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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Poesía

Pretend (to be positive)

Temblar por un beso,
Por sus ojos sentados sobre mi cuerpo.

Sentir la mirada, la repentina ausencia de miedo
Eso es el universo.

Amar el momento y de momento amarla solo a ella.

Nunca perder el optimismo pero siempre escaparse
Con la cabeza en alto y dos pares de medias

Pretender ser feliz, pretender mucho
Mientras la oscuridad se aglomera
A las orillas del pedestal de tiza

Siempre hay cobre en el cenicero
Siempre hay oro en tus bolsillos vacíos
Siempre podemos contar con la bala de plata

Marinero del catamarán enmohecido
Diletante millonario del jet privado con cepo y treinta boletas naranjas

Tirador de dedo, exprimidor de soles
Sobre el cubo enclenque te has subido
Y has declamado su nombre al borde del desierto
Has recitado nuevamente: los evangelios del deseo

Reina esta noche y las siguientes
Dirigeme la mano y hazme temblar de gloria
Que ella, húmeda y sincera, en el silencio de las sábanas,
Me abrume otra vez.

Incendio de la biblioteca/Libro 3 de Paterson

Entre las llamas de la biblioteca que ama
abominable fuego que al dadaismo ofrece
queda la yerma tierra que aborrece
la tremebunda ofrenda que Antonin reclama

Confia en que las cascadas le han de prestar su voz
mientras Paterson arde y se borra su historia
para sembrar otro campo, otra voz y memoria
que el doctor va engendrando con lentitud atroz

De voces de los suburbios pretende sembrar su gesta
Una epica de americanos, sin griegos ni latinos Williams sueña
Recolectando cartas, mapas, revistas; tiempo e ingenio utiliza
Pero van ya tres libros y su hazaña, pequeña.

Paterson ciudad-gigante, a los textos de muertos hoy desdeña
Convoca al fuego y al viento: los reduce a ceniza.

La ciudad

Imagínate a los bárbaros entrando a la ciudad
Imagina la ciudad, el monumento
Ellas que cabreadas entran al laberinto
Ellos que piden pan

Imagínate una ciudad donde
Gallinazos almuerzan gorriones ennegrecidos

Si pudiera pedir siete deseos,
Uno de ellos sería cambiarle el color del cielo
Si pudiera cambiar de ciudad
(Ciudad-deidad-deseo)

No puedes cambiarte de ciudad
Aquí en tu rinconcito la esperas, gris y necio
No hay caminos de salida
No hay barcos

Vives más allá que aquí
Crucificado por siempre

¡Gloria a la vieja ciudad!

Un poema de Santiago del Prado

Buscando información en la red sobre el autor de Camino de Ximena, encontré este poema publicado en Hueso Húmero. Forma parte de su exquisita antología de los Trece mejores poemas peruanos del siglo XX

TELURICA
Y ESPERPÉNTICA / César Añejo

¡Cibernética francamente peruanaza
la del perro calato!
¡Suelo de tesis, antítesis y síntesis!
¡Surcos con cacumen; verbigracia,
el monolito y su séquito!
¡Yucales, cebadales, alfalfares, provecho!

¡Choclos y pleistocénicos, de natividades inversas,
los oigo por las ojotas cómo se marchan,
los huelo retornar cuando a los campos
los mea esa uretra de los cielos!
¡Neutrón erúctil! ¡Electrón ventoso!

¡Oh campos humanos!
¡Vitamínica ausencia de la mar,
…y resentimiento pelágico de todo!

¡Oh huayco mandarín de cordillera!

¡Pericotes que tiran con ceño patibulario
en torno!
¡Oh burros compatriotas de mi corazón!
¡Cuyes fritos con rocoto para el bravo desayuno!
(¿Cóndores? ¡Que se los metan al culo!)

¡Entenado del chinche,
criatura a la que yo le tengo
un enorme respeto!

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo!

¡¡Perú profundo!!

¡¡¡Perú campeón del mundo!!!

( En Hueso Húmero No. 35)

Invierno

Las hojas heladas
Son tus labios cerrados
Las ramas secas y tiesas
Son tus lágrimas.

La nieve dura, resbalosa, dañada
Son la distancia que tú marcas

El viento helado, agrio
Es el recuerdo
Las horas silenciosas
Son las ganas de olvidar

Invierno: aquí estas.
No te estaba esperando, pero bienvenido.

Bronx, 2005

Recuperado esta noche, de un viejo cuaderno.

La segadora de nabos (Seamus Heaney)

Para Hughie O’Donoghue

En tiempos de manos callosas
y hierro forjado,

la moledora de carne,
el pozo de agua de doble rueda,

hunde sus talones entre las bañeras
de madera y los bebederos

más ardiente que el calor de su cuerpo
en el verano, frío en el invierno

como invernal armadura,
apechado tonel protector de pecho

atento y en guardia
sobre cuatro tacos broncíneos.

«Así ve Dios la vida»,
dijo, «desde el brote hasta la segadora»

Mientras la manivela giraba
y las cabezas de los nabos eran dejadas caer y alimentar

las jugosas cuchillas interiores,
«Este es el ciclo del nabo»,

mientras arrojaba su desorden crudo y en rodajas
cubo brillante tras cubo brillante

Poema The Turnip-Snedder
del libro District and Circle (FSG, New York, 2007)por Seamus Heaney.
Traducido por U.G. el
23 de enero 2007

Todo menos morir

Triscando el cielo aparecen los signos de Atenea
Tucídides nos previno de las historiadores mediocres
De la poca seriedad de las fuentes orales
De las páginas amarillas.

Hay una camada nueva de apariciones
En esta madrugada del año del renacimiento
Parece que ya no importa el dinero
Que las empresas se corrompen de ecología y de apoyo
Que convencen al vecino de que menos es más
Y los rayos del sol alumbran mejor que los adoquines
Negros de las compañías chinas.

Hablo, por supuesto,
De la nueva esencia del pensamiento filantrópico
Y de las faldas de las calles de Manhattan
Pues si es cierto que otros poetas
Nos corrompían con sus vanos efluvios de tomillo
Y sus pecados que nunca llegaban a cometerse
Ahora hay que tapar para ver mejor
Todo sale a la luz y nos ciega

Hagamos de estos signos esperanzas
Y escuchemos nuestro pedazo de la profecía, de la verdad incómoda
¡Arrastrémonos, antes que acomodarnos a la mentira
Del progreso y del mundo circular!

En cada camarada de la industria, las tinieblas
En cada corazón incorruptible de verdad asoma la esperanza
Como en esos videos
¡Tantas notas correctas en la red, tantas cabezas progresistas!

Quisiera creer que avanzamos
Que nos hemos aburrido de las mentiras
Y que peleamos todos juntos
Contra el desamparo de las guerras ignorantes
Y la miseria de los argumentos tibios pero poderosos

Corazón de Tierra, aburidos pero no vencidos
Todo Adán, menos morir.

Insula Barataria

Desde la ínsula Barataria hasta el infinito
acordonado en el camino maduro de las estrellas
apaciguado con las veinte camisas de fuerza y el
rezago de anoche con Zagreus

«El mundo es una papa en un costal» caballeros maduros
declaro esta mañana en que escribo estos huesos
y pongo mis dedos más gordos que nunca sobre
tu portafolio apolillado

Ay, como quisieras Pound haberte venido a vivir en esta
colina
Como quisieras habernos dedicado uno solo
de estos Cantares que escribo, en la tarde del 2008.

Primer día del 2008


Y nos acomodaron en una cama de sábanas rojas
Con vista al gran rancho.
Amanecimos en el 2008, rodeados de copos blancos, de pinos
Cubiertos de hielo, de gatos trepados sobre las ramas adornadas de la
Navidad, frente a las papitas calentadas, los bagels, la mermelada.
E hicimos libaciones con mimosas, por la fertilidad
Limpiamos los vidrios y las palancas del auto
Calentamos el interior de la cuatro por cuatro, cruzamos el borde de Massachusetts
Y desembarcamos en Great Barrington
-cuna de DuBois, padre de The Crisis, la espada más filosa contra The Birth of a Nation-

En las callejuelas caminábamos ajustando las bufandas,
Levantando las botas para que no nos conquiste el frío.
En una alacena mística, me quisieron leer las cartas del Tarot
«Yo no les creo» desarmé al brujo, pero igual quiso el Tiresias peruano decirme el
Futuro y la pose más conveniente para el año nuevo .
Saludamos a la heladería bien cerrada, a las tiendas bien cerradas, a los multicines
que acababan de abrir
«Ya vimos Charlie Wilson’ War» dijeron ellos y nosotros que moriamos por ver
The Golden Compass. Era demasiado tarde.
Queríamos partir.
Nos sentamos a tomar sopa de pollo frente a la avenida principal. Dejó de nevar pero
Los pies aún estaban deshechos.
Es imponente la vista de las colinas cubiertas de nieve, sin embargo
El tiempo apura la marcha de las naves.

Así que volvemos sobre las marcas de la ida
Descubrimos una vaca sepultada frente a un restaurante parrillero
Y los negocios de antigüedades cerrados por la temporada
Escuchamos el frío, los 18 grados.
Los pingüinos salen y entran al iglú, complacidos. Nos dan la bienvenida
En casa nos esperan los felinos, el perro y la familia, reunidos para la cena.

Recalentamos la comida de la víspera, juego a los naipes, escucho las conversaciones ajenas.
Reconocemos los beneficios de la familia
Entendemos las ventajas de las escaleras interiores
De las luces tenues en los baños oscuros.

Con una película de Pixar, acabamos el primer día del año.
Tribu de humanos sentados frente al televisor
Tribu, familia, gente común, cristianos, ateos
Fascinante escena de campo, los gatos alrededor del pesebre
La niña diciendo que se le ha hecho tarde
La madre acariciándole el cabello al novio
La esposa recibiendo mi querer
El cielo oscuro al siguiente día, sale el ferry para Port Jefferson
Carretera 8 hacia el sur, salida uno.
Primer día del 2008. Aquí lo resumo…

 

Photo by Johnny Blood/Flickr.

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