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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Poesía

En una silla vieja

En una silla vieja un libro busca dueño. Si lo ves flotar colócalo otra vez encima del ropero y préstale atención las siguientes treinta y tres horas.

En una tienda de ropa un manicomio ha cerrado la puerta trasera, se han escapado los contadores con el dinero.

En un país los rubios se han cortado el pelo y no han dejado nada de propina. Los negros han vendido su ganado y han comprado quinelas.

En una luz viajan dos mosquitos con corazón dorado.

Abril 20

Con dos pies en el barro y la mano levantada
con la capa caída pero la aceituna entre los labios
Con la espuma en la boca pero de cerveza
Con mis amigos, mis compadres, mi gente

A las cuatro aguaitando el alma
a las cinco caminando en vilo
a las seis recitando mi vida
mi destino en los cuatro caminos

No se puede saber qué viene, sino cómo
le quitamos la dicha a la aventura
No podemos volver lo andado
Valga el camino, doblar, pisar.

Treinta veces de frente
Pies cansados
Alma buscando el alma
Cuatro canciones pidiendo permiso para entrar
Las voces escondiendose de ellos
de nosotros

Y entre vasos llenos y espíritus dichosos
la algarabía
Entre las simples palabras la sabiduría
en sus canciones la vida
He tirado todos sus discos al río
he levantado un monumento sobre mi cama
me ha despertado mi duda ajena
mi sombra buscando sombras
mi lado oscuro cada vez menos claro.

Escuché sus pasos entre la gente
y supe que marchaba por otros rumbos
Escuché sus palabras y volví a entender
lo que trae el viento

Nada sabes que gira
sino estás bien apuntado sobre tu sitio
Nada sabes que mira
si no los ves

Apura tanta embriaguez y cansancio
descanso viene llegando de años en años
y tus recuerdos seguirán siendo los mios

Una pernoctada en Lima
dos en caballos de ultramares
Lava tus manos y tu boca
La sangre que te mancha los dientes

Periodismo de roja insignia
labor de titanes, de extremos de escorpiones en busca de
pichoncitos indefensos

Tus manos saben a lento andar y a paso firme
a los besos de Dios
a tanto fusil.

The River Renoir


In that corner of the world where I lived, there was a river. The river brought life every Summer and his arrival was announced with stones and lightning.

The river was filled with good music, short stories and long novels. Once in a while it came with fascinating movies. Every Summer the river brought foreigners, who came singing their journeys using complicated words. Everyone who has a simple soul learns how to use the interesting words that come with the river. The river teaches you. First the sound of the words, and then their meaning.

I learned very young that some of these words are used to make the people cry; while others can be used like magic ointments, to refresh the inner self and to treat the deepest wounds.

Traveling, I met people who went through the same experience, who collected the same memories, the little stories and the bravest words.

I listened to the songs of their journeys. And I learned that in these times, when far away from home, every immigrant misses a river.

En las calles de Harlem

El espíritu del barrio Harlem
Resiste entre las rosas y el veneno
Fuerte de antebrazo, de orgullo.

¿En qué piensan los blancos que caminan por Harlem?
¿En la trama del blanco y del negro?
¿O es que la mezcla brinda contraseñas de moda
nuevas tiendas, almacenes y en fin
El antiguo temor al color gris?

Vale, vale

Y si el catarro gana por 3 a 2,
Pues el cajón gana por cinco a cero.
Con la guitarra, con la quijada, con la lengua
Con el ritmo endemoniado de la pampa

Si las tinieblas no lanzan musiquita
Si en las montañas no se oye la menestra
Póngale alma, corazón; póngale guitarra,
Póngale cajón.

BOrraCHERA UNO

La luz artificiaaaal–¿Cantamos todos?
Es que en el fondo de la copa, todos terminamos heridos
Mirando desde el precipicio, caidos en el barranco con los
Ojos en el cielo

¿DONDE ESTAMOS?

No es una nave espacial
Es la taza blanca ¿Ya no
Te acuerdas?
Anoche, hubo una reunión. Y de la mezcolanza
y el Glupglupglup
A los borrones y a la cuenta nueva
Y atrapado al inodoro blanco, prometo nunca más resbalar
Prometo diosito nunca másss.

(Sé sincero
Pide morirte pronto
Hacer todas tus tareas)

Es la forrrma como le mirabas las tetas
Sí señor. Aquello ha sido. No es posible, no imagino
Otro pecado
Que merezca esta noche mayor castigo.

¿Y el blanco espumante? ¿Y el hielito?
Y en el fondo de tu boca
Los angelitos
Azules.

Paramonga para mongos
Si falta ron hay Tanqueray
se acaba la naranjada: leche condensada
Y al water fui dar
De cabeza a la punta del señor baño
Dígame usted
¿Sabe cantar?

La noche cubre yaaa

Cinco labiales

I

Entra en tus brazos el deseo
El deseo posee tus brazos
Tus brazos se dejan poseer
Al poseerte cobran vida

II
Hombre y mujer
Grandes dolores de la celda
Del simulado precipicio
De la ventana incompleta

III
Quedando en el tierno tiempo
En la recta del recto tierno
En el tiempo de la mujer
En su piernura

IV

Acerca el 1 al 1
Y se caen
Abrazados y en el futuro
En una copa de vino

V
Entre las similitudes y el retorno
Amanece y los gatos tuercen pardos
Vuelve el sol, la línea de misericordia
El deseo de volver a entrar.

Yo soy el deseo

La vida avanza

A espacio tiempos
La vida avanza
Sembrando letras, probando vidas
Como la virgen naturaleza
La vida avanza

Entre la niebla de la ventana
Y caminando hacia la estación
Rompiendo el hielo de su silencio
Marcando textos a los que vuelvo
(O he de volver, porque es preciso)
Entre los libros con que respiro
La vida avanza

Biografías de mayúsculas
Textos breves
Comedias-dramas
Mini reseñas
Por la vereda del comentario
Entre las vacas de la inconstancia
La vida avanza

Sobre Cintia, la primera

Son las cuarenta bocas las que llaman mi atención. La boca que temblaba junto a la mía en una cámara oscura. La boca que juraba amor al lado del pesebre entre la negra soledad de las rocas.

Son los pechos de ella los que tiemblan en el recuerdo. Atrapados en el tiempo y entre mis dedos antiguos. Y su cabello entrenado para caer lentamente a la luz reflejada en el mar, y sus ojos preparados para jurar.

Son las pisadas en la madrugada, pegados al recinto colorado, son los cetros de plata con que mirábamos juntos el universo y despintábamos las cenizas de nuestra pobreza (¡A quién le importaba entonces la pobreza!)

Son las toneladas de cariño batidos entre manos frágiles y besos camino a su cuello. Son las súplicas a la noche, que no concedía más que el silencio y el despertar a solas. Son las miradas llenas de fracaso, los lagrimones impotentes con los que me castigaba la furia del universo de los desentrenados, de quienes no saben caer.

Esas mujeres siempre vuelven, en noches de frío. Todas ellas son las cuarenta bocas, que lejos de aquí, siguen su camino. Mis noches llevan sus marcas. Y algunos de mis días aún tienen el destino transtornado por aquellos labios a los que nunca pude besar.

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