
Ahora se me acabó el pan con mantequilla ¡Pero qué hambre¡
Lo despide al tipo, se va el tipo, bien, bien
¡A su casa, que se masturbe!
Mira esa nariz ñata, ¡Mon Dieu!
No tiene este monumento aguileño, no
¡Qué va! ¡Mírame rubia! Aquí, acá, en esta mesa
No, no te voy a sonreir
Si quieres saber más de mí
Ven siéntate conmigo
A ver mírame otra vez
Déjame que te hable de mis cóndores,
Pero como me mira con odio ese mesero: «Estos artistas».
Pero a tí nadie te va a mirar, insulso garzon,
Ya quisieras ser poeta,
Caminar con nosotros,
Bebiendo de la misma botella
Que Pablo te haga este retratito,
¿Me veo bien en él no?
Te lo enseño si vienes, francesita.
Estoy seguro que te mueres de ganas de venir
Puedo seguir aquí esperandote un ratito más
(No tengo hambre tripas, no tengo hambre…)
Que me acomodo el entrecejo fruncido
Que me acomodo el sombrero, el saco, la corbata,
Ya quisieras que te mire a ti garzon
¡Uy! Aquí viene ella. ¡Uy, viene a mi mesa!
Dale hombre, no le sonrías hasta que se siente, tú mátala callando:
“Bonjour jolie mademoiselle, sil vu plé, aselle vú!”

>Lectores de Dante en el siglo XX

>
Tratando de agrupar a quienes que se han metido por la puerta de hierro y han escrito lo que han visto.

The 20th Century Critics of the Comedy.
By Ulises Gonzales

According to the critic George Steiner, “All serious art, music and literature is a critical act.” (Steiner, 11.) Steiner says that every artist exercises criticism when choosing a style, a subject or a story to tell. Therefore Dante, heavily influenced by the poetry of Virgil, could also be, his greatest critic.

Jorge Luis Borges, one of the best readers of Dante, declared that there were a lot of beautiful lines from Virgil in the Commedia, and that some of these lines had even been improved by Dante. Borges never pointed out which lines, but through out his life he wrote many essays about the Commedia, which are collected in the book Nueve ensayos dantescos. His passion for Dante’s masterpiece was so intense that he wrote: “the knowledge and the direct contact with the Commedia is the most infinite source of happiness that the literature could provide to the reader.” (Borges, 127.) One of Borges’ best essays about the Commedia is “The Pious Executioner” where he tries to explain the reason why Francesca and his lover are being punished after their death in the second circle of Dante’s Hell.

In “The Pious Executioner,” Borges explains four theories: The first one is that Francesca’s presence in Hell is a trick to get the reader’s attention. The second is that Dante feels compassion but, as a Christian, knows that Francesca and her lover deserve punishment. The third theory is more elaborate–Dante is dreaming and, in his dream, he is feeling compassion even if he punishes the lovers.

The fourth theory is the most beautiful and the one that Borges thinks to be the right one: we, the readers, know that the criminals deserve punishment and, at the same time, we know that Radion Raskolnikov deserves punishment. Raskolnikov is not a real person, but the readers consider him a real person. Dante, according to Borges, does the same: He writes about Francesca, depicting her sins so passionately that the readers understand that Dante has no freedom, that he can’t do anything but what that which he does. The lovers deserve punishment and compassion at the same time. “Dante refiere con tan delicada piedad la culpa de Francesca que todos la sentimos inevitable” (Borges, 60.) Marguerite Yourcenar comments this interpretation by Borges in her book of essays A Pilgrim and a Foreigner.

George Steiner argues that the process of imitatio and contaminatio –when a writer takes excerpts from other writers, some lines, a few paragraphs or whole ideas– is the best way of criticism. He states: “Criticism is energized into creative responsibility” (Steiner, 15.) Therefore, imitating Dante’s work, American poet Ezra Pound transforms himself into one of the most talented critics of the Commedia in the English language.

Stuart Y. MacDougal, in his essay “Dreaming a Renaissance, Pound’s Dantean Inheritance,” offers a few lines of a poem found in one of the earliest notebooks of the student Ezra Pound:
“Come and see the place
where hell hath lain
& I “Who art thou
master that speakest
with such authority”–
& he, “I am that one
that through the heavens
followed Beatrice–
before it was willed that
I leave forever my earthly
dwelling” (Bronstein, 64)

If Dante chooses Virgil to be his guide in the Commedia, Pound chooses Dante to be his guide in his own Commedia. The poem suggests that Pound envisaged a journey much like Dante’s, although a secular one. Instead of Hell, Purgatory and Paradise, Pound names the three stages of his poem “Hell in world, body”; “Good in world, mind”, and “Spirit, soul.” The influence of Dante in Pound’s work is immense. The imaginist style that identifies most of Pound’s poems is heavily indebted to the writer that he picked up as his guide in that early poem of youth and whom he continued to read, praise and learn from, during his whole life. The origin of one of Pound’s most praised Cantos, Canto XLV, With Usura, could be traced all the way to the Seventh circle of Dante’s Hell.

In “The Waste Land” the idea of an entire world revisited by a pilgrim going from one point to another –Tiresias going from “The Burial of the Dead” to “What the Thunder said”–also could be traced to the structure of the Commedia. T.S. Eliot, even mentions in the notes at the end of the poem, a few lines from Inferno and Purgatorio that he uses for purposes of contaminatio. His praise for Dante is shown also in the long essay that he wrote about Dante’s work where he qualifies him as: “the most universal of poets in the modern languages.” (Eliot, 206.) Eliot defines Dante’s universality as a product of his brilliant usage of allegory, which helps him to create–as only the classics did before him– some of the most powerful images of modern literature.

Taking one of the images from the Commedia , the meeting of Dante in the Sixth circle of Hell with Farinata and the father of his friend Guido Cavalcanti, Erich Auerbach writes an essay in his book Mimesis. Auerbach states:

“his style is so immensurable richer in directness, vigor, and subtlety, he knows and uses such an immeasurably greater stock of forms, he expresses the most varied phenomena and subjects with such immeasurably superior assurance and firmness, that we come to the conclusion that this man used his language to discover the world anew” (Auerbach, 182-183.)

Farinata and Cavalcante are sinners being punished together in the Sixth circle of Hell. Both are masterly depicted: Farinata keeps feeling that he has the power of a feudal knight, and speaks to Dante with the authority of one of them: “Chi fuor li maggior tui?” (Inf. 10, 42.) Farinata, who stands over the flames of his tomb, seems to live oblivious to Hell and the tone of his question demonstrates that he is acting as if he were among the living. On the other hand, Cavalcanti, on his knees, shows up briefly, just to ask some questions about his son. When he understands wrongly that his son is dead he falls down again to the flames. He is suffering more than Farinata, because he wants to. Farinata keeps asking questions of Dante as to whether Cavalcanti is an insignificant fly. Both are in Hell but Dante gives them freedom to act as if they were living with the personality that they had when living on Earth.

Auerbach realizes that Dante was the first of the medieval writers capable of understanding and reaching the gravitas proper to the antique elevated style. Dante uses examples from lifes very close in time, trying to vulgarize his work, to make it accessible to his people. That is why he names his work a comedy, as opposite to the classical tragedy. But he writes a comedy with a so high understanding of the antique elevated style, that even the vulgarities that horrified some of her readers have an elevated style that no writer reached before him. Auerbach praises him as a creator of a new language, using periodic articulations and devices of sentence structure that nobody used since the classics: “Since Antiquity nothing comparable had existed in literature.” (Auerbach, 199.)

The style of Dante, boosted by his interest to create a language that uses the tools of the Classical pagan authors but to serve God, keeps him at a considerable distance from other Medieval writers. Gilbert Highet, in his book The Classical Tradition, praises Dante’s vision to pick up among the classical authors the best ones, and to understand them better than anybody else before him:
“It is sometimes said that he prefigured the Renaissance. So far that is true, it is justified by the intensity of his admiration for the Greco-Roman world, and by his knowledge of the true classics. He understands that Cicero is greater than Boethius, that Vergil is greater than Prudentius, and that Aristotle is the greatest of the ancient thinkers (…) he knew at the distance who were the lesser lights in it, and who the greater” (Highet, 80)

Dante was a bit more than a Medieval writer because he was more than a writer: he was also a critic of the classical world who served a transition between the old and the new. As Steiner says: “ A Translator between languages, between cultures and between performative conventions.” (Steiner, 7)

___________________________________________
Aligheri, Dante. Inferno. New York: FSG, 1996
Auerbach, Erich. Mimesis. New Jersey: Princeton, 2003
Borges, Jorge Luis. Nueve ensayos dantescos. Buenos Aires: Emece, 1999
Bornstein, George. Ezra Pound among the Poets. Chicago: University of Chicago, 1985
Eliot, T.S. Selected Prose of T.S. Eliot. New York: FSG, 1975
Highet, Gilbert. The Classical Tradition. New York: Oxford, 1976
Steiner, George. Real Presences. Chicago: University of Chicago, 1989

>El Rubaiyat de Omar Khayyam

>
El nos puso en la vida, malhechos y propensos al pecado.
Exige de nosotros perfección y abstinencia de pecar,
y si no lo hacemos estamos condenados.
¿Es esto justo?

Si pecamos no es culpa de nosotros,
sino de los muchos obstáculos que nos ha puesto él en el camino.
Sé que he jurado intentar seguirlo
pero estoy casi seguro que cuando lo hice,
estaba completamente ebrio.

Si tomar está mal, entonces ¿Por qué las uvas crecen?
¿Acaso él no las ha creado?
Y si nos ofrecía primero el Paraíso,
¿Por qué puso en él a una serpiente?

No nos dice de donde venimos,
tampoco nos dice a donde vamos
Pero tenemos que ser rectos y perfectos.
¿Es eso justo?

Hasta las flores más bellas terminan siendo fertilizante,
hasta los tipos más sabios terminan siendo pasto de las vacas,
alimento de los que vienen después.
¿Por qué preocuparnos por el futuro, si tenemos vino hoy?

Antes me preocupaba por discusiones teológicas
y veladas filosóficas. Escuchaba con atención a los curas y a los sabios
Tal vez ellos supieran la verdad.
Pero lo cierto es que al final, terminaba tan ignorante como al empezar.

Me asomé a una urna de barro,
de sus labios escuché esta voz diciéndome: no te preocupes por el futuro,
pues nadie sabe lo que viene, solo sabemos que vamos a morir.
Lo único seguro es esta copa de vino ¡Así que bebe!

(Intepretación libre del Rubaiyat, en la traducción de Edward FitzGerald)

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